
LAS VIDAS DE LOS SANTOS
(DICIEMBRE-FEBRERO)
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Diciembre:
1/14 de diciembre: San Filareto el Misericordioso
2/15 de diciembre: San Uroš, rey de Serbia
3/16 de diciembre: San Juan el Hesicasta
4/17 de diciembre: Gran-mártir Bárbara
4/17 de diciembre: San Juan Damasceno
6/19 de diciembre: San Nicolás el Taumaturgo, arzobispo de Mira en Licia
7/20 de diciembre: San Ambrosio, obispo de Milán
9/22 de diciembre: La Concepción de la Santísima Madre de Dios por santa Ana
10/23 de diciembre: Venerable Angelina y el santo rey Juan
12/25 de diciembre: San Espiridión el Taumaturgo, obispo de Tremitunte
16/19 de diciembre: Santa emperatriz Teofanía
17/30 de diciembre: San Daniel de Niberta
18/31 de diciembre: Santo mártir Sebastián y sus compañeros
20 de diciembre/2 de enero: Hieromártir Ignacio el Portador de Dios, obispo de Antioquía
20 de diciembre/2 de enero: San Daniel, arzobispo de Serbia
21 de diciembre/3 de enero: Santa mártir Juliana y 630 otros mártires con ella
22 de diciembre/4 de enero: Santa mártir Anastasia, Liberadora de pociones
23 de diciembre/5 de enero: San Nahum el Taumaturgo de Ohrid
24 de diciembre/6 de enero: Santa mártir Eugenia y compañeros
25 de diciembre/7 de enero: La Natividad según la carne de Nuestro Señor, Dios y Salvador Jesucristo
25 de diciembre/7 de enero: La Natividad del Señor (II)
26 de diciembre/8 de enero: Sinaxis de la Madre de Dios
Enero:
1/14 de enero: La Circuncisión del Señor
1/14 de enero: San Basilio Magno, arzobispo de Cesarea en Capadocia
2/15 de enero: San Silvestre, papa de Roma
2/15 de enero: Santa Juliana de Lazarevo
4/17 de enero: San Eustacio, arzobispo de Serbia
6/19 de enero: La Teofanía de Nuestro Señor, Dios y Salvador Jesucristo
6/19 de enero: Un sermón en la fiesta de la Teofanía
6/19 de enero: Un sermón en la fiesta de la Teofanía
9/22 de enero: San Felipe, metropolitano de Moscú
10/23 de enero: San Gregorio, obispo de Nisa
11/24 de enero: Venerable Teodosio el Grande
14/27 de enero: San Sava, arzobispo de Serbia
15/28 de enero: Venerable Pablo de Tebas
16/29 de enero: Las cadenas del santo Apóstol Pedro
17/30 de enero: Venerable Antonio el Grande
17/30 de enero: Santo emperador Teodosio el Grande
18/31 de enero: San Máximo, arzobispo de Valaquia
19 de enero/1 de febrero: San Marcos, arzobispo de Éfeso
21 de enero/3 de febrero: Bienaventurado Máximo el Griego
21 de enero/3 de febrero: Santa mártir Inés
22 de enero/4 de febrero: Santo apóstol Timoteo
23 de enero/5 de febrero: Hieromártir Clemente de Ancira
23 de enero/5 de febrero: Conmemoración del Sexto Concilio Ecuménico
26 de enero/8 de febrero: San David, rey de Georgia
27 de enero/9 de febrero: Traslado de las reliquias de san Juan Crisóstomo
29 de enero/11 de febrero: Traslado de la reliquias del hieromártir Ignacio el Portador de Dios
30 de enero/12 de febrero: Sinaxis de los tres santos jerarcas
30 de enero/12 de febrero: Hieromártir Hipólito, obispo de Roma
30 de enero/12 de febrero: San Pedro, rey de Bulgaria
Febrero:
1/14 de febrero: Venerable Pedro de Galatea
2/15 de febrero: El Encuentro del Señor
3/16 de febrero: San Simeón, el Recibidor de Dios
6/19 de febrero: San Focio, patriarca de Constantinopla
6/19 de febrero: Venerables Barsanufio y Juan de Gaza
8/21 de febrero: San Sava II, arzobispo de Serbia
11/24 de febrero: Hieromártir Blas, obispo de Sebaste
12/25 de febrero: San Melecio, arzobispo de Antioquía
13/26 de febrero: San Simeón, el Exudador de mirra
17 de febrero/2 de marzo: San Teodoro el Recluta
19 de febrero/4 de marzo: Santos apóstoles Arquipo, Filemón y Apia
20 de febrero/5 de marzo: San León, obispo de Catania
25 de febrero/10 de marzo: San Tarasio, patriarca de Constantinopla
1/14 de diciembre: San Filareto el Misericordioso
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Filareto, de la villa de Amnia en Paflagonia, era al principio un hombre con recursos, pero a causa de sus constantes limosnas, se hizo extremadamente pobre. No temía a la pobreza, y continuó con sus obras de caridad confiando en el Señor, quien ha dicho: «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (cfr. San Mateo 5:7), sin prestar atención a las críticas de su esposa e hijos. Cierta vez, mientras araba en su pradera, un hombre se acercó a él para informarle que su buey había muerto uncido, y que no podía arar con un sólo un buey. Filareto desunció su propio buey y se lo dio. Entregó su caballo a un hombre que había sido llamado a la guerra, además del novillo de su última vaca—y cuando vio cómo la vaca echaba de menos a su novillo, también le dio la vaca. Y así el anciano Filareto quedó hambriento en una casa vacía, mas este oraba a Dios, encomendándose a él. En aquel tiempo, la emperatriz Irene estaba en el trono con su joven hijo Constantino, y según la costumbre de aquel tiempo, la Emperatriz envió emisarios por todo el Imperio con el fin de de hallar a la mejor y más distinguida doncella para casar a su hijo. Por la providencia divina, estos varones encontraron la casa de Filareto y vieron a su bella y modesta nieta María, hija de Hipacia, y la llevaron a Constantinopla. El Emperador estuvo complacido con ella y la tomó por esposa; y trajo a Filareto y a toda su familia a la capital, colmándolos de de honor y riquezas. Filareto no se llenó de orgullo por este cambio de fortuna, sino que, con gratitud a Dios, hizo aún mayores obras de misericordia que antes, permaneciendo así por el resto de sus días. A los noventa años, reunió a sus hijos a su alrededor y, habiéndolos instruído a aferrarse a Dios y a su Ley, predijo a cada uno como se desarrollarían sus vidas, tal como nuestro padre Jacob hizo en la antigüedad (cfr. Génesis 49). Cuando hubo hecho esto, se retiró a un monasterio y allí encomendó su alma en manos de Dios. Al morir, su rostro brilló como el sol y un dulce aroma emanaba de su cuerpo; muchos milagros fueron obrados sobre sus reliquias. Este justo varón de Dios entró a su descanso en el 797 d. C. Su esposa, todos sus hijos, y todos sus nietos vivieron y murieron en el Señor.
2/15 de diciembre: San Uroš, rey de Serbia
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Uroš, que era hijo del rey Dušan, reinó durante el difícil tiempo de la caída del Reino de Serbia. Humilde, piadoso, y gentil, se rehusó a intentar controlar por la fuerza el poder de los influyentes nobles. Entre estos estaba Vukašin, quien causó su muerte. El buen rey Uroš sufrió una muerte martírica el 2 de diciembre de 1367, a los treinta y un años. Aunque asesinado por los hombres, fue glorificado por Dios. Sus reliquias, que obran milagros, fueron atesoradas en el Monasterio de Jazak en Fruška Gora. Desde allí fueron trasladadas a Belgrado en 1942, durante la Segunda Guerra Mundial, siendo colocadas en la Catedral junto a las reliquias del príncipe Lázaro y del rey Esteban Stilianović. Durante el reinado de este benévolo rey, el monasterio de san Nahum fue construído junto al lago Ochrid por uno de los nobles de Uroš, llamado Gregorio.
3/16 de diciembre: San Juan el Hesicasta
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Nacido en Nicópolis de Armenia, era hijo de Encracio y Eufemia. Se hizo monje a los diez y ocho años, y se entregó a la vida ascética, limpiando su corazón por completo mediante las lágrimas, la oración y el ayuno. Después de diez años fue hecho obispo de Colonia. El ejemplo de su vida movió a su hermano Pergamino y a su tío Teodoro, ambos miembros distinguidos de la corte de los Emperadores Zenón y Justiniano, a vivir vidas agradables a Dios. Viendo la maldad y la corrupción de este mundo, y sabiendo que le era imposible arreglar esto, abandonó su trono episcopal y se marchó al monasterio de san Sabas, cerca de Jerusalén, disfrazado de simple monje. Permaneció allí por algunos años sin ser descubierto, llevando a cabo todo trabajo que le asignase el abad consciente y capazmente. Entonces san Sabas sugirió al Patriarca de Jerusalén que lo ordenase sacerdote. Cuando el Patriarca vino a hacer esto, Juan confesó que ya era obispo. Entonces san Juan se encerró en su celda, pasando año tras año en en silencio y oración. Luego pasó nueve años en el desierto, alimentándose de hierbas salvajes, y entonces regresó al monasterio. Arrebató a los fieles de la herejía de Orígenes, e hizo una gran contribución a la lucha contra esa herejía y a su condenación. Podía percibir el mundo espiritual claramente, y sanaba a los enfermos. Podía someter a los demonios con facilidad, habiéndose conquistado ya a sí mismo. Entró en paz a su descanso en el 558 d. C. a los ciento cuatro años, siendo grande en humildad, poder y sabiduría divina.
4/17 de diciembre: Gran-mártir Bárbara
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Esta famosa seguidora de Cristo estuvo desposada con Él desde temprana edad. Su padre, Dióscoro, era una pagano de la ciudad de Heliópolis en Egipto, y era conocido por su fortuna y su posición. Dióscoro encerró a su única hija, que era inteligente y bella, en una torre alta, la rodeó de todas las comodidades posibles, le dio un ejército de sirvientes, colocó ídolos para adoración, y le construyó un baño con dos ventanas. Mirando a través de las ventanas la tierra y el cielo estrellado, la mente de Bárbara fue abierta por la gracia de Dios, y llegó a conocerle como el único Dios y Creador verdadero, aunque no tenía maestro humano que la trajese al conocimiento de Dios. Una vez, mientras su padre estaba fuera de la ciudad, salió de la torre, y por la providencia de Dios encontró a unos cristianos que le hablaron acerca de la verdadera fe cristiana. El corazón de Bárbara se encendió con amor por Cristo. Hizo que se abriera una tercera ventana en su baño como símbolo de la Santísima Trinidad, y trazó una cruz con su dedo en una de las paredes, la cual se grabó profundamente en la piedra, como si hubiera sido cortada por un cincel. Un manantial de aguas brotó de una huella suya en el piso del baño, que luego trajo sanidad a muchos. Cuando Dióscoro se entero de la fe de su hija, le golpeó violentamente y la echó de la torre, persiguiéndola para matarla; pero un acantilado se abrió para esconder a Bárbara de su padre. Cuando ella apareció de nuevo, Dióscoro la llevo ante Marciano, el gobernador de la ciudad, quien la entregó para ser torturada. La inocente Bárbara fue desnudada y golpeada hasta que todo su cuerpo estuvo cubierto con heridas sangrientas; pero el Señor mismo se le apareció en la cárcel con muchos ángeles y la sanó. Un cierta mujer llamada Juliana vio esto y deseó ser martirizada ella misma. Ambas fueron terriblemente torturadas, y luego fueron llevadas alrededor de la ciudad para ser ridiculizadas. Después de esto sus senos fueron cortados y mucha sangre brotó de ellas. Fueron finalmente llevadas al lugar de ejecución, y Juliana murió a manos de soldados, mientras que Bárbara fue asesinada por su propio padre. Ese mismo día, un rayo cayó en la casa de Dióscoro que lo mató a él y a Marciano. Santa Bárbara sufrió en el 306 d. C., y sus reliquias, que obran milagros, son preservadas en Kiev. Grandemente glorificada en el Reino de Cristo, ha aparecido muchas veces hasta el día de hoy; algunas veces sola, y otras en compañía de la Santísima Madre de Dios.
4/17 de diciembre: San Juan Damasceno
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Fue primero ministro del califa Abdul-Malek, y luego se hizo monje en el Monasterio de san Sabas el Santificado. Por su ardiente defensa de la veneración de íconos durante el reino del emperador León el Isaurio [en Constantinopla], mientras aún era ministro, fue calumniado por el Emperador ante el Califa, quien hizo que se cortara su mano derecha. Juan se hincó en oración ante el ícono de la Santísima Madre de Dios, y su mano fue unida de nuevo a su brazo y sanada milagrosamente. Viendo esta maravilla, el Califa se arrepintió, mas Juan no quiso permanecer en la corte como noble, sino que decidió retirarse a un monasterio. Allí fue desde el principio un modelo de humildad y obediencia, y de toda obra de ascetismo prescrita para los monjes. Escribió el canon para la salida del alma del cuerpo, compilo el Oktoekhos, el Irmologion, el Menologion, y el Canon Pascual, y escribió muchas obras teológicas de inspirada profundidad. Un gran monje, himnógrafo y teólogo, y un gran guerrero por la verdad de Cristo, Damasceno es considerado uno de los grandes Padres de la Iglesia. Entró en paz a su descanso a la edad de setenta y cinco años.
6/19 de diciembre: San Nicolás el Taumaturgo, arzobispo de Mira en Licia
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Este santo, afamado a través del mundo entero hoy, era el único hijo de sus padres, los ricos y eminentes Teófanes y Nona, ciudadanos de Pátara en Licia. Dedicaron a Dios el único hijo que Él les dio. San Nicolás fue instruido en la vida espiritual por su tío Nicolás, obispo de Pátara, y se convirtió en un monje en «Nueva Sión», un monasterio fundado por su tío. Tras la muerte de sus padres, Nicolás distribuyó toda su herencia a los pobres, no guardando nada para sí. Como sacerdote en Pátara, era conocido por sus obras caritativas, cumpliendo las palabras del Señor: «No sepa tu izquierda lo que hace tu derecha» (cfr. San Mateo 6:3). Cuando abrazó una vida de soledad y silencio, pensando vivir de esa manera hasta su muerte, una voz en del cielo le dijo: «Nicolás, dedícate a tu trabajo entre el pueblo si deseas recibir una corona de mí». Inmediatamente después de esto, en la providencia maravillosa de Dios, fue elegido como arzobispo de la ciudad de Mira en Licia. Misericordioso, sabio y audaz, Nicolás era un verdadero pastor con su rebaño. Fue encarcelado durante las persecuciones de Diocleciano y de Maximiano, pero aún allí continuaba instruyendo al pueblo en la Ley de Dios. Estuvo presente en el Primer Concilio Ecuménico en Nicea en el 325 d. C., y en su celo le dio una bofetada a Arrio. Por esto, fue removido del Concilio y de sus deberes episcopales, hasta que algunos de los principales jerarcas tuvieron una visión de Nuestro Señor Jesucristo y su Santísima Madre que demostraban su acuerdo con Nicolás. Este maravilloso santo era un defensor de la verdad de Dios, y era siempre un vigoroso paladín de la justicia entre el pueblo. En dos ocasiones, salvó a tres hombres de sentencias injustas de muerte. Compasivo, digno de confianza y amante de lo justo, caminaba entre el pueblo como un ángel de Dios. La gente lo consideraba un santo aún durante su vida, e invocaban su ayuda en tormentos o aflicciones. Él aparecía en sueños y en persona a los que invocaban su ayuda, respondiéndoles rápidamente, aunque estuvieran cerca o lejos. Su rostro resplandecía como el de Moisés en la antigüedad, y su mera presencia entre la gente traía consuelo, paz y buena voluntad. En edad avanzada enfermó brevemente, yendo a su descanso en el Señor tras una vida repleta de trabajos y frutos. Ahora goza de felicidad eterna en el Reino de los Cielos, y continúa ayudando a los fieles en la tierra con sus milagros, y propagando la gloria de Dios. Entró en su descanso el 6 de diciembre del 343 d. C.
Reflexión:
En íconos de san Nicolás, frecuentemente puede verse a un lado a nuestro Señor y Salvador con un Evangeliario en su mano, y a la Santísima Madre de Dios con un omoforio episcopal en sus manos al otro. Esto tiene un doble significado histórico: en primer lugar, denota el llamado de Nicolás al oficio episcopal, y en segundo lugar, su vindicación y restauración tras el castigo de su encontronazo con Arrio. San Metodio, patriarca de Constantinopla, escribe: «Una noche, san Nicolás vio a nuestro Salvador en gloria, de pie junto a él y extendiéndole el Evangeliario adornado con oro y perlas, y a la Madre de Dios de pie al otro lado, colocando el omoforio sobre sus hombros. Poco después de esta visión murió Juan, que era entonces obispo de Mira, y Nicolás fue elegido obispo de aquella ciudad». Esta fue la primera ocasión. La segunda tuvo lugar durante el Primer Concilio Ecuménico de Nicea. No pudiendo detener con argumentos las blasfemias sin sentido de Arrio contra el Hijo de Dios y su Purísima Madre, san Nicolás le dio una bofetada. Los santos padres del Concilio no estuvieron de acuerdo con tal conducta, y expulsaron a Nicolás del Concilio, privándolo de todas las señales de su rango episcopal. Esa misma noche, varios de los padres tuvieron una idéntica visión: el Señor estaba a un lado de Nicolás con un Evangeliario, y la Madre de Dios al otro con un palio, ofreciéndole al santo las señales de su rango que le habían sido quitadas. Viendo esto, los padres se maravillaron, y rápidamente devolvieron a Nicolás lo que le habían quitado. Comenzaron a respetarle desde entonces como un gran hombre, interpretando su acto contra Arrio no como ira sin sentido, sino como expresión de un gran celo por la verdad.
7/20 de diciembre: San Ambrosio, obispo de Milán
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Este gran padre de la Iglesia Ortodoxa era de linaje eminente. Su padre era el gobernador imperial de la Galia y España, y un pagano, mientras que su madre era cristiana. Cierta vez, mientras estaba aún en la cuna, un enjambre de abejas se posó sobre él, y dejando un poco de miel sobre sus labios, se alejó; y, siendo aún niño, extendió su mano y dijo proféticamente: «¡Bésala, pues he de ser obispo!». Al morir su padre, el Emperador le hizo gobernador de Ligorio, de la cual provincia Milán era la ciudad principal. Cuando murió el obispo de Milán, hubo gran discordia entre los cristianos ortodoxos y los herejes arrianos acerca de la elección de un nuevo obispo. Ambrosio fue a la Iglesia a guardar el orden, pues esta era su responsabilidad. Entonces, un infante que estaba al pecho de su madre exclamó: «¡Ambrosio obispo!». Todo el pueblo tomó esto como la voz de Dios, y eligieron unánimemente a Ambrosio como su obispo, aunque esto se hizo en contra de su voluntad. Ambrosio fue bautizado, promovido a través de todas las órdenes necesarias, y fue consagrado obispo. En esta capacidad fortaleció la fe de los ortodoxos, contuvo a los herejes, embelleció las iglesias, propagó la fe entre los paganos, escribió muchos libros instructivos, y fue un ejemplo de un verdadero cristiano y de un verdadero pastor. También compuso el Te Deum, ese gran himno de acción de gracias. Este famoso jerarca, que era visitado por gente de tierras lejanas a causa de su sabiduría y sus benévolas palabras, era muy austero en su vida personal, y no desconocía el esfuerzo, estando lleno de buenas obras. Dormía poco, trabajaba, y oraba constantemente, ayunando todos los días excepto sábados y domingos. Por esto Dios le concedió ser testigos de muchas de sus maravillas, y también hacer muchas él mismo. Ambrosio descubrió las reliquias de los santos Protasio, Gervasio, Nazario y Celso (cfr. 14/27 octubre). Humilde ante los humildes, era no temía a los poderosos. Acusó a la emperatriz Justina de herejía, maldijo a Máximo por tiranía y asesinato, y prohibió al emperador Teodosio entrar a cualquier iglesia hasta que se hubiese arrepentido de su pecado. Rehusó reunirse con el poderoso Eugenio, autoproclamado emperador. Dios concedió a este hombre, tan agradable a él, tal gracia que podía levantar a los muertos, expulsar demonios de los hombres, sanar a los enfermos de toda dolencia, y ver el futuro. Murió en paz al amanecer de la Pascua, el [4 de abril del] 397 d. C.
9/22 de diciembre: La Concepción de la Santísima Madre de Dios por santa Ana
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Los justos Joaquín y Ana no tuvieron hijos durante sus primeros cincuenta años de matrimonio. En su vejez, el arcángel Gabriel se les apareció a cada uno por separado, y les dijo que Dios había escuchado su oración y que tendrían una hija. Entonces santa Ana concibió por su esposo, y después de nueve meses, dio a luz a una hija bendecida por Dios y por todas las generaciones: la Santísima Virgen María, la Madre de Dios. Una más detallada relación de todo esto se encuentra bajo el 9 de septiembre.
10/23 de diciembre: Venerable Angelina y el santo rey Juan
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Angelina era hija del príncipe albanés Jorge Skenderbeg de Albania, y esposa de Esteban [el Ciego], rey de Serbia, hijo de «Djurdjebog» [Jorge I Brankovich]. Sufrió el exilio con su esposo y compartió con él todas las vicisitudes de la vida en Serbia, Albania e Italia. Crió a sus dos hijos, Máximo y Juan, con un verdadero espíritu cristiano. Haciéndose monja tras la muerte de su esposo, se dedicó a la oración, a las obras de caridad, y a la construcción y restauración de iglesias. Fiel esposa, buena madre, y perfecta cristiana, en verdad merecía el título de «Madre Angelina» que le dio el pueblo. Sus reliquias, que obran milagros, son atesoradas en el monasterio de Krušedol junto a las reliquias de su justo esposo Esteban y a las de sus piadosos hijo Máximo y Juan, aunque algunas de ellas fueron destruidas por los turcos. Entró a su descanso y a la vida eterna a principios del siglo XVI.
12/25 de diciembre: San Espiridión el Taumaturgo, obispo de Tremitunte
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
La isla de Chipre fue tanto el lugar de nacimiento de este famoso santo como el lugar donde pasó su vida en servicio a la Iglesia. Venía de una simple familia de agricultores, y permaneció simple y humilde hasta el final de su vida. Se casó joven y tuvo hijos, pero al morir su esposa, se dedicó completamente al servicio de Dios. A causa de su fervor, fue escogido como obispo de Tremitunte, y aún siendo obispo no cambió su simple estilo de vida, sino que continuó cuidando su ganado y arando la tierra él mismo. Consumía muy pocos de sus productos, y daba la mayor parte de estos a los pobres. Obró grandes milagros por el poder de Dios, haciendo que lloviera durante una sequía, levantando a muchos muertos, sanando al emperador Constancio de una grave enfermedad, viendo y oyendo ángeles, previendo eventos futuros, y escrutando los secretos del corazón humano. Convirtió a muchos a la verdadera Fe e hizo muchas otras cosas. Estuvo presente en el Primer Concilio Ecuménico celebrado en Nicea en el 325 d. C., y mediante sus claras y sencillas, además de sus convincentes milagros, trajo a muchos herejes de regreso a la Ortodoxia. Vestía tan simplemente que cierta vez, habiendo sido invitado por el Emperador a su corte, un soldado le confundió con un mendigo y le pegó un golpe. El manso y sencillo Espiridión volvió la otra mejilla. Glorificó a Dios con muchos milagros, y fue de gran ayuda tanto a individuos como a toda la Iglesia de Dios. Entro a su descanso en el Señor en el 348 d. C., y sus reliquias, que obran maravillas, reposan en la isla de Corfú, donde continúan glorificando a Dios con muchos milagros.
16/29 de diciembre: Santa emperatriz Teofanía
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Nació de padres eminentes, Constantino y Ana, que estaban emparentados con varios emperadores. Sus padres no pudieron tener hijos por un largo tiempo, e imploraron a la Madre de Dios que les diese una familia. Dios les concedió esta hija, Teofanía. Imbuida con un espíritu cristiano desde su juventud, Teofanía sobrepasaba a todos sus compañeros en toda virtud cristiana. Cuando hubo llegado a la adultez, contrajo matrimonio con León, hijo del emperador Basilio el Macedonio, y sufrió grandes infortunios junto a su esposo. En respuesta a la calumnia de que León llevaba un puñal en su pecho con el que mataría a su padre en el momento oportuno, el crédulo Basilio encerró a su hijo y a su nuera en la cárcel, y estas dos almas inocentes pasaron allí tres años. Entonces, un día, en la fiesta del profeta Elías, el Emperador reunió a todos sus nobles en la corte para una celebración. En cierto punto, la cotorra del Emperador empezó a decir: «¡Ay, ay, mi señor León!», y repitió estas palabras unas cuantas veces. Esto casó gran confusión entre los nobles, quienes rogaron al Emperador que liberase a su hijo y nuera. El Emperador se conmovió e hizo esto. Después de la muerte de su padre, este León se convirtió en emperador, siendo llamado «el Sabio». Teofanía no consideraba que su dignidad imperial fuese muy importante, sino que, totalmente entregada a Dios, se ocupaba de la salvación de su alma, orando, ayunando, dando limosnas, y fundando monasterios e iglesias. Ninguna mentira pasó jamás por sus labios, ni tampoco ninguna palabra innecesaria, ni la menor calumnia. En la hora de su muerte, llamó a sus amigos más íntimos y se despidió de ellos, y entregó su alma a Dios en el 892. El emperador León quería construir una iglesia sobre su tumba, pero cuando el Patriarca se rehusó a hacer esto, León construyó la Iglesia de todos los santos, diciendo que si Teofanía fuese una santa, querría ser glorificada junto a todos los otros. Fue entonces que se estableció la fiesta de todos los santos, que se celebra el domingo después de la fiesta de la Santa Trinidad.
17/30 de diciembre: San Daniel de Niberta
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Era un noble, y gobernador de la isla de Niberta, cerca de Cádiz, en España. Conociendo toda la vanidad de este mundo, renunció a su gloria y se marchó a Roma, donde se hizo monje. Después de esto fue a Constantinopla, donde habló con los emperadores Constantino y Román Porfirogénito, y siguiendo luego hacia Jerusalén. Allí recibió el gran hábito monástico de manos del patriarca Cristodulo, quien le dio el nombre de Esteban. Maltratado por los sarracenos, que lo hostigaban para que se afeitara la barba, se fue a Egipto, donde sufrió grandemente y murió por el nombre de Cristo. Entró al Reino de Cristo en el siglo X.
18/31 de diciembre: Santo mártir Sebastián y sus compañeros
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Este glorioso mártir de Cristo nació en Italia, y se crió en la ciudad de Milán. Fue destinado en su juventud a ser soldado, y como varón educado, bien parecido y valiente, ganó la simpatía del emperador Diocleciano. Este lo hizo capitán de la guardia imperial. Confesaba secretamente la fe cristiana, y oraba al Dios vivo. Sebastián era un hombre honorable, recto y misericordioso, grandemente amado por sus soldados. Siempre que le era posible salvaba a los cristianos de la tortura y la muerte, y cuando esto no era posible, los fortalecía para morir por Cristo, el Dios viviente, sin mirar atrás. Dos hermanos, Marcos y Marcelino, que estaban en la prisión por Cristo, pero a punto de negarle y adorar ídolos, fueron confirmados en la fe y fortalecidos en su martirio por Sebastián. Mientras hablaba con ellos, exhortándoles a no temer el morir por Cristo, su rostro resplandecía como el de un ángel de Dios. Sebastián probaba sus palabras con milagros: sanó a Zoé, esposa del carcelero Nicóstrato, que había estado muda por seis años, y trajo al bautismo a Nicóstrato junto a toda su casa; sanó a los dos hijos del comandante Claudio, y también lo trajo al bautismo junto a toda su casa; sanó a Tranquiliano, padre de Marcos y Marcelino, de gota y dolores en sus piernas que le habían atormentado por once años, y lo trajo al bautismo junto a toda su casa; y sanó al eparca romano Cromacio de la misma enfermedad y lo trajo al bautismo junto a su hijo Tiburcio. De estos, Zoé fue la primera en sufrir por Cristo, siendo aprehendida mientras oraba junto a la tumba del apóstol Pedro. Después de ser torturada, fue arrojada al río Tíber. Entonces Tiburcio fue capturado, y el juez puso carbones encendidos frente a él, retándole a que escogiera la vida o la muerte: que echara incienso sobre los carbones e incensara a los ídolos, o que se parara descalzo sobre los carbones él mismo san Tiburcio hizo la señal de la cruz y se puso de pie descalzo sobre los carbones, permaneciendo ileso. Fue entonces degollado con espada. Nicóstrato fue asesinado con una estaca, Tranquiliano fue ahogado, y Marcos y Marcelino fueron atravesados con lanzas. Entonces Sebastián fue llevado ante el emperador Diocleciano. El Emperador le reprendió por su traición, pero Sebastián dijo: «Siempre oro a mi Cristo por tu salud, y por la paz del Imperio romano». El Emperador ordenó que fuese desnudado y que le dispararan flechas. Los soldados entonces le dispararon flechas, hasta que todo el cuerpo del mártir estaba tan cubierto de flechas que no podía verse bajo ellas. Cuando pensaron que había muerto, Sebastián mostró estar vivo y todas sus heridas fueron sanadas. Los paganos le golpearon con duelas hasta matarle. Sufrió gloriosamente por Cristo, su Señor, y entró al Reino celestial en el 287, siendo Cayo obispo de Roma.
20 de diciembre/2 de enero: Hieromártir Ignacio el Portador de Dios, obispo de Antioquía
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Este santo hombre era llamado el «portador de Dios» porque siempre llevaba el nombre del Dios vivo en su corazón y en sus labios. También fue así llamado porque, según la tradición, fue cargado por el Dios encarnado, Jesucristo. Cierto día que el Señor enseñaba a sus discípulos sobre la humildad, tomó a un niño y lo puso en medio de ellos, diciendo: «Cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos» (cfr. San Mateo 18:4). Este niño era Ignacio. Fue más tarde discípulo de san Juan el Teólogo, junto con Policarpo, obispo de Esmirna. Como obispo en Antioquía, gobernó la Iglesia de Dios como buen pastor, y fue el primero en introducir el canto antifonal en la Iglesia, en el que dos coros alternan. Este modo de cantar fue revelado a san Ignacio de entre los ángeles del cielo. Cuando el emperador Trajano pasó por Antioquía de camino a una batalla con los persas, escucho acerca de Ignacio, lo mandó a llamar, y le urgió que ofreciera sacrificio a los ídolos para poder hacerle senador. Ya que las exhortaciones y amenazas de Emperador fueron en vano, san Ignacio fue encadenado y enviado a Roma, escoltado por diez despiadados soldados, para ser arrojado a las bestias salvajes. Ignacio se regocijaba por estar sufriendo por su Señor, y rogaba a Dios que las bestias salvajes fuesen la tumba de su cuerpo, y que nadie impidiese su muerte. Tras un largo y difícil viaje desde Asia a través de Tracia, Macedonia, y Epiro, Ignacio llegó a Roma, donde fue arrojado a los leones en el circo. Estos lo destrozaron y lo devoraron, dejando sólo unos cuantos de los huesos más grandes y su corazón. Este glorioso amante del Señor Cristo sufrió en el año 106 en Roma, en tiempos del emperador Trajano. Ha aparecido muchas veces desde el otro mundo y ha obrado maravillas, ayudando hasta el día de hoy a todos los que imploran su auxilio.
20 de diciembre/2 de enero: San Daniel, arzobispo de Serbia
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Hijo de padres ricos y piadosos, recibió una buena crianza en su juventud. El Rey Milutin lo llevó a su corte, pero, por amor a Dios, huyó y se hizo monje en el monasterio de Končulsk, cerca del Ibar. Más tarde fue abad [del monasterio] de Hilandar [en el Monte Atos], y sufrió mucho a manos de los cruzados latinos que saquearon el lugar. Fue obispo de Banja, luego de Hum, y finalmente arzobispo de Serbia. Fue un estricto asceta de principio a fin, teniendo un especial don de lágrimas. Logró la paz entre los reyes Dragutin y Milutin, y luego entre Milutin y Esteban de Déchani, y luchó ferozmente contra los latinos y los bogomiles. Los monasterios de Banja y Déchani fueron construidos bajo su supervisión, y [además] restauró y construyó muchas iglesias. También compiló las vidas de los reyes y los santos serbios. Incansable en el servicio de Dios hasta el fin de su vida, entró en paz a su descanso en tiempos del Rey Dušan, en la noche del 19 al 20 de diciembre de 1338.Fue un gran jerarca, un gran asceta, y gran trabajador, y un gran patriota.
21 de diciembre/3 de enero: Santa mártir Juliana y 630 otros mártires con ella
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Esta gloriosa mártir nació en Nicomedia de padres paganos. Al escuchar la predicación del Evangelio, se convirtió a Cristo con todo su corazón y comenzó a vivir en estricta observancia de los mandamientos del Señor. Un cierto senador, llamado Eleusio, era su prometido. Para librarse del pecado [cfr. II Corintios 6:14-7:1], Juliana le dijo que no se casaría con él a menos que se convirtiese en eparca de esa ciudad. Le dijo esto pensando que no sería probable que el joven alcanzase tan alta posición, mas él comenzó a trabajar en el asunto, y a través de adulaciones y sobornos consiguió el puesto de eparca de Nicomedia. Juliana entonces le reveló que era cristiana, y que no podía casarse con él a menos que aceptase su fe, diciendo: «¿De qué nos aprovecharía estar unidos en el cuerpo, mas separados en el espíritu?» Eleusio estaba exasperado, y la denunció ante el padre de la joven. Su enfurecido padre se mofó de ellá y la azotó, entregándola entonces al eparca para que la torturase. El eparca ordenó que fuese golpeada cruelmente, y entonces fue arrojada a la cárcel toda herida y desangrándose. Mas el Señor la sanó en la prisión, y Juliana se presentó ante el eparca sana y sin heridas. Luego fue echada dentro de un horno ardiente, pero el fuego no la consumió. Viendo esta maravilla, muchos creyeron en Cristo el Señor: 500 hombres y 130 mujeres se convirtieron. El eparca los condenó a muerte a todos, ordenando que fuesen degollados con espada; y sus almas entraron al Paraíso. Regocijándose en espíritu, Juliana se dirigió al cadalso, oró a Dios de rodillas, y puso su cabeza sobre el bloque. Fue degollada, y su alma entró al reino de luz de Cristo en el año 304 d. C. El juicio de Dios pronto cayó sobre Eleusio: mientras navegaba, naufragó y cayó a las aguas. No halló su muerte en ellas, sino que nadó hasta una isla donde fue atacado y devorado por los perros.
22 de diciembre/4 de enero: Santa mártir Anastasia, liberadora de pociones
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Esta gran heroína de la fe cristiana nació en Roma, en el seno de una pudiente familia senatorial. Su padre era pagano, pero su madre era cristiana. Desde su niñez se aferró con amor al Señor Jesús, instruida en la fe cristiana por un piadoso maestro, Crisógono. Obligada por su padre, Anastasia se casó con un terrateniente pagano llamado Publio; mas usando el pretexto de estar en su periodo mensual, nunca tuvo relaciones con él. Por esto, su esposo la torturó cruelmente usando el confinamiento y la inanición, y la afligió con aún más fuertes torturas cuando descubrió que iba secretamente a las prisiones de los mártires cristianos, ministrando a sus necesidades, curando sus heridas, y desatando sus cadenas. Mas por la providencia de Dios, Anastasia fue librada de su malvado esposo. Publio fue enviado a Persia por el emperador, y se ahogó en el viaje. Entonces santa Anastasia comenzó a ministrar abiertamente a los mártires cristianos, y con su herencia daba limosnas a los pobres. Cierta vez, el Emperador Diocleciano estuvo en la cuidad de Aquilea, y ordenó que el confesor de Cristo Crisógono fuese traído ante él. Mientras lo llevaban de camino, Anastasia lo siguió. El santo Crisógono fue degollado por orden del emperador, y tras él sufrieron las hermanas Agapia, Quionia, e Irene (cfr. 16 de abril), las primeras dos siendo arrojadas al fuego, y la tercera atravesada por flechas. Santa Anastasia tomó sus cuerpos, los envolvió en lino blanco, y ungiéndolos con especias aromáticas, las enterró. Entonces Anastasia se marchó a Macedonia, donde ministró a los que sufrían por Cristo. Allí se dio a conocer como cristiana, por lo cual fue capturada y para ser interrogada ante varios jueces. Deseando morir por su amado Cristo, Anastasia se aferró constantemente a él en su corazón. Un cierto sacerdote pagano, llamado Ulfiano, trató de tocar el cuerpo de Anastasia por lujuria; pero inmediatamente se quedó ciego y murió. Condenada a muerte por inanición, santa Anastasia permaneció en prisión por 30 días, alimentándose sólo con lágrimas y oración. Después de esto, la pusieron en una nave con muchos otros cristianos para que se ahogara, pero Dios la salvó de esta muerte. Finalmente fue atada a cuatro aros sobre el fuego, y así entregó su santa alma en manos de Dios. Sufrió y entró al reino de Cristo en el 304 d. C.
23 de diciembre/5 de enero: San Nahum el Taumaturgo de Ohrid
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Era discípulo de los santos Cirilo y Metodio, y uno de los «Cinco Compañeros»—aquellos celosos colaboradores de los Apóstoles de los eslavos. San Nahum viajó a Roma, donde llegó a ser reconocido a causa de su poder milagroso y su gran erudición. Conocía muchos idiomas. Al regresar de Roma, se estableció a orillas del lago Ohrid, con la ayuda del emperador Boris-Miguel de Bulgaria. Mientras san Clemente aún laboraba en Ohrid como obispo, san Nahum construyó un monasterio junto a la orilla sur del lago -- monasterio que adorna aquella orilla aún hasta este día, tal como el nombre de san Nahum adorna la historia del cristianismo eslavo, y ha sido a través de los siglos fuente de fortaleza y socorro para los enfermos y los desdichados. Muchos monjes de todas partes de los Balcanes se congregaron alrededor de san Nahum, que era un sabio maestro, un estricto asceta, un obrador de milagros, y un hombre de oración. También un trabajador incansable, san Nahum laboró especialmente para traducir las Sagradas Escritures del griego al eslavo. Fue un obrador de milagros tanto durante su vida como después de su muerte, y sus taumatúrgicas reliquias aún hoy obran muchas maravillas, particularmente sanando de enfermedades graves y de la locura. Entró a su descanso en la primera mitad del siglo X, y fue al gozo de su amado Cristo.
24 de diciembre/6 de enero: Santa mártir Eugenia y compañeros
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Eugenia nació en Roma, y era hija de Felipe, eparca de todo Egipto. En aquel tiempo, los cristianos habían sido expulsados de Alejandría y vivían en los alrededores de la ciudad. La doncella Eugenia visitaba a los cristianos y recibió su fe con todo su corazón. Huyó de sus padres con sus dos fieles eunucos, fue bautizada por el Obispo Elías, y vistiendo ropas de hombre, se marchó a un monasterio de hombres donde recibió el hábito monástico. Tanto purificó su corazón a través del ascetismo voluntario que recibió de Dios el don de sanar a los enfermos, y así sano a una mujer rica llamada Melantia. Después de esto, empero, esta mujer concibió una pasión impura por Eugenia, sin sospechar que era una mujer. Al ser firmemente rechazada por Eugenia, esta malvada mujer, por vengarse, fue ante el eparca y la calumnió así como la esposa de Potifar calumnió al casto José (cfr. Génesis 39). El eparca ordenó que todos los monjes fuesen atados y arrojados a la cárcel junto con Eugenia. Cuando todos fueron llevados a juicio, Eugenia se reveló a su padre como su hija. Felipe, grandemente regocijado, fue bautizado con toda su casa, y fue escogido como obispo de Alejandría. Oyendo de esto, el emperador romano a un malvado general llamado Terencio, el cual mató a Felipe en secreto al llegar a Alejandría. Entonces Eugenia se mudó a Roma con su madre y sus hermanos. En Roma, valiente y celosamente convirtió paganos a la fe verdadera—especialmente doncellas, y de este modo trajo a la fe a una hermosa doncella llamada Basilia. Esta pronto fue degollada por Cristo, como Eugenia había profetizado, y entonces sus dos eunucos, Proto y Jacinto, fueron degollados. Finalmente el martirio llegó a Eugenia, cuya presencia había causado que el templo de Diana cayera en ruinas. Los verdugos primero la arrojaron al agua y después al fuego, pero Dios la preservó. El Señor Jesús mismo se le apareció en la cárcel, y le dijo que habría de sufrir el día de su Natividad. Y así ocurrió: Eugenia fue degollada con espada en Roma el 25 de diciembre de 262 d. C. Después de su muerte, Eugenia se apareció a su madre en gran gloria, y la consoló.
25 de diciembre/7 de enero: La Natividad según la carne de nuestro Señor, Dios, y Salvador Jesucristo
Tomado del Gran Libro de las Horas griego
La incomprensible e inexplicable natividad de Cristo ocurrió, de acuerdo con la cronología de la Iglesia oriental, en el año 5508 desde la creación del mundo, gobernando en Judea Herodes el Grande. Este, ascalonita por parte de madre e idumeo por parte de padre, y enteramente ajeno a la raza de Jacob, habiendo recibiendo su reino de los emperadores de Roma, reinó sobre el pueblo judío por 33 años. La antigua tribu gobernante de Judá había sido privada sus derechos y despojada de todo gobierno y autoridad. Fue en estas circunstancias para los judíos que nació el Mesías esperado, cumpliéndose verdaderamente la profecía hecha por el patriarca Jacob 1807 años antes: «No será quitado el gobernante de Judá, ni caudillo de su muslo, hasta que venga aquel para quien está reservado; y él será la expectación de las naciones» (cfr. Génesis 49:10).
Nuestro Salvador nació en Belén, ciudad de Judá, a la cual había subido José desde Nazaret de Galilea llevando consigo a María su desposada, que estaba encinta, para que ellos también fuesen inscritos de acuerdo con el decreto que, en aquellos días, había sido proclamado por el gobernante absoluto César Augusto entre sus súbditos. Al llegar la hora del nacimiento, no habiendo más lugar en la posada pública a causa de la gran multitud convenida, la condición de la Virgen la obligó a que entrara en una cueva cerca de Belén, a un establo usado para bestias. Allí dio a luz, y envolviendo al recién nacido en pañales, lo acostó en el pesebre (cfr. San Lucas 2:11, 16-17). De esto surgió la tradición de que cuando Cristo nació fue acostado entre dos animales, un buey y un asno, lo cual parecen justificar las palabras de los profetas: «En medio de dos animales serás conocido» (Habacuc 3:2, LXX), y «El buey conoce a su dueño y el asno el pesebre de su señor» (Isaías 1:3); aunque estos animales son también entendidos tropológicamente por los intérpretes como aquellos de entre los judíos y de entre las naciones que creyeron en el Señor encarnado, o según alguna otra interpretación más natural.
Pero aunque la tierra recibió tan pobremente al Salvador en su nacimiento, el cielo celebró magníficamente en lo alto su venida para salvar al mundo. Ciertos pastores, que velaban sus ovejas en la noche en las afueras de Belén, fueron envueltos repentinamente por una luz extraordinaria y vieron ante ellos a un ángel que les anunciaba la feliz natividad del Señor.
Inmediatamente después de este ángel, vieron y escucharon a todas las huestes de los poderes celestiales alabando a Dios y diciendo: «Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad entre los hombres» (cfr. San Lucas 2:8-14).
25 de diciembre/7 de enero: La Natividad del Señor
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
«Cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su hijo, nacido de mujer», para salvar a la raza humana (cfr. Gálatas 4:4). Y cuando hubo llegado el noveno mes desde que el arcángel Gabriel se apareció a la Virgen María, diciendo: «Alégrate, llena de gracia [….] concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo» (cfr. San Lucas 1:28, 31)—en aquel tiempo se promulgó un edicto de parte de Cesar Augusto para que todo el mundo fuese empadronado. De acuerdo con este edicto, todos tenían que ir a su pueblo natal para ser inscritos allí. Por lo tanto, el justo José se marchó con la Santa Virgen a Belén, la ciudad de David, pues ambos eran de la casa real de David. Pero habiendo un gran número de personas en aquella pequeña ciudad a causa del censo, José y María no pudieron encontrar posada en ningún lugar, y hallaron refugio en una cueva que los pastores utilizaban como corral de ovejas. En esta cueva la Santísma Virgen dio a luz al Salvador del mundo, el Señor Jesucristo. Dando a luz sin dolor—pues fue concebido sin pecado, del Espíritu Santo y no de hombre—ella misma lo envolvió en pañales, lo adoró como Dios, y lo acostó en un pesebre. Entonces el justo José se acercó y lo adoró como el fruto divino de un vientre virginal. Entonces los pastores llegaron de los campos, dirigidos por un ángel de Dios, y lo adoraron como Mesías y Salvador. Los pastores habían escuchado una multitud de ángeles cantando: «¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad entre los hombres» (cfr. San Lucas 2:14). En aquel tiempo, también vinieron unos magos del Oriente, guiados por una maravillosa estrella, y trayendo sus dones: oro, incienso, y mirra. Estos le adoraron como Rey de reyes, y le ofrecieron sus dones (cfr. San Mateo 2:1-11). Así vino al mundo Aquel cuya venida había sido anunciada por los profetas, nacido como estos habían profetizado: de la Santísima Virgen, en la ciudad de Belén, de la familia de David según la carne, en tiempos cuando ya no había en Jerusalén un rey de la tribu de Judá, sino que Herodes el extranjero estaba en el trono. Después de muchos tipos y figuras, mensajeros y heraldos, profetas y justos, sabios y reyes, finalmente apareció el Señor del mundo y Rey de reyes, para llevar a cabo la obra de la salvación de la humanidad que no podía ser realizada por sus siervos. ¡A Él gloria y alabanza por los siglos! Amén.
26 de diciembre/8 de enero: Sinaxis de la Madre de Dios
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
El día después de la Navidad, la Iglesia cristiana glorifica y alaba a la Santísima Madre de Dios, que dio a luz a Nuestro Señor, Dios, y Salvador Jesucristo. Esta fiesta es llamada «sinaxis» porque en ella se congregan todos los fieles para glorificarle, y para celebrar una solemne fiesta universal en su honor. En Ohrid, es la costumbre desde tiempo inmemorial el que se celebren las vísperas de la fiesta sólo en la Iglesia de la Madre de Dios, Líder Victoriosa. Todo el clero y el pueblo glorifican juntos allí a la Purísima Madre de Dios.
1/14 de enero: La Circuncisión de Nuestro Señor, Dios y Salvador Jesucristo
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
En el octavo día después de su nacimiento, el Divino Niño fue presentado en el Templo y circuncidado según la Ley que existía en Israel desde el tiempo de Abraham. En esta ocasión le dieron por nombre Jesús, el cual el arcángel Gabriel había anunciado a la Santísima Virgen María. La circuncisión del Antiguo Testamento era el prototipo del bautismo del Nuevo Testamento. La circuncisión de Nuestro Señor muestra que él tomó un verdadero cuerpo humano y no una apariencia, como enseñaron más tarde los herejes. Nuestro Señor también fue circuncidado porque deseaba cumplir lo totalidad de la Ley que él mismo había dado mediante los profetas y los antepasados. Cumpliendo la Ley escrita, él la substituyó por el bautismo en su santa Iglesia, como proclamó el apóstol Pablo: «Porque en Cristo Jesús, ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación» (cfr. Gálatas 6:15). (En el ciclo del calendario litúrgico de la Iglesia, esta Fiesta de la Circuncisión del Señor no tiene ni antefiesta ni posfiesta).
1/14 de enero: San Basilio Magno, arzobispo de Cesarea en Capadocia
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Basilio nació durante el reino del emperador Constantino. Mientras aún no había sido bautizado, pasó quince años en Atenas, donde estudió filosofía, retórica, astronomía, y el resto de las ciencias seculares de su tiempo. Sus compañeros en aquella época eran Gregorio el Teólogo [Nacianceno] y Julián, mas tarde el emperador apóstata. En sus años maduros fue bautizado en el río Jordán junto a Eublio, su antiguo profesor. Fue obispo de Cesarea en Capadocia por casi diez años, y terminó su vida terrenal cincuenta años después de su nacimiento. Fue un gran defensor de la Ortodoxia, una gran luz de pureza moral, grandemente celoso de la religión, una gran mente teológica, y un gran arquitecto y pilar de la Iglesia de Dios. Basilio mereció completamente el título «Magno». Los servicios litúrgicos se refieren a él como «abeja de la Iglesia de Cristo, que trae miel a los fieles y con su aguijón ataca a los herejes». Se conservan numerosos escritos de este padre de la Iglesia, incluyendo obras teológicas, apologéticas, ascéticas y canónicas, así como la Santa y Divina Liturgia que lleva su nombre. Esta Divina Liturgia se celebra diez veces al año: el 1ro de enero, día de su fiesta; en la víspera de la Natividad de Nuestro Señor; en la víspera de la Teofanía de Nuestro Señor; todos los domingos del Honorable Ayuno [la Cuaresma] excepto el Domingo de Ramos; el Jueves Santo y el Sábado Santo. San Basilio murió en paz el 1ro de enero del 379 d. C., y fue llevado al Reino de Cristo.
2/15 de enero: San Silvestre, papa de Roma
Tomado del Mesyatsoslov de la Iglesia Ortodoxa Rusa
San Silvestre, obispo de Roma (314-335), nació en Roma de padres cristianos, Rufino y Justa. Su padre murió al poco tiempo, y el santo quedó bajo el cuidado de su madre. El preceptor de Silvestre, el presbítero Quirino, le dio una excelente educación y lo crió como un verdadero cristiano. Al llegar a la adultez, Silvestre cumplía el mandamiento del Señor de amar a nuestro prójimo. Frecuentemente recibía a extranjeros y viajeros, sirviéndoles como un esclavo en su propia casa. Durante una persecución contra los cristianos, Silvestre no dudó en albergar al santo confesor Timoteo, obispo de Antioquía, quien vivió con él por un año, convirtiendo a muchos a Cristo mediante su predicación. El obispo Timoteo fue arrestado y ejecutado por orden del prefecto Tarquinio. Silvestre tomó secretamente el cuerpo del santo y lo enterró. Esto llegó a oídos de Tarquinio, y el santo fue arrestado y traído a juicio. Tarquinio exigió que renunciara a Cristo, amenazándole con tortura y muerte. San Silvestre no fue intimidado, empero, y permaneció firme en su confesión de fe, por lo cual fue arrojado en prisión. Al morir Tarquinio repentinamente poco después del juicio, el santo fue puesto en libertad, y predicaba el Evangelio a los paganos sin temor, convirtiendo a muchos a Cristo. A los treinta años, san Silvestre fue ordenado diácono y luego presbítero por el obispo Marcelino (296-304). Tras la muerte del obispo Melquíades (311-314), san Silvestre fue elegido obispo de Roma. Exhortaba su rebaño a vivir justamente, e insistía que los sacerdotes cumpliesen su deber estrictamente, sin envolverse en los asuntos seculares. San Silvestre se hizo conocido como un experto en la Sagrada Escritura y como un acérrimo defensor de la fe cristiana. Durante el reino del emperador san Constantino el Grande, cuando hubo terminado el período de persecución de la Iglesia, los judíos convinieron un debate público para determinar cuál era la verdadera fe. San Constantino y su madre, la santa emperatriz Elena, estaban presentes junto a una gran multitud. San Silvestre habló por los cristianos, y los judíos tenían ciento veinte eruditos rabinos capitaneados por Zambres, un mago y hechicero. Citando los libros del Antiguo Testamento, san Silvestre demostró convincentemente que los profetas predijeron el nacimiento de Jesucristo de la purísima Virgen, su sufrimiento voluntario y su muerte por la redención de la raza humana caída, y su gloriosa resurrección. El santo fue declarado vencedor en el debate. Entonces Zambres intentó recurrir a la hechicería, pero el santo obstruyó el mal clamando al nombre del Señor Jesucristo. Zambres y los otros judíos creyeron en Jesucristo, y pidieron ser bautizados. San Silvestre guió la Iglesia cristiana por más de veinte años, ganándose la estima de su rebaño. Murió en paz siendo de edad muy avanzada, en el año 335.
2/15 de enero: Santa Juliana de Lazarevo
Tomado del Mesyatsoslov de la Iglesia Ortodoxa Rusa
La justa Juliana de Lazarevo y Murom es un impactante ejemplo de una mujer rusa que se negó a sí misma. Era hija de un noble, Justino Nediurev. Desde sus primeros años vivió piadosamente, guardaba los ayunos estrictamente, y separaba mucho tiempo para la oración. Quedando huérfana a muy temprana edad, fue entregada al cuidado de sus parientes, que no la aceptaban y se reían de ella. Juliana soportaba todo con paciencia y sin quejarse. Expresaba su amor por las personas cuidando a los enfermos y cosiendo ropa para los pobres. La vida piadosa y virtuosa de la doncella atrajo la atención del dueño de la villa de Lazarevo, Yuri Osiryin, quien pronto se casó con ella. Los padres del esposo amaban a su nuera, y dejaron el manejo de la casa en sus manos. Las preocupaciones domésticas no interrumpieron los esfuerzos espirituales de Juliana. Siempre encontraba tiempo para la oración, y siempre estaba preparada para dar de comer a los huérfanos y vestir a los pobres. Durante una terrible hambruna, ella misma permaneció sin comer, dando su último bocado a alguien que mendigaba. Juliana se entregó completamente a cuidar de los enfermos. La justa Juliana tuvo seis hijos y una hija. Después de la muerte de dos de sus hijos decidió retirarse a un monasterio, pero su marido la convenció de que permaneciera en el mundo, criando a sus hijos. Según el testimonio de su hijo Calístrato, que escribió su vida, después de esto se hizo aún más exigente consigo misma: intensificó su ayuno y oración, no dormía más de dos horas por noche, y entonces recostaba su cabeza sobre una tabla. Tras la muerte de su esposo, Juliana distribuyó su parte de la herencia a los pobres. Viviendo en extrema pobreza, era aún mas vivaz, cordial, y en todo daba gracias al Señor. La santa fue considerada digna de una visión de san Nicolás el Taumaturgo y de la dirección de la Madre de Dios en la Iglesia. Cuando la justa Juliana durmió en el Señor, fue enterrada junto a su esposo en la Iglesia de san Lázaro. Aquí fue enterrada también su hija Teodosia, monja del Gran Hábito. En 1614, las reliquias de la justa Juliana fueron exhumadas, y emanaban una mirra fragante, mediante la cual muchos recibieron sanidad.
4/17 de enero: San Eustacio, Arzobispo de Serbia
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
San Eustacio vivió en la segunda mitad del siglo XIII, durante el reino del rey serbio Esteban Uroš (1262-1320). Nació en la diócesis de Budim en el seno de una piadosa familia cristiana, en donde recibió una crianza espiritual. Distinguido por sus extraordinarios talentos, Eustacio fue encomendado por sus padres a un tutor para que lo entrenara en la sabiduría espiritual. Estudió la Sagrada Escritura con particular diligencia, perfeccionándose en la piedad y las buenas obras. Al terminar su educación, el joven entró al Monasterio del Arcángel Miguel en la región de Zeta (Montenegro), llevando una estricta vida monástica. Pronto llegó a ser conocido como un estricto asceta. Desde allí emprendió un viaje a Jerusalén para venerar el santo sepulcro del Señor. En el viaje de regreso visitó el Monte Athos, estableciéndose allí en el monasterio serbio de Hilandar. San Eustacio adquirió gran renombre y amor como un asceta estricto y buen maestro, y muchos venían a él para recibir consejo espiritual. Mas tarde, se convirtió en el abad del monasterio. Después de muchos años, el santo fue consagrado obispo de Zeta y regresó a su tierra natal. Experimentado en la vida espiritual y en los asuntos eclesiásticos, se ganó el amor de sus compatriotas, y continuó siendo un ejemplo para su rebaño. San Eustacio fue elegido arzobispo de Serbia después de la muerte del arzobispo Joanicio. San Eustacio dirigió la Iglesia serbia por siete años, y murió alrededor del 1285. Su cuerpo fue enterrado en el monasterio de Žiča, siendo luego transferido a Peć y colocado en la Catedral de los santos Apóstoles Pedro y Pablo.
6/19 de enero: La Teofanía de Nuestro Señor, Dios y Salvador Jesucristo
Tomado del Gran Libro de las Horas griego
Cerca del comienzo del trigésimo año de vida de Jesús, Juan el Precursor, que tenía aproximadamente la misma edad (era sólo alrededor de seis meses mayor que Jesús), y que estuvo desde la infancia hasta entonces en el desierto, recibiendo un mandato de parte de Dios, vino a la región contigua al Jordán y predicaba el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados. Entonces también Jesús vino de Galilea al Jordán, y el Soberano pidió y recibió de parte del siervo el bautismo, en el cual ocurrieron aquella paradoja y maravilla; se abrieron los cielos, descendió el Espíritu sobre el bautizado en forma de paloma, y se escuchó una voz del cielo que daba testimonio de que este era el Hijo amado de Dios, que entonces era bautizado allí como hombre (cfr. San Mateo 3:13-17; San Marcos 1:9-12; San Lucas 3:1-23). Mediante esto se manifestó la divinidad de Jesús y el gran misterio de la Trinidad; por esto también la presente fiesta es llamada «Teofanía», esto es, la revelación de Dios entre los hombres. Desde este venerable día se cuenta el tiempo del bautismo de los cristianos; desde este día comenzó la predicación salvífica del Reino de los cielos.
6/19 de enero: Un sermón en la fiesta de la Teofanía
Por san Juan (Maximovich) de Shanghai y San Francisco
Hoy, la naturaleza de las aguas es santificada. Hoy, el Hijo de Dios es bautizado en las aguas del Jordán, no teniendo necesidad de purificación él mismo, sino para limpiar la pecadora raza humana de contaminación.
Ahora los cielos se abren y se oye la voz de Dios el Padre: «Este es mi Hijo amado» (cfr. San Mateo 3:17). El Espíritu Santo desciende sobre el Salvador del mundo, que está de pie en el Jordán, confirmando así que en verdad este es el Hijo de Dios encarnado. La Santa Trinidad es claramente manifestada y revelada a la humanidad.
Las aguas del Jordán son santificadas, y junto con ellas todas las aguas de la creación; la naturaleza misma del agua. El agua recibe el poder de limpiar no sólo el cuerpo, sino también la totalidad del alma humana, y de regenerar la totalidad del ser humano para una nueva vida mediante el Bautismo.
Mediante el agua toda la naturaleza es limpiada, pues el mundo fue creado a partir del agua (cfr. Génesis 1:2), y la humedad penetra en todo lugar, dando vida a todo en la creación. Sin humedad, ni los animales ni las plantas ni los animales pueden vivir; la humedad penetra en las rocas, y en todo lugar del mundo.
Las aguas son santificadas y mediante ellas el mundo entero, en preparación para la renovación y la regeneración para el reino eterno de Dios que ha de venir.
Todos los años, la gloria de Dios es revelada en este día, renovando y confirmando lo que fue realizado en el bautismo de Cristo. De nuevo los cielos son abiertos; de nuevo el Espíritu Santo desciende. No vemos esto con nuestros ojos físicos, pero sentimos su poder. En el rito de la bendición, las aguas santificadas en el mismo son transformadas; se convierten en incorruptibles y mantienen su frescura por muchos años.
Todos pueden ver esto – tanto los creyentes como los incrédulos, tanto los sabios como los ignorantes.
¿De dónde adquieren las aguas estas propiedades? Es la obra del Espíritu Santo.
Aquellos que con fe beben de estas aguas y se ungen con ellas reciben alivio de enfermedades físicas y espirituales. Los hogares son santificados con estas aguas, el poder de los demonios es expulsado, y la bendición de Dios desciende sobre todos aquellos que son asperjados con estas aguas. Mediante la santificación de las aguas la bendición de Dios es impartida de nuevo sobre el mundo entero, limpiándolo de los pecados que hemos cometido preservándolo de las asechanzas del diablo.
Hoy el Espíritu Santo, descendiendo sobre las aguas cuando la Cruz de Cristo es sumergida en ellas, desciende sobre toda la naturaleza. Sólo en el ser humano él no puede entrar sin su consentimiento. Abramos nuestros corazones y nuestras almas para recibirle, y clamemos con fe desde lo profundo de nuestras almas: «Grande eres, Señor, y maravillosas son tus obras, y no hay palabras suficientes para alabar tus maravillas».
9/22 de enero: San Felipe, metropolitano de Moscú
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Nacido el 11 de febrero de 1507, estaba de pie en la Iglesia un día, siendo aún joven, cuando escuchó al sacerdote leer del Evangelio: «Ninguno puede servir a dos señores» (San Mateo 6:24). Se llenó de temor al oír estas palabras, como si hubiesen sido dichas a él solo, y fue iluminado en ese mismo momento. Se retiró al monasterio de Solovetsk, donde, tras un largo y difícil noviciado, recibió el hábito monástico. Eventualmente se convirtió en abad y, resplandeciente como el sol en santidad, se hizo conocido en toda la tierra de Rusia. Por esto, el zar Iván el Terrible lo transfirió a la sede vacante de Moscú como metropolitano en 1566. Pero el santo varón no podía contemplar indiferentemente las atrocidades de ese terrible zar, sino que primero lo aconsejaba firmemente y luego lo denunciaba sin temor. El zar encontró falsos testigos en contra de Felipe, lo destituyó, lo depuso de todo rango excepto el de simple monje, y lo arrojó en la prisión de Tver. El 23 de diciembre de 1569, Maliuta Skhuratov, un emisario del zar, entro a la celda de Felipe y los asfixio con una almohada. Mas una terrible muerte rápidamente sobrevino a todos los que se habían opuesto a Felipe. Después de algunos años, el cuerpo del santo fue hallado intacto e incorrupto, y emanando un fragante aroma. Fue entonces trasladado al monasterio de Solovetsk.
10/23 de enero: San Gregorio, obispo de Nisa
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Gregorio, el hermano de san Basilio Magno, era al principio un sacerdote casado; mas al morir su esposa, la bienaventurada Teosebia, fue elegido y consagrado obispo de Nisa. Se distinguía por su erudición secular y su experiencia espiritual, y era un gran predicador, traductor de las Escrituras, y teólogo. Como resultado de su oposición a los arrianos, estos hicieron todo cuanto pudieron para vencerle, considerándolo su principal enemigo. Fueron tan exitosos en esto que, durante el reino de su aliado el Emperador Valente, lograron deponer a Gregorio de su sede episcopal y exiliarlo. Esto ocurrio en el 376 d. C. Este santo padre pasó varios años en un paciente exilio, soportando pobreza y humillación. En el 381, participó en el Segundo Concilio Ecuménico, y se cree que él formuló la parte final del Credo acerca del Espíritu Santo. Su vida terminó en avanzadísima edad alrededor del año 395, y entró finalmente al Reino de Dios. Desde entonces ha sido conmemorado como una gran luminaria de la Iglesia a través de los siglos.
11/24 de enero: Venerable Teodosio el Grande
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
El primer fundador y organizador del monacato cenobítico nació de piadosos padres en la villa de Mogarises en Capadocia. En su juventud visitó a Simeón el Estilita, quien lo bendijo y profetizó gran gloria espiritual para él. Teodosio salió en busca de un lugar en cual fundar un monasterio. Tomando consigo un incensario con un carbón e incienso, se detuvo en el lugar donde el carbón se encendió solo, y estableciéndose allí, comenzó a vivir la vida ascética. Pronto se congregaron allí junto a él muchos monjes de diferentes nacionalidades e idiomas. Teodosio, por lo tanto, construyó una iglesia para cada idioma de modo que se celebrasen los servicios, y que Dios fuese alabado, simultaneamente en griego, armenio, georgiano, y los demás idiomas. Mas en el día en que debían recibir la comunión, los hermanos se congregaban en la gran iglesia, donde los servicios se celebraban en griego. El refectorio era común a todos; tenían todo en común, trabajaban en común, soportaban todo en común, y frecuentemente pasaban hambre en común. Teodosio era un sublime ejemplo para todos los monjes: un ejemplo de trabajo, oración, vigilias, y toda virtud cristiana. Dios le otorgó los dones de obrar milagros, de sanar enfermos, de estar presente y ayudar desde la distancia, de domar bestias salvajes, de predecir el futuro, y de muliplicar el pan y el trigo. La oración estaba en sus labios día y noche. Entró en paz a su descanso en el Señor en el año 529 d. C., a los ciento cinco años.
14/27 de enero: San Sava, arzobispo de Serbia
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
El hijo de Esteban Némanya, el gran líder nacional serbio, nació en 1169. En su juventud anhelaba la vida espiritual, lo que le llevó a huir a la Santa Montaña [de Atos], donde se hizo monje y con inusual celo seguía todas las prácticas ascéticas. Nemanja siguió el ejemplo de su hijo y se marchó a la Santa Montaña, donde vivió y terminó sus días como el monje Simeón. Sava obtuvo del Emperador y el Patriarca la independencia de la Iglesia serbia, y se convirtió en su primer arzobispo. Junto a su padre, construyó el monasterio de Hilandar [en el Monte Atos], y después de este muchos otros monasterios, iglesias y escuelas a través de las tierras serbias. Viajó a la Tierra Santa en dos ocasiones como peregrino a los santos lugares en aquel lugar. Hizo paz entre sus hermanos, que luchaban acerca de sus derechos [de sucesión], y también entre los serbios y sus vecinos. Al crear la Iglesia serbia, creó también el estado y la cultura serbios. Trajo paz a todos los pueblos de los Balcanes, trabajando para el bien de todos, por lo cual era amado y venerado por todos en la península balcánica. Dio un alma cristiana al pueblo serbio, la cual sobrevivió la caída del estado serbio. Murió en Ternovo durante el reino del rey Asen, tras caer enfermo después de la Divina Liturgia en la fiesta de la Teofanía en 1236. El rey Vladislav llevó su cuerpo a Mileševa, de donde Sinan Pasha lo removió para quemarlo en Vračar de Belgrado el 27 de abril de 1595.
15/28 de enero: Venerable Pablo de Tebas
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Nacido de padres ricos en el bajo Tebas en Egipto durante el reino del Emperador Decio, Pablo y una hermana suya heredaron todas las riquezas de sus padres. Mas su cuñado, que era un idólatra, planeaba quedarse con la parte de la herencia que pertenecía a Pablo, así que lo amenazó con denunciarlo como cristiano ante las autoridades si no le entregaba su parte de la herencia. Este infortunio, unido a los ejemplos de sacrificio propio de los mártires cristianos que Pablo había contemplado con sus propios ojos, lo movieron a dar su mitad de la herencia a su hermana y a retirarse al desierto, donde vivió en ascetismo hasta su muerte. Las alturas espirituales a las que llegó este gigante del monacato son atestiguadas nada menos que por san Antonio el Grande, quien visitó a Pablo en una ocasión y vio como las bestias salvajes y las aves de cielo le ministraban. Al regresar de esta visita, Antonio dijo a sus monjes: «Ay de mí, hijos míos, pues soy un monje falso y pecador, un monje sólo en nombre. He visto a Elías, a Juan en el desierto, a Pablo en el Paraíso!». San Pablo vivió ciento trece años, y entró en paz a su descanso en el Señor en el año 342 d. C.
16/29 de enero: Las cadenas del santo Apóstol Pedro
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
San Pedro es conmemorado en este día a causa de las cadenas con las que fue atado por el inicuo Herodes, y que durante la aparición del ángel en la prisión cayeron de sus manos (cfr. Hechos 12:7). Estas cadenas fueron preservadas por los cristianos tanto en memoria de este gran Apóstol como por su poder de sanidad, pues muchos enfermos eran sanados al tocarlas, tal como ocurría con los pañuelos del Apóstol Pablo (cfr. Hechos 19:12). San Juvenal, patriarca de Jerusalén, dio estas cadenas como regalo a la Emperatiz Eudoxia, la esposa del Emperador Teodosio el Joven, que había sido exiliada. Esta las dividió en dos partes, enviando una a la iglesia del santo Apóstol en Constantinopla, y la otra a su hija, la Emperatriz Eudoxia, esposa de Valentiniano en Roma. Eudoxia construyó allí la Iglesia del san Pedro y depositó allí estas cadenas, junto con aquellas con las cuales Pedro fue atado antes de su ejecución bajo el Emperador Nerón.
17/30 de enero: Venerable Antonio el Grande
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Antonio era egipcio, y nació alrededor del año 250 d. C. en una villa llamada Quemel-el-Arons, cerca de Hierápolis. Tras la muerte de sus ricos y nobles padres, compartió su herencia con su hermana, que aún era menor de edad, ocupándose de que estuviese bien cuidada; y dando su mitad de la herencia a los pobres, a los veinte años se consagró a la vida ascética que había deseado desde su niñez. Al principio vivía cerca de su villa, pero luego se retiró al desierto, a orillas del Mar Muerto, con el fin de escapar el tumulto de los hombres. Allí pasó veinte años como ermitaño, no acompañado por nadie sino por Dios, en oración incesante, meditación, y contemplación, soportando pacientemente indecibles tentaciones demoníacas. Su fama se extendió por el mundo entero, y se congregaron en torno a él muchos discípulos, a los cuales colocaba en el camino de la salvación mediante su palabra y ejemplo. En ochenta y cinco años de vida ascética, sólo fue dos veces a Alejandría: la primera vez para buscar el martirio en un tiempo de persecución contra la Iglesia, y la segunda vez por invitación de san Atanasio, para que refutase las calumniosas acusaciones de los arrianos de que él también era seguidor de la herejía arriana. Partió de esta vida a los ciento cinco años, dejando un ejército completo de discípulos y seguidores. Y aunque Antonio no tenía educación, fue uno de los hombres más eruditos de su tiempo como consejero y maestro, a la altura de san Atanasio el Grande. Cuando unos filósofos griegos trataron de probar su conocimiento literario, Antonio los avergonzó preguntando: «¿Qué es más antiguo, el entendimiento o el libro? ¿Y cuál de estos es la fuente del otro?». Los avergonzados filósofos se dispersaron, pues se dieron cuenta de que tenían sólo conocimiento de libros sin entendimiento, mientras que Antonio sí tenía entendimiento. He aquí un hombre que alcanzó la mayor perfección que un ser humano puede lograr en la tierra. He aquí un educador de educadores y maestro de maestros, que por ochenta y cinco años se perfeccionó a sí mismo, y sólo así pudo perfeccionar a otros. Lleno de años y buenas obras, Antonio entró a su descanso en el Señor en el 356 d. C.
17/30 de enero: Santo emperador Teodosio el Grande
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Este glorioso emperador, celoso por la fe, reinó del 379 al 395 d. C. Constantino el Grande prohibió la persecución de los cristianos; Teodosio fue un paso más allá al prohibir que se ofreciesen sacrificios idólatras en su reino. Tuvo, además, un papel muy importante fortaleciendo y esparciendo la fe cristiana por todo el mundo.
18/31 de enero: San Máximo, arzobispo de Valaquia
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Máximo era hijo del rey serbio Esteban el Ciego y de su esposa Angelina. Fue tonsurado monje en el Monasterio de Manasija. Acosado por los turcos, huyó a Rumanía, donde fue consagrado a la sede arzobispal de Valaquia, que estaba vacante. Hizo la paz entre los comandantes enemigos Radul y Bogdan, evitando una guerra entre ellos. En sus últimos años regresó a Krušedol en Serbia, donde construyó un monasterio. Allí murió, tras una larga vida ascética, el 18 de enero de 1546. Sus reliquias incorruptas, que obran milagros, descansan aún hoy en este monasterio.
19 de enero/1 de febrero: San Marcos, arzobispo de Éfeso
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Famoso por su valiente defensa de la Ortodoxia en el Concilio de Florencia en presencia tanto del Emperador como del Papa, entró en paz a su descanso en el año 1445. En su lecho de muerte, rogó a su discípulo Jorge, luego el famoso patriarca Genadio, que se cuidara de las trampas del Occidente y que defendiera la Ortodoxia.
21 de enero/3 de febrero: 21 de enero/3 de febrero: Bienaventurado Máximo el Griego
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Nacido en Grecia, fue invitado desde allí a la corte del zar ruso Vasily Ivanovich como bibliotecario y traductor. Trabajó mucho, y también sufrió mucho por la verdad. Pasó un largo tiempo en la cárcel, donde escribió el conocido Canon al Espíritu Santo, que aún se utiliza en la Iglesia. Entró a su descanso en el Señor en el año 1556.
21 de enero/3 de febrero: Santa mártir Inés
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Teniendo sólo trece años, Inés fue arrojada al fuego por causa de su fe en Cristo, y fue luego degollada. Mostró gran poder de obrar milagros tanto en la vida como en la muerte. Inés sufrió durante el reino del Emperador Diocleciano, en el 305 d. C.
22 de enero/4 de febrero: Santo apóstol Timoteo
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Timoteo era uno de los Setenta apóstoles (cfr. San Lucas 10:1-20). Nació en Listra de Licaonia de padre griego y madre hebrea. El apóstol Pablo alabó a su madre y a su abuela por su fe sincera (cfr. II Timoteo 1:4-5). Timoteo conoció al gran Apóstol por primera vez en Listra, y presenció cuando Pablo sanó al cojo de nacimiento (cfr. Hechos 14:8-10). Luego, Timoteo se convirtió en un compañero de viaje casi constante de Pablo, yendo con él a Acaya, Macedonia, Italia y España. De gran celo por la fe, un magnífico predicador, y de alma dulce, Timoteo contribuyó mucho a la difusión y el establecimiento de la fe cristiana. Pablo lo llamó «verdadero hijo en la fe» (cfr. I Timoteo 1:2). Después del martirio de Pablo, Timoteo tuvo a san Juan el Evangelista como maestro. Mas cuando el emperador Domeciano exilió a Juan de Éfeso a la isla de Patmos, Timoteo permaneció en Éfeso como obispo. Durante una fiesta idólatra llamada «Katagogia», los paganos, irritados contra los cristianos, atacaron traicioneramente y enmascarados a Timoteo y lo mataron; esto ocurrió alrededor del 93 d. C. Sus honorables reliquias luego fueron llevadas a Constantinopla y enterradas en la Iglesia de los Doce Apóstoles, junto a las tumbas de san Lucas el Evangelista y san Andrés el Primer-llamado.
23 de enero/5 de febrero: Hieromártir Clemente de Ancira
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Clemente nacío en el año 258 d. C. en la ciudad de Ancira de un padre pagano y una madre cristiana. Su piadosa madre Eufrosine profetizó que su hijo moriría una muerte de mártir, y partió de este mundo cuando Clemente tenía doce años. Su amiga Sofía recibió a Clemente en su hogar como un hijo y participó en criarlo en el espíritu cristiano. Clemente era tan famoso a causa de su vida virtuosa que fue elegido obispo de Ancira a los veinte años. En su juventud alcanzó la sabiduría de un adulto maduro, y a través de grandes privaciones domesticó y conquistó su cuerpo. Clemente se alimentaba sólo de pan y verduras, y no comía nada matado o ensangrentado. Durante el reino de Diocleciano fue torturado horriblemente, «como nadie jamás, desde la fundación del mundo». Pasó veinte y ocho años en vicisitudes y en calabozos. Once diferentes verdugos lo atormentaron una y otra vez. Cierta vez que lo golpearon en la cara, lo escupieron, y le rompieron los dientes, Clemente dijo a Domenciano, su verdugo: «Me haces un gran honor, oh Domenciano, y no me torturas, pues he aquí que la boca misma de mi Señor Jesucristo fue también golpeada y golpeada su cara, y yo, el indigno, ahora soy hallado digno de sufrir esto!». Cuando Clemente fue llevado a Roma para comparecer ante el emperador Diocleciano, este colocó varias instrumentos de tortura en un lado, y en el otro, premios tales como condecoraciones, ropas y dinero—todo cuanto el emperador podía otorgar. Entonces dijo a Clemente que escogiera. El mártir de Cristo miró con el desprecio todos los dones del Emperador, y escogió los instrumentos de tortura. Clemente fue torturado de un modo inaudito: arrancaban pedazos de su cuerpo para que sus blancos huesos se viesen bajo su carne. Finalmente fue decapitado por un soldado en Ancira en el año 312 d. C. mientras celebraba la Divina Liturgia como obispo en la iglesia. Los milagros de san Clemente son innumerables.
23 de enero/5 de febrero: 23 de enero/5 de febrero: Conmemoración del Sexto Concilio Ecuménico
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Convenido en Constantinopla, su primera sesión tuvo lugar en el año 681, y la segunda en el año 691 d. C. Este concilio condenó la herejía monotelista, que enseñaba erróneamente que en Cristo había sólo una voluntad divina, y no también una humana. Además de esto, el concilio también aprobó varios cánones acerca del orden y la disciplina del clero.
26 de enero/8 de febrero: San David, rey de Georgia
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
David restauró y fortaleció a Georgia como estado. Con gran celo por la fe cristiana, construyó muchas iglesias nuevas a través de Georgia, y restauró muchas iglesias antiguas. Es considerado como el regenerador de la fe ortodoxa en Georgia.
27 de enero/9 de febrero: Traslado de las reliquias de san Juan Crisóstomo
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
La memoria de esta luminaria de la Iglesia se celebra el 13 de noviembre y el 30 de enero. En esta fecha, la Iglesia celebra el traslado de sus honorables reliquias desde la villa armenia de Comana, donde había muerto exiliado, a Constantinopla, donde antes había gobernado la Iglesia como patriarca. Treinta años después de su muerte, el patriarca Proclo predicó un sermón en memoria de su padre espiritual y maestro, y con este sermón tanto inflamó el amor del pueblo y del emperador Teodosio el Joven por el gran santo, que todos desearon que las reliquias de Crisóstomo fuesen trasladadas a Constantinopla. Se cuenta que la urna que contenía las reliquias de san Juan Crisóstomo no pudo moverse de su lugar hasta que el Emperador escribió una carta a Crisóstomo suplicándole que perdonara a Eudoxia, madre de Teodosio (que había sido responsable del exilio del santo), y pidiéndole que regresase a Constantinopla, su antigua residencia. Cuando la carta de arrepentimiento fue colocada sobre la urna, esta se torno liviana. Durante el traslado de las reliquias, muchos enfermos fueron sanados al tocar la urna. Cuando las reliquias llegaron a la capital, el Emperador de nuevo pidió perdón del santo ante las mismas en nombre de su madre, como si fuese ella quien hablara: «Mientras viví en esta vida pasajera actué con malicia contra ti; ahora que vives en la vida inmortal, haz beneficio a mi alma. Mi gloria ha pasado y en nada me ayudó. ¡Ayúdame, oh padre, en tu gloria! ¡Ayúdame antes de que sea condenada en el Juicio de Cristo!». Cuando el santo fue traído a la Iglesia de los Doce Apóstoles y colocado en el trono patriarcal, la multitud escuchó de su boca estas palabras: «Paz a todos». El traslado de las reliquias del santo Crisóstomo ocurrió en el 438 d. C.
29 de enero/11 de febrero: Traslado de la reliquias del hieromártir Ignacio el Portador de Dios
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
La fiesta principal de san Ignacio se celebra durante el inverno, el 20 de diciembre. En esta fecha se conmemora el traslado de sus reliquias desde Roma, donde sufrió el martirio, a Antioquía, donde había sido obispo. Cuando san Ignacio fue llamado a Roma para dar cuenta de su fe ante el emperador Trajano, varios ciudadanos de Antioquia lo acompañaron durante este largo viaje, motivados por su gran amor por su gran pastor. El santo de Dios, que nunca hubiese negado su fe en Cristo y rechazó la adulación y las promesas del emperador Trajano, fue condenado a muerte y arrojado a las fieras salvajes en el Circo Máximo. Estas lo hicieron pedazos, e Ignacio entregó su alma a Dios. Sus compañeros recogieron entonces sus huesos descubiertos, y llevándolos a Antioquía, los enterraron. Mas cuando los persas ocuparon Antioquía en el siglo VI, las reliquias de san Ignacio fueron de nuevo trasladadas de Antioquía a Roma.
30 de enero/12 de febrero: Sinaxis de los tres santos jerarcas
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Cada uno de estos santos tiene su propio día de fiesta: san Basilio el grande, el 1° de enero; san Gregorio el Teólogo, el 25 de enero; y san Juan Crisóstomo, el 27 de enero. Esta fiesta común del 30 de enero fue instituida en el siglo XI, durante el reino del emperador Alejo Comneno. Cierta vez hubo un desacuerdo entre el pueblo acerca de cuál de estos tres era el más grande. Unos exaltaban a Basilio por su pureza y valentía; otros a Gregorio por la profundidad y altura insondables de su genio teológico; y aún otros a Crisóstomo por su elocuencia y claridad en la exposición de la Fe. De este modo, algunos eran llamados basilianos, otros gregorianos, y aún otros juanistas. Esta disputa fue resulta por la providencia divina para el bien de la Iglesia, y la mayor gloria de los tres santos. El obispo Juan de Eucaita (cfr. 14 de junio) tuvo una visión en sueños: primero, cada uno de los tres santos se le apareció por separado en gran gloria, y después de esto los tres se le aparecieron juntos. Estos le dijeron: «Como ves, somos uno en Dios y no hay desacuerdo entre nosotros, así como tampoco hay primero ni segundo entre nosotros». Los santos también indicaron al obispo Juan que escribiese un servicio común para ellos y ordenar un día para la conmemoración común. Tras esta maravillosa visión, la disputa se resolvió designando el 30 de enero como fiesta común de los tres jerarcas. Los griegos consideran esta fiesta no sólo como una celebración eclesiástica, sino también como su más importante fiesta nacional de la educación.
30 de enero/12 de febrero: Hieromártir Hipólito, obispo de Roma
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Hipólito sufrió por la fe durante el reino de Claudio. Cuando la virgen Crisa era torturada cruelmente por causa de Cristo en Roma, san Hipólito intercedió por ella ante los verdugos y los reprochaba. Por esta protesta, Hipólito también fue llevado a juicio, condenado, y tras largas torturas, sentenciado a muerte. Ataron sus manos y pies y lo arrojaron al mar. Veinte otros mártires sufrieron junto a Hipólito y Crisa en el 269 d. C.
30 de enero/12 de febrero: San Pedro, rey de Bulgaria
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Pedro, hijo de Simeón, fue un gran admirador de san Juan de Rila. Ganó la independencia de la Iglesia búlgara de Constantinopla, y defendió la ortodoxia en Bulgaria contra los bogomiles. Murió en el 967 d. C., a los cincuenta y seis años de edad, tras una guerra fracasada contra los húngaros y los rusos.
1/14 de febrero: Venerable Pedro de Galatea
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
A los siete años, Pedro dejó el hogar de sus padres por causa de Cristo y se retiró al desierto. Allí, mediante el ayuno y la oración, Pedro alcanzó tal perfección que obraba muchos milagros por el Espíritu de Dios. Entró al Reino eterno de Cristo los noventa y nueve años, alrededor del 429 d. C.
2/15 de febrero: El Encuentro del Señor
Tomado de la introducción al Festal Menaion, por el Obispo KALLISTOS de Diokleia
Esta fiesta, conocida en el Oeste como la presentación de Cristo en Templo o la Purificación de la Bienaventurada Virgen María, lleva en el Este el título «Encuentro» (griego, Hypapantē; eslavo, Srétenie) – esto es, el encuentro de Cristo con su pueblo. Nuestro Señor, traído al Templo por su Madre y por José, ahora encuentra a su pueblo escogido en las personas del anciano Simeón y la profetisa Ana. Con esta fiesta concluye la secuencia de la Natividad, que comenzó unos ochenta días antes con el inicio del ayuno de la Natividad.
En el Encuentro, como en la Natividad y en la Teofanía, la Iglesia medita sobre la kenosis, el completo vaciarse a sí mismo del Verbo encarnado. Aquel que es el Dador de la Ley es obediente él mismo la Ley: «Aquel que una vez dio la Ley se somete hoy a las ordenanzas de la Ley, en su compasión haciéndose como nosotros por nuestra causa» (Litia de las Vísperas). Los textos para esta día están basados en parte en el cántico de Simeón, el Nunc Dimittis (cfr. San Lucas 2:29-32): hablan de la salvación que Cristo ha venido a otorgar; de la gloria y luz de la revelación que han sido concedidas mediante su Encarnación.
3/16 de febrero: San Simeón, el Recibidor de Dios
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Durante el reinado del Ptolomeo II Filadelfo (285-246 a.C.), Simeón fue escogido como uno de los famosos Setenta a los cuales se les confió la tarea de traducir la Biblia [esto es, el Antiguo Testamento] del hebreo al griego. Simeón hacía su labor concienzudamente, pero mientras traducía el libro del profeta Isaías, al encontrar las palabras «He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo» (cfr. Isaías 7:14), quedó perplejo y tomó un cuchillo para eliminar la palabra «virgen» y reemplazarla con la palabra «joven», para así traducirla al griego. Pero en ese momento un ángel de Dios se la apareció a Simeón y le impidió que llevase a cabo lo que se proponía, explicándole que la profecía era verdadera, y que estaba bien escrita. El mensajero de Dios también dijo que Simeón se convencería personalmente de esto pues, según la voluntad de Dios, no moriría hasta que viese al Mesías nacido de la Virgen. El justo Simeón se regocijó al escuchar la voz celestial, y dejando la profecía intacta, dio gracias a Dios por hacerle digno de vivir para ver al Mesías prometido. Cuando el niño Jesús fue presentado en el Templo de Jerusalén por la Virgen María, el Espíritu de Dios reveló esto a Simeón, que para entonces era ya muy anciano, con cabellos blancos como la nieve. Simeón entro rápidamente al Templo, y reconoció allí a la Virgen y al Niño por la luz que brillaba alrededor de sus cabezas como una aureola. Gozoso, tomó a Cristo en sus brazos y rogó a Dios que le permitiera dejar este mundo: «Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz según tu palabra, porque mis ojos han visto tu salvación» (cfr. San Lucas 2:29-30). También estaba allí la profetisa Ana, hija de Fanuel, que reconoció al Mesías y lo proclamó al pueblo: «Esta, presentándose en la misma hora, daba gracias a Dios, y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén» (cfr. San Lucas 2:38). Ana tenía entonces ochenta y cuatro años. San Simeón murió al poco tiempo. Este justo anciano es considerado como el protector de los niños.
6/19 de febrero: San Focio, patriarca de Constantinopla
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Esta gran lumbrera de la Iglesia, Focio, era pariente del Emperador y nieto del famoso patriarca Tarasio (+806 d.C.). Protegió vigorosamente a la Iglesia del hambre de poder del Papa y de otros pervertidores romanos de la fe. Fue promovido a través todos los rangos [eclesiásticos], de laico a patriarca, en seis días. Fue entronizado como Patriarca en la Navidad del 858 d.C., y murió en el Señor en 891 d. C.
6/19 de febrero: Venerables Barsanufio y Juan de Gaza
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Tanto Barsanufio como Juan fueron grandes ascetas, varones dotados con discernimiento, y obradores de milagros en Gaza. Nos dejaron una famosa obra titulada «Libro de respuestas», en la cual trataron muchos temas acerca de la vida espiritual. Vivieron en el siglo VI.
8/21 de febrero: San Sava II, arzobispo de Serbia
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Sava era hijo del rey Esteban el Primer-coronado, y sobrino de san Sava I. Antes de su tonsura, Sava se llamaba Predislav. Siguiendo el ejemplo de su gran tío, Predislav fue tonsurado como monje y se dedicó celosamente a una vida de ascetismo. Fue elegido sucesor de san Arsenio como Arzobispo de los serbios con el nombre de Sava II. Gobernó la Iglesia con gran devoción y amor. Murió en el 1268 d.C., y sus reliquias descansan en el Monasterio de Peć.
11/24 de febrero: Hieromártir Blas, obispo de Sebaste
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Blas nació en la provincia de Capadocia. Desde su niñez era temeroso de Dios y manso. A causa de sus grandes virtudes, fue elegido obispo de la ciudad de Sebaste (Armenia). Blas fue una gran lumbrera espiritual y moral en esta ciudad pagana. Durante una severa persecución de cristianos, san Blas alentaba a su rebaño y visitaba a los mártires en la prisión, entre los cuales estaba el famoso Eustratio. Cuando la ciudad de Sebaste fue completamente despojada de cristianos—unos fueron asesinados, y otros huyeron—el anciano Blas se retiró al monte Argeos y se instaló allí en una cueva. Las bestias salvajes, reconociendo al santo varón, se congregaban a su alrededor y este las acariciaba. Mas los perseguidores hallaron al santo en este remoto lugar y lo llevaron a juicio. En el camino, Blas sanó a un muchacho que tenía un hueso atravesado en la garganta; y por petición de una viuda cuyo cerdo había sido arrebatado por un lobo, el santo, mediante sus oraciones, hizo que el lobo le devolviera el cerdo. Los siniestros jueces torturaron a Blas severamente, azotándolo y rasgando su piel con un peine de hierro. Por su firmeza en la fe de Cristo, Blas convirtió a muchos paganos a la fe. Siete mujeres y dos niños languidecieron con él en la prisión. Las mujeres fueron degolladas primero, y después de esto, el maravilloso Blas fue decapitado junto a los dos niños. Blas sufrió y fue glorificado en el 316 d.C. El pueblo ora a san Blas por el bienestar de su ganado doméstico y por protección contra las bestias salvajes. En el Occidente, empero, también es invocado contra enfermedades de la garganta.
12/25 de febrero: San Melecio, arzobispo de Antioquía
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Este grande y santo varón fue un intérprete y defensor sobresaliente de la Ortodoxia. Toda su vida estuvo dedicada a la lucha contra la herejía arriana, que no reconocía al Hijo de Dios y blasfemaba contra la Santísima Trinidad. Tres veces fue removido de su trono arzobispal por los herejes y exiliado a Armenia. La lucha entre los ortodoxos y los herejes llegó a ser tan amarga que cierta vez, mientras san Melecio predicaba al pueblo en iglesia acerca de la divina Trinidad en Unidad, su propio diácono, un hereje, corrió hacia el obispo y le tapó la boca con su mano. Incapaz de predicar con palabras, Melecio predicó por señas. Así pues levantó en alto su brazo, abrió tres dedos lo más que pudo, y se los mostró al pueblo; entonces cerró su mano y levantó en alto el puño. Tomó parte en el Segundo Concilio Ecuménico en el 381 d.C., donde el emperador Teodosio le mostró un honor especialmente grande. En este Concilio, Dios obró un milagro mediante su jerarca: mientras Melecio exponía la doctrina de la Santísima Trinidad a los arrianos, levantó primero tres dedos separados de uno en uno, y luego los juntó; en ese momento, destelló un relámpago desde su mano ante los ojos de todos los presentes. También durante este Concilio san Melecio instaló a Gregorio el Teólogo en la sede de Constantinopla. (Antes de esto, había ordenado diácono a Basilio Magno, y bautizado a Juan Crisóstomo.) Mientras el Concilio estaba aún en sesión, san Melecio terminó su curso terrenal en Constantinopla. Sus reliquias fueron llevadas a Antioquía.
13/26 de febrero: San Simeón, el Exudador de mirra
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Esteban Némanya—gran gobernante del pueblo serbio, unificador de las tierras serbias, creador de un gobierno serbio independiente, defensor de la Ortodoxia, y expulsor de la herejía—fue bautizado originalmente en la Iglesia latina, pero luego dejó esta iglesia y se convirtió a la Iglesia ortodoxa. Al principio, el su estado dependía de los griegos, pero más tarde se liberó de esta dependencia y se constituyó en plenamente autónomo. Al consolidar el estado y la fe ortodoxa en este, siguiendo el ejemplo de su hijo Sava, Esteban fue tonsurado como monje en el monasterio de Studénitsa en 1195, recibiendo el nombre de Simeón. Su esposa Ana también se retiró a un monasterio, donde recibió la tonsura monástica con el nombre de Anastasia. Después de dos años como monje en Studénitsa, Simeón se dirigió a la Santa Montaña [de Atos]. Allí se estableció junto a su hijo Sava en el Monasterio de Vatopedi. Padre e hijo pasaban sus días y sus noches en oración. Allí construyeron seis capillas dedicadas al Salvador, los santos Anárgiros, san Jorge, san Teodoro, el Precursor, y san Nicolás. Compraron además las ruinas de Hilandar y construyeron un hermoso monasterio, en el cual Simeón vivió sólo ocho meses antes de su muerte. Cuando estaba en su lecho de muerte, Sava, de acuerdo con los deseos de su padre, lo colocó sobre una simple estera. Con sus ojos fijos en el ícono de la Madre de Dios con el Salvador, el bienaventurado anciano dijo estas palabras: «¡Todo lo que respira alabe al Señor!» (cfr. Salmo 150:6), y se fue a morar con en Señor el 13 de febrero de 1200.
17 de febrero/2 de marzo: San Teodoro el Recluta
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Tan pronto como Teodoro se enlistó en el regimiento marmarita del ejército en la ciudad de Amasea, se desató una persecución de cristianos bajo los emperadores Maximiano y Maximinio. Como Teodoro no trató de esconder que era cristiano, fue llevado a juicio y encarcelado en una celda que fue asegurada y sellada. El malvado juez trató de matarlo por inanición, pero el Señor Jesucristo mismo se le apareció a Teodoro en la cárcel, y dio aliento a su mártir con estas palabras: «No temas, Teodoro; contigo estoy. No tomes más comida y bebida terrenales, pues estarás en la otra vida, eterna y sin final, conmigo en el cielo». Entonces una multitud de ángeles apareció en la cárcel, y se iluminó todo aquel lugar. Los guardias en turno vieron los ángeles vestidos de blanco y se aterrorizaron. Entonces sacaron a san Teodoro para torturarle y condenarle a muerte. Teodoro fue arrojado al fuego, entregando su alma al Dios Altísimo. Sufrió en el año 306 d. C.
19 de febrero/4 de marzo: Santos apóstoles Arquipo, Filemón y Apia
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Arquipo era uno de los Setenta (cfr. San Lucas 10:1-20). El Apóstol Pablo lo menciona en sus epístolas a los Colosenses (cfr. 4:17) y a Filemón, en la cual le llama su compañero de milicia (cfr. v. 2). La casa de Filemón era el centro del cristianismo en Colosas; allí los cristianos ser reunían para orar. Escribiendo a Filemón, el Apóstol Pablo la llama «la iglesia que está en tu casa» (cfr. Filemón v. 2). En aquel tiempo, los apóstoles ordenaban a sus discípulos como obispos, unos a sedes permanentes y otros como misioneros para viajar a diferentes lugares. Filemón era uno de estos últimos. Apia, la esposa de Filemón, permaneció [en Colosas] para recibir y servir a la «iglesia en su casa». Sucedió que durante un festival de la diosa Artemis, todos los fieles en Colosas estaban reunidos orando en casa de Filemón, según era su constumbre. Enterándose de esto, los paganos se apresuraron a capturar a todos los cristianos. Azotaron a Filemón, Apia y Arquipo como los líderes; y luego los enterraron hasta la cintura y los apedrearon. Así murieron Filemón y Apia, pero a Arquipo lo sacaron casi muerto y lo dejaron para que los niños se divirtieran. Estos lo hirieron con cuchillos por todos lados, y así este «compañero de milicia» de Pablo terminó bien su camino terrenal.
20 de febrero/5 de marzo: San León, obispo de Catania
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
San León vivía en el pueblo de Catania, al pie del volcán Monte Etna, como buen pastor y maestro compasivo del pueblo. Se preocupaba grandemente por los enfermos y los pobres. Su celo por la fe era tan grande como su compasión por los necesitados. Cierto día apareció en Catania un mago llamado Heliodoro, que engañó al pueblo con varias ilusiones y desmoralizó mucho la juventud. Este entró una vez a la iglesia durante los Servicios Divinos, y comenzó a hacer sus trucos. San León se le acercó, lo ató a un extremo de su omoforio [palio] y lo llevó al mercado de la ciudad. Allí, León ordenó que se encendiese un gran fuego, y cuando este ya ardía, se paró en medio del fuego y haló a Heliodoro a las llamas. Heliodoro fue consumido por completo, pero León quedó vivo e ileso. Todos los que fueron engañados por Heliodoro, y que lo consideraban como un ser divino, fueron avergonzados. El compasivo y celoso León se hizo famoso a través del reino entero como un gran taumaturgo que ayudaba al pueblo con sus radiantes milagros. Cuando León terminó su curso terrenal, tomó habitación con el Señor, y de sus reliquias fluyó mirra sanadora. Murió en el siglo VIII d. C.
25 de febrero/10 de marzo: San Tarasio, patriarca de Constantinopla
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Su predecesor, el patriarca Pablo, abandonó secretamente el trono, entró a un monasterio y recibió el gran hábito. Irene y Constantino reinaban en aquel tiempo. Por consejo de Pablo, Tarasio, un senador y consejero real, fue elegido Patriarca en el año 783 d. C. Pasó rápidamente por todas las órdenes eclesiásticas y llegó a ser patriarca. Un hombre de gran erudición y gran celo en la fe ortodoxa, Tarasio aceptó que este rango reaciamente para ayudar a la Ortodoxia en la lucha contra las herejías, especialmente contra el iconoclasmo. Durante su patriarcado fue convocado el Séptimo Concilio Ecuménico [Nicea, 787 d. C.], en el cual fue condenado el iconoclasmo, y la veneración de iconos santos confirmada y restaurada. Tarasio era muy compasivo con los huérfanos y los pobres, construyendo refugios para ellos y alimentándolos; con los poderosos, Tarasio era decisivo en su defensa de la fe y la moral. Cuando el emperador Constantino desterró Maria, su esposa lícita, y tomó a una pariente para vivir con ella, buscando la bendición del patriarca para casarse, Tarasio no sólo le negó la bendición, sino que primero lo aconsejó, después lo reprochó, y finalmente lo excomulgó. Antes su muerte, muchos vieron cómo Tarasio contestaba a los demonios que lo acusaban, diciendo: «¡Yo no soy culpable de este pecado! ¡No soy culpable tampoco de este!». Cuando su la lengua debilitada podía no ya hablar, entonces comenzó a defenderse con sus manos, ahuyentando a los demonios. Cuándo expiró, su cara resplandeció como el sol. Este gran jerarca murió en el año 806 d. C. Gobernó la Iglesia por veintidós años y cuatro meses.
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