
1/14 de septiembre: El Comienzo del Año Eclesiástico
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
El Primer Concilio Ecuménico decretó que el año eclesiástico debe comenzar el 1ro de septiembre. El mes de septiembre era para los judíos el comienzo del año civil (cfr. Éxodo 12:2), el mes de recoger la cosecha y de traer a Dios sacrificios de acción de gracias. Fue durante esta fiesta que el Señor Jesús entró en la sinagoga de Nazaret, y abriendo el rollo del Profeta Isaías, leyó: «El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para llevar la buena nueva a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor» (San Lucas 4:16-21; cfr. Isaías 61:1-2). Este mes de septiembre también es notable en la historia del cristianismo ya que fue en él que Constantino el Grande venció a Majencio, el enemigo de la fe cristiana, victoria que fue seguida por la concesión de libertad para confesar la fe cristiana a través del Imperio Romano. Por mucho tiempo, el año civil se calculaba del mismo modo que el año eclesiástico en el mundo cristiano, pero fue luego cambiado del 1ro de septiembre al 1ro de enero, primero en Europa occidental, y luego también en Rusia en tiempos de Pedro el Grande.
1/14 de septiembre: San Simeón el Estilita
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Nacido en Siria de padres campesinos, huyo de ellos a la edad de dieciocho años y se hizo monje. Se entregó al más estricto ascetismo, a veces ayunando por cuarenta días. Después de esto, practicó una ascesis particular hasta entonces desconocida: estar de pie día y noche sobre un pilar en oración incesante. Este pilar era de 10 pies [3 metros] de alto al principio; entonces se le construyó uno de 20 [6 metros], luego de 36 [11 metros], de 60 [18 metros], y finalmente de 66 [20 metros]. Su madre Marta vino a verlo dos veces, mas él no quiso recibirla, diciéndole desde su pilar: «No me perturbes ahora, querida madre, si es que vamos a ser dignos de encontrarnos en el siglo venidero». San Simeón sufrió innumerables ataques de demonios, venciéndolos todos mediante la oración. Obró grandes milagros, sanando a los enfermos mediante sus oraciones y sus palabras. Gente de todas partes se congregaban alrededor de su pilar: ricos y pobres, reyes y esclavos. Él los ayudaba a todos, restaurando la salud física a unos, dando consuelo e instrucción a otros, y denunciando a algunos por su fe herética. Fue así que la emperatriz Eudocia regresó a la Ortodoxia, abandonando la herejía de Eutiques. Simeón vivió en ascetismo durante los reinados de Teodosio el Joven, Marciano y León el Grande. Este primer estilita cristiano y gran obrador de milagros vivió setenta años, y entró en su descanso en el Señor el 1º de septiembre del 459 d. C. Sus reliquias fueron llevadas a Antioquía, a la iglesia que le fue dedicada.
2/15 de septiembre: San Juan el Ayunante
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
San Juan también es conmemorado el 30 de agosto. Era originalmente un orfebre; luego, por la providencia de Dios y por sus grandes virtudes, fue ordenado sacerdote. Siendo aún joven, san Juan estaba caminando junto a un viejo monje de Palestina, Eusebio. De repente, una voz vino a Eusebio desde un lugar invisible, diciendo: «¡Padre, no camine a la derecha del gran Juan!». La voz de Dios estaba prediciendo el alto servicio al que Juan pronto sería llamado. Después de la muerte del bienaventurado Eutiquio, Juan fue elegido patriarca de Constantinopla. Él estaba muy reacio a aceptar, pero maravillado por una visión celestial dio su consentimiento. Fue un gran ayunante, un hombre de oración y un obrador de milagros hasta el momento mismo de su muerte, entrando a su descanso en el 595 d. C.
3/16 de septiembre: San Joanicio, arzobispo y primer patriarca de Serbia
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Nacido en Prizren, sirvió primero como secretario del Rey Dušan. Se convirtió en Arzobispo en 1339, y en 1346 fue elevado al rango de Patriarca. Fue un pastor celoso, y trajo el oden a la Iglesia de Serbia, siendo «un gran defensor de las leyes de la Iglesia». Entró a su descanso el 3 de septiembre de 1349, y sus reliquas son atesoradas en Peć.
4/17 de septiembre: Hieromártir Bábilas de Antioquía
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Este «hombre grande y maravilloso, si puede llamársele hombre», como dijo de él san Juan Crisóstomo, fue obispo de Antioquía durante el reino del malvado emperador Numeriano. Este Numeriano hizo un tratado de paz con un rey bárbaro, el cual era más noble y amante de la paz que él. Como muestra de su sincero deseo por una paz duradera, el rey bárbaro envió a su joven hijo a ser criado y educado en la corte de Numeriano. Mas un día, Numeriano apuñaló a este inocente muchacho con sus propias manos, y lo ofreció como sacrificio a los ídolos. Todavía exaltado por su vil derramamiento de sangre inocente, este criminal con corona de emperador fue a una iglesia cristiana para ver qué hacían allí. San Bábilas estaba orando con el pueblo, y escuchó que el Emperador había venido con su séquito y que deseaba entrar a la iglesia. Bábilas interrumpió el servicio, y saliendo de la iglesia, dijo al Emperador que como era un idólatra, no podía entrar al santo templo donde el único Dios verdadero era adorado. En una homilía sobre Bábilas, san Juan Crisóstomo dijo: «¿A qué otra persona en el mundo temería aquel que, con tal autoridad, enfrentó al Emperador? De este modo enseñó a los reyes a no sobrepasar la medida de poder que Dios les dio, y también demostró al clero cómo usar su propia autoridad». Avergonzado, el Emperador dio marcha atrás, pero planeó su venganza. Al día siguiente hizo llamar a Bábilas, e increpándolo, le instaba a ofrecer sacrificio a los ídolos. Por supuesto, el santo rechazó firmemente hacer esto. Entonces el Emperador ordenó que lo encadenaran y lo arrojó en la cárcel. El Emperador también torturó a tres niños: Urbano, de doce años; Prilidiano, de nueve; e Hipolino, de siete. Bábilas era su padre espiritual y maestro, y por amor a él no habían huido. Eran hijos de Cristodula, una honorable mujer cristiana que también sufrió por Cristo. El Emperador ordenó primero que diesen a cada niño tantos golpes cuantos tenía años, y entonces los arrojó en la cárcel. Finalmente ordenó que los tres fuesen degollados con espada. Aunque encadenado, Bábilas estuvo presente en la degollación de los niños y les dio aliento; después de esto, puso su propia honorable cabeza bajo la espada. Los cristianos lo enterraron con sus cadenas en el mismo sepulcro que esos tres maravillosos niños, tal como él lo había pedido antes de su martirio. Sus santas almas volaron a su habitación divina, mientras que sus reliquias, que obran milagros, permanecieron como testigos constantes de su conducta heroica en la fe para beneficio de los fieles. Sufrieron alrededor del año 250 d. C.
5/18 de septiembre: Venerable Atanasio de Brest
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Vivió en ascetismo en Vilna, y fue más tarde abad de un monasterio en Brest. Por su constancia en la fe ortodoxa, fue degollado por los católicos el 5 de septiembre de 1648. Sus reliquias, que obran milagros, son atesoradas en Brest.
6/19 de septiembre: Conmemoración del milagro del santo arcángel Miguel
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Había en Frigia un lugar llamado Χωναι (Jóne; esto es, hendidura), no lejos de Hierápolis, y en aquel lugar un milagroso manantial de aguas. Cuando el Apóstol Juan el Teólogo predicaba el Evangelio en Hierápolis junto a Felipe, viendo este lugar, profetizó que un manantial de aguas sanadoras brotaría del mismo, en el cual muchos serían sanados, y que el gran arcángel de Dios Miguel visitaría aquel lugar. Esta profecía se cumplió pronto: allí brotó un manantial de aguas que se hizo famoso en todo lugar por su poder milagroso. Un pagano de Laodicea tenía una hija muda, lo cual le hacía sufrir mucho; pero el arcángel Miguel se le apareció en sueños, urgiéndole a que llevase a su hija a este manantial para que fuese sanada. El padre obedeció al punto, y llevando a su hija, encontró allí a muchas personas que habían venido buscando ser liberados de varias enfermedades. Todos estos eran cristianos. El varón preguntó como debía pedir sanidad, y los cristianos le dijeron: «En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, debes rogar al arcángel Miguel». El padre así hizo su petición, y al bajar a su hija al agua, la niña comenzó a hablar. Entonces este pagano fue bautizado junto a su hija y a toda su casa, y construyó una iglesia al arcángel Miguel sobre el manantial.
Más tarde, un joven llamado Arquipo se estableció allí. Los paganos le causaban muchos males, pues no querían que tal poder se manifestase en un lugar cristiano, ni que mucha gente fuese atraída al mismo. En su pervesidad, alteraron el curso de un río cercano para que inundase la iglesia y el manantial; pero por las oraciones de Arquipo, el arcángel Miguel apareció y abrió una hendidura en la roca al pie de la iglesia para que por allí se hundiera la inundación del río. Así fue salvado aquel lugar, y desde entonces se le llamó Χωναι (Jóne; esto es, hendidura), por haberse hundido el río por la hendidura. San Arquipo vivió allí en ascetismo hasta los setenta años, y entro en paz a su descanso en el Señor.
8/21 de septiembre: La Natividad de la Santísima Madre de Dios
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
La santa Virgen María nació de padres ancianos, Joaquín y Ana. Su padre era de la tribu de David y su madre de la tribu de Aarón, así que era de sangre real por parte de padre y de sangre sacerdotal por parte de madre. De este modo prefiguró a aquel que nacería de ella como Rey y Sumo Sacerdote. Sus padres eran ya ancianos y no tenían hijos, y por esto tenían vergüenza ante los hombres y humildad ante Dios. En su humildad, rogaban con lágrimas que Dios trajese gozo a su ancianidad con el don de un hijo, como antes había dado gozo a los ancianos Abraham y Sara, dándoles a su hijo Isaac. El Dios omnipotente y omnisciente les dio un gozo más allá de sus expectativas y sus sueños, pues les dio no sólo una hija, sino la Madre de Dios; los iluminó con gozo no sólo temporal, sino eterno. Dios les dio una sóla hija y un sólo nieto—¡pero qué hija, y qué nieto! María, llena de gracia, bendita entre las mujeres, templo del Espíritu Santo, altar del Dios vivo, mesa del pan vivo, arca del Santo de Dios, árbol del más delicioso fruto, gloria de la raza humana, alabanza de la mujer, fuente de virginidad y pureza—esta fue la hija dada por Dios a Joaquín y Ana. Nacida en Nazaret, fue llevada al Templo de Jerusalén a los tres años, de donde regresó a Nazaret, oyendo al poco tiempo el anuncio del Arcángel Gabriel acerca de nacimiento del Hijo de Dios, el Salvador del mundo, de su vientre puro y virginal.
9/22 de septiembre: Conmemoración del Tercer Concilio Ecuménico
Este Concilio se reunió en Éfeso en el año 431 d. C., en tiempos del emperador Teodosio el Joven. Doscientos padres asistieron al mismo. El Concilio condenó a Nestorio, el patriarca de Constantinopla, por su doctrina herética sobre la Santísima Virgen María y sobre el nacimiento del Señor. Nestorio se negaba referirse a la Santa Virgen como Madre de Dios, sino que la llamaba sólo Madre de Cristo. Los santos padres, al condenar la herejía de Nestorio, confirmaron que la Santa Virgen debe ser llamada Madre de Dios. Además de esto, se confirmaron las decisiones de los dos primeros Concilios Ecuménicos, especialmente el Credo Niceno-Constantinopolitano, y se ordenó que nadie podía añadir o quitar nada de este Credo.
11/24 de septiembre: Venerable Teodora de Alejandría
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Teodora era la esposa de un joven en Alejandría. Aconsejada por una adivinadora, cometió adulterio con otro hombre. Su conciencia comenzó a acusarla de inmediato, y cortando su cabello se vistió de hombre, marchándose al Monasterio de Octodecatos con el nombre Teodoro. Sus labores [ascéticas], ayunos, vigilias, mansedumbre y arrepentimiento sazonado con lágrimas eran una fuente de asombro para todos los hermanos. Difamada por una prostituta que decía que Teodora había yacido con ella, no reveló la verdad, considerando esto como un castigo de Dios por su antiguo pecado. Expulsada del monasterio, pasó siete años vagando por bosques y desiertos, cuidando del hijo de la prostituta. Venció todos los ataques del enemigo, rehusándose a adorar a Satanás, a tomar comida de la mano de un soldado, y a hacer caso de la petición de su esposo de que regresara— pues todas estas eran visiones malignas, y cuando Teodora hacía la señal de la Cruz, todo se desvanecía como humo. Después de siete años, el abad del monasterio la recibió de nuevo, y ella vivió allí en ascetismo dos años más y entonces entró a su descanso en el Señor. Sólo entonces se enteraron los monjes de que era una mujer; un ángel se apareció al abad y le explicó todo. Su esposo asistió al funeral, y permaneció hasta su muerte en la celda de su antigua esposa. Santa Teodora recibió grandes gracias de Dios: hacía mansas a las bestias salvajes, sanaba enfermedades, e hizo brotar agua en un pozo seco. Así Dios glorificó a esta verdadera penitente que, con heroica perseverancia, pasó nueve años arrepintiéndose de un sólo pecado. Entró a su descanso en el 490 d. C.
13/26 de septiembre: Consagración de la Basílica de la Resurrección de Cristo
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Tras hallar la Cruz del Señor en Jerusalén, la santa emperatriz Elena permaneció algún tiempo en la ciudad construyendo iglesias en Getsemaní, Belén, el Monte de los Olivos, y otros lugares para conmemorar la vida y obra del Señor Jesucristo. Comenzó a construir una enorme iglesia en el Gólgota, donde había hallado la preciosa Cruz, en la cual estarían tanto el lugar donde el Señor fue crucificado como el lugar donde fue enterrado, pues la Emperatriz quería reunir bajo un sólo techo los lugares de su pasión y su gloria. Elena, empero, partió a estar con el Señor antes de que esta magnífica iglesia fuese completada. Su contrucción terminó en el trigésimo aniversario de la ascensión de Constantino al trono, por lo cual la consagración de la Iglesia y el jubileo del emperador fueron ambos fijados para el mismo día, el 13 de septiembre de 335. En aquellos días, un concilio de obispos estaba reunido en Tiro; estos obispos, junto a muchos otros, llegaron a Jerusalén para la solemne consagración de la Iglesia de la Resurrección del Señor. Entonces se estableció que este día fuese celebrado anulamente como un día de victoria y triunfo para la Iglesia de Cristo.
14/27 de septiembre: La Exaltación de la Preciosa y Vificante Cruz
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
En este día se conmemoran dos eventos relacionados a la preciosa Cruz de Cristo: el primero, el hallazgo de la Cruz en el Gólgota, y el segundo, el regreso de la Cruz a Jerusalén desde Persia.
Mientras visitaba la Tierra Santa, la santa emperatriz Elena decidió buscar la preciosa Cruz del Señor. Un anciano judío llamado Judá era la única persona que conocía el paradero de la Cruz. Presionado por la Emperatriz, este reveló que la Cruz estaba enterrada debajo del Templo de Venus que el emperador Adriano había construido en el Gólgota. La Emperatriz ordenó que este templo idólatra fuese derribado, y excavando entonces debajo del mismo, halló allí tres cruces. No sabiendo la Emperatriz como reconocer cual era la Cruz del Señor, sucedió que una procesión funebre pasó por allí. Entonces el patriarca Macario dijo que colocasen cada una de la cruces sobre el difunto. Al colocar sobre él la primera y la segunda cruz, el difunto permaneció igual; mas cuando colocaron sobre él la tercera, el hombre volvió a la vida. Así supieron que esta era la preciosa y vivificante Cruz de Cristo. Después de esto, la colocaron sobre una mujer enferma y esta fue sanada. Entonces el Patriarca levantó la Cruz en alto para que todos la vieran, y el pueblo cantó entre lágrimas: «¡Señor, ten piedad!». La Emperatriz Elena mandó a hacer un relicario de plata, en el cual colocó la preciosa Cruz.
Más tarde, el rey Cozroes conquistó a Jerusalén, esclavizó al pueblo, y se llevó la Cruz del Señor a Persia, donde permaneció por catorce años. En el 628 d. C., el emperador griego Heráclito venció a Cozroes y trajo la Cruz de regreso a Jerusalén con gran solemnidad. Al entrar a la ciudad, Heráclito llevaba la cruz sobre sus espaldas; pero de pronto el anciano Emperador ya no pudo dar otro paso adelante. El patriarca Zacarías vio a un ángel indicándole al Emperador que se quitase sus vestimentas imperiales y que cargase con la Cruz por el camino que Cristo había seguido, descalzo y humillado como él lo había hecho. El Patriarca relató esta visión al Emperador, quien despojándose sus vestimentas, tomó la Cruz con pobres vestidos y descalzo, y la llevó al Gólgota, colocándola en la Iglesia de la Resurrección, para el gozo y consuelo de todo el mundo cristiano.
14/27 de septiembre: Un sermón en la fiesta de la Exaltación de la Cruz
Tomado de un sermón de san Juan de Shanghai y San Francisco
Antes del tiempo de Cristo, la cruz era un instrumento de castigo que provocaba temor y aversión; pero después de la muerte de Cristo en la Cruz se convirtió en el instrumento de nuestra salvación. Por la Cruz Cristo destruyó al diablo; desde la Cruz Él descendió al hades, y librando a los que allí languidecían, los llevó al Reino de los Cielos. La señal de la Cruz aterroriza a demonios, y como señal de Cristo es honorada por los cristianos.
La Iglesia Ortodoxa celebra solemnemente el hallazgo de la Cruz del Salvador. En este y otros días dedicados a la Santa Cruz, pedimos a Dios que conceda Su misericordia no sólo a personas individuales, sino también a toda la cristiandad, a la Iglesia entera. Esto es bien expresado por el tropario a la Cruz del Señor, compuesto en el siglo VIII por San Cosme de Maiuma (amigo de San Juan Damasceno), quien escribió el servicio de la Exaltación de la Cruz del Señor.
«Señor, salva a tu pueblo y bendice tu heredad, concediendo victorias a los piadosos sobre sus adversarios, y guardando mediante tu Cruz a tu comunidad» (Tropario de la Fiesta).
El comienzo de esta oración se toma del Salmo 27. En el Antiguo Testamento, la palabra «pueblo» designaba sólo a los que confesaban la fe verdadera, el pueblo fiel a Dios. La «heredad» se refería a todo lo que pertenece a Dios, la propiedad de Dios, que en el Nuevo Testamento es la Iglesia de Cristo. Al orar por la salvación del pueblo de Dios de tormentos eternos y de calamidades terrenales, imploramos al Señor que bendiga, que envíe gracia y Sus buenos dones sobre la Iglesia entera, y que la fortalezca interiormente.
La petición por «victoria para los piadosos» está basada en el Salmo 143, versículo 10, y recuerda las victorias que el Rey David logró por el poder de Dios. La Iglesia, interiormente fortalecida por la gracia de Dios y protegida exteriormente, es para los cristianos ortodoxos «la ciudad de Dios», la comunidad de Dios, su pueblo, donde el camino a la Jerusalén celestial tiene su principio. Varias calamidades han sacudido al mundo, pueblos enteros han desaparecido, ciudades y estados han perecido; pero la Iglesia, a pesar de persecuciones e incluso de conflictos internos, permanece invencible, pues «las puertas del infierno no prevalecerán contra ella» (cfr. San Mateo 16:18).
Hoy, cuándo los líderes de mundo tratan en vano establecer la orden en la tierra, el único instrumento de paz confiable es aquel del que canta la Iglesia:
«La Cruz es el guardián del mundo entero; la Cruz es la belleza de la Iglesia, la Cruz es el poder de los reyes; la Cruz es la confirmación de los fieles, la Cruz es la gloria de ángeles y la herida de los demonios» (Exapostilario de la Exaltación de la Cruz).
16/29 de septiembre: Gran-mártir Eufemia
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Nacida en Calcedonia, era hija del senador Filófrono y Teodorisia, ambos piadosos cristianos. Eufemia era una joven hermosa en cuerpo y alma. Cuando el proconsul Prisco celebró celebró un festival de sacrificio a Ares en Calcedonia, cuarenta y nueve cristianos, entre los que estaba santa Eufemia, se ausentaron de las festividades y se escondieron. Sin embargo, fueron descubiertos y traídos ante Prisco. Cuando el airado Prisco les preguntó por qué no habían obedecido el mandato imperial, contestaron: «Tanto los mandatos del Emperador como los tuyos sólo deben ser obedecidos si no son contrarios al Dios del cielo. Si los son, no sólo no deben obedecerse, sino que deben ser resistidos». Entonces Prisco los sometió a varias torturas diariamente por diez y nueve días. En el doceavo día, separó a Eufemia del resto y comenzó a elogiar su belleza, esperando traerla así a la idolatría. Cuando todos sus halagos probaron ser inútiles, ordenó que Eufemia fuese torturada. Primero fue colocada sobre una rueda, pero un ángel de Dios apareció y la rompió. Entonces Prisco la arrojó en un horno ardiente, mas Eufemia fue preservada por el poder de Dios. Viendo esto, dos soldados llamados Víctor y Sóstenes creyeron en Cristo, por lo cual fueron arrojados a las bestias salvajes, terminando así su camino terrenal con gloria. Después de esto, Eufemia fue arrojada en una fosa llena de agua y toda clase de reptiles venenosos; más ella hizo la señal de la Cruz sobre el agua mientras caía en la fosa y quedó ilesa. Fue arrojada finalmente a las bestias salvajes, y con una oración de acción de gracias encomendó su alma en manos de Dios. Sus padres enterraron su cuerpo. Sufrió en el año 303 d. C., y entró al gozo eterno. (Santa Eufemia también es conmemorada el 11 de julio).
17/30 de septiembre: Las santas mártires Fe, Esperanza y Caridad, y su madre Sofía
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Vivieron y sufrieron en Roma en tiempos del emperador Adriano. La sabia Sofía (como su nombre, que significa «sabiduría») quedó viuda, y siendo cristiana, se empapó a sí misma y a sus hijas en la fe cristiana. Cuando la mano perseguidora de Adriano llegó a la casa de Sofía, Fe tenía doce años, Esperanza diez, y Caridad nueve. Las cuatro fueron traídas ante el Emperador, con sus brazos entrelazados como «una corona tejida», confesando su fe en Cristo el Señor, humilde pero firmemente, y rehusándose a ofrecer sacrificio a la diosa Ártemis. En el momento de su pasión, la madre urgió a sus valientes hijas a perseverar hasta el fin: «Su Amante celestial, Jesucristo, es salud eterna, belleza inefable, y vida eterna. Cuando vuestros cuerpos sean inmolados por la tortura, él os vestirá de incorrupción y las heridas de vuestros cuerpos brillarán en el cielo como las estrellas». Los verdugos infligieron crueles torturas sobre Fe, Esperanza y Caridad una por una. Las golpearon, las apuñalaron, y las arrojaron al fuego y en brea ardiente, degollando finalmente a una después de la otra. Sofía tomó los cuerpos muertos de sus hijas a las afueras de la ciudad y los enterró, permaneciendo en oración junto al sepulcro tres días con sus noches. Entonces entregó su alma a Dios, apresurándose a la compañía celestial en donde la esperaban las bienaventuradas almas de sus hijas.
18 de septiembre/1 de octubre: Venerable Eumenio el Taumaturgo
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Eumenio siguió a Cristo de todo corazón desde su juventud, librándose de dos pesadas cargas: la carga de las riquezas, y la carga de la carne. Se libró de la primera distribuyendo todos sus bienes a los pobres y los necesitados, y de la segunda mediante el ayuno estricto. De esta manera primero se sanó a sí mismo, y luego comenzó a sanar otros. Despasionado y lleno de la gracia del Espíritu Santo, Eumenio brillaba con una luz que no podía ocultarse. Como está escrito: «Una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder» (cfr. San Mateo 5:14), así tampoco san Eumenio se pudo ocultar del mundo. Viendo su bondad, el pueblo lo eligió como obispo de Gortina, y Eumenio gobernó al rebaño de Cristo como buen pastor. Fue padre de los pobres, riqueza de los necesitados, consolación de los afligidos, sanidad de los enfermos, y un maravilloso obrador de milagros. Y en efecto, obró muchos milagros por sus oraciones: sometió una serpiente venenosa, echó fuera demonios, y sanó a muchos enfermos—e hizo esto no solo en su propia ciudad, sino también en Roma y en la Tebaida. En un tiempo de sequía en la Tebaida, Eumenio obtuvo lluvia de Dios por sus oraciones. Allí en el Tebaida terminó su vida terrenal, y tomó habitación en la morada eterna de su Señor. Vivió y laboró en el siglo VII d. C.
20 de septiembre/3 de octubre: Gran mártir Eustacio
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Eustacio era un gran líder militar en tiempos de los emperadores Tito y Trajano. Aunque era pagano, Plácido (pues este era su nombre pagano) era un varón justo y misericordioso, tal como el centurión Cornelio, que fue bautizado por el apóstol Pedro (cfr. Hechos 10). Yendo de caza un día, encontró un ciervo. Por la providencia de Dios, una brillante Cruz apareció entre la cornamenta del ciervo, y Plácido escucho la voz de Dios diciéndole que fuese a un sacerdote cristiano para ser bautizado. Plácido fue bautizado junto a su esposa y a sus dos hijos. En su bautismo recibió el nombre de Eustacio, su esposa el nombre de Teopista, y sus hijos los nombres de Agapio y Teopisto. Después de su bautismo, regresó al lugar en el que ocurrió la revelación a través el ciervo, y dio gracias a Dios de rodillas por haberlo traído a la verdad. Entonces escucho de nuevo la voz de Dios, anunciándole que habría de sufrir por su nombre, y fortaleciéndole. Entonces Eustacio dejó Roma secretamente junto a su familia con la intención de esconderse entre gente sencilla, y de servir a Dios humildemente como desconocidos. Al llegar a Egipto fue inmediatamente asaltado por pruebas: un malvado bárbaro raptó a su esposa, y sus dos hijos fueron atrapados por bestias salvajes. Mas el bárbaro pronto llegó a un mal fin, y un pastor salvó a los muchachos de las bestias salvajes. Eustacio se estableció en el pueblo egipcio de Vadisis, viviendo allí como un trabajador a sueldo por quince años. Después de esto, los bárbaros cayeron sobre el Imperio romano, y el emperador Trajano se lamentaba de que no estuviese junto a él su valiente comandante Plácido, que había sido victorioso doquiera que había luchado. El Emperador envió a dos de sus oficiales a buscar al gran general a través del Imperio. Por la providencia de Dios, estos oficiales (que habían sido amigos de Eustacio) llegaron a este pueblo de Vadisis, y hallándole, lo llevaron ante el Emperador. Eustacio congregó a todo el ejército y venció a los bárbaros. Yendo de regreso a Roma, Eustacio buscó a su esposa e hijos. Al llegar a Roma, el emperador Trajano había muerto y emperador Adriano estaba ya en el trono. Cuando Adriano ordenó que Eustacio sacrificase ante los ídolos, Eustacio le dijo que era cristiano. El Emperador lo entregó a la tortura junto a su esposa y sus hijos. Cuando las bestias salvajes no le hicieron daño alguno, los arrojó a un buey de metal calentado al rojo vivo. Sacaron sus cuerpos al tercer día, muertos, pero intactos por el fuego. Así este glorioso general dio a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios (cfr. San Mateo 22:21), entrando al Reino eterno de Cristo nuestro Dios.
22 de septiembre/5 de octubre: Hieromártir Focas de Sínope
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Focas se ejercitó desde su juventud en todas las virtudes cristianas. Como obispo en su lugar natal, la ciudad de Sínope a orillas del Mar Negro, fortaleció a los piadosos en su fe mediante su palabra y ejemplo divinos, y trajo muchos idólatras a la verdadera fe. Los paganos, con corazones de piedra, estaban llenos de ira contra san Focas, y el Señor le reveló en una visión su muerte por martirio. Focas vio una paloma radiante bajar del cielo, llevando en su pico una bella corona de flores. La paloma puso la corona en la cabeza de Focas, mientras se oía una voz decir: «¡Mi copa está llena, y es para que tú la bebas!». A través de esta visión, el hombre de Dios supo que iba sufrir por Cristo muy pronto. No se atemorizó, sino que dando gracias a Dios se preparó para la tortura. Poco después, el gobernador Africano arrestó a Focas para interrogarle, y le infligió crueles torturas: su cuerpo entero fue golpeado hasta que se cubrió de moretones y heridas, y, tras ser encarcelado, fue arrojado en agua hirviendo. Allí terminó su curso terrenal este valiente soldado de Cristo, y entró al gozo de su Señor. Sufrió en tiempos del emperador Trajano (98-117 d. C.).
22 de septiembre/5 de octubre: San Pedro el Misericordioso
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
En los días del emperador Justiniano (siglo VI d. C.), el principal cobrador de impuestos en África era un cierto Pedro, varón muy rico que era también muy cruel e inmisericorde. Una vez, los mendigos se quejaban entre ellos de que ninguno había recibido jamás alguna limosna de Pedro. Entonces uno de ellos apostó que podía lograr que Pedro le diera una limosna. Fue entonces a donde este hombre de pétreo corazón, y le importunó hasta que, en un momento de furia, Pedro le tiró un pedazo de pan que tenía consigo. El mendigo agarró gozoso el pedazo de pan y huyó. Inmediatamente después de esto, Pedro enfermó de un mal repentino y peligroso, y tuvo la siguiente visión: se vio a sí mismo pesado por un demonio en el otro mundo. En una de las escalas, los demonios amontonaban los pecados de Pedro, mientras que en la otra estaban los ángeles, lamentándose de que no había ni una sola buena obra en la vida de Pedro que se pudiese colocar en la escala vacía. Uno de los ángeles dijo: «No tenemos nada en absoluto que podamos colocar, excepto aquel pedazo de pan que arrojó al mendigo hace unos días». El ángel rápidamente colocó el pedazo de pan en la escala vacía, y este igualó el peso de la otra escala, que contenía todos los pecados de Pedro. Cuando la visión hubo terminado, Pedro dijo dentro de sí: «Ciertamente esto no fue una alucinación, pues vi todos los pecados que he cometido desde mi juventud. Si un solo pedazo de pan pudo serme de tal ayuda, un pedazo de pan que incluso arroje a un mendigo, ¿cuánta mas ayuda obtendré de obras de misericordia, hechas con el corazón y con humildad?». Y desde ese momento, Pedro se convirtió en el hombre más misericordioso de su pueblo. Dio todos sus bienes a los pobres, y cuando se hubo despojado de todo, se vendió a sí mismo como esclavo por treinta piezas de plata, y dio este dinero a los pobres como limosna en el nombre de Cristo. Así llegó a ser conocido como Pedro el Misericordioso.
23 de septiembre/6 de octubre: La concepción de san Juan Bautista
En este día se celebran la misericordia de Dios, sus admirables obras y su sabiduría: su misericordia hacia los piadosos y justos padres de san Juan, los ancianos Zacarías e Isabel, quienes durante toda su vida habían rogado a Dios por un hijo; la maravilla de la concepción de Juan en el muy envejecido vientre de Isabel; y la sabiduría del plan de salvación para la humanidad. Dios tenía para Juan un plan especialmente grande: que fuera el Profeta y Precursor de Cristo el Señor, el Salvador del mundo. En varias ocasiones, Dios ha revelado mediante sus ángeles el nacimiento de aquellos para quienes tenía un plan especial: el de Isaac a la infecunda Sara [cfr. Génesis 18:1-15; 21:1-7], el de Sansón al infecundo Manoa y a su esposa [cfr. Jueces 13], y el de Juan el Bautista a los infecundos Zacarías e Isabel [cfr. San Lucas 1:5-25, 57-80]. ¿Cómo pueden nacer hijos de padres ya ancianos? Si alguien tiene curiosidad por saber, que no pregunte a hombre pues el hombre no sabe, ni a la ley natural pues esto es muy superior a ella; sino vuelva su mirada al poder del Dios Omnipotente, quien hizo el universo de la nada y ni siquiera utilizó progenitores, jóvenes o viejos, para la creación de Adán. En vez de tener curiosidad, demos gracias a Dios por revelarnos tan frecuentemente su poder, misericordia y sabiduría más allá de la ley natural, que de otro modo nos encadenaría, pues sin estas singulares maravillas de Dios caeríamos en desesperación y nos olvidaríamos de él.
23 de septiembre/6 de octubre: Nuevo-mártir Juan de Konitsa
Nacido en un lugar llamado Konitsa, en Albania, era un musulmán de padres musulmanes. Viendo el poder de la fe cristiana en varios lugares y eventos, fue bautizado. Por esto fue arrestado y traído ante el juez turco. Torturado por su fe cristiana en Etolia, y degollado en 1814, clamó al momento de su muerte: «¡Recuérdame, Señor, en tu Reino!»
24 septiembre/7 de octubre: Protomártir Tecla de Iconio, Igual de los Apóstoles
Tecla nació en Icono de eminentes padres paganos. A los dieciocho años fue prometida en matrimonio a un joven, al mismo tiempo que el apóstol Pablo vino a Iconio con Bernabé a predicar el Evangelio (cfr. Hechos 14:1-7). Escuchando a Pablo por tres días y tres noches, Tecla se convirtió por completo a la fe cristiana e hizo voto de permanecer virgen. Su madre, viendo que despreciaba a su prometido y no pensaba ya en el matrimonio, primero intentó persuadirla, y luego la golpeaba y la hacía pasar hambre. Finalmente la entregó a los jueces y exigió, como madre perversa que era, que Tecla fuese quemada. El juez la arrojó a las llamas, mas Dios la preservó ilesa. Tecla entonces se convirtió en seguidora del apóstol Pablo, y fue con él a Antioquía. Un anciano de la ciudad, atraído por la belleza de Tecla, intentó tomarla por la fuerza; pero Tecla se escapó de su alcance. El anciano la denunció al gobernador como una cristiana que despreciaba el matrimonio. El gobernador la condenó a muerte y la arrojó a las bestias salvajes, pero los animales no osaban tocar el cuerpo de esta santa virgen. Asombrado, el gobernador perguntó: «¿Quién eres, y qué poder tienes, que nada te hace daño?» Tecla contestó: «Soy una sierva del Dios vivo». Entonces el gobernador la dejó libre, y ella se fue a predicar el Evangelio. Tuvo éxito en convertir a muchos a la verdadera fe, entre los que estaba la eminente y honorable viuda Trifena. Después de esto, con la bendición del apóstol Pablo, Tecla se retiró a un lugar solitario cerca de Seleucia. Vivió allí un largo tiempo en ascetismo, sanando a los enfermos con poder milagroso y de convirtiendo así a muchos al cristianismo. Los médicos y adivinos de Seleucia estaban celosos de ella y enviaron a unos jóvenes para que la atacaran, esperando que al perder su virginidad también perdiese su poder milagroso. Tecla huyó de estos jóvenes insolentes, y viendo que la alcanzarían, rogó a Dios por ayuda delante de una piedra, la cual se abrió para esconder a la santa doncella y esposa de Cristo. Esta roca fue su refugio y su tumba. San Juan Crisóstomo dice de esta maravillosa heroína cristiana y santa: «Me parece ver a esta bienaventurada virgen, ofreciendo a Cristo la virginidad en una mano, y el martirio en la otra».
25 de septiembre/8 de octubre: Venerable Eufrosine de Alejandría
Tomado del Prólogo de Ochrid, por san Nicolás Velimirović, y del Mesyatsoslov de la Iglesia Ortodoxa Rusa
Eufrosine era hija de Paunucio, un hombre rico y distinguido de Alejandría. Sus padres, que eran estériles, habían suplicado a Dios por el nacimiento de una criatura, y Eufrosine les fue dada. Estos piadosos padres criaron a su hija en la fe cristiana. No deseando casarse, la joven Eufrosine se escondió de su padre, y poniéndose ropa de hombre, se presentó ante el abad de un monasterio como si fuese un eunuco del emperador Teodosio, usando el nombre de Esmaragdo. El abad la recibió, y la puso bajo la guía del padre espiritual Agapito. Por la rigurosidad ascética de su ayuno y oración, Esmaragdo sobrepasó rápidamente a todos los monjes de aquel monasterio. Cuando hubo complido treinta y ocho años de estricto ascetismo, su padre Paunucio visitó el monasterio, y el abad lo dirigió a Esmaragdo para oración y consejo. Esmaragdo reconoció Paunucio, pero Paunucio no reconoció Esmaragdo. Cuando el padre confesó su pena por su hija perdida, Esmaragdo le dijo que no perdiera la esperanza, pues vería a su hija otra vez en esta vida, y le suplicó que regresara en tres días. Al regresar Paunucio, Esmaragdo estaba en su lecho de muerte. El monje moribundo dijo a Paunucio: «Yo soy tu hija Eufrosine, y tú eres mi padre». A causa de la fuerte impresión, el padre no pudo componerse durante un largo tiempo. Entonces, la bienaventurada Eufrosine respiró su último aliento, y su padre la endechó. Después de enterrarla, Paunucio mismo entró al monasterio, estableciédose en la celda de su santa hija muerta; y tras diez años de ascetismo, Paunucio también entró a su descanso en el Señor.
25 de septiembre/8 de octubre: San Sergio de Radonezh
Tomado del Prólogo de Ochrid, por san Nicolás Velimirović, y del Mesyatsoslov de la Iglesia Ortodoxa Rusa
Este gran asceta y lumbrera de la iglesia rusa nació el 3 de mayo de 1314 en la aldea de Varnitsa, cerca de Rostov. Sus padres fueron los piadosos nobles, santos Cirilo y María. A los siete años, Bartolomé (pues era este su nombre antes de hacerse monje) fue enviado a estudiar junto con sus hermanos, pero sin importar sus mejores esfuerzos, apenas podía leer o escribir. Finalmente, Bartolomé oró a Dios con lágrimas implorándole que le concediera el saber de los libros. Cierto día, Bartolomé se encontró con un ángel de Dios que, disfrazado de monje, le dio su bendición y le preguntó que deseaba. «Con todo mi corazón», dijo, «deseo aprender a leer y a escribir, santo padre; ore a Dios por mí para que me conceda ser letrado». El anciano bendijo al niño, y dándole a comer pan de la prósfora, le dijo: «Esto te es dado como un signo de la Gracia de Dios y para el entendimiento de las Santas Escrituras». Bartolomé llevó al ángel a la casa de sus padres, donde para asombro de todos bendijo al niño para leer el Salterio. Antes de irse, el anciano profetizó: «Grande será su hijo ante Dios y ante el pueblo. Él se convertirá en una morada elegida del Espíritu Santo». Después de estas cosas, Bartolomé perseveraba en la oración constante, la asistencia a todos los Servicios Divinos, y el más estricto ayuno. Tras la muerte de sus padres, Bartolomé se retiró con su hermano Esteban al bosque cercano a Radonezh, donde su familia se había mudado en 1328. Allí fundo el Monasterio de la Santísima Trinidad, y fue finalmente tonsurado al monasticismo en 1337. Eventualmente muchos vinieron a unirse a él, y junto con sus compañeros de monasticismo se ocupó en el trabajo, la oración, y la batalla espiritual. Al querer reorganizar el monasterio los monjes se rebelaron contra él, y san Sergio se fue en secreto para fundar otro monasterio; pero muy pronto los monjes, arrepentidos, rogaron al Patriarca que les enviara de nuevo a Sergio como padre y abad. El santo regresó con gran amor y obediencia. A causa de la pureza de su vida, fue hallado digno del don de sanar a los enfermos y de obrar milagros - incluso, según una tradición, de levantar en el nombre de Cristo a uno que había muerto. La Santa Madre de Dios se le apareció un número de veces en visiones. Príncipes y obispos venían a él para recibir consejo, y él dio su bendición al Gran-príncipe Dimitri Donskoi, prediciendo su victoria en la guerra de liberación rusa contra los tártaros. Tenía la capacidad de ver los corazones de los hombres y de conocer acontecimientos futuros. Todos glorificaban a Dios por el Monje Sergio, a quien veneraban como a uno de los santos padres de la antigüedad; pero la gloria humana no socavó al gran asceta, que permaneció siendo el modelo de la humildad monástica. Su comunidad se llenó de monjes durante el curso de su vida, y ha sido uno de los principales centros de la vida espiritual en Rusia a través de los siglos. San Sergio durmió en el Señor el 25 de septiembre de 1392, y sus últimas palabras a los monjes fueron: «Hermanos, tengan atención de sí mismos. Tengan temor de Dios, pureza de alma, y amor sin hipocresía».
27 de septiembre/10 de octubre: Santo mártir Calístrato
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Nacido en Cartago, era cristiano desde su nacimiento, ya que su padre y abuela lo eran. Uno de sus ancestros, llamado Neócoro, sirvió como soldado bajo Poncio Pilato en tiempos de la pasión de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Viendo los muchos milagros ocurridos durante la muerte de Cristo, Neócoro creyó en él, y fue instruído en la fe y bautizado por los Apóstoles. Regresando a su patria, Neócoro llevó la fe cristiana a los suyos como una perla de gran precio. Así, pasado el tiempo, san Calístrato nació, fue bautizado, y criado como cristiano. Al ingresar al ejército, no habían otros cristianos en su regimiento. Uno de sus compañeros, viendo que san Calístrato se despertaba de noche para orar a Dios, lo denunció como cristiano ante el comandante Persentino—y este Persentino era un cruel perseguidor de cristianos. Al convencerse de que Calístrato era en efecto cristiano, el comandante le ordenó ofrecer sacrificio a los ídolos, a lo cual Calístrato se negó al punto. Entonces Calístrato fue golpeado severamente y arrojado al mar, mas el poder de Dios lo preservó, y emergió del mar intacto. Viendo la perseverancia de Calístrato y sus milagros, cuarenta y nueve soldados creyeron en Cristo el Señor, y fueron golpeados y arrojados en prisión junto con él. En la cárcel, san Calístrato instruyó a sus compañeros en la fe y los alentaba. Estos mostraron gran valor en los sufrimientos, y el Señor mostró gran poder mediante ellos. El malvado verdugo envió a sus soldados a la cárcel de noche, y estos asesinaron a Calístrato junto a los otros cuarenta y nueve. Sufrieron por la verdad en el 304 d. C., y una iglesia fue luego construída sobre sus reliquias.
28 de septiembre/11 de octubre: Venerable Caritón el Confesor
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Caritón era un eminente y piadoso ciudadano de la ciudad de Iconio. Imbuído del espíritu de su compatriota, santa Tecla, Caritón confesaba abiertamente el nombre de Cristo. Al desatarse una cruel persecución de cristianos bajo el emperador Aureliano, Caritón fue traído a juicio ante el gobernador de inmediato. El juez le ordenó que adorase a los falsos dioses, a lo cual Caritón contestó: «Todos tus dioses son furias, que en tiempos pasados fueron arrojadas desde el cielo hasta los más profundos infiernos a causa del orgullo». Caritón mostró abiertamente su fe en el único Dios vivo, Creador de todo, y en el Señor Jesucristo, Salvador de la humanidad. Entonces el gobernador ordenó que Caritón fuese golpeado y torturado de tal modo que todo su cuerpo se cubriese de heridas, hasta parecer una sóla inmensa llaga. Tras la mala muerte de Aureliano, cuyas malas obras finalmente lo alcanzaron, Caritón fue librado de la tortura y la cárcel. Viajó a Jerusalén, pero en el camino fue atrapado por unos ladrones de los cuales fue librado por la providencia de Dios. No regresó a Iconio, sino que se retiró al desierto de Farán, donde fundó una comunidad y congregó a un grupo de monjes. Habiendo dado una regla a su comunidad, y deseando huir de la alabanza de los hombres, se retiró a otro desierto cerca de Jericó, donde, pasado el tiempo, fundó otra comunidad que lleva su nombre. Finalmente fundó aún otra comunidad, Souka, llamada la «Antigua Lavra» en griego. Murió en avanzadísima edad, y entró a la gloria de su Señor el 28 de septiembre del 350, y sus reliquias son atesoradas en su primer monasterio. La práctica de tonsurar a los monjes se atribuye a san Caritón.
29 de septiembre/12 de octubre: San Ciríaco el Solitario
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Nació en Corinto, hijo del sacerdote Juan y de Eudoxia, y era pariente del obispo local, Pedro. Fue hecho lector por el obispo en la catedral cuando aún era muy joven. Leyendo las Sagradas Escrituras, el joven Ciríaco se maravillaba de cómo la providencia de Dios glorificaba a todo siervo verdadero del Dios vivo y ordenaba la salvación de la raza humana. A la edad de dieciocho años, su deseo por la vida espiritual le llevó a Jerusalén. Allí entro al monasterio de un piadoso hombre llamado Eustorgio, quien le cimentó en la vida monástica. Luego fue a san Eutimio, quien discernió su futura grandeza espiritual, le vistió con el Gran Hábito, y le envió al Jordán con san Gerásimo, donde Círaco permaneció nueve años. Después de la muerte de Gerásimo, regresó al monasterio de san Eutimio, donde permaneció en silencio por diez años. Después de esto iba de lugar en lugar, huyendo de la alabanza de los hombres. También vivió su labor ascética en la comunidad de san Caritón, donde terminó su curso terrenal, habiendo vivido ciento nueve años. Un glorioso asceta y obrador milagros, san Ciríaco tenía un cuerpo inmenso y fuerte, y permaneció así aún en edad avanzadísima, a pesar de sus estrictos ayunos y vigilias. En el desierto, a veces vivía por años comiendo sólo vegetales crudos. Tenía gran celo de la fe ortodoxa y denunciaba herejías, especialmente la herejía de Orígenes. De sí mismo decía que, mientras fue monje, el sol nunca lo vio comer ni estar airado con ningún hombre. (De acuerdo con la regla de san Caritón, los monjes comían sólo una vez al día, después de la puesta del sol.) Ciríaco fue una gran lumbrera, un pilar de la ortodoxia, la gloria de los monjes, un poderoso sanador de los enfermos, y un bondadoso consolador de los afligidos. Habiendo vivido por largo tiempo en al ascetismo y ayudando a muchos, entró en el gozo eterno de su Señor en el 557 d. C.
29 de septiembre/12 de octubre: San Teófanes el Misericordioso
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Teófanes, un rico ciudadano de Gaza, era tan misericordioso que dio todos sus bienes a los pobres, convirtiéndose él mismo en uno de ellos. Al final de su vida, enfermó de hidropesía y murió de esta enfermedad. Una mirra sanadora fluyó de su cuerpo, mediante la cual muchos enfermos fueron sanados.
29 de septiembre/12 de octubre: Venerable María de Palestina
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
María fue al principio una lectora del Salterio en la Iglesia de la Resurrección en Jerusalén; pero siendo hermosa, era motivo de escándalo para los de mente pecaminosa. Para no ser la causa del pecado de otros, María se retiró al desierto de Souka con una canasta de judías y un jarro de agua. Pasó dieciocho años en el desierto y, por el poder de Dios, nunca careció de judías ni agua. Unos discípulos de san Ciríaco la hallaron durante su vida, y luego la enterraron.
30 de septiembre/13 de octubre: San Gregorio, Iluminador de Armenia
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Gregorio era de familia noble, y estaba emparentado con las casas imperiales de Persia (Rey Artabán) y de Armenia (Rey Crosov). Cuando estas se declararon la guerra, Gregorio se retiró a Cesarea en Capadocia, donde tuvo su primer contacto con la fe cristiana, recibió el bautismo y se casó. Tuvo dos hijos de este matrimonio, Rostanes y Arístanes, a quienes dedicó al servicio de la Iglesia. Después de la muerte de su esposa, regresó a Armenia al servicio del Rey Tirídates. Gregorio sirvió a su rey fielmente y su rey le amaba, pero al descubrir que Gregorio era cristiano, el rey se enfureció grandemente y comenzó a presionarlo para que rechazara la fe cristiana y adorara los ídolos. No teniendo éxito en esto, Tirídates sometió a Gregorio a crueles torturas, lanzándolo luego a un profundo foso lleno de toda clase de reptiles venenosos con el objetivo de matarle. Pero Dios, que ve todas las cosas, preservó a Gregorio con vida en aquel lugar por 14 años. Tirídates continuó la persecución de cristianos en su reino, incluso atacando un monasterio de 37 monjas con su abadesa. Después de haberlas masacrado con terribles torturas, Tirídates perdió la razón y se volvió como un monstruoso jabalí salvaje. Un hombre apareció a la hermana del rey en un sueño, diciéndole que el rey no sería sanado de su locura hasta que Gregorio fuera sacado del foso. Una vez se hizo esto, Gregorio sanó y bautizó a Tirídates. Entonces Gregorio, de acuerdo con los deseos del rey, se convirtió en el obispo de Armenia; y con la ayuda del rey, pero sobre todo con la ayuda de Dios, iluminó con la fe cristiana a toda Armenia y sus áreas circundantes. San Gregorio llegó al final de su vida de esfuerzos en edad avanzada, alrededor del año 335 d. C.
30 de septiembre/13 de octubre: San Miguel, primer metropolitano de Kiev
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Fue enviado por el Patriarca de Constantinopla a Rusia, a petición del gran-príncipe Vladimir, para que bautizara al pueblo pagano y para que estableciera y organizara la Iglesia allí. San Miguel bautizó el pueblo en Kiev, Novgorod, Rostov, y en muchos otros pueblos y aldeas; fijó el orden de la Iglesia; estableció el episcopado y el presbiterado; puso el fundamento del Monasterio de San Miguel en Kiev; y envió misioneros a los búlgaros y tártaros, trayendo a muchos de ellos a Cristo. El santo logró esto y mucho más en sólo cuatro años. Entró en su descanso en paz en el 992 d. C., y sus reliquias se conservan en el Monasterio de las Cuevas de Kiev.
1/14 de octubre: La Protección del Velo de la Madre de Dios
Este sinaxario ha sido tomado del servicio griego contemporáneo para la fiesta, compuesto por el difunto Padre Gerasimos y publicado en Grecia en 1952. Conmemoramos la liberación de Constantinopla del asedio de tribus eslavas (en aquel entonces paganas), por las oraciones de la Madre de Dios, a mediados del siglo X.
El 1º del mes celebramos la fiesta del velo protector de nuestra Santísima Señora, la Madre de Dios y Siempre Virgen María, quien siempre da protección especial al pueblo ortodoxo, como en el pasado protegió a la Reina de las ciudades.
Cierta vez, el bienaventurado Andrés estaba presente durante una vigilia que era celebrada en el santo templo de Blaquerna, como era su costumbre. Epifanio estaba allí también con uno de sus niños. Andrés estaba de pie en la Iglesia, como de costumbre, pues su fervor le daba fuerzas -- a veces hasta medianoche, a veces hasta amanecer. Y sucedió que, cerca de las once de la noche, el bienaventurado Andrés vio con sus propios ojos una visión extraordinaria: una figura femenina que salía de las puertas reales con un séquito admirable, entre los cuales estaban el honorable Precursor y el hijo del trueno [San Juan el Teólogo], quienes la llevaban de la mano a ambos lados. Muchos santos la precedían vestidos de blanco, mientras que otros la seguían entonando himnos y cánticos espirituales. Al acercarse ella al amvon, Andrés se acercó a Epifanio y le preguntó: «¿Ves a la Señora y Soberana del Mundo?» Este contestó: «Sí, mi padre espiritual». Y mientras observaban, ella dobló sus rodillas y rogó durante mucho tiempo, con lágrimas bajando por su divinizado e inmaculado rostro. Después de su súplica, se dirigió al santuario, donde rogó por el pueblo presente. Removiendo el velo que llevaba sobre su purísima cabeza, el cual tenía apariencia de relámpago, lo desdobló; y tomándolo con gran reverencia en sus purísimas manos --pues era grande e admirable-- lo extendió sobre todo el pueblo allí presente. Los santos vieron el velo extendido por un número de horas, ardiendo como el ámbar con la gloria del Señor. Mientras la Santísima Madre de Dios estuvo allí, el velo también era visible; pero una vez se fue, el velo tampoco pudo ser visto. Y aunque ella se llevó el velo consigo, dejó su gracia a los que allí estaban. Por las oraciones de tu Purísima Madre, Cristo nuestro Dios, ten misericordia de nosotros, protégenos de enemigos visibles e invisibles, y salva nuestras almas. Amen.
1/14 de octubre: Venerable Román el Melodista
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Nacido en el poblado sirio de Emesa, sirvió como sacristán primero en Beirut y luego en la iglesia catedral de Constantinopla, en tiempos del patriarca Eufemio (490-496 d. C.). Analfabeta y sin entrenamiento musical, era despreciado por ciertos clérigos educados. San Román oró con lágrimas a la Madre de Dios, y esta se le apareció en un sueño; entregándole un pedazo de papel, le ordenó que se lo comiera. El día siguiente era día de Navidad, y Román, subiendo al ambón, entonó con voz angelical el himno «Hoy la Virgen» [hoy el contaquio de la fiesta]. Todos se maravillaron por el contenido del himno y por la voz del cantor. Recibiendo así de la Madre de Dios el don poético, Román compuso más de mil contaquios. Entró a su descanso siendo diácono de la Gran Iglesia de Constantinopla [Hagia Sophia]. Se unió al coro de los ángeles en el 510 d. C.
2/15 de octubre: Santos mártires Cipriano y Justina
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Cipriano se mudó de Cartago a Antioquía, donde la virgen Justina vivía con sus padres Edesio y Cleodonia. Edesio era un sacerdote pagano, y toda su casa era pagana; mas cuando Justina visitó una Iglesia y aprendió la verdadera fe, convirtió a su padre y a su made a la fe cristiana. Los tres fueron bautizados por el obispo Optato. Cipriano, empero, era un mago que se asociaba con espíritus inmundos y practicaba la hechicería. Un joven pagano disoluto llamado Aglaidas estaba dispuesto a pagar cualquier precio con tal de encantar a Justina, pues era hermosa. La santa virgen Justina lo rechazó inexorablemente, por lo cual Aglaidas solicitó la ayuda de Cipriano. Este invocó un espíritu maligno tras otro para encender a Justina con pasión impura por Aglaidas, pero no tuvo éxito, pues por la señal de la Cruz y la oración a Dios esta echaba fuera los espíritus malignos. Tras este esfuerzo inútil, Cipriano reconoció el poder de la Cruz y fue bautizado; eventualmente fue hecho presbítero, y luego obispo. Amargados, los paganos lo denunciaron tanto a él como a Justina. Ambos fueron juzgados en Damasco, y luego torturados y degollados en Nicomedia. Entraron a su descanso a finales del siglo III d. C.
3/16 de octubre: Hieromártir Dionisio el Areopagita
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Dionisio es contado entre los otros Setenta apóstoles (cfr. San Lucas 10:1-12). Este maravilloso hombre era de una noble familia pagana en Atenas. Terminando su educación en aquel lugar, se marchó a Egipto para aprender más. Estando él allí un cierto día, el Señor Jesucristo expiró en la Cruz, y el sol se oscureció en Egipto por tres horas. Entonces Dionisio exclamó: «O bien está sufriendo Dios, el Creador del mundo, o se está acabando el mundo». Al regresar a Atenas, se casó con una mujer llamada Damaris y tuvo hijos con ella. Era miembro de la más alta corte en Grecia, llamada el Areópago, y desde entonces fue siempre conocido como el Areopagita. Cuando el apóstol Pablo predicó el Evangelio en Atenas, Dionisio fue bautizado con toda su casa (cfr. Hechos 17:34). Pablo lo consagró obispo de Atenas (habiendo él dejado su esposa, hijos y posición por amor a Cristo), y viajó extensamente con Pablo, llegando a conocer a todos los otros Apóstoles. Especialmente fue a Jerusalén para conocer a la Santísima Madre de Dios, y escribió acerca de este encuentro en una de sus obras; además, estuvo en el entierro de la Purísima junto a los otros Apóstoles. Cuando su maestro, san Pablo, sufrió el martirio, Dionisio deseó morir también esta muerte, y se marchó a la Galia para predicar el Evangelio entre bárbaros, acompañado del presbítero Rústico y del diácono Eleuterio. Sufrieron mucho, pero tuvieron gran éxito. A causa de sus labores, muchos se convirtieron a la fe cristiana y Dionisio construyó una pequeña iglesia en París en la cual celebraba los servicios divinos. (Pero algunos historiadores opinan que este Dionisio de París es una persona diferente a san Dionisio el Areopagita). Cuando tenía noventa años, fue capturado y torturado por causa de Cristo, junto a Rústico y a Eleuterio, hasta que los tres fueron degollados con espada. La cabeza de san Dionisio fue expulsada a gran distancia, cayendo a los pies de una mujer cristiana llamada Catula, que la enterró junto a su cuerpo. Sufrió en tiempos de Domiciano, en el año 96 d. C. Escribió varias obras famosas: «De los nombres divinos»; «De las jerarquías celestiales»; «De las jerarquía eclesiásticas»; «De la teología mística»; y «De la Madre de Dios».
3/16 de octubre: Venerable Dionisio de la Cuevas de Kiev
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Dionisio era hieromonje y anacoreta. Esto le ocurrió en la Pascua de 1463: Dionisio se dirigía a las tumbas con la Cruz y el incensario para incensar las reliquias y tumbas de los santos enterrados allí. Rebosando de gozo por la Resurrección, Dionisio exclamó al entrar a las cuevas: «¡Mis santos padres y hermanos, Cristo ha resucitado!». Entonces se levantaron voces como trueno desde las tumbas, diciendo: «¡En verdad ha resucitado!».
4/17 de octubre: Hieromártir Hieroteo de Atenas
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Hieroteo era amigo de Dionisio el Areopagita, y recibió la fe cristiana del Apóstol Pablo un poco después de Dionisio. El Apóstol luego lo hizo obispo de Atenas. Al ocurrir la Dormición de la Madre de Dios, Hieroteo llegó a Jerusalén y participó en el funeral. Con su cantar divino, trajo profundo gozo a muchos y mostró estar grandemente inspirado [por Dios]. Trabajó incansablemente por el Evangelio, trajo a muchos paganos a la verdad, gobernó bien a su rebaño, y finalmente terminó siendo un mártir por Cristo, quien le dio una doble corona: de jerarca, y de mártir.
4/17 de octubre: San Esteban Štilianović
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Un gobernante serbio de la familia Pastrović, Esteban guió a su pueblo a través de un período muy difícil, luchando valientemente contra los turcos y los latinos. Este gran príncipe—varón justo y piadoso, y un patriota—puede ser comparado a san Alejandro Nevsky o al santo rey Juan Vladimir. Entró a su descanso a principios del siglo XVI (según algunos, en 1515). Una luz aparecía sobre su tumba de noche, a través de la cual sus reliquias fueron halladas. Estas fueron atesoradas por mucho tiempo en el Monasterio de Sisatovac en la cordillera de Fruška Gora [localizada en el noreste de la antigua Yugoslavia], siendo luego llevadas a Belgrado durante la Segunda Guerra Mundial para ser colocadas en la catedral junto a las reliquias del santo príncipe Lázaro. Su esposa Elena, viendo las reliquias incorruptas de Esteban y los milagros obrados por ellas, se hizo monja, entregándose al ascetismo hasta su muerte.
6/19 de octubre: Venerable nuevo-mártir Macario
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Macario nació en Ción de Bitinia, hijo de padres cristianos, Pedro y Antusa, y fue bautizado con el nombre de Manuel. Fue enviado a aprender la sastrería como oficio en su juventud; mientras tanto, su padre se convirtió al Islam y se mudó a Brusa. Cierta vez, estando Manuel en Brusa a causa de su oficio, su padre le halló y le presionó grandamente para que siguiera su ejemplo. Manuel se resistió en vano, pues los turcos lo circuncidaron a la fuerza. Entonces Manuel huyó a la Santa Montaña [de Atos] y se hizo monje en la Ermita de Santa Ana, recibiendo el nombre de Macario. Por doce años fue un excelente monje, mas las palabras del Señor—«A cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos» (cfr. San Mateo 10:33)—resonaban siempre en los oídos de Macario. Finalmente, con la bendición de su padre espiritual, fue a Brusa y confesó abiertamente su fe en Cristo ante los turcos, llamando a Mahoma falso profeta. Tras ser azotado por ciento treinta días y soportando torturas aún más crueles, fue degollado con espada en Brusa el 6 de octubre de 1590. Una porción de sus reliquias, que obran milagros, es atesorada en la Ermita de Santa Ana en el Monte Atos.
7/20 de octubre: Mártires Sergio y Baco
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Estos santos mártires, héroes de la fe cristiana, eran originalmente altos funcionarios en la corte del emperador Maximiano. El Emperador mismo les tenía en gran estima por su valor, su sabiduría y su celo; pero al enterarse de que eran cristianos, su amor por ellos se tornó en furia. Durante un gran ofrecimiento de sacrificios a los ídolos, el Emperador llamó a Sergio y a Baco para que ofrecieran el sacrificio junto a él, pero ellos se negaron rotundamente a obedecerle en esto. Ciego por la ira, el Emperador ordenó que se les quitaran sus túnicas, anillos, y emblemas de preeminencia, y que se les vistiera en ropas de mujer. Entonces se colocaron yugos de hierro sobre sus cuellos, y fueron llevados por las calles de Roma para que todos se burlaran de ellos. El Emperador los envió entonces ante el gobernador Antíoco en Asia para que fueran torturados. (Antíoco había alcanzado su distinguido rango con la ayuda de Sergio y Baco, quienes lo habían recomendado al Emperador.) Cuando este comenzó a urgirles para que negaran a Cristo, salvándose así de un sufrimiento deshonroso y de la muerte, los santos contestaron: «Tanto la honra como la deshonra, tanto la vida como la muerte, son iguales para el que busca el Reino de los cielos». Antíoco arrojó a Sergio en la prisión y ordenó que Baco fuera torturado primero. Sus siervos tomaron turnos golpeando a Baco hasta que todo su cuerpo estaba fragmentado. Su alma fue llevada por ángeles ante la presencia de Dios desde su torturado y sangriento cuerpo. San Baco sufrió en el pueblo de Barbalis. Entonces sacaron a Sergio, y poniéndole zapatos de hierro y clavos, le hicieron caminar hasta la aldea siria de Resafá, donde fue degollado. Su alma fue llevada al Paraíso, donde con su amigo Baco recibió de Cristo, su Rey y Señor, la corona de gloria inmortal. Estos dos gloriosos soldados sufrieron por la fe cristiana alrededor del año 303 d. C.
10/23 de octubre: Los santos mártires de Zorografos
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Cuando el emperador Miguel Paleólogo firmó la infame Unión de Lyons con el Papa para así recibir su ayuda contra los búlgaros y los serbios, los monjes de la Montaña Santa [de Athos] enviaron al Emperador una protesta en contra de la unión, urgiéndole que la rechazara y que regresara a la Ortodoxia. El Papa envió un ejército para ayudar a Miguel, y este ejército latino entró a la Montaña Santa, haciendo tales barbaridades como las que los turcos nunca cometieron en quinientos años. Tras colgar a los miembros del Concilio y de masacrar a muchos de los monjes en Vatopedi, Iviron y otros monasterios, los latinos se dirigieron a Zorographou. El bienaventurado abad Tomás dijo a los hermanos por inspiración divina que aquellos que quisieran salvarse de los latinos debían huir del monasterio, y aquellos que desearan morir como mártires debían quedarse. Veintiséis hombres se quedaron: veintidós monjes con su abad, y cuatro laicos que trabajaban para el monasterio. Todos se encerraron en la torre del monasterio. Cuando los latinos llegaron, incendiaron la torre, y estos veintiséis héroes encontraron la muerte por martirio entre las llamas. Mientras la torre se quemaba, cantaban himnos y el Akatisto a la Madre de Dios, y entregaron sus santas almas en manos de Dios el 10 de octubre de 1282. En diciembre del mismo año, el vil emperador Miguel murió en pobreza, tras haberse levantado contra él Milutin, rey de Serbia, en defensa de la Ortodoxia.
11/24 de octubre: Santo apóstol Felipe
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Nacido en Cesarea de Palestina, Felipe era casado y tenía cuatro hijas, todas dotadas por Dios con el don de profecía, y todas vírgenes consagradas por causa de Cristo (cfr. Hechos 21:8-9). Cuando los santos Apóstoles escogieron diáconos, Felipe fue escogido junto a Esteban y a otros (cfr. Hechos 6:1-6). Felipe servía a los pobres y las viudas con gran fervor. Cuando vino persecución sobre los cristianos de Jerusalén, huyó a Samaria y predicó allí el Evangelio, dando testimonio del mismo mediante muchos milagros: expulsando demonios, sanando a los enfermos, y otros [prodigios]. Viendo los milagros del santo Apóstol, Simón el Mago fue bautizado. San Felipe también bautizó al eunuco de la Reina Candace. Despues de esto, un ángel de Dios le arrebató repentina e invisiblemente a Azoto, donde enseñó y predicó, trayendo a muchos a Cristo (cfr. Hechos 8:4-40). Más tarde fue hecho obispo de Trales. Murió en paz en avanzadísima edad, y entró al gozo de su Señor.
11/24 de octubre: Conmemoración del Séptimo Concilio Ecuménico
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Este Concilio fue celebrado en Nicea en el año 787 d. C., durante el reino de la piadosa emperatriz Irene y su hijo Constantino, y en tiempos del patriarca Tarasio. El Concilio finalmente afirmó la veneración de los íconos, explicándola a partir de las Sagradas Escrituras, del testimonio de los santos padres, y de los ejemplos de milagros ocurridos en relación con los santos íconos. Entre otros ejemplos citados, el obispo chipriota Constantino presentó el siguiente: un ganadero de la ciudad de Constancia, sacando su manada a pastar un día, vio un ícono de la Madre Dios adornado con flores por los fieles. «¿Por qué dar tanto honor a una piedra?», dijo el ganadero, obviamente criado en el iconoclasmo, y arrojó su cayado de hierro, dañando el ojo derecho de la Madre de Dios. Tan pronto como hubo dejado aquel lugar, se tropezó sobre este mismo cayado perdiendo su propio ojo derecho. Regresando ciego a la ciudad, clamó entre lágrimas que esto era un castigo de la Madre de Dios. Este Concilio también decidió que, sin excepción, se colocasen reliquias de mártires en todo antimensio. Trescientos sesenta y siete padres participaron en el Concilio. Que el Señor tenga piedad de nosotros y nos salve por sus oraciones.
12/25 de octubre: San Martín de Tours
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Nacido en el 316 d. C. en Panonia, en el pueblo de Sabaria, era hijo de padres paganos. Su padre era un oficial romano, y el joven Martín fue por lo tanto ingresado en el ejército en contra de su voluntad. Él ya era, empero, un catecúmeno de la Iglesia cristiana, la cual él amaba con todo su corazón desde su niñez. Viajando un invierno al pueblo de Amiens junto a sus compañeros, vio a un mendigo casi desnudo y congelándose del frío frente a las puertas de la ciudad. Martín se afligió, y separándose de sus compañeros, se quitó su capa de soldado y la corto en dos con su sable. Entonces dio una mitad al mendigo, se cubrió con la otra, y siguió su camino. Esa misma noche, el Señor Jesús se le apareció en un sueño, vestido con la otra mitad de su capa, y dijo a sus ángeles: «¡Martín es sólo un catecúmeno, y he aquí que me cubre con su vestidura!» Dejando el ejército de inmediato, fue bautizado y bautizó a su madre. Después de esto, se hizo monje en la diócesis de san Hilario de Poitiers, y pasó su vida en verdadero ascetismo. Tenía una inusual mansedumbre, y por esto Dios le dio abundantes dones de obrar milagros, tantos que incluso podía levantar a los muertos y echar espíritus malignos. Fue hecho Obispo de Tours en contra de su voluntad. Después de abundantes trabajos en la viña del Señor, y de una fuerte lucha contra los paganos y los herejes arrianos, san Martín entregó su santa alma en las manos del Señor en el 397.
14/27 de octubre: Santa Parasceva de Serbia
Tomado del Mesyatsoslov de la Iglesia Ortodoxa Rusa
La Venerable Parasceva de Serbia nació de padres búlgaros en la villa de Epibata, entre Silistra y Constantinopla, durante el siglo XI. Un día, mientras participaba en los Servicios Divinos, las palabras del Señor le atravesaron el corazón como una flecha: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo» (cfr. San Mateo 16:24). Desde ese momento empezó a dar su ropa a los necesitados, por lo que tuvo que soportar muchos reproches de su familia. Tras la muerte de sus padres, la santa fue tonsurada al monasticismo y se retiró al valle del Jordán, donde vivió la vida ascética hasta una edad muy avanzada. Dos años antes de su muerte, un ángel se le apareció ordenándole que regresara a su tierra natal, y así lo hizo. La santa murió apaciblemente. Sus reliquias, que se encuentran en la catedral de Iasi [Rumanía], están incorruptas y obran multitud de milagros.
14/27 de octubre: Mártires Nazario, Gervasio, Protasio y Celso
Tomado del Mesyatsoslov de la Iglesia Ortodoxa Rusa
Los santos mártires Nazario, Gervasio, Protasio y Celso de Milán sufrieron durante el reino del emperador Nerón (54-68 d. C.). San Nazario, hijo de la cristiana Perpetua y el judío Africano, nació en Roma y fue bautizado por el obispo Lino. Desde su juventud, Nazario decidió dedicar su vida a predicar las enseñanzas de Cristo y a fortalecer a los cristianos débiles. Con este propósito, dejó Roma y se marchó para Milán. Mientras visitaba a los cristianos presos allí, Nazario conoció a los gemelos Protasio y Gervasio. Estos hermanos habían nacido en Milán de una familia de ciudadanos romanos - Vidal y Valeria. Quedando huérfanos (pues sus padres fueron martirizados por la fe cristiana), los hermanos repartieron sus riquezas a los pobres, liberaron a sus esclavos, y se dedicaron al ayuno y a la oración. Los paganos los encerraron en la cárcel por confesar la fe de Cristo. San Nazario estimaba a los gemelos, y aliviaba sus sufrimientos tanto como le era posible. Por esto, sin embargo, los paganos le dieron una paliza y lo expulsaron de Milán. San Nazario se fue a la Galia (la moderna Francia), donde predicó el cristianismo exitosamente y convirtió a muchos paganos. En la ciudad de Kimel bautizó a Celso, hijo de un cierto cristiano, y adquirió en él un fiel discípulo y colaborador en la labor evangelizadora. Por su confesión de Cristo, los paganos les arrojaron a las bestias para que los devoraran, pero las bestias no osaban tocar a los santos. Después trataron de ahogar a los mártires en el mar, pero estos caminaron en él como sobre tierra firme. Los soldados que cumplían estas órdenes estaban tan maravillados, que ellos mismos aceptaron el cristianismo y dejaron ir a los santos mártires. Una vez libres, Nazario y Celso fueron a Milán a visitar a Gervasio y Protasio en la cárcel. Por esto fueron entregados a Nerón, quien determinó que los santos Nazario y Celso fuesen degollados. Al poco tiempo, Gervasio y Protasio también fueron ejecutados. Muchos años después, durante el reino del santo emperador Teodosio (408-450 d. C.), San Ambrosio, obispo de Milán, descubrió las reliquias de los mártires mediante una revelación de lo alto. Las santas reliquias, glorificadas por multitud de milagros, fueron solemnemente transferidas a la catedral de Milán.
«También fue entonces cuando, en una visión, le manifestaste a [Ambrosio], tu obispo, donde yacían sepultados los cuerpos de los mártires Gervasio y Protasio. Tú los habías mantenido ocultos e incorruptos durante muchos años en tu secreto, para revelarlos en el momento preciso [....] Tras su descubrimiento y exhumación, al ser trasladados solemne a la basílica ambrosiana, no sólo se produjeron curaciones de personas atormentadas por espíritus inmundos (confesando esto los mismos demonios), sino que un ciudadano conocidísimo de la ciudad, que llevaba varios años ciego, al preguntar por las razones de la algarabía del pueblo, dio un salto al enterarse del hecho e hizo que su guía le condujera al lugar. Una vez que llegó, rogó que se le permitiera el acceso para tocar con su pañuelo el féretro de tus santos cuya muerte es preciosa a tus ojos. Tan pronto como hizo esto, aplicó el pañuelo a sus ojos, y estos se abrieron al instante. Enseguida se corrió la noticia y resonaron tus alabanzas fervientes y radiantes. [....] ¡Gloria a ti, Dios mío!» (San Agustín de Hipona, Confesiones IX.7.16).
15/28 de octubre: Hieromártir Luciano, príncipe de Antioquía
Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović
Nacido de padres nobles en Samosata de Siria, recibió en su juventud una amplia educación, tanto secular como espiritual, y era un hombre eminente tanto por su erudición como por su estricta vida ascética. Dando sus bienes a los pobres, se sustentaba escribiendo obras de instrucción, alimentándose así con el trabajo de sus manos. Realizó un gran servicio a la Iglesia corrigiendo muchos lugares del texto hebreo de las Escrituras, los cuales habían sido torcidos y adulterados por los herejes de acuerdo con sus perversas enseñanzas. A causa de su erudición y de su gran vida espiritual, fue ordenado presbítero en Antioquía. En tiempos de la persecución de Maximiano, en la cual san Antimo de Nicomedia y san Pedro de Alejandría fueron torturados, san Luciano también estaba en la lista de aquellos que el Emperador quería matar. Luciano huyó de la ciudad y se escondió, pero un sacerdote hereje celoso, llamado Pancracio, reveló su paradero. Aquella persecución fue terrible, ni aún los niños pequeños estaban a salvo. Dos niños que se rehusaban a comer alimentos sacrificados a los ídolos fueron arrojados a un caldero de agua hirviendo, donde, en medio de torturas, encomendaron sus santas almas en manos de Dios. Una discípula de Luciano, llamada Pelagia (cfr. 8[/21] de octubre), preservó su pureza virginal de los disolutos atacantes orando a Dios en el techo de su casa: ella [también] encomendó su alma en manos de Dios, y su cuerpo [muerto] cayó desde el techo. Luciano fue llevado a Nicomedia para ser presentado ante el Emperador. En el camino, convirtió a cuarenta soldados a la fe de Cristo mediante sus admoniciones, y todos estos sufrieron muerte de mártires. Tras ser interrogado y azotado, san Luciano fue arrojado en prisión, donde fue torturado por hambre. «Se burló del hambre», escribe san Juan Crisóstomo acerca de Luciano. «Burlémosnos también nosotros de los lujos y destruyamos el señorío del estómago, para que, mediante áscesis menores, estemos preparados de antemano cuando venga el tiempo de enfrentar tales torturas, y mostremos ser dignos de gloria en la hora de la batalla». Recibió la comunión en la cárcel en la fiesta de la Teofanía, y al día siguiente encomendó su alma en manos de Dios, el 7 de enero del 322 d. C.
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