
En años recientes, se ha observado confusión dentro de ciertas comunidades ortodoxas, e incluso en algunas Iglesias locales, acerca de la conmemoración durante la Divina Liturgia, y por extensión también en los otros santos servicios, del nombre del obispo local, así como de los nombres del principal obispo de una provincia, el metropolitano, y del principal obispo de una región, el patriarca o primado de una Iglesia autocéfala1.
Esta confusión se observa especialmente con respecto al número de jerarcas que deben ser conmemorados. ¿Deben conmemorarse uno o dos obispos durante la Divina Liturgia y en los dípticos?2 Nos ocuparemos de este tema más adelante, pero conviene señalar desde el comienzo que esta conmemoración no es una materia de cortesía y educación, sino una materia litúrgica y canónica, y por lo tanto, también eclesiológica.
De acuerdo con la tradición litúrgica «bizantina» (que incluye todos los elementos básicos de la tradición litúrgica antioquena y que, siglos antes, se había impuesto en todo el Oriente tal como la de Roma se impuso en el Occidente3), los sacerdotes y diáconos celebrantes conmemoran al obispo de la Iglesia local en los lugares señalados. Pero si fuese el obispo quien celebra, este conmemora en los dípticos al principal obispo de la provincia, el metropolitano, mientras que este conmemora al patriarca, principal obispo de la región4. Un arzobispo que no es primado de una Iglesia autocéfala, pero que es autocéfalo con respecto al metropolitano, principal obispo de la provincia, conmemora sólo al patriarca del que depende directamente, sin incluir el nombre del metropolitano5.
Durante la Divina Liturgia, el nombre del jerarca local es conmemorado en voz alta por el diácono en la Letanía mayor al comienzo de la Divina Liturgia, y en la Letanía de la ferviente súplica, después de las lecturas y antes de la divina Eucaristía, mientras los catecúmenos están aún presentes con los fieles. Después de la consagración de los venerables Dones, el sacerdote celebrante conmemora al obispo local en cuyo nombre oficia la Divina Liturgia y bajo el cual se encuentra canónicamente, tanto él como toda la asamblea eucarística. Si el obispo mismo presidiese la asamblea eucarística, conmemora en este lugar al principal obispo de la región, el metropolitano—«Entre los primeros, acuérdate, Señor, de nuestro arzobispo…»—con el cual se encuentra en comunión sacramental y por lo tanto canónica, y bajo cuya presidencia sirve.
Si el metropolitano presidiese la Divina Liturgia, este conmemora al principal obispo de la región, el patriarca o primado de la Iglesia autocéfala a la que pertenece. En otras palabras, el primado con el cual se encuentra en comunión sacramental y por lo tanto canónica, y bajo cuya presidencia sirve.
Si el patriarca o primado de una Iglesia autocéfala presidiese la Divina Liturgia, este conmemora a «todo el episcopado de los ortodoxos», y después de esto el diácono, «ante las puertas», recita los dípticos. En otras palabras, [el diácono] conmemora a los primeros jerarcas de la Iglesias en el orden de precedencia de estas—es decir, los patriarcas y primados de las Iglesias autocéfalas con las cuales el patriarca o primado celebrante está en comunión sacramental y canónica. De este modo, la canonicidad de la asamblea eucarística particular, la canonicidad de los patriarcas y primados-arzobispos conmemorados, y la catolicidad de la asamblea son declaradas y confirmadas.
En la Letanía mayor y en la Letanía de la ferviente súplica, la conmemoración del obispo por el diácono es un ruego y una súplica de la Iglesia local por el obispo, y no sólo por él, sino también por la paz del mundo entero; por el clero y el pueblo; por los soberanos y, en general, por los que están en autoridad; por la ciudad, parroquia o monasterio en el que se celebra la Divina Liturgia; por estaciones favorables; por abundancia de los frutos de la tierra; por los difuntos; por los que traen frutos, trabajan y cantan en la iglesia; y por el pueblo de la asamblea eucarística en general. De este modo la unidad de toda la Iglesia, de los vivos y los difuntos, se expresa en ruego y súplica, y en tiempo y lugar.
Después de la consagración de los Dones, la conmemoración del obispo, metropolitano o patriarca, y la conmemoración de todos los primados en los dípticos, es ciertamente un ruego y una súplica, pero contiene también una marcada dimensión canónica. Es decir, como se ha señalado antes, [esta conmemoración] constituye una confirmación pública de la canonicidad y la catolicidad de la asamblea eucarística particular, que se encuentra en comunión con el obispo canónico, o el metropolitano canónico, o el patriarca o primado canónico de una Iglesia autocéfala, o con todos los primados canónicos de las Iglesias locales, si el celebrante de la asamblea es el primado de una Iglesia local patriarcal o autocéfala.
De acuerdo con la eclesiología ortodoxa y su enseñanza canónica, el sacerdote y el diácono celebrantes conmemoran a un sólo obispo, a su propio jerarca, bajo el cual sirven. No es posible que hayan dos o más obispos en una misma ciudad como presidentes de la asamblea eucarística: «que no hayan dos obispos en la ciudad» 6. Los obispos de una provincia igualmente conmemoran a un solo obispo principal: el metropolitano, presidente del sínodo provincial. De la misma manera, los metropolitanos conmemoran a una sola persona: el obispo principal de la región a la que pertenecen, el patriarca o primado de una Iglesia autocéfala. No pueden haber dos obispos principales en la jurisdicción geográfica canónica de una Iglesia patriarcal o autocéfala, y los dos no pueden ser conmemorados. Esto sería anticanónico y eclesiológicamente erróneo. «Lo que se ha ordenado para los presbíteros, obispos y metropolitanos es también muy apropiado para los patriarcas. De modo que si algún presbítero, obispo o metropolitano osase separarse de la comunión con su propio patriarca y no conmemorase su nombre en el lugar señalado y ordenado en la divina Mistagogia [....] el santo Concilio ha ordenado que sea completamente separado de todo oficio sacerdotal»7.
NOTAS:
1 [Nota del traductor a ser suplida pronto].
2 Esto se ha observado esporádicamente en Grecia, particularmente, pero también en Rusia. Acerca de esto último, cfr. Pantaleón Rodópulos, Ο Καταστατικός Χάρτης περί της διοικήσεως της Ρωσσικής Εκκλησίας (8 Ιουνίου 1988), Tesalónica:Hnos. Kyriadis, 1990.
3 Teodoro Balsamón, patriarca de Antioquía (finales del s. XII), en sus respuestas a preguntas canónicas de Marcos, patriarca de Alejandría, y a una pregunta acerca de las liturgias utilizadas en las regiones de Alejandría y Jerusalén, recomienda esto: «…todas las Iglesias de Dios deben seguir la costumbre de la Nueva Roma, la cual es Constantinopla, y celebrar la liturgia según la tradición de los grandes maestros y lumbreras de la piedad, san Juan Crisóstomo y san Basilio» (PG 138, 953). Para las ediciones de las dos liturgias y los manuscritos que las contienen, cfr. Frank E. Brightman, Liturgies Eastern and Western I, Oxford:OUP, 1896.
4 Canones XII, XIII, XIV y XV del 1er/2do Concilio de Constantinopla. Cfr. las interpretaciones de estos cánones por Zonaras, Balsamón y Aristeno. Cfr. también el testimonio indirecto acerca de esto en los siguientes cánones: XXXI de los Cánones Apostólicos, XVIII del 4to Concilio Ecuménico, XXXI y XXXIV Quinisexto Concilio Ecuménico, V del Concilio de Antioquía, VI del Concilio de Gangra, XI y LXII del Concilio de Cartago.
5 «Los santos padres [….] han ordenado [….] que aquellas regiones (διοικήσεις) con muchas ciudades gobernadas por obispos serán dirigidas por metropolitanos, a los cuales los cánones también llaman primados (πρώτους), mientras que aquellas que no tienen muchas ciudades gobernadas por obispos, tendrán arzobispos como jerarcas principales (παρά αρχιεπισκόπων ιερατεύεσθαι)». Cfr. el comentario por Balsamón en Kallinikos Delikanis, Σωζόμενα Επίσημα Εκκλησιαστικά Έγγραφα εκ του Πατριαρχικού Αρχειοφυλακείου (tomo II), Constantinople:1904, p. 372; y Metodio III y el Santo Sínodo del Patriarcado Ecuménico, Κατά των νεωτερισμών του Σιναίου Ανανίου (1688), op. cit.
6 Canon VIII del 1er Concilio Ecuménico.
7 Canon XV del 1er/2do Concilio de Constantinopla; cfr. también los cánones XIII y XIV del mismo concilio, así como una multitud de ordenanzas canónicas en Acta et Diplomata Graeca Mediaevi Sacra et Profana, ed. Franz Miklosich y John Muller (6 vols., Viena:1860-1890); Archimandrita Kallinikos Delikanis, Πατριαρχικών Έγγραφων .... σωζόμενα Eγγραφα κ.λ.π., tomos I & II; Manouel Gedeon, Κανονικαί Διατάξεις; Rallis y Potlis, Σύνταγμα Ι. Κανόνων κ.λ.π., tomos IV y V; Dionysios Zakynthenos, Ανέκδοτα Πατριαρχικά Έγγραφα των χρόνων της Τουρκοκρατίας (1598-1798) εκδιδομένων εκ των Παρισινών Κωδίκων en Ελληνικάς, tomos II-IV y passim (Atenas, 1929-1933).
Esta traducción es © 2006 por Julio Vázquez. Todos los derechos reservados. Ninguna parte de este texto podrá ser reproducida, incorporada a un sistema informático, o transmitida en cualquier otra forma o por cualquier otro medio, sea este electrónico, mecánico, reprográfico, gramofónico, u otro, sin el permiso previo y por escrito del traductor.
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