LAS VIDAS DE LOS SANTOS

(MARZO-AGOSTO)

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Marzo:

13/26 de marzo: San Nicéforo, patriarca de Constantinopla
16/29 de marzo: Santo apóstol Aristóbulo, de los Setenta
17/30 de marzo: Venerable Alexis, Hombre de Dios
18/31 de marzo: San Cirilo, arzobispo de Jerusalén
20 de marzo/2 de abril: Santa mártir Fotina
25 de marzo/7 de abril: La Anunciación del Señor

Abril:

12/25 de abril: San Isaac II de Siria
14/27 de abril: San Martín el Confesor, papa de Roma
17/30 de abril: San Agapito, papa de Roma
19 de abril/2 de mayo: San Juan de las Cuevas Antiguas
20 de abril/3 de mayo: San Atanasio del Monte Sinaí
23 de abril/6 de mayo: Santo y glorioso mártir Jorge
25 de abril/8 de mayo: San Marcos, Apóstol y Evangelista
29 de abril/12 de mayo: San Basilio de Ostrog

Mayo:

2/15 de mayo: Santos mártires Boris y Gleb
3/16 de mayo: Santos mártires Timoteo y Maura
4/17 de mayo: Venerable Nicéforo del Monte Atos
7/20 de mayo: Conmemoración de la aparición de la honorable Cruz sobre Jerusalén
8/21 de mayo: San Juan, Apóstol y Evangelista
8/21 de mayo: Santa Emilia
15/28 de mayo: Venerable Pacomio el Grande
16/29 de mayo: Venerable Teodoro el Santificado
21 de mayo/3 de junio: Santo emperador Constantino y santa emperatriz Elena
29 de mayo/11 junio: Conmemoración del Primer Concilio Ecuménico

Junio:

1/14 de junio: Santo mártir Justino el Filósofo
2/15 de junio: Nuevo mártir Constantino
8/21 de junio: San Efrén, patriarca de Antioquía
9/22 de junio: San Cirilo, patriarca de Alejandría
11/24 de junio: Conmemoración del santo ícono «En Verdad es Digno»
13/26 de junio: San Trifilio, obispo de Leucosia en Chipre
14/27 de junio: Santo Profeta Eliseo
14/27 de junio: San Metodio, patriarca de Constantinopla
20 de junio/3 de julio: Venerable Nahum de Ohrid

Julio:

4/17 de julio: San Andrés, arzobispo de Creta
8/21 de julio: El Icono de la Madre de Dios de Kazán
10/23 de julio: San Antonio de la Cuevas de Kiev
Domingo entre el 13 y el 19 de julio: Conmemoración de los Seis Primeros Concilios Ecuménicos
15/28 de julio: Santo Príncipe Vladimir
22 de julio/4 de agosto: Santa María Magdalena
27 de julio/9 de agosto: Gran-mártir Pantaleón

Agosto:

6/19 de agosto: La Transfiguración del Señor
15/28 de agosto: La Dormición de la Madre de Dios
18/31 de agosto: San Juan de Rila
18/31 de agosto: Mártires Floro y Lauro
22 de agosto/4 de septiembre: Santa Eulalia de Barcelona
25 de agosto/7 de septiembre: Traslado de las reliquias del santo apóstol Bartolomé
25 de agosto/7 de septiembre: Santo apóstol Tito
26 de agosto/8 de septiembre: Icono de la Madre de Dios de Vladimir
26 de agosto/8 de septiembre: Mártires Adrián y Natalia
28 de agosto/10 de septiembre: Venerable Moisés el Etiope




13/26 de marzo: San Nicéforo, patriarca de Constantinopla

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Nicéforo gobernó la santa Iglesia con sabiduría y celo como uno de los más grandes archipastores de Constantinopla. Cuando León el Armenio se levantó contra los íconos, sólo Nicéforo se opuso al Emperador. Comenzó aconsejando al Emperador, y terminó denunciándolo. Por esto, el malvado Emperador lo exilió a la isla de Proconeso. Había en aquel lugar un monasterio dedicado a san Teodoro que Nicéforo mismo había construido. Este confesor de la Ortodoxia pasó trece años allí, yéndose luego al Señor en el 827 d. C. Después de esto todos los emperadores iconoclastas perecieron, y Miguel, junto a su madre Teodora, ascendió al trono imperial en el 842 d. C.; además, Metodio fue restaurado al trono patriarcal. Entonces, en el 846 d. C., las reliquias de san Nicéforo fueron trasladadas de Proconeso a Constantinopla y colocadas al principio en la Iglesia de la Santa Sabiduría [Hagia Sophia], de la cual había sido expulsado en vida, y luego en la Iglesia de los Doce Apóstoles. La conmemoración principal de este gran jerarca es el 2 de junio, pero el 13 de marzo conmemoramos el hallazgo y traslado de sus reliquias incorruptas. San Nicéforo fue exiliado de Constantinopla un 13 de marzo, y sus reliquias regresaron a la capital un 13 de marzo, diez y nueve años después de su muerte.


16/29 de marzo: Santo apóstol Aristóbulo, de los Setenta

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Nacido en Chipre, Aristóbulo era hermano de Bernabé. Era discípulo del apóstol Pablo, quien lo menciona en la Epístola a los romanos (cfr. Romanos 16:10). Cuando el gran Apóstol designó a muchos obispos para distintas partes del mundo, hizo a Aristóbulo obispo de Britania (es decir, Inglaterra). En la Britania vivía un pueblo salvaje, pagano, y malvado, y Aristóbulo padeció entre ellos innumerables tormentos, infortunios, y maldades. Lo golpeaban sin misericordia, lo arrastraban por las calles, e injuriándolo se mofaban de él. Pero al final este santo varón triunfó por el poder de la gracia de Dios. Iluminó al pueblo, lo bautizó en el nombre de Cristo el Señor, construyó iglesias, ordenó presbíteros y diáconos, y finalmente murió allí en paz, entrando al Reino del Señor al que sirvió tan fielmente.


17/30 de marzo: Venerable Alexis, Hombre de Dios

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Muchos son los caminos por los cuales Dios lleva a los que quieren agradarle y cumplir su Ley. En tiempos del emperador Honorio (393-423 d. C.), vivía en Roma un alto dignatario imperial llamado Eufemiano, que era muy eminiente y rico. Tanto él como su esposa Aglaida vivían vidas agradables a Dios. Aunque era rico, Eufemiano sólo comía una vez al día, al atardecer. Tenían un sólo hijo, Alexis, que fue obligado a casarse al llegar a la adultez. Pero en la noche de bodas abandonó no solo a su esposa sino también a su padre, y tomando un barco, se marchó a Edesa en Mesopotamia, donde se atesoraba la maravillosa faz del Señor mismo, enviada al Rey Ábgaro. Tras venerar la Santa Faz, Alexis se vistió con ropas simples y vivió por diez y siete años como un pobre en aquel lugar, orando constantemente a Dios en el pórtico de la Iglesia de la Madre de Dios. Al extenderse su fama de hombre santo, huyó de la alabanza de los hombres; y marchándose, tomó un barco que se dirigía a Laodicea. Por la providencia de Dios, el barco perdió su curso y le llevó directamente a Roma. Considerando esto como una cruz de parte de Dios, Alexis decidió ir a la casa de su padre para continuar allí su vida de negación de sí mismo sin ser conocido. Su padre no lo reconoció, pero por caridad le permitió vivir en una choza en su patio. Allí Alexis pasó otros diez y siete años, consumiendo sólo pan y agua. Importunado por los siervos de muchas maneras, perseveró hasta el fin. Al acercarse el final de su vida, escribió unas cuantas palabras en una hoja de papel, y tomándola en su mano, se recostó y expiró el 17 de marzo del 411 d. C. Entonces una voz se escuchó en la Iglesia de los Santos Apóstoles, diciendo al Emperador y al Patriarca, que estaban allí: «Buscad al Hombre de Dios». Poco después se supo que este Hombre de Dios estaba en casa de Eufemiano. El Emperador, el Patriarca, y sus respectivos séquitos vinieron a casa de Eufemiano y, tras un largo interrogatorio, descubrieron que aquel pobre era, en efecto, el Hombre de Dios. Al antrar en su choza, lo encontraron muerto, y con un rostro radiante como el sol. Sus padres descubrieron que era su hijo Alexis al leer el papel, y su esposa, que había vivido treinta y cuatro años sin él, que este era su esposo. Todos se sobrecogieron de dolor y pena inconmensubrales, pero hallaron consuelo viendo como Dios había glorificado a su elegido, pues muchos enfermos eran sanados al tocar su cuerpo, y una fragante mirra emanaba del mismo. Fue enterrado en un ataúd de mármol y esmeralda. Su cabeza es atesorada en la Iglesia de San Lauro en el Peloponeso.


18/31 de marzo: San Cirilo, arzobispo de Jerusalén

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Cirilo nació en Jerusalén en tiempos de Constantino el Grande, y murió en el 386 d. C., en tiempos de Teodosio el Grande. Fue ordenado sacerdote en el 346, y en el 350 sucedió al bienaventurado patriarca Máximo en el trono patriarcal de Jerusalén. Tres veces fue depuesto de su trono y enviado al exilio; hasta que al fin, en tiempos de Teodosio, no regresó más, sino que vivió otros ocho años en paz y entregó su alma al Señor. Libró dos grandes batallas: una contra los arrianos, que adquirieron fuerza bajo Constante, hijo de Constantino, y otra en tiempos de Julián el Apóstata, contra este renegado y los judíos. Durante un tiempo de dominación arriana, la señal de la Cruz apareció en los cielos sobre Jerusalén y el Monte de los Olivos el día de Pentecostés, brillando más que el sol, y permanaciendo visible por muchas horas desde las nueve de la mañana. Una carta fue enviada al emperador Constante acerca de este suceso, que fue visto por todos en Jerusalén, y esto sirvió para el fortalecimiento de la Ortodoxia contra los herejes. En tiempos del Apóstata, tuvo lugar otra señal. Julián hizo arreglos con los judíos para reconstruir el Templo de Salomón con el fin de humillar a los cristianos. Cirilo oró a Dios para que esto no ocurriera, y hubo un terrible terremoto que destruyó todo lo que recién se había construido. Los judíos comenzaron de nuevo, pero de nuevo hubo un terremoto que destruyó no sólo lo recién construido, sino aún las antiguas piedras que quedaban debajo de la tierra. Así se cumplieron las palabras de Señor: «No quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derribada» (cfr. San Mateo 24:2). De entre los muchos escritos de este santo, se conservan sus Catequesis, un obra de primer orden, que exponen la fe y práctica de la Ortodoxia aún para el presente. Este inusual jerarca y gran asceta era manso, humilde, agotado por el ayuno y de rosto pálido. Tras una vida de grandes labores y de valientes batallas por la fe ortodoxa, entró en paz a su descanso, yendo a los atrios eternos del Señor.


20 de marzo/2 de abril: Santa mártir Fotina

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Esta Fotina es aquella mujer samaritana que tuvo la rara fortuna de hablar con el Señor Jesucristo mismo junto al pozo de Jacob en Sicar (cfr. San Juan 4:1-42). Creyendo en el Señor, Fotina luego fue a predicar el Evangelio con sus hijos Víctor y Josías, y con sus cinco hermanas Anatolia, Fota, Fotida, Parasceva y Ciriaca. Llegaron hasta Cartago en África. Allí fueron arrestados y enviados a Roma en tiempos del emperador Nerón y fueron arrojados en prisión. Por la providencia de Dios, Domnina, la hija de Nerón, entró en contacto con santa Fotina y fue convertida por ella a la fe cristiana. Tras su encarcelamiento, todos sufrieron por causa de Cristo. Fotina, que por primera vez fue iluminada con la luz de la verdad junto al pozo de Sicar, fue arrojada en un pozo donde murió, entrando así al Reino eterno de Cristo.


25 de marzo/7 de abril: La Anunciación del Señor

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Cuando la Santísima Virgen hubo vivido y servido en el Templo de Jerusalén por once años, teniendo entonces catorce años—esto es, cuando entraba a su decimoquinto año—los sacerdotes le informaron que, según la Ley, no podía ya permanecer en el Templo sino que debía comprometerse y casarse. Pero para la gran sorpresa de todos los sacerdotes, la Santísima Virgen contestó que ella se había dedicado a Dios y que deseaba permanecer virgen sin entrar en matrimonio con nadie. Entonces Zacarías, el sumo sacerdote y padre del Precursor, en consulta con los otros sacerdotes, escogió por la providencia de Dios y por inspiración divina a doce varones solteros de la tribu de David para encomendar la Virgen María a uno de ellos a fin de que preservasen su virginidad y cuidasen de ella. Así fue encomendada a José, un anciano de Nazaret y pariente suyo. En su casa, la Virgen María continuó viviendo como lo había hecho en el Templo de Salomón, pasando su tiempo en la lectura de las Sagradas Escrituras, en la oración, meditando sobre las obras de Dios, en ayuno y tareas manuales. Casi nunca dejaba la casa, ni estaba interesda en cosas y eventos mundanos. Generalmente no conversaba mucho con la gente, y aún esto sólo cuando era necesario. Solamente intimaba con las hijas de José. Pero cuando el tiempo profetizado por el profeta Daniel hubo llegado, y cuando plació a Dios cumplir la promesa hecha a Adán cuando le expulsó del Paraíso y la que hizo a los profetas, el poderoso arcángel Gabriel apareció en la recámara de la Santísima Virgen, en el preciso momento (como han dicho algunos escritores eclesiásticos) en que ella tenía sobre falda el libro del profeta Isaías y ponderaba acerca de su gran profecía: «He aquí que la virgen concebirá y dará a luz» (cfr. Isaías 7:14). Gabriel se apareció ante ella en una luz angélica y le dijo: «Alégrate, Llena de gracia, el Señor es contigo», y el resto, como se relata en el Evangelio del divino Lucas. Con este saludo angélico y el descenso del Espíritu Santo, fue puesta en movimiento la salvación de la humanidad y la renovación de la Creación. El ángel abrió la primera página de la historia del Nuevo Testamento con la palabra «alégrate» para mostrar por esto el gozo que el Nuevo Testamento conlleva para la humanidad y para todas las cosas creadas. Y por lo tanto la Anunciación es considerada una fiesta tanto gozosa como grande.


12/25 de abril: San Isaac II de Siria

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

El primer Isaac de Siria es conmemorado el 28 de enero. San Gregorio el Dialoguista escribe acerca de este segundo Isaac. Vino a Italia en tiempos de los godos y entró a orar en una iglesia en la ciudad de Espoleto. Imploró al custodio que le permitiera permanecer encerrado en la iglesia toda la noche. Y así pasó la noche entera en oración, quedándose en el mismo lugar. Lo mismo ocurrió al día siguiente en incluso en la segunda noche. El custodio lo llamó hipócrita y le golpeó con un puño. Al instante, el custodio quedó loco. Viendo que el este era atormentado amargamente, Isaac se inclinó sobre el custodio y el espíritu maligno huyó de él, siendo así restaurada la salud del custodio. Al oír de este suceso, la población entera se congregó alrededor de este maravilloso extranjero. Le ofrecieron dinero y propiedades, mas el lo rechazó todo, y sin aceptar nada se retiró al bosque, donde construyó una celda para sí mismo que pronto se transformó en un gran monasterio. Isaac era conocido por obrar milagros y en particular por su especial don de discernimiento. En una ocasión, ordenó que los hermanos llevasen todas las azadas a la viña y que las dejasen allí. Al día siguiente, Isaac trajo almuerzo al viña junto a los hermanos. Estos estaban desconcertados: ¿para quién era este almuerzo, ya que no habían trabajadores? Al llegar a la viña, habían tantos hombres cavando como habían azadas. Esto fue lo que ocurrió: estos hombres vinieron como ladrones para robar las azadas, pero por el poder de Dios fueron retenidos para cavar toda la noche. En otra ocasión, dos hombres semidesnudos vinieron a Isaac para pedirle ropa. Isaac envió a un monje a un árbol hueco junto al camino para que trajese lo que encontrara allí. El monje fue, encontró alguna ropa y la trajo al monasterio. El abad tomó esta ropa y se la dio a los mendigos. Estos se avergonzaron grandemente cuando reconocieron su propia ropa, que habían escondido en este árbol. Una vez, un hombre envió dos panales de abejas al monasterio. El monje [que los recibió] escondió uno en el camino, y trayendo el otro al monasterio, se lo entregó al abad. El santo le dijo: «Ten cuidado cuando regreses, pues una serpiente venenosa se ha deslizado dentro del panal que dejaste en el camino. Cuídate, pues, de que no te muerda».


14/27 de abril: San Martín el Confesor, papa de Roma

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Martín se convirtió en papa el 5/18 de julio del 649, en tiempos del furioso debate entre los Ortodoxos y los herejes monotelitas, que creían la doctrina de una sola voluntad en Cristo. En aquel tiempo reinaba Constante II, nieto de Heraclio. El Patriarca de Constantinopla era Pablo. Con el fin de hacer paz en la Iglesia, el Emperador compuso un tratado titulado el «Typos», que era muy favorable a los herejes. El papa Martín convocó a un concilio de ciento cinco obispos (el cual tuvo lugar en el mes octubre en la Iglesia del Santísimo Salvador del Palacio de Letrán) que condenó este tratado del Emperador. Al mismo tiempo, el Papa escribió una carta al patriarca Pablo implorándole que se ciñera a la pureza de la Fe Ortodoxa y que aconsejara al Emperador que renunciara a esta sofistería herética. Esta carta airó tanto al Emperador como al Patriarca. El Emperador envió a Roma a Olimpio, uno de sus comandantes, para que trajera al Papa encadenado a Constantinopla. El comandante no se atrevió a encadenar al Papa, sino que sobornó a un soldado para que lo asesinara en la Iglesia con una espada. Cuando el soldado entró en la Iglesia con la espada oculta, quedó ciego instantáneamente. Así, por la providencia de Dios, Martín escapó de la muerte. En aquel tiempo, los sarracenos atacaron Sicilia y Olimpio fue enviado allí, donde murió. Entonces, según las intrigas del patriarca hereje Pablo, el Emperador envió a Teodoro, otro comandante, para encadenar al Papa y traerlo a Constantinopla, acusando al papa Martín de que colaboraba con los sarracenos y de que no honraba a la Purísima Madre de Dios. Cuando el comandante llegó a Roma y leyó la acusación en su contra, el Papa Martín respondió que esto era una calumnia y que él no tenía asociación alguna con los sarracenos, enemigos del cristianismo. Por lo que respecta a la Madre de Dios, si alguno no la honra, ni la confiesa, ni la reverencia, que sea anatema en este mundo y en el venidero. Sin embargo, esto no cambió la decisión del comandante. El papa Martín fue encadenado y traído a Constantinopla, donde permaneció por mucho tiempo en prisión, gravemente enfermo y sufriendo de ansiedad y hambre, hasta que al fin fue sentenciado al exilio en Corsún. El papa Martín vivió dos años en el exilio y murió en el 655, ofreciendo su alma al Señor por quién tanto sufrió. Dos años antes de la muerte del papa Martín, el patriarca Pablo murió arrepentido. Cuando el Emperador le visitó antes de su muerte, Pablo volvió su rostro hacia la pared y lloró, confesando que había pecado grandemente contra el papa Martín y rogó al Emperador que lo librara.


17/30 de abril: San Agapito, papa de Roma

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Agapito fue enviado ante el emperador Justiniano por Teodato, rey de los godos, para que lo disuadiera de su campaña contra los godos. En el camino, sanó a un mudo y a un ciego. En Constantinopla, Agapito ayudó a confirmar la Ortodoxia y murió en el año 536.


19 de abril/2 de mayo: San Juan de las Cuevas Antiguas

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Juan vivió una vida ascetismo en las llamadas «cuevas antiguas», el «antiguo monasterio» (gr. lavra) de san Caritón el Grande en Palestina. Amando a Cristo con todo su corazón, con toda su alma y toda su mente, Juan comenzó a viajar a lugares santos desde su juventud para escuchar las enseñanzas y consejos de varones santos. Finalmente se estableció en las cuevas de Caritón, donde se entregó a un riguroso ascetismo, pasando días y años en ayuno, oración, vigilias, meditando de continuo sobre la muerte, y enseñándose como ser humilde. Como un buen fruto maduro, fue recogido por la muerte y asentó su aposento en el Paraíso. Vivió y murió en el siglo VIII.


20 de abril/3 de mayo: San Atanasio del Monte Sinaí

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Anastasio era el abad [del monasterio] del Monte Sinaí. Fue monje por un largo tiempo bajo el glorioso abad Juan Clímaco; y después de la muerte de Juan, Anastasio se convirtió en abad. Además de ser un gran asceta, Anastasio era un prolífico autor de vidas de los santos y de escritos de instrucción. Encabezó una amarga lucha con los herejes acefalitas, que negaban las decisiones del Cuarto Concilio Ecuménico (Calcedonia, 451 d. C.). Murió en edad avanzada en el año 685, y fue a habitar con el Señor a quien sirvió fielmente.


23 de abril/6 de mayo: Santo y glorioso mártir Jorge

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Este glorioso y victorioso santo nació en Capadocia de padres ricos y virtuosos. Su padre sufrió por Cristo y su madre se mudó entonces a Palestina. Al llegar a la adultez Jorge entró al ejército, y a la edad de veinte años alcanzó el rango de tribuno, estando así al servicio del emperador Diocleciano. Cuando Diocleciano comenzó una terrible persecución contra los cristianos, Jorge vino ante él y valientemente confesó ser cristiano. El Emperador hizo que lo arrojaran en la prisión, que lo pusieran en el cepo y que colocaran una gran piedra sobre su pecho. Después de esto, el Emperador ordenó que Jorge fuese atado a una rueda bajo la cual había una tabla cubierta de clavos, y que se le rotara hasta que todo su cuerpo se convirtiera en una sola llaga sangrante. Después, lo enterraron hasta el cuello en una fosa y lo dejaron allí tres días y tres noches. Entonces un cierto mago le dio un veneno mortal a beber. Pero en medio de todos estos sufrimientos, Jorge oraba a Dios y Dios le sanaba instantáneamente y le salvaba de la muerte para gran sorpresa del pueblo. Cuando Jorge resucitó a un hombre mediante sus oraciones, muchos aceptaron la fe de Cristo. Entre estos estaban Alejandra, esposa del emperador Diocleciano; el sumo sacerdote pagano; y los agricultores Glicerio, Valerio, Donato y Terino. Finalmente, el Emperador ordenó que tanto Jorge como su propia esposa Alejandra fuesen decapitados. Los milagros que han ocurrido sobre la tumba de san Jorge son innumerables. Sus apariciones han sido numerosas, tanto en sueños como abiertamente, a aquellos que lo invocan y piden su ayuda desde aquel tiempo hasta el día de hoy. Encendido con amor por Cristo el Señor, no fue difícil para este santo Jorge el dejarlo todo a causa de este amor: rango, riquezas, honra imperial, amigos y el mundo entero. Por este amor, el Señor le recompensó con la riqueza de gloria inmarcesible en el cielo y en la tierra, y con vida eterna en su reino. Además, el Señor le otorgó el poder y la autoridad de asistir a todos los que en miserias y dificultades le honran e invocan.


25 de abril/8 de mayo: San Marcos, Apóstol y Evangelista

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Marcos era compañero de viaje y ayudante del apóstol Pedro, quien en su primera epístola le llama hijo («La iglesia que está en Babilonia, elegida juntamente con ustedes, y Marcos mi hijo, les saludan», I Pedro 5:13) – no según la carne, sino hijo según el espíritu. Estando Marcos en Roma con Pedro, los fieles le rogaron que escribiese para ellos las enseñanzas salvadoras del Señor Jesús, sus milagros y su vida. Así escribió Marcos el Santo Evangelio [que lleva su nombre], el cual fue visto y autenticado por el apóstol Pedro. Marcos fue hecho obispo por el apóstol Pedro y fue enviado a Egipto a predicar. San Marcos fue el primer predicador del Evangelio en Egipto y el primer obispo allí. Egipto estaba enteramente subyugado por la densa oscuridad del paganismo, la idolatría, la adivinación y la maldad. Con la ayuda de Dios, san Marcos tuvo éxito sembrando la semilla de las enseñanzas de Cristo a través de Libia, Amonicia y Pentápolis. Desde Pentápolis, Marcos fue a Alejandría, pues el Espíritu de Dios le dirigió allí. Estableció exitosamente la Iglesia en Alejandría y ordenó obispos, presbíteros y diáconos, fortaleciendo a todos firmemente en la venerable fe. Marcos confirmaba su predicación con muchos y grandes milagros. Cuando los paganos levantaron en contra de Marcos acusaciones de que destruía su fe idólatra, tras empezar a ser buscado por el alcalde de la ciudad, Marcos huyó de nuevo a Pentápolis, donde continuó fortaleciendo su anterior obra. Después de dos años, san Marcos regresó de nuevo a Alejandría para el gran gozo de los fieles, cuyo número se había multiplicado grandemente. En esta ocasión, los paganos se apoderaron de Marcos y, atándolo firmemente, lo arrastraron por un camino adoquinado exclamando: «¡Arrastremos al buey al corral!». Estos arrojaron a Marcos en la prisión herido y ensangrentado, y un ángel del cielo se le apareció para fortalecerle. Después de esto, el Señor Jesucristo mismo se le apareció y le dijo: «Paz a ti, Marcos, mi Evangelista». Marcos respondió a esto: «¡Paz a ti también, mi Señor Jesucristo!». Al día siguiente, unos hombres malvados sacaron a Marcos de la prisión y la arrastraron por las calles exclamando de nuevo: «¡Arrastremos al buey al corral!». Completamente exhausto y agotado, Marcos dijo: «En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu». Marcos expiró y su alma fue llevada a un mejor mundo. Sus santas reliquias fueron enterradas honorablemente por los cristianos, y a través de los siglos, sus reliquias han dado sanidad al pueblo de aflicciones, dolores y enfermedades.


29 de abril/12 de mayo: San Basilio de Ostrog

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

San Basilio nació en Popovo Šelo en Hercegovina, hijo de padres piadosos y simples. Desde su juventud estuvo lleno de amor por la Iglesia de Dios, y al crecer se marchó al Monasterio de la Madre de Dios en Trebinje, y se hizo monje. Rápidamente se hizo conocer por su vida ascética seria y poco común, pues se cargaba de prácticas de ascetismo, cada una mayor que la anterior. Más tarde fue elegido y consagrado como Obispo de Zahum y Skenderia, en contra de su voluntad. Como Obispo, residió primero en el Monasterio de Tvordoš, donde, como buen pastor, confirmó a su rebaño en la Fe Ortodoxa, y guardándolo de la crueldad de los turcos y de la astucia de los latinos. Pero cuando se vio muy acosado por sus enemigos, y tras la destrucción de Tvordoš por los turcos, Basilio se mudó a Ostrog, donde vivió en estricto ascetismo, protegiendo su rebaño mediante sus incesantes y amorosas oraciones. Fue al Señor en paz en el siglo XVI, dejando su cuerpo entero y sanador, incorrupto y obrador de milagros, hasta el día de hoy. Los milagros en la tumba de san Basilio son innumerables. Tanto los cristianos como los musulmanes corren a sus reliquias y hallan sanidad de las más graves enfermedades y sufrimientos.


2/15 de mayo: Santos mártires Boris y Gleb

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Eran hijos del gran Príncipe Vladimir, Iluminador del pueblo ruso. Hasta su bautismo, Vladimir tuvo muchas esposas e hijos con todas ellas. Boris y Gleb eran hermanos de madre. Antes de su muerte en el 1015, Vladimir dividió su reino entre todos sus hijos, pero Sviatopolk, su hijo mayor y Príncipe de Kiev, deseaba tomar las partes de Boris y Gleb, así que envió hombres para que mataran a Boris en un lugar y a Gleb en otro. Ambos hermanos eran profundamente piadosos y agradaban a Dios en todo, y encontraron la muerte con oración y levantando sus corazones hacia Él. Sus cuerpos permanecieron incorruptos y fragantes, y fueron enterrados en el pueblo de Vishgorod, donde hasta el día de hoy un bienaventurado poder fluye de ellos para sanar a los hombres de diversas enfermedades y sufrimientos.


3/16 de mayo: Santos mártires Timoteo y Maura

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

El final de estos maravillosos mártires, marido y mujer, es admirable. Durante el reino de Diocleciano, fueron traídos ante la corte de Arriano, gobernador de la Tebaida, por su fe cristiana sólo veinte días después de su matrimonio. Timoteo era lector en su iglesia local. El gobernador le preguntó: «¿Quién eres?». A esto Timoteo respondió: «Soy cristiano y lector en la Iglesia de Dios». Y el gobernador le dijo: «¿No ves estos instrumentos preparados para tortura que te rodean?». Timoteo contestó: «¿Y no ves los ángeles de Dios que me fortalecen?». Entonces el gobernador ordenó que una vara de hierro le fuera atravesada por los oídos para que sus ojos le brotaran del dolor. Después de esto, le colgaron por los pies y pusieron un pedazo de madera en la boca. Al principio Maura estaba atemorizada a causa de los sufrimientos de Timoteo, pero cuando su esposo la alentó a hacerlo, ella también confesó so fe firme ante el gobernador. Entonces este ordenó que fueran arrancados los pelos de su cabeza, y después que se cortaran los dedos de sus manos. Después de muchas otras torturas, que les habrían hecho sucumbir si la gracia de Dios no les hubiese fortalecido, fueron crucificados uno frente al otro. Colgando así de la cruz vivieron por nueve días, aconsejándose y consolándose mutuamente en perseverancia. Al décimo día entregaron su alma al Señor por el cual sufrieron muerte en cruz y fueron hechos dignos de su Reino. Sufrieron honorablemente por Cristo en el año 286 d. C.


4/17 de mayo: Venerable Nicéforo del Monte Atos

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Nicéforo era originalmente católico romano, y luego abrazó la fe Ortodoxa. Vivió una vida ascética en el Monte Atos junto al sabio Teolepto. Fue luego maestro del glorioso Gregorio Palamás y escribió un tratado sobre la oración noética. Fue al Señor en paz en el siglo XIV. Nicéforo enseñaba lo siguiente: «Recoge tu mente y fuérzala a entrar en tu corazón y a permanecer allí. Cuando tu mente esté asentada en tu corazón no debe permanecer vacía; permítele, pues, hacer continuamente esta oración: «¡Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí!» Nunca le permitas estar en silencio. Por causa de esto, la cadena entera de las virtudes entrará en ti: amor, gozo, paz, y todas las demás, por las cuales cada una de tus peticiones a Dios serán concedidas luego».


7/20 de mayo: Conmemoración de la aparición de la honorable Cruz sobre Jerusalén

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Durante el reino del emperador Constancio, hijo de san Constantino el Grande, y de Cirilo, patriarca de Jerusalén, la honorable Cruz apareció sobre Jerusalén alrededor de la hora tercera, extendiéndose desde el Gólgota hasta el Monte de los Olivos. Esta Cruz era más brillante que el sol y más hermosa que el más hermoso arco iris. Todo el pueblo dejó su trabajo –tanto creyentes como incrédulos– y contemplaron esta señal celestial con temor y admiración. Muchos incrédulos se convirtieron a la fe de Cristo, y también muchos herejes arrianos abandonaron su perniciosa herejía y regresaron a la Ortodoxia. El Patriarca escribió acerca de esta señal al emperador Constancio, que se inclinaba al arrianismo. Todo esto ocurrió el 7 de mayo del 357. Así se demostró en esta ocasión que la fe cristiana no es teorización mundana según el entendimiento carnal de los seres humanos, sino el poder de Dios, demostrado a través de numerosos milagros y señales.


8/21 de mayo: San Juan, Apóstol y Evangelista

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

La fiesta de este gran Apóstol y Evangelista se celebra el 26 de septiembre. En este día se conmemora el milagro que ocurría [anualmente] en su tumba. Cuando Juan tenía más de cien años, tomó a siete discípulos, se marchó a las afueras de Éfeso, y les ordenó que cavaran una tumba en forma de cruz. Entonces el anciano descendió a su tumba y fue enterrado. Algún tiempo después, cuando los fieles abrieron la tumba de Juan no hallaron su cuerpo. Y el 8 de mayo de cada año se sacaba polvo de su tumba, mediante el cual muchos enfermos eran sanados de varias enfermedades.


8/21 de mayo: Santa Emilia

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Emilia era la madre de san Basilio el Grande. En su juventud deseaba permanecer virgen, pero fue obligada a casarse. Emilia dio a luz a nueve hijos y los inspiró de tal modo con el Espíritu de Dios que cinco de ellos se convirtieron en santos: Basilio el Grande; Gregorio, obispo de Nisa; Pedro, obispo de Sebaste; Macrina; y Teosebia. Siendo ya de edad avanzada, Emilia estableció un monasterio donde vivió con su hija Macrina y donde murió en el Señor el 8 de mayo del 375.


15/28 de mayo: Venerable Pacomio el Grande

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Pacomio nació en Egipto y era pagano en su juventud. Como soldado, luchó junto al emperador Constantino en la batalla contra Majencio. Después de esto vino a conocer al único Dios de los cristianos, y contemplando su vida piadosa, Pacomio fue bautizado. Se retiró al desierto de Tabena junto al famoso asceta Palamón, por quien fue instruido en la vida ascética. Entonces un ángel se le apareció vistiendo el hábito monástico en el lugar llamado Tabenisiot y le dio una tabla sobre la cual estaba escrita la regla monástica de la vida cenobítica, ordenándole que estableciera un monasterio en aquel lugar, y profetizando que muchos monjes vendrían a este monasterio para la salvación de sus almas. Obedeciendo al ángel de Dios, Pacomio comenzó a construir muchas celdas aunque sólo él y su hermano Juan estaban en aquel lugar. Cuando su hermano le reprochó por construir celdas innecesarias, Pacomio simplemente respondió que seguía la orden de Dios sin importan quién viniese a vivir allí, o cuando. Pero pronto muchos hombres se congregaron en aquel lugar movidos por el Espíritu de Dios, y comenzaron a vivir la vida ascética según Regla de Pacomio, la cual él recibió de un ángel. Al aumentar el número de los monjes, Pacomio llegó a fundar seis otros monasterios. El número de sus discípulos llegaba a los siete mil. San Antonio es considerado fundador de la vida eremítica, pero san Pacomio es considerado fundador de la vida monástica cenobítica. La humildad, amor por el trabajo y abstinencia de este santo padre fue y sigue siendo un singular ejemplo a imitar para un vasto número de monjes. San Pacomio hizo innumerables milagros, pero también sufrió innumerables tentaciones tanto de parte de demonios como de hombres. Sirvió a los hombres como padre o como hermano. Inspiró a muchos a seguir el camino de la salvación y guió a muchos al camino de la verdad. Fue y sigue siendo una gran luz de la Iglesia y un gran testigo de la verdad y la justicia de Cristo. Murió en paz en el año 348 d. C. en el septuagésimo cuarto año de su vida terrenal. La Iglesia ha incluido a muchos de sus discípulos en las filas de los santos: Teodoro, Job, Paunucio, Pecusio, Atenodoro, Epónimo, Soro, Psoe, Dionisio, Psentesio, y otros.


16/29 de mayo: Venerable Teodoro el Santificado

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Teodoro era discípulo de san Pacomio. Nació y fue criado en el paganismo, pero siendo aún joven vino al conocimiento de la verdadera fe y fue bautizado. Oyendo de san Pacomio, huyó secretamente del hogar de sus padres hacia el monasterio de Pacomio. Este lo tonsuró como monje y lo admiraba a causa de su singular celo y obediencia. Cuando su madre vino a pedirle que regresara a casa, Teodoro ni siquiera quiso mostrarse a ella, sino que oró para que Dios la iluminara con la verdad. En efecto, no sólo su hijo no regresó a casa, sino que ella misma no regresó. Viendo un monasterio no muy lejos que era dirigido por la hermana de Pacomio, se incorporó a él y fue tonsurada como monja. Después de un tiempo Paunicio, hermano de Teodoro, también vino al monasterio y fue tonsurado monje. Más tarde el obispo de Panópolis llamó a venir a san Pacomio con el fin de que estableciese un monasterio para los que deseaban la vida monástica. Pacomio tomó consigo a Teodoro y le confió la tarea de establecer este nuevo monasterio. Después de la muerte de Pacomio, Teodoro se convirtió en abad de todos los monasterios de Pacomio y alcanzó una edad muy avanzada. Teodoro vivió una vida agradable a Dios, guiando a muchos monjes en el camino de la salvación. Murió en paz y fue a habitar en el Reino de la Luz eterna en el 368 d. C.


21 de mayo/3 de junio: Santo emperador Constantino y santa emperatriz Elena, Iguales de los Apóstoles

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Los padres de Constantino fueron el emperador Constancio Cloro y la Emperatriz Elena. Cloro tenía hijos de otra mujer, pero sólo a Constantino de Helena. Después de su coronación, Constantino luchó tres grandes batallas: una contra Majencio, un tirano romano; la segunda contra los escitas en el Danubio; y la tercera contra los bizantinos. Antes de la batalla con Majencio, mientras Constantino estaba grandemente preocupado y dudoso acerca de su triunfo, una brillante cruz apareció en el cielo durante el día, enteramente adornada de estrellas y con estas palabras escritas en ella: «Por esta señal vencerás». Asombrado, el Emperador ordenó que una gran cruz similar a la que había visto fuese forjada y que fuese llevada delante del ejército. Por el poder de la Cruz logró una gran victoria sobre un enemigo superior en números. Majencio fue ahogado en el río Tíber. Inmediatamente después de esto, Constantino proclamó el famoso Edicto de Milán en el año 313 d. C. para finalizar la persecución de los cristianos. Tras derrotar a los bizantinos, Constantino construyó una hermosa capital junto al Bósforo que desde entonces se llamó Constantinopla. Antes de esto, empero, Constantino sucumbió a la temible enfermedad de la lepra. Como cura, los sacerdotes y médicos paganos le aconsejaron que se bañase en la sangre de niños sacrificados, lo cual él rechazó. Entonces los santos apóstoles Pedro y Pablo se le aparecieron diciéndole que buscara al obispo Silvestre [de Roma], que lo sanaría de esta temible enfermedad. El Obispo lo instruyó en la fe cristiana, lo bautizó y todo trazo de lepra desapareció del cuerpo del Emperador. Cuando una disputa ocurrió en la Iglesia a causa del rebelde hereje Arrio, el Emperador convocó el Primer Concilio Ecuménico en Nicea en el año 325 d. C., en el cual la herejía fue condenada y la Ortodoxia confirmada. Santa Helena, la piadosa madre del Emperador, era muy celosa de la fe de Cristo. Visitó Jerusalén, halló la preciosa Cruz del Señor, construyó la Iglesia de la Resurrección en el Gólgota y muchas otras iglesias en la Tierra Santa. Esta santa mujer se presentó al Señor en su octogésimo año en el 327 d. C. El emperador Constantino sobrevivió a su madre diez años. Murió en Nicomedia en su sexagésimo quinto año en el 337 d. C. Su cuerpo fue enterrado en la Iglesia de los Doce Apóstoles en Constantinopla.


29 de mayo/11 de junio: Conmemoración del Primer Concilio Ecuménico

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

La conmemoración y alabanza de los Santos Padres del Primer Concilio Ecuménico es observada el domingo antes de Pentecostés (o Séptimo Domingo de Pascua). Este concilio tuvo lugar en Nicea en el año 325 d. C. durante el reino del santo emperador Constantino el Grande. El concilio fue convocado para eliminar la confusión que Arrio, un presbítero de Alejandría, había creado mediante su falsa enseñanza. Es decir, Arrio difundía la enseñanza que Cristo fue creado por Dios en el tiempo, y que Él no es el pre-eterno Hijo de Dios, de una misma esencia con Dios el Padre. Trescientos dieciocho padres participaron de este concilio. Este condenó la enseñanza de Arrio, y Arrio mismo, como se rehusó a arrepentirse, fue anatematizado. El Concilio finalmente confirmó el Símbolo de la Fe (el Credo), que fue luego expandido por el Segundo Concilio Ecuménico (381 d. C.). Muchos santos distinguidos estuvieron presentes en el Primer Concilio Ecuménico, estando entre los más notables de ellos san Nicolás de Mira en Licia, san Espiridión, san Atanasio, san Aquilo, san Paunucio, san Jacobo de Nisbis, Macario de Jerusalén, Eustacio de Antioquía, Eusebio de Cesarea, Metrófanes de Constantinopla, Juan de Persia, Aristarco de Armenia, y muchos otros del Oriente. Del Occidente, estaban presentes Osio de Córdoba, Teófilo el Godo, Ceciliano de Cartago y otros. La obra mas importante de este concilio fue la confirmación del Símbolo de Fe (el Credo). El Concilio también estableció la fecha de la celebración de la Resurrección de Cristo, y promulgó veinte cánones variados.


1/14 de junio: Santo mártir Justino el Filósofo

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Justino nació de padres griegos en el poblado samaritano de Siquem, llamado Nablo, ciento cinco años después de Cristo. Justino buscó sabiduría celosamente entre los filósofos, al principio con los estoicos y luego con los peripatéticos, los pitagóricos, y finalmente con los platonistas. Aunque la filosofía de Platón no le satisfacía, aún así se adhirió a ella, no hallando otra cosa que le atrajese más. Por la providencia de Dios, un venerable anciano se encontró con Justino y le confundió con respecto a la filosofía platónica y le persuadió de que el ser humano no puede conocer la verdad acerca de Dios a no ser que Dios se la revele, y que Dios reveló la verdad acerca de sí mismo en los libros de las Sagradas Escrituras. Justino comenzó a leer las Escrituras y se convirtió en un cristiano profundamente convencido. Sin embargo, no quería ser bautizado ni ser llamado cristiano hasta no estar personalmente convencido de la falsedad de todas las acusaciones que los paganos levantaban contra los cristianos. Llegando a Roma con su toga de filósofo, rápidamente ganó mucho respeto allí, además de discípulos. Estuvo presente en el martirio de san Tolomeo y san Luciano. Siendo testigo de la tortura de cristianos inocentes, Justino escribió una apología de los cristianos y de las enseñanzas cristianas, la cual presentó al emperador Antonino y al Senado. El Emperador leyó la apología cuidadosamente, y ordenó que cesara la persecución de cristianos. Justino tomo una copia del decreto del Emperador y viajó con él a Asia, donde salvó a muchos cristianos perseguidos con la ayuda de este decreto. Después de esto regresó a Roma. Cuando una nueva persecución comenzó bajo el emperador Marco Aurelio, Justino escribió otra apología y la envió al Emperador. Un cierto Crescencio, un filósofo cínico de mala reputación, lo acusó de ser cristiano por envidia, ya que Justino siempre lo vencía en todos los debates; así Justino se halló en prisión. Deseando la muerte de Justino y temiendo que este se justificase de algún modo en la corte, Crescencio tomo una oportunidad y de algún modo envenenó a Justino en la prisión. Así terminó la vida terrenal de este gran defensor de la fe cristiana, que tomó habitación en la eternidad bienaventurada en el 166 d. C.


2/15 de junio: Nuevo mártir Constantino

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Constantino nació de padres musulmanes en la isla de Mitelene. Habiendo sido sanado de una grave enfermedad con la ayuda de agua bendita en la Iglesia, y siendo testigo de otros de la fe de Cristo, fue bautizado en el Monte Atos, en la Ermita de Kapsokalivia. Más tarde Constantino cayó en manos de los turcos, quienes lo colgaron el 2 de junio de 1819, después de cuarenta días de crueles torturas.


8/21 de junio: San Efrén, patriarca de Antioquía

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Durante el reino del emperador bizantino Anastasio, Efrén era el gobernador de las regiones orientales. Era conocido por todos a causa de su gran piedad y caridad, y por esto era grandemente respetado. Cuando fue necesario reconstruir a Antioquía, destruida por terremotos e incendios, el Emperador encargó al gobernador Efrén dirigir esta tarea. Efrén cumplió su deber con diligencia y amor. Entre los albañiles estaba un obispo que, por razones desconocidas, había dejado su sede episcopal y trabajaba como un obrero ordinario sin que nadie supiese que era obispo. Un día este, junto con los otros obreros, se recostó para descansar del agotador trabajo y se quedó dormido. Efrén lo miró y vio una columna de fuego que se levantaba desde este hombre hasta los cielos. Maravillado y temeroso, Efrén llamó a este hombre y le hizo jurar que le diría quién era. El hombre dudó, pero finalmente reconoció que era un obispo y profetizó a Efrén que pronto sería consagrado Patriarca de Antioquía (pues el trono patriarcal estaba vacante ya que el anciano patriarca Eufrasio había perecido en el terremoto). En efecto, Efrén fue elegido y consagrado Patriarca. A causa de su bondad, su pureza y su celo por la Ortodoxia, Dios le concedió el gran don de obrar milagros. Una vez, para convencer a un hereje de la verdad de la Ortodoxia, echo su omoforio al fuego y oró a Dios. El omoforio estuvo en el fuego por tres horas y permaneció intacto. Viendo esto, el hereje quedó atónito y rechazó la herejía. San Efrén murió en paz en el año 546 d. C. y tomó habitación en el Reino de Dios.


9/22 de junio: San Cirilo, patriarca de Alejandría

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Cirilo era de noble nacimiento y familiar cercano de Teófilo, patriarca de Alejandría, después de la muerte del cual fue consagrado Patriarca. Durante su vida lucho tres feroces batallas: contra los herejes novacianos, contra el hereje Nestorio y contra los judíos de Alejandría. Los novacianos tuvieron su origen en Roma y tomaron su nombre del presbítero hereje Novaciano. Estos se gloriaban de sus virtudes, andaban en público vestidos de blanco, prohibían las segundas nupcias, sostenían que no podía orarse por aquellos que habían cometido pecado mortal, y que no podía recibirse en la Iglesia a aquellos que, en otro tiempo, habían apostatado de ella, sin importar cuán profundamente se arrepintiesen. Cirilo los venció y los echó de Alejandría junto con su obispo. La lucha con los judíos fue más difícil y sangrienta. Los judíos tuvieron gran influencia en Alejandría desde que Alejandro Magno fundó esa ciudad. Su odio contra los cristianos era vicioso y desaforado. Asesinaban cristianos mediante traición, envenenamiento y crucifixión. Tras una larga y difícil lucha, Cirilo logró que el emperador Teodosio el Joven los expulsara de Alejandría. Su lucha contra Nestorio, patriarca de Constantinopla, fue resuelta por el Tercer Concilio Ecuménico en Éfeso (431 d. C.). Cirilo mismo presidió este Concilio y, al mismo tiempo, representó al Papa Celestino de Roma a petición suya, pues este no pudo asistir al Concilio a causa de su avanzada edad. Nestorio fue condenado, anatematizado, y fue exiliado por el Emperador a la frontera oriental del Imperio, donde murió una horrible muerte (pues gusanos consumieron la lengua con la que blasfemó a la Madre de Dios). Después del final de esta lucha, Cirilo vivió en paz y cuidó celosamente del rebaño de Cristo. Se presentó a sí mismo al Señor en el año 444 d. C. Se dice que fue él quien escribió la oración «Alégrate, oh Virgen Madre de Dios».


11/24 de junio: Conmemoración del santo ícono «En Verdad es Digno», y del milagro que ocurrió ante él durante el reino del patriarca Nicolás Crisoverges

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Este milagro ocurrió así: una noche, un cierto monje leía el Canon a la Madre de Dios y cantaba «Mas honorable que los querubines» en su celda en el Monasterio del Pantócrator, que hoy se llama «Axion Estin» («En verdad es digno») por el ícono. El anciano que le instruía había ido a Karyes. De repente, un varón apareció en la iglesia y comenzó a cantar «En verdad es digno». Este himno era hasta entonces desconocido en la Iglesia. Al oír este himno, el monje se impresionó tanto por el contenido del himno como por el canto celestial. El desconocido se tornó al monje y le dijo: «Así lo cantamos en casa». El monje deseaba tener el himno por escrito y trajo una lápida de mármol en la cual el desconocido escribió el himno con su dedo como sobre cera, y entonces desapareció de repente. Este desconocido era el Arcángel Gabriel. Esta lápida fue llevada a Constantinopla y permanece en la iglesia hasta el día de hoy.


13/26 de junio: San Trifilio, obispo de Leucosia en Chipre

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Trifilio fue discípulo de san Espiridión y luego su compañero obispo en la isla de Chipre. Era misericordioso, puro de pensamiento, casto de vida, una fuente viva de lágrimas, y un gran asceta. Gobernó bien el rebaño de Cristo y, cuando fue a su descanso, recibió su corona entre los grandes jerarcas en el cielo. Entro en paz a su descanso en el 370 d. C.


14/27 de junio: Santo Profeta Eliseo

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Eliseo vivió 900 años antes de Cristo. Cuando plugo al Señor llevarse al anciano profeta Elías, le reveló que había escogido a Eliseo, hijo de Safat, de la tribu de Rubén, y de la ciudad de Abel-mehola, para que fuese profeta en su lugar. Elías informó a Eliseo de la voluntad de Dios, y echó sobre él su manto, pidiendo a Dios que una doble porción de la gracia de la profecía fuese sobre él. Eliseo al punto dejó su hogar y su pueblo y siguió a Elías. Cuando el Señor se llevó a Elías en un carro de fuego, Eliseo quedó para continuar la labor profética con aún mayor poder que Elías. En su pureza y celo era el igual de los más grandes profetas, y sobrepasaba a todos los demás por el maravilloso poder que Dios le dio. Dividió las aguas del Jordán como Moisés dividió una vez el Mar Muerto; endulzó las aguas amargas de Jericó; inundó la barracas de guerra de los moabitas; hizo que las vasijas de la viuda se llenasen de aceite hasta el borde; resucitó al hijo de la sunamita; alimentó a cien hombres con sólo veinte panes de cebada; sanó de lepra a Naamán, capitán de los ejércitos de Siria; trajo lepra sobre su siervo Gehazi a causa de su codicia; cegó una tropa siria e hizo que otra huyera; predijo muchos sucesos tanto para el pueblo como para individuos; y entro en su descanso en edad muy avanzada.


14/27 de junio: San Metodio, patriarca de Constantinopla

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Nacido en la ciudad de Siracusa en Sicilia, se hizo monje tras completar su educación secular y se entregó a la vida ascética en el monasterio. El patriarca Nicéforo lo incorporó a su servicio. En tiempos de los emperadores iconoclastas, era conocido por todos como un acérrimo defensor de la veneración de los íconos. Por esta razón, el malvado emperador Teófilo lo exilió a una isla, donde pasó siete años enteros en prisión con dos ladrones comunes, sin luz y sin suficiente comida, como en una tumba. Durante el reino de la piadosa Emperatriz Teodora y su hijo Miguel, Metodio fue liberado y hecho Patriarca, según había profetizado san Joanicio el Grande. Durante la primera semana del Gran Ayuno [de Cuaresma], Metodio hizo una solemne procesión de entrada de los íconos a la Iglesia, y compuso un canon en su honor. No pudiendo vencerle de ninguna otra manera, los viles herejes sobornaron a una mujer para que dijese que el Patriarca había tenido una relación impura con ella. Toda Constantinopla estaba horrorizada ante tal calumnia. Sin embargo, no sabiendo de qué otro modo podía probar su inocencia, el Patriarca venció su vergüenza, se quitó la ropa y quedó desnudo ante la corte que él mismo había pedido, mostrando su cuerpo marchito y debilitado por el ayuno. La corte estaba claramente convencida de que el Patriarca había sido difamado. El pueblo se regocijó al oír esto y los herejes fueron avergonzados. Entonces la mujer misma admitió haber sido convencida y sobornada a traer esta calumnia contra el santo de Dios. De esto modo, aquellos que pensaban avergonzar a Metodio aumentaron su fama sin quererlo. Este gran confesor de la fe murió en paz en el 846 d. C. y tomó habitación en el Reino de Dios.


20 de junio/3 de julio: Venerable Nahum de Ohrid

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

La fiesta principal de san Nahum es el 23 de diciembre, y el 20 junio es su fiesta de verano. Durante esta fiesta se reúne un gran número de personas en el monasterio de san Nahum. Muchos enfermos vienen o son traídos para buscar sanidad mediante la fe y la oración sobre las reliquias del santo. No sólo los ortodoxos, sino también personas de otras religiones vienen a pedir gracias de san Nahum. En 1926, un musulmán de Resna compró y donó una campana al monasterio en acción de gracias porque san Nahum sanó a su hermano en su lecho de muerte y lo restauró a la vida. El que donó la campana fue Jemail Zizo y su hermano, que fue sanado, se llamaba Suleiman Zizo. Ambos eran prominentes ciudadanos de Resna.


4/17 de julio: San Andrés, arzobispo de Creta

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Andrés nació de padres cristianos en Damasco. Fue mudo desde su nacimiento hasta la edad de siete años, cuando sus padres le trajeron a la Iglesia; al recibir la Santa Comunión, el niño comenzó a hablar. ¡Tal es el poder de la Santa y Divina Comunión! A la edad catorce años, Andrés se marchó a Jerusalén y fue tonsurado en el Monasterio de San Sabas el Santificado. En virtud de su entendimiento y ascetismo, superó a muchos de los monjes más viejos y se convirtió en un ejemplo para ellos. Después de algún tiempo, el Patriarca le hizo su secretario personal. En año 681 d. C., durante el reinado de Constantino IV el Barbudo, fue convocado el Sexto Concilio Ecuménico en Constantinopla, ya que comenzaba a arder la herejía monotelita (que enseñaba que el Señor Jesús no poseía una voluntad humana sino sólo una voluntad divina). El patriarca Teodoro de Jerusalén no pudo asistir al Concilio, pero envió al entonces archidiácono Andrés como su representante. En el Concilio, Andrés demostró su admirable don de oratoria, su celo por la Fe y su extraordinaria prudencia. Habiendo ayudado a confirmar la Fe Ortodoxa, Andrés regresó a sus deberes en Jerusalén. Posteriormente fue elegido y entronizado como arzobispo de la isla de Creta, donde fue muy amado por el pueblo. Andrés era celosísimo de la Ortodoxia y erradicó diligentemente toda clase de herejías. Mediante sus oraciones obró muchos milagros; sus oraciones expulsaron a los sarracenos de la isla de Creta. Andrés escribió muchos libros de instrucción, himnos y cánones, de los cuales el mas famoso es el Gran Canon a la Madre de Dios, que se lee el jueves de la quinta semana de la Gran Cuaresma. Su apariencia exterior era tal que «todos se deleitaban viendo su cara y oyendo sus melífluas palabras, y enmendaban sus vidas». En una ocasión, regresando de Constantinopla, Andrés predijo que moriría antes de llegar a Creta. Y así aconteció: cuándo el barco en que viajaba navegaba cerca de la isla de Mitilene, éste faro de la Iglesia finalizó su vida terrenal, y con su alma tomó habitación en el Reino de Cristo en el año 721 d. C.


8/21 de julio: El Icono de la Madre de Dios de Kazán

Compilado de varias fuentes por Julio Vázquez

En junio de 1579, la Madre de Dios apareció en sueños a una niña de nueve años llamada Matrona, cuya casa paterna se había quemado durante el terrible incendio ocurrido en ese mismo año en la ciudad de Kazan. La Santísima Madre de Dios le indicó a Matrona que un ícono suyo estaba enterrado bajo las cenizas de la casa quemada, y le ordenó que hiciera saber al arzobispo y a los principales del pueblo que debían recuperarlo. Sin embargo, estos no hicieron caso a las palabras de la pequeña. El sueño se repitió, y ésta vez la madre de la niña fue al arzobispo y los oficiales, pero aún así no hicieron caso. Al regresar a casa, Matrona y su madre comenzaron a cavar la tierra por sí mismas, y al encontrar el ícono, una luz sobrenatural emanaba del mismo. El ícono fue hallado envuelto en un pedazo de tela roja muy raída, mas aún conservaba su lustre y no había sufrido daño alguno. Fue enterrado en tal lugar, probablemente, durante el yugo tártaro en Kazan, época en la que los ortodoxos debían ocultar su fe. Habiendo oído del milagroso hallazgo, el arzobispo Jeremías y los líderes del pueblo llegaron al lugar, y con lágrimas de arrepentimiento suplicaron el perdón de la Madre de Dios. El santo icono fue solemnemente trasladado en procesión a la cercana iglesia de San Nicolás, donde el presbítero Germógenes (más tarde Patriarca de Moscú, martirizado por los católico-romanos), presidió un corto servicio de acción de gracias. De allí fue llevado a la Catedral de la Anunciación, haciéndose célebre por la inmediata curación milagrosa de dos ciegos. Una copia de este ícono, y una crónica de estos maravillosos eventos, fue enviada al zar Iván el Terrible, quien hizo construir un monasterio en el lugar del hallazgo. En honor de la Madre Dios, se fijó una festividad especial conmemorando el día del aparición de su ícono: el 8/21 de julio.


10/23 de julio: San Antonio de la Cuevas de Kiev

Tomado del Prólogo de Ochrid, por san Nicolás Velimirović

El renovador y padre del monasticismo en Rusia nació en una pequeña villa llamada Lubecht, cerca de Chernigov. Dejó su hogar cuando aún era un niño para ir a la Montaña Santa, donde se hizo monje y vivió en ascetismo en el monasterio de Esfigmenos. En respuesta a una visión, al abad le envió a Rusia para que comenzara la vida monástica allí. Para éste fin escogió una cueva en las afueras de Kiev. Cuando un grupo de hombres se establecieron a su alrededor deseando vivir la vida monástica, Antonio instaló a Teodosio como abad y se retiró a su cueva para vivir en silencio. Por la gracia de Dios, el monasterio creció y se convirtió en la casa madre del monasticismo ruso. Antonio sufrió muchos males tanto de seres humanos como demonios, mas los venció todos por su mansedumbre. Tenía un extraordinario don de discernimiento, y podía sanar a los enfermos. Se fue al Señor en el año 1073, a la edad de noventa años, dejando un vivero espiritual que, a través de los siglos, produciría buen fruto para el pueblo ortodoxo de Rusia.


Domingo entre el 13 y el 19 de julio: Conmemoración de los Seis Primeros Concilios Ecuménicos

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Los concilios ecuménicos son los grandes duelos entre la Ortodoxia y los herejes. La Iglesia conmemora los primeros seis concilios juntos en el día de hoy:

El Primer Concilio Ecuménico en Nicea, en el 325 d. C., en el que 318 padres estuvieron presentes. Se conmemora el 29 mayo y en el 7mo domingo de Pascua. Éste concilio condenó la herejía arriana contra Dios el Hijo.

El Segundo Concilio en Constantinopla, en el 381 d. C., al que asistieron 150 padres. Se conmemora el 29 de mayo. Éste concilio condenó la herejía de Macedonio contra Dios el Espíritu Santo.

El Tercer Concilio en Éfeso, en el 431 d. C., con 200 padres. Se conmemora el 9 de septiembre. Éste concilio condenó la herejía nestoriana contra la Madre de Dios.

El Cuarto Concilio en Calcedonia, en el 451 d. C., con 630 padres presente. Se conmemora el 16 de julio. Éste concilio condenó la herejía monofisita.

El Quinto Concilio en Constantinopla, en el 553 d. C., con 160 padres. Se conmemora el 25 de julio. Éste Concilio condenó la herejía origenista.

El Sexto Concilio en Constantinopla, en el 691 d. C., con 170 padres. Se conmemora el 23 de enero. Éste concilio condenó la herejía monotelita.

El Séptimo Concilio Ecuménico, celebrado en el 787 d. C. con 367 padres presentes, no se conmemora en esta ocasión, sino por sí mismo el 11 de octubre. Este Concilio refutó la herejía iconoclasta.

En estos concilios, todas las herejías fueron condenadas bajo la dirección de Espíritu Santo, y la Fe Ortodoxa fue definida y confirmada para siempre.


15/28 de julio: Santo Príncipe Vladimir

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Vladimir era hijo del Príncipe Sviatoslav, y nieto de Igor y Olga, y era al principio completamente pagano en fe y vida. Enterándose de la existencia de diferentes religiones, comenzó a investigarlas para decidir cual era la mejor. Con ese objetivo, envió a sus siervos a Constantinopla. Al regresar, ellos le informaron que habían estado en un servicio en la Iglesia Ortodoxa de Hagía Sophía [Santa Sabiduría, o sea, Cristo -N. del T.] y que durante el mismo habían estado «fuera de nosotros mismos, no sabiendo si estábamos en la tierra o en el cielo». Esto inspiró a Vladimir a ser bautizado, recibiendo el nombre Basilio, y a bautizar a su pueblo. El ídolo principal, Perún, fue arrastrado por las colinas de Kiev y echado al río Dnieper. Al adoptar la Fe Cristiana, Vladimir cambió radicalmente su modo de vida y se dedicó a cumplir fielmente las exigencias de su fe. Decretó que iglesias fuesen construidas en todo lugar donde antes habían ídolos, y él mismo construyó en Kiev una hermosa iglesia dedicada a la Madre de Dios. Ésta iglesia fue construida en el mismo lugar donde San Teodoro y su hijo San Juan sufrieron el martirio por Cristo. Con la misma vigor con que antes defendió la idolatría, Vladimir propagó el cristianismo. Entró en su reposo en el Señor en el año 1015 d. C.


22 de julio/4 de agosto: Santa María Magdalena

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

María Magdalena, una de las mujeres que llevó mirra a la tumba del Señor e igual de los apóstoles, nació en el pueblo de Magdala a orillas del lago Genesaret, de la tribu de Isacar. Ella fue atormentada por siete demonios de los que fue liberada y sanada por el Señor Jesús, del que se convirtió en seguidora y sirva fiel durante Su vida terrenal. María Magdalena estuvo al pie de la Cruz en el Gólgota, sufriendo y llorando amargamente junto a la Madre de Dios. Después de la muerte del Señor, ella visitó Su sepulcro tres veces, y cuándo Él resucitó, Lo vio en dos ocasiones: una vez a solas y otra vez con las otras portadoras de mirra. Ella viajó a Roma para presentarse ante el emperador Tiberio, y entregándole un huevo rojo, le saludó diciendo: «¡Cristo ha resucitado!» Además, acusó a Pilato ante el César por haber condenado injustamente al Señor Jesús. El Emperador, aceptando su acusación, transfirió a Pilato de Jerusalén a la Galia donde éste juez injusto murió fuera del favor imperial tras una terrible enfermedad. Después de esto, María Magdalena se trasladó de Roma a Éfeso, donde ayudó a San Juan el Teólogo en la tarea de predicar el Evangelio. Con gran amor al Señor resucitado, y con gran celo, ella proclamaba el Santo Evangelio como una apóstol verdadera de Cristo. Murió tranquilamente en Éfeso y, según la tradición, fue enterrada en la misma cueva en la que siete jóvenes durmieron milagrosamente por cientos de años (véase agosto 4); sus reliquias fueron trasladadas luego a Constantinopla. Hay un monasterio Ortodoxo ruso dedicado a Santa María Magdalena cerca del Jardín de Getsemaní.


27 de julio/9 de agosto: Gran-mártir Pantaleón

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Nacido en Nicomedia de una madre cristiana, Eubula, y un padre pagano, Eustorgio, Pantaleón estudió medicina en su juventud. El sacerdote Hermolao se hizo su amigo, le enseñó la Fe Cristiana y le bautizó. Pantaleón curó milagrosamente a un hombre ciego a quien los otros médicos trataron en vano: él le curó en el nombre de Cristo y le bautizó. Llenos de envidia, los otros médicos acusaron a Pantaleón de ser cristiano, por lo que fue llevado ante el emperador Maximiano para ser enjuiciado. «Estaba ante el rey terrenal en el cuerpo, pero en su espíritu estaba ante el Rey celestial». Declaró libremente ser cristiano ante el Emperador, y antes de sus ojos curó a un paralítico de una larga enfermedad. Éste milagro trajo muchos paganos a la Fe Cristiana. El Emperador le entregó a torturas, pero el Señor se le apareció en varias ocasiones y le mantuvo sano y salvo. San Hermolao fue martirizado entonces, junto con Hermipas y Termócrates. Sentenciado a muerte, San Pantaleón se arrodilló para orar. En ese momento, el verdugo le golpeó en el cuello con su espada, pero ésta se rompió como si estuviera hecha de cera. El verdugo no pudo ejecutarlo hasta que el santo completó su oración, indicándole que ya podía decapitarlo. Pantaleón fue ejecutado bajo un olivo que, después de su martirio, se cargó de fruto. «Pantaleón» significa, «todo misericordioso», «todo compasivo»; el Dios todo misericordioso recibió su alma justa y le glorificó grandemente entre sus santos. Sus reliquias permanecen incorruptas. Éste maravilloso mártir sufrió honorablemente por Cristo en su juventud, el 27 de julio del 304 d. C. San Pantaleón es invocado (junto con San Hermolao y los otros santos médicos desprendidos del dinero) durante la bendición de las aguas y la del aceite. Una iglesia muy hermosa dedicado a éste santo está localizada en el Santo Monte Athos.


6/19 de agosto: La Transfiguración del Señor

Tomado de la introducción al Festal Menaion, por el obispo KALLISTOS de Diokleia

La Transfiguración es la fiesta de la gloria divina de Cristo por excelencia. Como la Teofanía, es una fiesta de luz: «Oh Verbo, Luz intacta de la Luz del Padre no engendrado, hoy en el Tabor, con la manifestación de tu Luz, hemos visto al Padre como Luz y al Espíritu como Luz, guiando con Luz a toda la creación» (exapostilario). Tampoco es este el único paralelo entre las dos fiestas. Tal como en la Teofanía, aunque menos explícitamente, la Transfiguración es una revelación de la Santa Trinidad. En el Tabor, como en bautismo en el Jordán, el Padre habla desde el cielo, dando testimonio de la filiación divina de Cristo; y el Espíritu también está presente, no con la apariencia de una paloma en esta ocasión, sino en forma de una Luz deslumbrante que rodea la persona de Cristo y que cubre la montaña entera. Esta luz deslumbrante es la luz del Espíritu.

La Transfiguración, entonces, es una fiesta de la gloria divina –- más específicamente, de la gloria de la Resurrección. El ascenso al Monte Tabor vino en un punto crítico del ministerio de Nuestro Señor, justo cuando iba a emprender su último viaje a Jerusalén, el cual Él sabía que habría de terminar en su humillación y muerte. A fin de fortalecer a sus discípulos para las pruebas que tenían delante, Él escogió este momento particular para revelarles algo de su esplendor eterno, «según pudieron resistirlo» (tropario de la fiesta). Él los alentó – a ellos, y a todos nosotros – a que miraran más allá de los sufrimientos de la Cruz, hasta la gloria de la Resurrección.

La luz de la Transfiguración, empero, presagia no sólo la Resurrección del propio Cristo al tercer día, sino igualmente la gloria de la Resurrección de los justos en su Segunda Venida. La gloria que resplandeció de Cristo en el Tabor es una gloria que toda la humanidad está llamada a compartir. En el Monte Tabor, vemos la humanidad de Cristo – la substancia que tomó de nosotros – llena de esplendor, «hecha como Dios» o «deificada». Lo que ocurrió a la naturaleza humana en Cristo puede ocurrir también a la humanidad de los seguidores de Cristo. La Transfiguración, entonces, nos revela el máximo potencial de nuestra naturaleza humana: nos muestra la gloria que nuestra humanidad poseyó alguna vez y la gloria que, por la gracia de Dios, recuperará de nuevo en el Último Día. Este es un aspecto cardinal de la presente fiesta, al que vuelven frecuentemente los textos litúrgicos. En su Transfiguración, dicen, el Señor «en su propia persona les mostró la naturaleza del hombre, adornada con la belleza original de la Imagen» (Vísperas Mayores, apostikha). «Hoy Cristo en el Monte Tabor ha cambiado la naturaleza oscurecida de Adán, e iluminándola, la ha hecho divina» (Vísperas Menores, apostikha). «Oh Salvador, fuiste transfigurado en el Monte Tabor, mostrando el intercambio de los mortales con tu gloria en tu segunda y terrible venida» (Maitines, himno del primer kathisma ).

La fiesta de la Transfiguración, por lo tanto, no es simplemente la conmemoración de un evento pasado de la vida de Cristo. Al poseer también una dimensión «escatológica», está orientado hacia el futuro -– hacia el «esplendor de la Resurrección» en el Último Día, hacia la «belleza del Reino divino» que todos los cristianos esperan gozar eventualmente.


15/28 de agosto: La Dormición de la Madre de Dios

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

El Señor, que dio en el Monte Sinaí su Quinto Mandamiento: «Honra a tu padre y a tu madre» (cfr. Éxodo 20:12), mostró por su propio ejemplo cómo uno debe respetar a sus padres. Colgando de la Cruz en agonía él recordó a su madre, y dirigiéndola al apóstol Juan, le dijo: «Mujer, he ahí a tu hijo» (cfr. San Juan 19:26). Después de esto, dijo a Juan: «He ahí a tu madre» (cfr. San Juan 19:27). Y proveyendo así para Su madre, exhaló su último suspiro. Juan tenía un hogar en el Monte Sión en Jerusalén en que la Madre de Dios se asentó; allí vivió el resto de sus días en la tierra. Mediante sus oraciones, sus tiernos consejos, su humildad y su paciencia, ella ayudó grandemente a los Apóstoles de su Hijo. Pasó la mayoría del tiempo en Jerusalén, visitando a menudo los lugares que le recordaban los grandes eventos y las grandes obras asociadas con su Hijo - principalmente el Gólgota, Belén y el Monte de los Olivos. De sus viajes más largos, se mencionan su visita a San Ignacio el Teóforo en Antioquía; su visita a San Lázaro (el que nuestro Señor resucitó en el cuarto día), que era Obispo de Chipre; su visita a la Santa Montaña de Athos, la cual bendijo; y su estadía en Éfeso con San Juan el Teólogo durante el tiempo de la feroz persecución de cristianos en Jerusalén. En su vejez, a menudo rogaba a su Señor y Dios en el Monte de Olivos, el sitio de Su Ascensión, que la llevara de éste mundo tan pronto como fuera posible. Finalmente, el Arcángel Gabriel se le apareció y le reveló que entraría en su descanso dentro de tres días. El ángel le dio una rama de palma para ser llevada durante su procesión funeral. Ella volvió a su hogar con gran gozo, deseando en su corazón ver una vez más en esta vida a todos los Apóstoles de Cristo. El Señor cumplió su deseo y todos los Apóstoles, traídos por ángeles en las nubes, llegaron al mismo tiempo al hogar de Juan en Sión. Llenándose de alegría al verlos, les alentó, aconsejó y consoló. Después de esto, entregó su alma a Dios en paz, sin ningún dolor o enfermedad física. Los Apóstoles tomaron el ataúd con su cuerpo, que emitía un perfume aromático, y en la compañía de muchos cristianos lo trasladaron al sepulcro de sus padres, Santos Joaquín y Ana, en el Jardín de Getsemaní. Por la Providencia de Dios, una nube les ocultó de la muchedumbre de los judíos. Aún así, el sacerdote judío Antonio asió el ataúd con la intención de volcarlo, pero en ese momento un ángel de Dios le cortó ambas manos. Gritando de dolor, imploró a los Apóstoles que lo ayudasen, y fue sanado al confesar su fe en el Señor Jesucristo. El apóstol Tomás estaba ausente, de nuevo según la Providencia de Dios, para que un nuevo y gloriosísimo misterio de la Santa Madre de Dios fuera revelado. Tomás llegó al tercer día de estos sucesos, y deseaba venerar el cuerpo de la Santísima Virgen. Pero cuando los Apóstoles abrieron el sepulcro, encontraron sólo el sudario - el cuerpo no estaba en la tumba. Esa misma noche, la Madre de Dios se apareció a los Apóstoles rodeada por innumerables ángeles, y les dijo: «Regocíjense, pues estaré con ustedes siempre». No se sabe exactamente qué edad tenía la Madre de Dios al momento de su dormición, pero la opinión prevaleciente es que había alcanzado los sesenta años.


18/31 de agosto: San Juan de Rila

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Este gran asceta y santo de la Iglesia Ortodoxa nació cerca de Sofía, en un lugar llamado Skrino, en tiempos del Zar Boris. Sus padres eran pobres, pero honrados. Después de sus muertes, Juan se hizo monje y se retiró a una alta montaña, donde comenzó a vivir la vida ascética en una cueva. Allí sufrió muchos ataques de hombres y demonios, de ladrones y de sus parientes. Después de esto se trasladó a la montaña de Rila, donde se instaló en un árbol hueco. Se alimentaba sólo de las hierbas y granos que, por la providencia de Dios, comenzaron a crecer en las cercanías. Por muchos años no vio la cara de ninguna otra persona hasta que, de nuevo por la providencia de Dios, fue descubierto por un pastor que buscaba una oveja perdida. Así el santo se hizo conocido entre la gente, que comenzó a venir a él buscando ayuda en las enfermedades y en los problemas. El mismo zar de los búlgaros, Pedro, visitó a Juan para pedir su consejo. Muchos de los que buscaban la vida espiritual se establecieron cerca de Juan, y pronto se construyeron una iglesia y monasterio. San Juan entró a su descanso en el Señor el 18 de agosto del 946 a la edad de setenta años, y apareció a sus discípulos después de su muerte. Sus reliquias fueron llevadas primeramente a Sofía, luego a Hungría, después a Trnovo, y finalmente a Rila, donde permanecen hasta el día de hoy. El monasterio de Rila ha sido una lumbrera, un lugar de grandes milagros, y un apoyo espiritual para el pueblo cristiano de Bulgaria a través de los siglos, especialmente durante los tiempos de esclavitud bajo los turcos.


18/31 de agosto: Mártires Floro y Lauro

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Floro y Lauro eran hermanos en la carne y en el espíritu. Ambos eran celosos cristianos y canteros de oficio residentes en Iliria. Un príncipe pagano los contrató para que construyeran un templo pagano. Ocurrió que mientras trabajaban, un pedazo de piedra voló, golpeando el ojo del hijo de un sacerdote pagano, que observaba la construcción con curiosidad. Viendo a su hijo ciego y sangrando, el sacerdote comenzó a gritarles a Floro y Lauro, y quería golpearlos. Entonces los santos hermanos le dijeron que si creyese en el Dios en quien ellos creían, su hijo sería sanado. El sacerdote prometió así hacerlo. Entonces, Floro y Lauro rogaron con lágrimas al único Dios vivo e hicieron la señal de la cruz sobre el ojo golpeado del niño. El niño fue sanado inmediatamente y su ojo quedó tal como estaba antes. Entonces el sacerdote, Merencio, y su hijo fueron bautizados, y ambos pronto sufrieron por Cristo en las llamas. Pero Floro y Lauro, al terminar el templo, colocaron una cruz sobre el mismo, y convocando a todos los cristianos, lo consagraron en el nombre del Señor Jesús con una vigilia de himnos. Oyendo esto, el gobernador de Iliria quemó a muchos de estos cristianos, y ordenó que Floro y Lauro fuesen arrojados vivos a un pozo, que fue entonces rellenado con tierra. Sus reliquias fueron luego descubiertas y trasladadas a Constantinopla. Estos dos maravillosos hermanos sufrieron por Cristo y fueron glorificados por Él en el siglo II.


22 de agosto/4 de septiembre: Santa Eulalia de Barcelona

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Durante una terrible persecución de cristianos en España, vivía allí la doncella Eulalia, nacida de padres cristianos en el pueblo de Barcelona. Completamente dedicada a Cristo como su único Desposado, y enteramente sumergida en las Santas Escrituras, Eulalia se disciplinó incesantemente mediante la mortificación voluntaria del cuerpo y el espíritu. Cuando vino a Barcelona el verdugo Daciano, que mató despiadadamente a los cristianos a través de España, Eulalia escapó de sus padres una noche y se presentó ante el verdugo. En presencia de muchas personas lo reprendió por matar a gente inocente, y ridiculizando a los ídolos sin vida abiertamente confesó su fe en Cristo, el Señor vivo. Enfurecido, Daciano ordenó que Eulalia fuera desvestida y golpeada con barras, mas la santa doncella mostró no sentir el dolor de sus tormentos por Cristo. El verdugo entonces ordenó que fuese atada a un árbol en forma de cruz y mandó que su cuerpo fuera quemado con antorchas. Entonces le preguntó el verdugo: «¿Dónde está Cristo ahora para salvarte?» Eulalia contestó: «Él está aquí conmigo, pero tú no puedes verlo a causa de tu impureza». En medio de horribles torturas Eulalia entregó su alma a Dios, y cuándo murió, la gente vio una paloma blanca salir de su boca. En ese momento, nevó inesperadamente, y la nieve cubrió el cuerpo desnudo de la mártir como una túnica blanca. Después de tres días, san Félix se acercó al lugar del martirio y lloró ante el cuerpo de Eulalia, que aún colgaba, y en la cara sin vida de la santa apareció una sonrisa. Sus padres, junto a otros cristianos, enterraron honorablemente el cuerpo de ésta santa doncella. Eulalia sufrió por su Señor y entró en el gozo eterno a principios del siglo IV.


25 de agosto/7 de septiembre: Traslado de las reliquias del santo apóstol Bartolomé

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Hoy es la conmemoración del traslado de las reliquias de san Bartolomé, mientras que su fiesta principal se celebra el 11 de junio. Cuando este gran Apóstol fue crucificado en Urbanópolis en Armenia, los cristianos tomaron su cuerpo y lo enterraron en un ataúd de plomo. Cuando numerosos milagros hubieron acontecido sobre la tumba del Apóstol, especialmente sanidades de enfermos – lo que llevó a un incremento en el número de cristianos – los paganos tomaron el ataúd que contenía las reliquias de Bartolomé y lo arrojaron al mar. Al mismo tiempo, arrojaron otros cuatro ataúdes que contenían las reliquias de cuatro mártires: Papiano, Luciano, Gregorio y Acacio. Por la providencia de Dios, los ataúdes no se hundieron, sino que flotaron a varios lugares llevados por las olas: el de Acacio a la ciudad de Ascalón, el de Gregorio a Calabria, el de Luciano a Mesina, el de Papiano a otro lugar en Sicilia, y el de Bartolomé a la isla de Lípara. A través de alguna revelación misteriosa, Ágato, obispo de Lípara, descubrió que las reliquias de san Bartolomé se acercaban a Lípara. Ágato, junto al clero y al pueblo, salieron a la orilla y esperaron el ataúd con gran gozo. En esa ocasión, muchos de los enfermos fueron sanados mediante las reliquias del Apóstol. Estas fueron colocadas en la Iglesia de san Bartolomé, donde permanecieron hasta el tiempo de Teófilo el Iconoclasta (c. 839 d. C.). Entonces, al amenazar los musulmanes a los liparitas, las reliquias del Apóstol fueron llevadas al pueblo de Benevento. Así glorificó Dios a su Apóstol a través de milagros, tanto durante su vida como después de su muerte.


25 de agosto/7 de septiembre: Santo apóstol Tito

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Uno de los Setenta, Tito nació en Creta y fue educado en la filosofía y la poesía griegas. Dirigido por un sueño, leyó al Profeta Isaías y vino a dudar de todo el saber griego. Escuchando de Cristo el Señor, fue a Jerusalén en compañía de otros cretenses, oyendo las palabras de Señor y viendo sus poderosas obras él mismo. Su joven corazón se aferró firmemente a Cristo. Fue luego bautizado por el apóstol Pablo, a quien en la obra del Evangelio como un hijo sirve a su padre. Pablo amaba a Tito tan grandemente, que algunas veces le llamaba su hijo (cfr. Tito 1:4) y algunas veces su hermano (cfr. II Corintios 12:18). Tito viajó extensamente con el Apóstol de los gentiles, y fue hecho obispo de Creta por él. En el momento del sufrimiento de Pablo en Roma, Tito estaba allí, y fue él quien enterró el cuerpo de su maestro y padre espiritual. Regresó entonces a Creta, donde tuvo gran éxito bautizando a los paganos, y gobernó la iglesia sabiamente hasta edad muy avanzada. Entro a su descanso a la edad de noventa y cuatro años.


26 de agosto/8 de septiembre: El Icono de la Madre de Dios de Vladimir

Tomado del Mesyatsoslov de la Iglesia Ortodoxa Rusa

El Icono de la Madre de Dios de Vladimir fue pintado por el Evangelista Lucas sobre una parte de la mesa en la que el Salvador comía junto con su Purísima Madre y el justo José. La Madre de Dios, al ver esta imagen, exclamó: «¡Desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada! Que la gracia de mi Hijo y la mía sean con éste ícono».

En el año 1131 el ícono fue enviado desde Constantinopla al santo Príncipe Mstislav en Rus', y fue instalado en el monasterio de Deviche en Vishgorod - la antigua ciudad de la santa Princesa Olga, Igual-de-los-apóstoles. San Andrés Bogoliubsky llevó el ícono a la ciudad de Vladimir en 1155 y lo instaló en la conocida Catedral de la Dormición, construida por él. Fue en este tiempo que el icono recibió su nombre del «Icono de Vladimir». Finalmente, el icono fue traído a Moscú en el año 1395. Así la bendición de la Madre de Dios ató los lazos espirituales de Bizancio y Rus' - a través de Kiev, Vladimir y Moscú.

La fiesta del Icono de la Santísima Madre de Dios de Vladimir ocurre varias veces durante el año (21 de mayo, 23 de junio, y 26 de agosto). La celebración más solemne ocurre el 26 agosto - la fiesta establecida en honor del Encuentro del Icono durante su traslado de Vladimir a Moscú. En el año 1395, el terrible khan conquistador Tamerlán (Temir Aksak) llegó a la frontera de Riazán, tomó la ciudad de Elets, y avanzando hacia Moscú se acercó a la ribera del río Don. El gran Príncipe Basilio Dimitrievich se dirigió con su ejército a Kolomna, pero se detuvo a orillas del río Oka. Allí oró a los santos Jerarcas de Moscú y al Monje Sergio por la liberación de la patria, y escribiendo al santo Metropolitano Cipriano de Moscú, le indicó que el cercano ayuno de la Dormición debía ser dedicado a solícitas oraciones por misericordia y arrepentimiento. El clero fue enviado a Vladimir, donde el milagroso ícono se encontraba. Después de la Divina Liturgia y un servicio de oración (molieben) en la fiesta de la Dormición, el clero tomó el ícono trasladándolo a Moscú en una procesión. A lo largo del trayecto, y a ambos lados del camino, una multitud innumerable rogaba de rodillas: «¡Oh Madre de Dios, salva la tierra de Rusia!» En esa misma hora, cuando la gente de Moscú salía al encuentro del Icono de Vladimir en el Campo de Kuchkov, Tamerlán dormía en su tienda. De repente vio en un sueño una gran montaña, y en su cima estaban los santos Jerarcas con báculos dorados, y sobre ellos resplandecía una mujer majestuosa. Ella le ordenó que saliera de los dominios de Rusia. Despertando con gran temor, Tamerlán preguntó el significado de la aparición. Los expertos le contestaron que la dama resplandeciente era la Madre de Dios, la gran protectora de los cristianos. Tamerlán dio entonces la orden de que sus tropas se retiraran. Para conmemorar la liberación milagrosa de la tierra rusa de la mano de Tamerlán en el Campo de Kuchkov, se construyó el Monasterio del Encuentro donde el Encuentro del Icono de Vladimir sucedió, y el 26 de agosto se estableció la celebración en el honor del Encuentro del Icono de la Santísima Madre de Dios.


26 de agosto/8 de septiembre: Mártires Adrián y Natalia

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Adrián y Natalia eran esposos, ambos de nobles y ricas familias en Nicomedia. Adrián era el gobernador del Pretorio y un pagano; Natalia era cristiana secretamente. Eran jóvenes y vivieron en matrimonio por sólo trece meses antes de su martirio. Cuando el malvado emperador Maximiano visitó Nicomedia, ordenó que cristianos fuesen arrestados y torturados. En una cueva cerca de la ciudad, veintitrés cristianos estaban escondidos. Alguien los delató a las autoridades, y fueron azotados cruelmente con látigos de bueyes y barras, luego siendo encarcelados. Después fueron sacados de la prisión y traídos ante el Pretor para registrar sus nombres. Adrián observó a ésta gente, torturados pero pacientes, serenos y mansos, y les hizo decir bajo juramento qué esperaban ellos de su Dios como para aguantar tantos tormentos. Ellos le hablaron de la bienaventuranza de los justos en el Reino de Dios. Oyendo esto, y observando de nuevo a ésta gente, Adrián dijo repentinamente al escriba: «Anota mi nombre con los de estos santos; yo también soy un cristiano». Cuando el Emperador oyó esto, le preguntó: «¿Has perdido la razón?». Y Adrián contestó: «¡No la perdí, sino que la encontré!». Al enterarse Natalia se regocijó grandemente, y cuándo Adrián fue encadenado con los otros en la prisión, ella vino a ministrarle a todo ellos. Cuándo azotaron y sometieron a su esposo a varios tormentos, Natalia lo alentó a perseverar hasta el fin. Tras largos tormentos y encarcelamiento, el Emperador ordenó que se trajera un yunque para que se rompieran con un marrón los brazos y piernas de los prisioneros. Esto se llevó a cabo y Adrián, junto con los veintitrés hombres, expiraron en medio de grandes tormentos. Natalia llevó las reliquias a Constantinopla y los enterró honorablemente allí. Unos días después, Adrián se apareció a Natalia envuelto en luz y belleza, llamándola a venir a Dios; y ella entregó su espíritu a Dios en paz.


28 de agosto/10 de septiembre: Venerable Moisés el Etiope

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Moisés era etiope de nacimiento, y de profesión, un ladrón y líder de una banda de ladrones al principio, y luego un penitente y gran asceta. Siendo esclavo, Moisés escapó de su amo y se unió a los ladrones. Debido a su gran fuerza física y temeridad, los ladrones lo eligieron como su líder. Pero repentinamente, Moisés se llenó de remordimiento y arrepentimiento por los crímenes que había cometido. Dejando su banda, entró a un monasterio y se entregó totalmente a la obediencia a su padre espiritual y a la regla monástica. Se benefició mucho de las enseñanzas de los santos Macario, Arsenio e Isidoro. Más adelante, se retiró a la vida solitaria en una celda donde se dedicó totalmente al trabajo, la oración, las vigilias, y a meditar en Dios. Atormentado por el demonio de la fornicación, Moisés se confesó con Isidoro, su padre espiritual, y recibió el consejo de ayunar aún más y nunca comer hasta llenarse. Cuando incluso esto no le ayudó, por consejos del anciano, comenzó a guardar vigilias en la noche y a orar de pie; después de esto, comenzó a traer a agua de un pozo lejano a los monjes ancianos durante toda la noche. Después de seis años de luchas terribles, san Isidoro finalmente lo sanó milagrosamente de los pensamientos, fantasías y sueños lujuriosos causados en él por los demonios. Moisés fue ordenado sacerdote en avanzada edad. Fundó su propio monasterio y tenía setenta y cinco discípulos, viviendo él mismo por setenta y cinco años. Previendo su muerte, dijo un día a sus discípulos que huyeran porque los bárbaros iban a atacar el monasterio. Cuando sus discípulos le urgieron a que huyese también con ellos, Moisés dijo que él debía morir en el ataque, pues el mismo había hecho violencia alguna vez, según las palabras: «todos los que tomen espada, a espada perecerán» (cfr. San Mateo 26:52). Permaneció allí con seis de los hermanos, y los bárbaros vinieron a matarlos. Uno de los hermanos, escondido en las cercanías, vio como siete coronas brillantes descendieron sobre los siete mártires.



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