LAS VIDAS DE LOS SANTOS

(SEPTIEMBRE-NOVIEMBRE)

Todas las traducciones en esta página son © 2003-2006 por Julio Vázquez.
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Septiembre:

1/14 de septiembre: El comienzo del año eclesiástico
1/14 de septiembre: San Simeón el Estilita
3/16 de septiembre: San Joanicio, arzobispo y primer patriarca de Serbia
4/17 de septiembre: Hieromártir Bábilas de Antioquía
5/18 de septiembre: Venerable Atanasio de Brest
6/19 de septiembre: Conmemoración del milagro del santo Arcángel Miguel
8/21 de septiembre: La Natividad de la Santísima Madre de Dios
9/22 de septiembre: Conmemoración del Tercer Concilio Ecuménico
11/24 de septiembre: Venerable Teodora de Alejandría
13/26 de septiembre: Consagración de la Basílica de la Resurrección de Cristo
14/27 de septiembre: La Exaltación de la Preciosa y Vificante Cruz
14/27 de septiembre: Un sermón en la fiesta de la Exaltación de la Cruz
16/29 de septiembre: Gran-mártir Eufemia
17/30 de septiembre: Las santas mártires Fe, Esperanza y Caridad, y su madre Sofía
18 de septiembre/1 de octubre: Venerable Eumenio el Taumaturgo
20 de septiembre/3 de octubre: Gran mártir Eustacio
22 de septiembre/5 de octubre: Hieromártir Focas de Sínope
22 de septiembre/5 de octubre: San Pedro el Misericordioso
23 de septiembre/6 de octubre: La concepción de san Juan Bautista
23 septiembre/6 de octubre: Nuevo-mártir Juan de Konitsa
24 septiembre/7 de octubre: Protomártir Tecla de Iconio, Igual de los Apóstoles
25 de septiembre/8 de octubre: Venerable Eufrosine de Alejandría
25 de septiembre/8 de octubre: San Sergio de Radonezh
27 de septiembre/10 de octubre: Santo mártir Calístrato
28 de septiembre/11 de octubre: Venerable Caritón el Confesor
29 de septiembre/12 de octubre: San Ciríaco el Solitario
29 de septiembre/12 de octubre: San Teófanes el Misericordioso
29 de septiembre/12 de octubre: Venerable María de Palestina
30 de septiembre/13 de octubre: San Gregorio, Iluminador de Armenia
30 de septiembre/13 de octubre: San Miguel, primer metropolitano de Kiev

Octubre:

1/14 de octubre: La Protección de la Madre de Dios
1/14 de octubre: Venerable Román el Melodista
2/15 de octubre: Hieromártir Cipriano y la virgen Justina
3/16 de octubre: Hieromártir Dionisio el Areopagita
3/16 de octubre: Venerable Dionisio de la Cuevas de Kiev
4/17 de octubre: Hieromártir Hieroteo de Atenas
4/17 de octubre: San Esteban Štilianović
6/19 de octubre: Venerable nuevo-mártir Macario
7/20 de octubre: Mártires Sergio y Baco
10/23 de octubre: Los santos mártires de Zorografos
11/24 de octubre: Santo apóstol Felipe
11/24 de octubre: Conmemoración del Séptimo Concilio Ecuménico
12/25 de octubre: San Martín de Tours
14/27 de octubre: Santa Parasceva de Serbia
14/27 de octubre: Mártires Nazario, Protasio, Gervasio y Celsio
15/28 de octubre: Hieromártir Luciano, príncipe de Antioquía
16/29 de octubre: Santo mártir Longino el Centurion
18/31 de octubre: Santo apóstol y evangelista Lucas
18/31 de octubre: San Pedro de Cetinje, metropolitano de Montenegro
20 de octubre/2 de noviembre: Gran-mártir Artemio
20 de octubre/2 de noviembre: Venerable nuevo-mártir Ignacio
24 de octubre/6 de noviembre: Ícono de la Madre de Dios, «Gozo de todos los oprimidos»
25 de octubre/7 de noviembre: Santos mártires Marciano y Martirio
25 de octubre/7 de noviembre: Santo mártir Anastasio
25 de octubre/7 de noviembre: Santa Tabita
26 de octubre/8 de noviembre: Gran-mártir Demetrio
27 de octubre/9 de noviembre: Santo mártir Néstor
27 de octubre/9 de noviembre: Venerable Néstor el Cronista
28 de octubre/10 de noviembre: Santa mártir Parasceva de Iconio
28 de octubre/10 de noviembre: San Arsenio de Peć
28 de octubre/10 de noviembre: San Atanasio, patriarca de Constantinopla
29 de octubre/11 de noviembre: Santa Anastasia de Roma
30 de octubre/12 de noviembre: Santo rey Milutin

Noviembre:

1/14 de noviembre: Santos Cosme y Damián
1/14 de noviembre: Santo príncipe mártir Hermenegildo
1/14 de noviembre: Venerable mártir Jacobo y sus discípulos, Jacobo y Dionisio
3/16 de noviembre: Traslado de las reliquias del gran mártir Jorge
4/17 de noviembre: San Joanicio el Grande
4/17 de noviembre: Mártires Nicandro, obispo de Mira, y Nicandro, presbítero
6/19 de noviembre: San Pablo el Confesor, patriarca de Constantinopla
8/21 de noviembre: Sinaxis del Arcángel Miguel y todas las potestades celestiales
11/24 de noviembre: San Vicente de Zaragoza, diácono y mártir
11/24 de noviembre: Santo mártir Esteban de Déchani, rey de Serbia
13/26 de noviembre: San Juan Crisóstomo, patriarca de Constantinopla
14/27 de noviembre: San Gregorio Palamás, arzobispo de Tesalónica
15/28 de noviembre: Santos mártires Gurias, Samonas, y Habib
17/30 de noviembre: San Gregorio Taumaturgo, obispo de Neocesarea
20 de noviembre/3 de diciembre: Venerable Gregorio de Decápolis
20 de noviembre/3 de diciembre: San Proclo, patriarca de Constantinopla
21 de noviembre/4 de diciembre: La Entrada de la Madre de Dios al Templo (I)
21 de noviembre/4 de diciembre: La Entrada de la Madre de Dios al Templo (II)
22 de noviembre/5 de diciembre: Santa mártir Cecilia
24 de noviembre/7 de diciembre: Gran-mártir Catalina
27 de noviembre/10 de diciembre: Santo mártir Jacobo el Persa
28 de noviembre/11 de diciembre: Nuevo mártir Cresto
29 de noviembre/12 de diciembre: Santo martir Paramón y 370 otros con él
30 de noviembre/13 de diciembre: Santo Apóstol Andrés, el Primer-llamado




1/14 de septiembre: El Comienzo del Año Eclesiástico

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

El Primer Concilio Ecuménico decretó que el año eclesiástico debe comenzar el 1ro de septiembre. El mes de septiembre era para los judíos el comienzo del año civil (cfr. Éxodo 12:2), el mes de recoger la cosecha y de traer a Dios sacrificios de acción de gracias. Fue durante esta fiesta que el Señor Jesús entró en la sinagoga de Nazaret, y abriendo el rollo del Profeta Isaías, leyó: «El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para llevar la buena nueva a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor» (San Lucas 4:16-21; cfr. Isaías 61:1-2). Este mes de septiembre también es notable en la historia del cristianismo ya que fue en él que Constantino el Grande venció a Majencio, el enemigo de la fe cristiana, victoria que fue seguida por la concesión de libertad para confesar la fe cristiana a través del Imperio Romano. Por mucho tiempo, el año civil se calculaba del mismo modo que el año eclesiástico en el mundo cristiano, pero fue luego cambiado del 1ro de septiembre al 1ro de enero, primero en Europa occidental, y luego también en Rusia en tiempos de Pedro el Grande.


1/14 de septiembre: San Simeón el Estilita

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Nacido en Siria de padres campesinos, huyo de ellos a la edad de dieciocho años y se hizo monje. Se entregó al más estricto ascetismo, a veces ayunando por cuarenta días. Después de esto, practicó una ascesis particular hasta entonces desconocida: estar de pie día y noche sobre un pilar en oración incesante. Este pilar era de 10 pies [3 metros] de alto al principio; entonces se le construyó uno de 20 [6 metros], luego de 36 [11 metros], de 60 [18 metros], y finalmente de 66 [20 metros]. Su madre Marta vino a verlo dos veces, mas él no quiso recibirla, diciéndole desde su pilar: «No me perturbes ahora, querida madre, si es que vamos a ser dignos de encontrarnos en el siglo venidero». San Simeón sufrió innumerables ataques de demonios, venciéndolos todos mediante la oración. Obró grandes milagros, sanando a los enfermos mediante sus oraciones y sus palabras. Gente de todas partes se congregaban alrededor de su pilar: ricos y pobres, reyes y esclavos. Él los ayudaba a todos, restaurando la salud física a unos, dando consuelo e instrucción a otros, y denunciando a algunos por su fe herética. Fue así que la emperatriz Eudocia regresó a la Ortodoxia, abandonando la herejía de Eutiques. Simeón vivió en ascetismo durante los reinados de Teodosio el Joven, Marciano y León el Grande. Este primer estilita cristiano y gran obrador de milagros vivió setenta años, y entró en su descanso en el Señor el 1º de septiembre del 459 d. C. Sus reliquias fueron llevadas a Antioquía, a la iglesia que le fue dedicada.


2/15 de septiembre: San Juan el Ayunante

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

San Juan también es conmemorado el 30 de agosto. Era originalmente un orfebre; luego, por la providencia de Dios y por sus grandes virtudes, fue ordenado sacerdote. Siendo aún joven, san Juan estaba caminando junto a un viejo monje de Palestina, Eusebio. De repente, una voz vino a Eusebio desde un lugar invisible, diciendo: «¡Padre, no camine a la derecha del gran Juan!». La voz de Dios estaba prediciendo el alto servicio al que Juan pronto sería llamado. Después de la muerte del bienaventurado Eutiquio, Juan fue elegido patriarca de Constantinopla. Él estaba muy reacio a aceptar, pero maravillado por una visión celestial dio su consentimiento. Fue un gran ayunante, un hombre de oración y un obrador de milagros hasta el momento mismo de su muerte, entrando a su descanso en el 595 d. C.


3/16 de septiembre: San Joanicio, arzobispo y primer patriarca de Serbia

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Nacido en Prizren, sirvió primero como secretario del Rey Dušan. Se convirtió en Arzobispo en 1339, y en 1346 fue elevado al rango de Patriarca. Fue un pastor celoso, y trajo el oden a la Iglesia de Serbia, siendo «un gran defensor de las leyes de la Iglesia». Entró a su descanso el 3 de septiembre de 1349, y sus reliquas son atesoradas en Peć.


4/17 de septiembre: Hieromártir Bábilas de Antioquía

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Este «hombre grande y maravilloso, si puede llamársele hombre», como dijo de él san Juan Crisóstomo, fue obispo de Antioquía durante el reino del malvado emperador Numeriano. Este Numeriano hizo un tratado de paz con un rey bárbaro, el cual era más noble y amante de la paz que él. Como muestra de su sincero deseo por una paz duradera, el rey bárbaro envió a su joven hijo a ser criado y educado en la corte de Numeriano. Mas un día, Numeriano apuñaló a este inocente muchacho con sus propias manos, y lo ofreció como sacrificio a los ídolos. Todavía exaltado por su vil derramamiento de sangre inocente, este criminal con corona de emperador fue a una iglesia cristiana para ver qué hacían allí. San Bábilas estaba orando con el pueblo, y escuchó que el Emperador había venido con su séquito y que deseaba entrar a la iglesia. Bábilas interrumpió el servicio, y saliendo de la iglesia, dijo al Emperador que como era un idólatra, no podía entrar al santo templo donde el único Dios verdadero era adorado. En una homilía sobre Bábilas, san Juan Crisóstomo dijo: «¿A qué otra persona en el mundo temería aquel que, con tal autoridad, enfrentó al Emperador? De este modo enseñó a los reyes a no sobrepasar la medida de poder que Dios les dio, y también demostró al clero cómo usar su propia autoridad». Avergonzado, el Emperador dio marcha atrás, pero planeó su venganza. Al día siguiente hizo llamar a Bábilas, e increpándolo, le instaba a ofrecer sacrificio a los ídolos. Por supuesto, el santo rechazó firmemente hacer esto. Entonces el Emperador ordenó que lo encadenaran y lo arrojó en la cárcel. El Emperador también torturó a tres niños: Urbano, de doce años; Prilidiano, de nueve; e Hipolino, de siete. Bábilas era su padre espiritual y maestro, y por amor a él no habían huido. Eran hijos de Cristodula, una honorable mujer cristiana que también sufrió por Cristo. El Emperador ordenó primero que diesen a cada niño tantos golpes cuantos tenía años, y entonces los arrojó en la cárcel. Finalmente ordenó que los tres fuesen degollados con espada. Aunque encadenado, Bábilas estuvo presente en la degollación de los niños y les dio aliento; después de esto, puso su propia honorable cabeza bajo la espada. Los cristianos lo enterraron con sus cadenas en el mismo sepulcro que esos tres maravillosos niños, tal como él lo había pedido antes de su martirio. Sus santas almas volaron a su habitación divina, mientras que sus reliquias, que obran milagros, permanecieron como testigos constantes de su conducta heroica en la fe para beneficio de los fieles. Sufrieron alrededor del año 250 d. C.


5/18 de septiembre: Venerable Atanasio de Brest

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Vivió en ascetismo en Vilna, y fue más tarde abad de un monasterio en Brest. Por su constancia en la fe ortodoxa, fue degollado por los católicos el 5 de septiembre de 1648. Sus reliquias, que obran milagros, son atesoradas en Brest.


6/19 de septiembre: Conmemoración del milagro del santo arcángel Miguel

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Había en Frigia un lugar llamado Χωναι (Jóne; esto es, hendidura), no lejos de Hierápolis, y en aquel lugar un milagroso manantial de aguas. Cuando el Apóstol Juan el Teólogo predicaba el Evangelio en Hierápolis junto a Felipe, viendo este lugar, profetizó que un manantial de aguas sanadoras brotaría del mismo, en el cual muchos serían sanados, y que el gran arcángel de Dios Miguel visitaría aquel lugar. Esta profecía se cumplió pronto: allí brotó un manantial de aguas que se hizo famoso en todo lugar por su poder milagroso. Un pagano de Laodicea tenía una hija muda, lo cual le hacía sufrir mucho; pero el arcángel Miguel se le apareció en sueños, urgiéndole a que llevase a su hija a este manantial para que fuese sanada. El padre obedeció al punto, y llevando a su hija, encontró allí a muchas personas que habían venido buscando ser liberados de varias enfermedades. Todos estos eran cristianos. El varón preguntó como debía pedir sanidad, y los cristianos le dijeron: «En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, debes rogar al arcángel Miguel». El padre así hizo su petición, y al bajar a su hija al agua, la niña comenzó a hablar. Entonces este pagano fue bautizado junto a su hija y a toda su casa, y construyó una iglesia al arcángel Miguel sobre el manantial.

Más tarde, un joven llamado Arquipo se estableció allí. Los paganos le causaban muchos males, pues no querían que tal poder se manifestase en un lugar cristiano, ni que mucha gente fuese atraída al mismo. En su pervesidad, alteraron el curso de un río cercano para que inundase la iglesia y el manantial; pero por las oraciones de Arquipo, el arcángel Miguel apareció y abrió una hendidura en la roca al pie de la iglesia para que por allí se hundiera la inundación del río. Así fue salvado aquel lugar, y desde entonces se le llamó Χωναι (Jóne; esto es, hendidura), por haberse hundido el río por la hendidura. San Arquipo vivió allí en ascetismo hasta los setenta años, y entro en paz a su descanso en el Señor.


8/21 de septiembre: La Natividad de la Santísima Madre de Dios

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

La santa Virgen María nació de padres ancianos, Joaquín y Ana. Su padre era de la tribu de David y su madre de la tribu de Aarón, así que era de sangre real por parte de padre y de sangre sacerdotal por parte de madre. De este modo prefiguró a aquel que nacería de ella como Rey y Sumo Sacerdote. Sus padres eran ya ancianos y no tenían hijos, y por esto tenían vergüenza ante los hombres y humildad ante Dios. En su humildad, rogaban con lágrimas que Dios trajese gozo a su ancianidad con el don de un hijo, como antes había dado gozo a los ancianos Abraham y Sara, dándoles a su hijo Isaac. El Dios omnipotente y omnisciente les dio un gozo más allá de sus expectativas y sus sueños, pues les dio no sólo una hija, sino la Madre de Dios; los iluminó con gozo no sólo temporal, sino eterno. Dios les dio una sóla hija y un sólo nieto—¡pero qué hija, y qué nieto! María, llena de gracia, bendita entre las mujeres, templo del Espíritu Santo, altar del Dios vivo, mesa del pan vivo, arca del Santo de Dios, árbol del más delicioso fruto, gloria de la raza humana, alabanza de la mujer, fuente de virginidad y pureza—esta fue la hija dada por Dios a Joaquín y Ana. Nacida en Nazaret, fue llevada al Templo de Jerusalén a los tres años, de donde regresó a Nazaret, oyendo al poco tiempo el anuncio del Arcángel Gabriel acerca de nacimiento del Hijo de Dios, el Salvador del mundo, de su vientre puro y virginal.


9/22 de septiembre: Conmemoración del Tercer Concilio Ecuménico

Este Concilio se reunió en Éfeso en el año 431 d. C., en tiempos del emperador Teodosio el Joven. Doscientos padres asistieron al mismo. El Concilio condenó a Nestorio, el patriarca de Constantinopla, por su doctrina herética sobre la Santísima Virgen María y sobre el nacimiento del Señor. Nestorio se negaba referirse a la Santa Virgen como Madre de Dios, sino que la llamaba sólo Madre de Cristo. Los santos padres, al condenar la herejía de Nestorio, confirmaron que la Santa Virgen debe ser llamada Madre de Dios. Además de esto, se confirmaron las decisiones de los dos primeros Concilios Ecuménicos, especialmente el Credo Niceno-Constantinopolitano, y se ordenó que nadie podía añadir o quitar nada de este Credo.


11/24 de septiembre: Venerable Teodora de Alejandría

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Teodora era la esposa de un joven en Alejandría. Aconsejada por una adivinadora, cometió adulterio con otro hombre. Su conciencia comenzó a acusarla de inmediato, y cortando su cabello se vistió de hombre, marchándose al Monasterio de Octodecatos con el nombre Teodoro. Sus labores [ascéticas], ayunos, vigilias, mansedumbre y arrepentimiento sazonado con lágrimas eran una fuente de asombro para todos los hermanos. Difamada por una prostituta que decía que Teodora había yacido con ella, no reveló la verdad, considerando esto como un castigo de Dios por su antiguo pecado. Expulsada del monasterio, pasó siete años vagando por bosques y desiertos, cuidando del hijo de la prostituta. Venció todos los ataques del enemigo, rehusándose a adorar a Satanás, a tomar comida de la mano de un soldado, y a hacer caso de la petición de su esposo de que regresara— pues todas estas eran visiones malignas, y cuando Teodora hacía la señal de la Cruz, todo se desvanecía como humo. Después de siete años, el abad del monasterio la recibió de nuevo, y ella vivió allí en ascetismo dos años más y entonces entró a su descanso en el Señor. Sólo entonces se enteraron los monjes de que era una mujer; un ángel se apareció al abad y le explicó todo. Su esposo asistió al funeral, y permaneció hasta su muerte en la celda de su antigua esposa. Santa Teodora recibió grandes gracias de Dios: hacía mansas a las bestias salvajes, sanaba enfermedades, e hizo brotar agua en un pozo seco. Así Dios glorificó a esta verdadera penitente que, con heroica perseverancia, pasó nueve años arrepintiéndose de un sólo pecado. Entró a su descanso en el 490 d. C.


13/26 de septiembre: Consagración de la Basílica de la Resurrección de Cristo

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Tras hallar la Cruz del Señor en Jerusalén, la santa emperatriz Elena permaneció algún tiempo en la ciudad construyendo iglesias en Getsemaní, Belén, el Monte de los Olivos, y otros lugares para conmemorar la vida y obra del Señor Jesucristo. Comenzó a construir una enorme iglesia en el Gólgota, donde había hallado la preciosa Cruz, en la cual estarían tanto el lugar donde el Señor fue crucificado como el lugar donde fue enterrado, pues la Emperatriz quería reunir bajo un sólo techo los lugares de su pasión y su gloria. Elena, empero, partió a estar con el Señor antes de que esta magnífica iglesia fuese completada. Su contrucción terminó en el trigésimo aniversario de la ascensión de Constantino al trono, por lo cual la consagración de la Iglesia y el jubileo del emperador fueron ambos fijados para el mismo día, el 13 de septiembre de 335. En aquellos días, un concilio de obispos estaba reunido en Tiro; estos obispos, junto a muchos otros, llegaron a Jerusalén para la solemne consagración de la Iglesia de la Resurrección del Señor. Entonces se estableció que este día fuese celebrado anulamente como un día de victoria y triunfo para la Iglesia de Cristo.


14/27 de septiembre: La Exaltación de la Preciosa y Vificante Cruz

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

En este día se conmemoran dos eventos relacionados a la preciosa Cruz de Cristo: el primero, el hallazgo de la Cruz en el Gólgota, y el segundo, el regreso de la Cruz a Jerusalén desde Persia.

Mientras visitaba la Tierra Santa, la santa emperatriz Elena decidió buscar la preciosa Cruz del Señor. Un anciano judío llamado Judá era la única persona que conocía el paradero de la Cruz. Presionado por la Emperatriz, este reveló que la Cruz estaba enterrada debajo del Templo de Venus que el emperador Adriano había construido en el Gólgota. La Emperatriz ordenó que este templo idólatra fuese derribado, y excavando entonces debajo del mismo, halló allí tres cruces. No sabiendo la Emperatriz como reconocer cual era la Cruz del Señor, sucedió que una procesión funebre pasó por allí. Entonces el patriarca Macario dijo que colocasen cada una de la cruces sobre el difunto. Al colocar sobre él la primera y la segunda cruz, el difunto permaneció igual; mas cuando colocaron sobre él la tercera, el hombre volvió a la vida. Así supieron que esta era la preciosa y vivificante Cruz de Cristo. Después de esto, la colocaron sobre una mujer enferma y esta fue sanada. Entonces el Patriarca levantó la Cruz en alto para que todos la vieran, y el pueblo cantó entre lágrimas: «¡Señor, ten piedad!». La Emperatriz Elena mandó a hacer un relicario de plata, en el cual colocó la preciosa Cruz.

Más tarde, el rey Cozroes conquistó a Jerusalén, esclavizó al pueblo, y se llevó la Cruz del Señor a Persia, donde permaneció por catorce años. En el 628 d. C., el emperador griego Heráclito venció a Cozroes y trajo la Cruz de regreso a Jerusalén con gran solemnidad. Al entrar a la ciudad, Heráclito llevaba la cruz sobre sus espaldas; pero de pronto el anciano Emperador ya no pudo dar otro paso adelante. El patriarca Zacarías vio a un ángel indicándole al Emperador que se quitase sus vestimentas imperiales y que cargase con la Cruz por el camino que Cristo había seguido, descalzo y humillado como él lo había hecho. El Patriarca relató esta visión al Emperador, quien despojándose sus vestimentas, tomó la Cruz con pobres vestidos y descalzo, y la llevó al Gólgota, colocándola en la Iglesia de la Resurrección, para el gozo y consuelo de todo el mundo cristiano.


14/27 de septiembre: Un sermón en la fiesta de la Exaltación de la Cruz

Tomado de un sermón de san Juan de Shanghai y San Francisco

Antes del tiempo de Cristo, la cruz era un instrumento de castigo que provocaba temor y aversión; pero después de la muerte de Cristo en la Cruz se convirtió en el instrumento de nuestra salvación. Por la Cruz Cristo destruyó al diablo; desde la Cruz Él descendió al hades, y librando a los que allí languidecían, los llevó al Reino de los Cielos. La señal de la Cruz aterroriza a demonios, y como señal de Cristo es honorada por los cristianos.

La Iglesia Ortodoxa celebra solemnemente el hallazgo de la Cruz del Salvador. En este y otros días dedicados a la Santa Cruz, pedimos a Dios que conceda Su misericordia no sólo a personas individuales, sino también a toda la cristiandad, a la Iglesia entera. Esto es bien expresado por el tropario a la Cruz del Señor, compuesto en el siglo VIII por San Cosme de Maiuma (amigo de San Juan Damasceno), quien escribió el servicio de la Exaltación de la Cruz del Señor.

«Señor, salva a tu pueblo y bendice tu heredad, concediendo victorias a los piadosos sobre sus adversarios, y guardando mediante tu Cruz a tu comunidad» (Tropario de la Fiesta).

El comienzo de esta oración se toma del Salmo 27. En el Antiguo Testamento, la palabra «pueblo» designaba sólo a los que confesaban la fe verdadera, el pueblo fiel a Dios. La «heredad» se refería a todo lo que pertenece a Dios, la propiedad de Dios, que en el Nuevo Testamento es la Iglesia de Cristo. Al orar por la salvación del pueblo de Dios de tormentos eternos y de calamidades terrenales, imploramos al Señor que bendiga, que envíe gracia y Sus buenos dones sobre la Iglesia entera, y que la fortalezca interiormente.

La petición por «victoria para los piadosos» está basada en el Salmo 143, versículo 10, y recuerda las victorias que el Rey David logró por el poder de Dios. La Iglesia, interiormente fortalecida por la gracia de Dios y protegida exteriormente, es para los cristianos ortodoxos «la ciudad de Dios», la comunidad de Dios, su pueblo, donde el camino a la Jerusalén celestial tiene su principio. Varias calamidades han sacudido al mundo, pueblos enteros han desaparecido, ciudades y estados han perecido; pero la Iglesia, a pesar de persecuciones e incluso de conflictos internos, permanece invencible, pues «las puertas del infierno no prevalecerán contra ella» (cfr. San Mateo 16:18).

Hoy, cuándo los líderes de mundo tratan en vano establecer la orden en la tierra, el único instrumento de paz confiable es aquel del que canta la Iglesia:

«La Cruz es el guardián del mundo entero; la Cruz es la belleza de la Iglesia, la Cruz es el poder de los reyes; la Cruz es la confirmación de los fieles, la Cruz es la gloria de ángeles y la herida de los demonios» (Exapostilario de la Exaltación de la Cruz).


16/29 de septiembre: Gran-mártir Eufemia

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Nacida en Calcedonia, era hija del senador Filófrono y Teodorisia, ambos piadosos cristianos. Eufemia era una joven hermosa en cuerpo y alma. Cuando el proconsul Prisco celebró celebró un festival de sacrificio a Ares en Calcedonia, cuarenta y nueve cristianos, entre los que estaba santa Eufemia, se ausentaron de las festividades y se escondieron. Sin embargo, fueron descubiertos y traídos ante Prisco. Cuando el airado Prisco les preguntó por qué no habían obedecido el mandato imperial, contestaron: «Tanto los mandatos del Emperador como los tuyos sólo deben ser obedecidos si no son contrarios al Dios del cielo. Si los son, no sólo no deben obedecerse, sino que deben ser resistidos». Entonces Prisco los sometió a varias torturas diariamente por diez y nueve días. En el doceavo día, separó a Eufemia del resto y comenzó a elogiar su belleza, esperando traerla así a la idolatría. Cuando todos sus halagos probaron ser inútiles, ordenó que Eufemia fuese torturada. Primero fue colocada sobre una rueda, pero un ángel de Dios apareció y la rompió. Entonces Prisco la arrojó en un horno ardiente, mas Eufemia fue preservada por el poder de Dios. Viendo esto, dos soldados llamados Víctor y Sóstenes creyeron en Cristo, por lo cual fueron arrojados a las bestias salvajes, terminando así su camino terrenal con gloria. Después de esto, Eufemia fue arrojada en una fosa llena de agua y toda clase de reptiles venenosos; más ella hizo la señal de la Cruz sobre el agua mientras caía en la fosa y quedó ilesa. Fue arrojada finalmente a las bestias salvajes, y con una oración de acción de gracias encomendó su alma en manos de Dios. Sus padres enterraron su cuerpo. Sufrió en el año 303 d. C., y entró al gozo eterno. (Santa Eufemia también es conmemorada el 11 de julio).


17/30 de septiembre: Las santas mártires Fe, Esperanza y Caridad, y su madre Sofía

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Vivieron y sufrieron en Roma en tiempos del emperador Adriano. La sabia Sofía (como su nombre, que significa «sabiduría») quedó viuda, y siendo cristiana, se empapó a sí misma y a sus hijas en la fe cristiana. Cuando la mano perseguidora de Adriano llegó a la casa de Sofía, Fe tenía doce años, Esperanza diez, y Caridad nueve. Las cuatro fueron traídas ante el Emperador, con sus brazos entrelazados como «una corona tejida», confesando su fe en Cristo el Señor, humilde pero firmemente, y rehusándose a ofrecer sacrificio a la diosa Ártemis. En el momento de su pasión, la madre urgió a sus valientes hijas a perseverar hasta el fin: «Su Amante celestial, Jesucristo, es salud eterna, belleza inefable, y vida eterna. Cuando vuestros cuerpos sean inmolados por la tortura, él os vestirá de incorrupción y las heridas de vuestros cuerpos brillarán en el cielo como las estrellas». Los verdugos infligieron crueles torturas sobre Fe, Esperanza y Caridad una por una. Las golpearon, las apuñalaron, y las arrojaron al fuego y en brea ardiente, degollando finalmente a una después de la otra. Sofía tomó los cuerpos muertos de sus hijas a las afueras de la ciudad y los enterró, permaneciendo en oración junto al sepulcro tres días con sus noches. Entonces entregó su alma a Dios, apresurándose a la compañía celestial en donde la esperaban las bienaventuradas almas de sus hijas.


18 de septiembre/1 de octubre: Venerable Eumenio el Taumaturgo

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Eumenio siguió a Cristo de todo corazón desde su juventud, librándose de dos pesadas cargas: la carga de las riquezas, y la carga de la carne. Se libró de la primera distribuyendo todos sus bienes a los pobres y los necesitados, y de la segunda mediante el ayuno estricto. De esta manera primero se sanó a sí mismo, y luego comenzó a sanar otros. Despasionado y lleno de la gracia del Espíritu Santo, Eumenio brillaba con una luz que no podía ocultarse. Como está escrito: «Una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder» (cfr. San Mateo 5:14), así tampoco san Eumenio se pudo ocultar del mundo. Viendo su bondad, el pueblo lo eligió como obispo de Gortina, y Eumenio gobernó al rebaño de Cristo como buen pastor. Fue padre de los pobres, riqueza de los necesitados, consolación de los afligidos, sanidad de los enfermos, y un maravilloso obrador de milagros. Y en efecto, obró muchos milagros por sus oraciones: sometió una serpiente venenosa, echó fuera demonios, y sanó a muchos enfermos—e hizo esto no solo en su propia ciudad, sino también en Roma y en la Tebaida. En un tiempo de sequía en la Tebaida, Eumenio obtuvo lluvia de Dios por sus oraciones. Allí en el Tebaida terminó su vida terrenal, y tomó habitación en la morada eterna de su Señor. Vivió y laboró en el siglo VII d. C.


20 de septiembre/3 de octubre: Gran mártir Eustacio

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Eustacio era un gran líder militar en tiempos de los emperadores Tito y Trajano. Aunque era pagano, Plácido (pues este era su nombre pagano) era un varón justo y misericordioso, tal como el centurión Cornelio, que fue bautizado por el apóstol Pedro (cfr. Hechos 10). Yendo de caza un día, encontró un ciervo. Por la providencia de Dios, una brillante Cruz apareció entre la cornamenta del ciervo, y Plácido escucho la voz de Dios diciéndole que fuese a un sacerdote cristiano para ser bautizado. Plácido fue bautizado junto a su esposa y a sus dos hijos. En su bautismo recibió el nombre de Eustacio, su esposa el nombre de Teopista, y sus hijos los nombres de Agapio y Teopisto. Después de su bautismo, regresó al lugar en el que ocurrió la revelación a través el ciervo, y dio gracias a Dios de rodillas por haberlo traído a la verdad. Entonces escucho de nuevo la voz de Dios, anunciándole que habría de sufrir por su nombre, y fortaleciéndole. Entonces Eustacio dejó Roma secretamente junto a su familia con la intención de esconderse entre gente sencilla, y de servir a Dios humildemente como desconocidos. Al llegar a Egipto fue inmediatamente asaltado por pruebas: un malvado bárbaro raptó a su esposa, y sus dos hijos fueron atrapados por bestias salvajes. Mas el bárbaro pronto llegó a un mal fin, y un pastor salvó a los muchachos de las bestias salvajes. Eustacio se estableció en el pueblo egipcio de Vadisis, viviendo allí como un trabajador a sueldo por quince años. Después de esto, los bárbaros cayeron sobre el Imperio romano, y el emperador Trajano se lamentaba de que no estuviese junto a él su valiente comandante Plácido, que había sido victorioso doquiera que había luchado. El Emperador envió a dos de sus oficiales a buscar al gran general a través del Imperio. Por la providencia de Dios, estos oficiales (que habían sido amigos de Eustacio) llegaron a este pueblo de Vadisis, y hallándole, lo llevaron ante el Emperador. Eustacio congregó a todo el ejército y venció a los bárbaros. Yendo de regreso a Roma, Eustacio buscó a su esposa e hijos. Al llegar a Roma, el emperador Trajano había muerto y emperador Adriano estaba ya en el trono. Cuando Adriano ordenó que Eustacio sacrificase ante los ídolos, Eustacio le dijo que era cristiano. El Emperador lo entregó a la tortura junto a su esposa y sus hijos. Cuando las bestias salvajes no le hicieron daño alguno, los arrojó a un buey de metal calentado al rojo vivo. Sacaron sus cuerpos al tercer día, muertos, pero intactos por el fuego. Así este glorioso general dio a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios (cfr. San Mateo 22:21), entrando al Reino eterno de Cristo nuestro Dios.


22 de septiembre/5 de octubre: Hieromártir Focas de Sínope

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Focas se ejercitó desde su juventud en todas las virtudes cristianas. Como obispo en su lugar natal, la ciudad de Sínope a orillas del Mar Negro, fortaleció a los piadosos en su fe mediante su palabra y ejemplo divinos, y trajo muchos idólatras a la verdadera fe. Los paganos, con corazones de piedra, estaban llenos de ira contra san Focas, y el Señor le reveló en una visión su muerte por martirio. Focas vio una paloma radiante bajar del cielo, llevando en su pico una bella corona de flores. La paloma puso la corona en la cabeza de Focas, mientras se oía una voz decir: «¡Mi copa está llena, y es para que tú la bebas!». A través de esta visión, el hombre de Dios supo que iba sufrir por Cristo muy pronto. No se atemorizó, sino que dando gracias a Dios se preparó para la tortura. Poco después, el gobernador Africano arrestó a Focas para interrogarle, y le infligió crueles torturas: su cuerpo entero fue golpeado hasta que se cubrió de moretones y heridas, y, tras ser encarcelado, fue arrojado en agua hirviendo. Allí terminó su curso terrenal este valiente soldado de Cristo, y entró al gozo de su Señor. Sufrió en tiempos del emperador Trajano (98-117 d. C.).


22 de septiembre/5 de octubre: San Pedro el Misericordioso

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

En los días del emperador Justiniano (siglo VI d. C.), el principal cobrador de impuestos en África era un cierto Pedro, varón muy rico que era también muy cruel e inmisericorde. Una vez, los mendigos se quejaban entre ellos de que ninguno había recibido jamás alguna limosna de Pedro. Entonces uno de ellos apostó que podía lograr que Pedro le diera una limosna. Fue entonces a donde este hombre de pétreo corazón, y le importunó hasta que, en un momento de furia, Pedro le tiró un pedazo de pan que tenía consigo. El mendigo agarró gozoso el pedazo de pan y huyó. Inmediatamente después de esto, Pedro enfermó de un mal repentino y peligroso, y tuvo la siguiente visión: se vio a sí mismo pesado por un demonio en el otro mundo. En una de las escalas, los demonios amontonaban los pecados de Pedro, mientras que en la otra estaban los ángeles, lamentándose de que no había ni una sola buena obra en la vida de Pedro que se pudiese colocar en la escala vacía. Uno de los ángeles dijo: «No tenemos nada en absoluto que podamos colocar, excepto aquel pedazo de pan que arrojó al mendigo hace unos días». El ángel rápidamente colocó el pedazo de pan en la escala vacía, y este igualó el peso de la otra escala, que contenía todos los pecados de Pedro. Cuando la visión hubo terminado, Pedro dijo dentro de sí: «Ciertamente esto no fue una alucinación, pues vi todos los pecados que he cometido desde mi juventud. Si un solo pedazo de pan pudo serme de tal ayuda, un pedazo de pan que incluso arroje a un mendigo, ¿cuánta mas ayuda obtendré de obras de misericordia, hechas con el corazón y con humildad?». Y desde ese momento, Pedro se convirtió en el hombre más misericordioso de su pueblo. Dio todos sus bienes a los pobres, y cuando se hubo despojado de todo, se vendió a sí mismo como esclavo por treinta piezas de plata, y dio este dinero a los pobres como limosna en el nombre de Cristo. Así llegó a ser conocido como Pedro el Misericordioso.


23 de septiembre/6 de octubre: La concepción de san Juan Bautista

En este día se celebran la misericordia de Dios, sus admirables obras y su sabiduría: su misericordia hacia los piadosos y justos padres de san Juan, los ancianos Zacarías e Isabel, quienes durante toda su vida habían rogado a Dios por un hijo; la maravilla de la concepción de Juan en el muy envejecido vientre de Isabel; y la sabiduría del plan de salvación para la humanidad. Dios tenía para Juan un plan especialmente grande: que fuera el Profeta y Precursor de Cristo el Señor, el Salvador del mundo. En varias ocasiones, Dios ha revelado mediante sus ángeles el nacimiento de aquellos para quienes tenía un plan especial: el de Isaac a la infecunda Sara [cfr. Génesis 18:1-15; 21:1-7], el de Sansón al infecundo Manoa y a su esposa [cfr. Jueces 13], y el de Juan el Bautista a los infecundos Zacarías e Isabel [cfr. San Lucas 1:5-25, 57-80]. ¿Cómo pueden nacer hijos de padres ya ancianos? Si alguien tiene curiosidad por saber, que no pregunte a hombre pues el hombre no sabe, ni a la ley natural pues esto es muy superior a ella; sino vuelva su mirada al poder del Dios Omnipotente, quien hizo el universo de la nada y ni siquiera utilizó progenitores, jóvenes o viejos, para la creación de Adán. En vez de tener curiosidad, demos gracias a Dios por revelarnos tan frecuentemente su poder, misericordia y sabiduría más allá de la ley natural, que de otro modo nos encadenaría, pues sin estas singulares maravillas de Dios caeríamos en desesperación y nos olvidaríamos de él.


23 de septiembre/6 de octubre: Nuevo-mártir Juan de Konitsa

Nacido en un lugar llamado Konitsa, en Albania, era un musulmán de padres musulmanes. Viendo el poder de la fe cristiana en varios lugares y eventos, fue bautizado. Por esto fue arrestado y traído ante el juez turco. Torturado por su fe cristiana en Etolia, y degollado en 1814, clamó al momento de su muerte: «¡Recuérdame, Señor, en tu Reino!»


24 septiembre/7 de octubre: Protomártir Tecla de Iconio, Igual de los Apóstoles

Tecla nació en Icono de eminentes padres paganos. A los dieciocho años fue prometida en matrimonio a un joven, al mismo tiempo que el apóstol Pablo vino a Iconio con Bernabé a predicar el Evangelio (cfr. Hechos 14:1-7). Escuchando a Pablo por tres días y tres noches, Tecla se convirtió por completo a la fe cristiana e hizo voto de permanecer virgen. Su madre, viendo que despreciaba a su prometido y no pensaba ya en el matrimonio, primero intentó persuadirla, y luego la golpeaba y la hacía pasar hambre. Finalmente la entregó a los jueces y exigió, como madre perversa que era, que Tecla fuese quemada. El juez la arrojó a las llamas, mas Dios la preservó ilesa. Tecla entonces se convirtió en seguidora del apóstol Pablo, y fue con él a Antioquía. Un anciano de la ciudad, atraído por la belleza de Tecla, intentó tomarla por la fuerza; pero Tecla se escapó de su alcance. El anciano la denunció al gobernador como una cristiana que despreciaba el matrimonio. El gobernador la condenó a muerte y la arrojó a las bestias salvajes, pero los animales no osaban tocar el cuerpo de esta santa virgen. Asombrado, el gobernador perguntó: «¿Quién eres, y qué poder tienes, que nada te hace daño?» Tecla contestó: «Soy una sierva del Dios vivo». Entonces el gobernador la dejó libre, y ella se fue a predicar el Evangelio. Tuvo éxito en convertir a muchos a la verdadera fe, entre los que estaba la eminente y honorable viuda Trifena. Después de esto, con la bendición del apóstol Pablo, Tecla se retiró a un lugar solitario cerca de Seleucia. Vivió allí un largo tiempo en ascetismo, sanando a los enfermos con poder milagroso y de convirtiendo así a muchos al cristianismo. Los médicos y adivinos de Seleucia estaban celosos de ella y enviaron a unos jóvenes para que la atacaran, esperando que al perder su virginidad también perdiese su poder milagroso. Tecla huyó de estos jóvenes insolentes, y viendo que la alcanzarían, rogó a Dios por ayuda delante de una piedra, la cual se abrió para esconder a la santa doncella y esposa de Cristo. Esta roca fue su refugio y su tumba. San Juan Crisóstomo dice de esta maravillosa heroína cristiana y santa: «Me parece ver a esta bienaventurada virgen, ofreciendo a Cristo la virginidad en una mano, y el martirio en la otra».


25 de septiembre/8 de octubre: Venerable Eufrosine de Alejandría

Tomado del Prólogo de Ochrid, por san Nicolás Velimirović, y del Mesyatsoslov de la Iglesia Ortodoxa Rusa

Eufrosine era hija de Paunucio, un hombre rico y distinguido de Alejandría. Sus padres, que eran estériles, habían suplicado a Dios por el nacimiento de una criatura, y Eufrosine les fue dada. Estos piadosos padres criaron a su hija en la fe cristiana. No deseando casarse, la joven Eufrosine se escondió de su padre, y poniéndose ropa de hombre, se presentó ante el abad de un monasterio como si fuese un eunuco del emperador Teodosio, usando el nombre de Esmaragdo. El abad la recibió, y la puso bajo la guía del padre espiritual Agapito. Por la rigurosidad ascética de su ayuno y oración, Esmaragdo sobrepasó rápidamente a todos los monjes de aquel monasterio. Cuando hubo complido treinta y ocho años de estricto ascetismo, su padre Paunucio visitó el monasterio, y el abad lo dirigió a Esmaragdo para oración y consejo. Esmaragdo reconoció Paunucio, pero Paunucio no reconoció Esmaragdo. Cuando el padre confesó su pena por su hija perdida, Esmaragdo le dijo que no perdiera la esperanza, pues vería a su hija otra vez en esta vida, y le suplicó que regresara en tres días. Al regresar Paunucio, Esmaragdo estaba en su lecho de muerte. El monje moribundo dijo a Paunucio: «Yo soy tu hija Eufrosine, y tú eres mi padre». A causa de la fuerte impresión, el padre no pudo componerse durante un largo tiempo. Entonces, la bienaventurada Eufrosine respiró su último aliento, y su padre la endechó. Después de enterrarla, Paunucio mismo entró al monasterio, estableciédose en la celda de su santa hija muerta; y tras diez años de ascetismo, Paunucio también entró a su descanso en el Señor.


25 de septiembre/8 de octubre: San Sergio de Radonezh

Tomado del Prólogo de Ochrid, por san Nicolás Velimirović, y del Mesyatsoslov de la Iglesia Ortodoxa Rusa

Este gran asceta y lumbrera de la iglesia rusa nació el 3 de mayo de 1314 en la aldea de Varnitsa, cerca de Rostov. Sus padres fueron los piadosos nobles, santos Cirilo y María. A los siete años, Bartolomé (pues era este su nombre antes de hacerse monje) fue enviado a estudiar junto con sus hermanos, pero sin importar sus mejores esfuerzos, apenas podía leer o escribir. Finalmente, Bartolomé oró a Dios con lágrimas implorándole que le concediera el saber de los libros. Cierto día, Bartolomé se encontró con un ángel de Dios que, disfrazado de monje, le dio su bendición y le preguntó que deseaba. «Con todo mi corazón», dijo, «deseo aprender a leer y a escribir, santo padre; ore a Dios por mí para que me conceda ser letrado». El anciano bendijo al niño, y dándole a comer pan de la prósfora, le dijo: «Esto te es dado como un signo de la Gracia de Dios y para el entendimiento de las Santas Escrituras». Bartolomé llevó al ángel a la casa de sus padres, donde para asombro de todos bendijo al niño para leer el Salterio. Antes de irse, el anciano profetizó: «Grande será su hijo ante Dios y ante el pueblo. Él se convertirá en una morada elegida del Espíritu Santo». Después de estas cosas, Bartolomé perseveraba en la oración constante, la asistencia a todos los Servicios Divinos, y el más estricto ayuno. Tras la muerte de sus padres, Bartolomé se retiró con su hermano Esteban al bosque cercano a Radonezh, donde su familia se había mudado en 1328. Allí fundo el Monasterio de la Santísima Trinidad, y fue finalmente tonsurado al monasticismo en 1337. Eventualmente muchos vinieron a unirse a él, y junto con sus compañeros de monasticismo se ocupó en el trabajo, la oración, y la batalla espiritual. Al querer reorganizar el monasterio los monjes se rebelaron contra él, y san Sergio se fue en secreto para fundar otro monasterio; pero muy pronto los monjes, arrepentidos, rogaron al Patriarca que les enviara de nuevo a Sergio como padre y abad. El santo regresó con gran amor y obediencia. A causa de la pureza de su vida, fue hallado digno del don de sanar a los enfermos y de obrar milagros - incluso, según una tradición, de levantar en el nombre de Cristo a uno que había muerto. La Santa Madre de Dios se le apareció un número de veces en visiones. Príncipes y obispos venían a él para recibir consejo, y él dio su bendición al Gran-príncipe Dimitri Donskoi, prediciendo su victoria en la guerra de liberación rusa contra los tártaros. Tenía la capacidad de ver los corazones de los hombres y de conocer acontecimientos futuros. Todos glorificaban a Dios por el Monje Sergio, a quien veneraban como a uno de los santos padres de la antigüedad; pero la gloria humana no socavó al gran asceta, que permaneció siendo el modelo de la humildad monástica. Su comunidad se llenó de monjes durante el curso de su vida, y ha sido uno de los principales centros de la vida espiritual en Rusia a través de los siglos. San Sergio durmió en el Señor el 25 de septiembre de 1392, y sus últimas palabras a los monjes fueron: «Hermanos, tengan atención de sí mismos. Tengan temor de Dios, pureza de alma, y amor sin hipocresía».


27 de septiembre/10 de octubre: Santo mártir Calístrato

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Nacido en Cartago, era cristiano desde su nacimiento, ya que su padre y abuela lo eran. Uno de sus ancestros, llamado Neócoro, sirvió como soldado bajo Poncio Pilato en tiempos de la pasión de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Viendo los muchos milagros ocurridos durante la muerte de Cristo, Neócoro creyó en él, y fue instruído en la fe y bautizado por los Apóstoles. Regresando a su patria, Neócoro llevó la fe cristiana a los suyos como una perla de gran precio. Así, pasado el tiempo, san Calístrato nació, fue bautizado, y criado como cristiano. Al ingresar al ejército, no habían otros cristianos en su regimiento. Uno de sus compañeros, viendo que san Calístrato se despertaba de noche para orar a Dios, lo denunció como cristiano ante el comandante Persentino—y este Persentino era un cruel perseguidor de cristianos. Al convencerse de que Calístrato era en efecto cristiano, el comandante le ordenó ofrecer sacrificio a los ídolos, a lo cual Calístrato se negó al punto. Entonces Calístrato fue golpeado severamente y arrojado al mar, mas el poder de Dios lo preservó, y emergió del mar intacto. Viendo la perseverancia de Calístrato y sus milagros, cuarenta y nueve soldados creyeron en Cristo el Señor, y fueron golpeados y arrojados en prisión junto con él. En la cárcel, san Calístrato instruyó a sus compañeros en la fe y los alentaba. Estos mostraron gran valor en los sufrimientos, y el Señor mostró gran poder mediante ellos. El malvado verdugo envió a sus soldados a la cárcel de noche, y estos asesinaron a Calístrato junto a los otros cuarenta y nueve. Sufrieron por la verdad en el 304 d. C., y una iglesia fue luego construída sobre sus reliquias.


28 de septiembre/11 de octubre: Venerable Caritón el Confesor

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Caritón era un eminente y piadoso ciudadano de la ciudad de Iconio. Imbuído del espíritu de su compatriota, santa Tecla, Caritón confesaba abiertamente el nombre de Cristo. Al desatarse una cruel persecución de cristianos bajo el emperador Aureliano, Caritón fue traído a juicio ante el gobernador de inmediato. El juez le ordenó que adorase a los falsos dioses, a lo cual Caritón contestó: «Todos tus dioses son furias, que en tiempos pasados fueron arrojadas desde el cielo hasta los más profundos infiernos a causa del orgullo». Caritón mostró abiertamente su fe en el único Dios vivo, Creador de todo, y en el Señor Jesucristo, Salvador de la humanidad. Entonces el gobernador ordenó que Caritón fuese golpeado y torturado de tal modo que todo su cuerpo se cubriese de heridas, hasta parecer una sóla inmensa llaga. Tras la mala muerte de Aureliano, cuyas malas obras finalmente lo alcanzaron, Caritón fue librado de la tortura y la cárcel. Viajó a Jerusalén, pero en el camino fue atrapado por unos ladrones de los cuales fue librado por la providencia de Dios. No regresó a Iconio, sino que se retiró al desierto de Farán, donde fundó una comunidad y congregó a un grupo de monjes. Habiendo dado una regla a su comunidad, y deseando huir de la alabanza de los hombres, se retiró a otro desierto cerca de Jericó, donde, pasado el tiempo, fundó otra comunidad que lleva su nombre. Finalmente fundó aún otra comunidad, Souka, llamada la «Antigua Lavra» en griego. Murió en avanzadísima edad, y entró a la gloria de su Señor el 28 de septiembre del 350, y sus reliquias son atesoradas en su primer monasterio. La práctica de tonsurar a los monjes se atribuye a san Caritón.


29 de septiembre/12 de octubre: San Ciríaco el Solitario

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Nació en Corinto, hijo del sacerdote Juan y de Eudoxia, y era pariente del obispo local, Pedro. Fue hecho lector por el obispo en la catedral cuando aún era muy joven. Leyendo las Sagradas Escrituras, el joven Ciríaco se maravillaba de cómo la providencia de Dios glorificaba a todo siervo verdadero del Dios vivo y ordenaba la salvación de la raza humana. A la edad de dieciocho años, su deseo por la vida espiritual le llevó a Jerusalén. Allí entro al monasterio de un piadoso hombre llamado Eustorgio, quien le cimentó en la vida monástica. Luego fue a san Eutimio, quien discernió su futura grandeza espiritual, le vistió con el Gran Hábito, y le envió al Jordán con san Gerásimo, donde Círaco permaneció nueve años. Después de la muerte de Gerásimo, regresó al monasterio de san Eutimio, donde permaneció en silencio por diez años. Después de esto iba de lugar en lugar, huyendo de la alabanza de los hombres. También vivió su labor ascética en la comunidad de san Caritón, donde terminó su curso terrenal, habiendo vivido ciento nueve años. Un glorioso asceta y obrador milagros, san Ciríaco tenía un cuerpo inmenso y fuerte, y permaneció así aún en edad avanzadísima, a pesar de sus estrictos ayunos y vigilias. En el desierto, a veces vivía por años comiendo sólo vegetales crudos. Tenía gran celo de la fe ortodoxa y denunciaba herejías, especialmente la herejía de Orígenes. De sí mismo decía que, mientras fue monje, el sol nunca lo vio comer ni estar airado con ningún hombre. (De acuerdo con la regla de san Caritón, los monjes comían sólo una vez al día, después de la puesta del sol.) Ciríaco fue una gran lumbrera, un pilar de la ortodoxia, la gloria de los monjes, un poderoso sanador de los enfermos, y un bondadoso consolador de los afligidos. Habiendo vivido por largo tiempo en al ascetismo y ayudando a muchos, entró en el gozo eterno de su Señor en el 557 d. C.


29 de septiembre/12 de octubre: San Teófanes el Misericordioso

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Teófanes, un rico ciudadano de Gaza, era tan misericordioso que dio todos sus bienes a los pobres, convirtiéndose él mismo en uno de ellos. Al final de su vida, enfermó de hidropesía y murió de esta enfermedad. Una mirra sanadora fluyó de su cuerpo, mediante la cual muchos enfermos fueron sanados.


29 de septiembre/12 de octubre: Venerable María de Palestina

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

María fue al principio una lectora del Salterio en la Iglesia de la Resurrección en Jerusalén; pero siendo hermosa, era motivo de escándalo para los de mente pecaminosa. Para no ser la causa del pecado de otros, María se retiró al desierto de Souka con una canasta de judías y un jarro de agua. Pasó dieciocho años en el desierto y, por el poder de Dios, nunca careció de judías ni agua. Unos discípulos de san Ciríaco la hallaron durante su vida, y luego la enterraron.


30 de septiembre/13 de octubre: San Gregorio, Iluminador de Armenia

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Gregorio era de familia noble, y estaba emparentado con las casas imperiales de Persia (Rey Artabán) y de Armenia (Rey Crosov). Cuando estas se declararon la guerra, Gregorio se retiró a Cesarea en Capadocia, donde tuvo su primer contacto con la fe cristiana, recibió el bautismo y se casó. Tuvo dos hijos de este matrimonio, Rostanes y Arístanes, a quienes dedicó al servicio de la Iglesia. Después de la muerte de su esposa, regresó a Armenia al servicio del Rey Tirídates. Gregorio sirvió a su rey fielmente y su rey le amaba, pero al descubrir que Gregorio era cristiano, el rey se enfureció grandemente y comenzó a presionarlo para que rechazara la fe cristiana y adorara los ídolos. No teniendo éxito en esto, Tirídates sometió a Gregorio a crueles torturas, lanzándolo luego a un profundo foso lleno de toda clase de reptiles venenosos con el objetivo de matarle. Pero Dios, que ve todas las cosas, preservó a Gregorio con vida en aquel lugar por 14 años. Tirídates continuó la persecución de cristianos en su reino, incluso atacando un monasterio de 37 monjas con su abadesa. Después de haberlas masacrado con terribles torturas, Tirídates perdió la razón y se volvió como un monstruoso jabalí salvaje. Un hombre apareció a la hermana del rey en un sueño, diciéndole que el rey no sería sanado de su locura hasta que Gregorio fuera sacado del foso. Una vez se hizo esto, Gregorio sanó y bautizó a Tirídates. Entonces Gregorio, de acuerdo con los deseos del rey, se convirtió en el obispo de Armenia; y con la ayuda del rey, pero sobre todo con la ayuda de Dios, iluminó con la fe cristiana a toda Armenia y sus áreas circundantes. San Gregorio llegó al final de su vida de esfuerzos en edad avanzada, alrededor del año 335 d. C.


30 de septiembre/13 de octubre: San Miguel, primer metropolitano de Kiev

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Fue enviado por el Patriarca de Constantinopla a Rusia, a petición del gran-príncipe Vladimir, para que bautizara al pueblo pagano y para que estableciera y organizara la Iglesia allí. San Miguel bautizó el pueblo en Kiev, Novgorod, Rostov, y en muchos otros pueblos y aldeas; fijó el orden de la Iglesia; estableció el episcopado y el presbiterado; puso el fundamento del Monasterio de San Miguel en Kiev; y envió misioneros a los búlgaros y tártaros, trayendo a muchos de ellos a Cristo. El santo logró esto y mucho más en sólo cuatro años. Entró en su descanso en paz en el 992 d. C., y sus reliquias se conservan en el Monasterio de las Cuevas de Kiev.


1/14 de octubre: La Protección del Velo de la Madre de Dios

Este sinaxario ha sido tomado del servicio griego contemporáneo para la fiesta, compuesto por el difunto Padre Gerasimos y publicado en Grecia en 1952. Conmemoramos la liberación de Constantinopla del asedio de tribus eslavas (en aquel entonces paganas), por las oraciones de la Madre de Dios, a mediados del siglo X.

Sinaxario

El 1º del mes celebramos la fiesta del velo protector de nuestra Santísima Señora, la Madre de Dios y Siempre Virgen María, quien siempre da protección especial al pueblo ortodoxo, como en el pasado protegió a la Reina de las ciudades.

Versos

Aquellos que con fe, oh Virgen pura, miran a ti
Amparas y abrigas con tu protección
La protección de la Madre de Dios cubre al pueblo de Dios

Cierta vez, el bienaventurado Andrés estaba presente durante una vigilia que era celebrada en el santo templo de Blaquerna, como era su costumbre. Epifanio estaba allí también con uno de sus niños. Andrés estaba de pie en la Iglesia, como de costumbre, pues su fervor le daba fuerzas -- a veces hasta medianoche, a veces hasta amanecer. Y sucedió que, cerca de las once de la noche, el bienaventurado Andrés vio con sus propios ojos una visión extraordinaria: una figura femenina que salía de las puertas reales con un séquito admirable, entre los cuales estaban el honorable Precursor y el hijo del trueno [San Juan el Teólogo], quienes la llevaban de la mano a ambos lados. Muchos santos la precedían vestidos de blanco, mientras que otros la seguían entonando himnos y cánticos espirituales. Al acercarse ella al amvon, Andrés se acercó a Epifanio y le preguntó: «¿Ves a la Señora y Soberana del Mundo?» Este contestó: «Sí, mi padre espiritual». Y mientras observaban, ella dobló sus rodillas y rogó durante mucho tiempo, con lágrimas bajando por su divinizado e inmaculado rostro. Después de su súplica, se dirigió al santuario, donde rogó por el pueblo presente. Removiendo el velo que llevaba sobre su purísima cabeza, el cual tenía apariencia de relámpago, lo desdobló; y tomándolo con gran reverencia en sus purísimas manos --pues era grande e admirable-- lo extendió sobre todo el pueblo allí presente. Los santos vieron el velo extendido por un número de horas, ardiendo como el ámbar con la gloria del Señor. Mientras la Santísima Madre de Dios estuvo allí, el velo también era visible; pero una vez se fue, el velo tampoco pudo ser visto. Y aunque ella se llevó el velo consigo, dejó su gracia a los que allí estaban. Por las oraciones de tu Purísima Madre, Cristo nuestro Dios, ten misericordia de nosotros, protégenos de enemigos visibles e invisibles, y salva nuestras almas. Amen.


1/14 de octubre: Venerable Román el Melodista

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Nacido en el poblado sirio de Emesa, sirvió como sacristán primero en Beirut y luego en la iglesia catedral de Constantinopla, en tiempos del patriarca Eufemio (490-496 d. C.). Analfabeta y sin entrenamiento musical, era despreciado por ciertos clérigos educados. San Román oró con lágrimas a la Madre de Dios, y esta se le apareció en un sueño; entregándole un pedazo de papel, le ordenó que se lo comiera. El día siguiente era día de Navidad, y Román, subiendo al ambón, entonó con voz angelical el himno «Hoy la Virgen» [hoy el contaquio de la fiesta]. Todos se maravillaron por el contenido del himno y por la voz del cantor. Recibiendo así de la Madre de Dios el don poético, Román compuso más de mil contaquios. Entró a su descanso siendo diácono de la Gran Iglesia de Constantinopla [Hagia Sophia]. Se unió al coro de los ángeles en el 510 d. C.


2/15 de octubre: Santos mártires Cipriano y Justina

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Cipriano se mudó de Cartago a Antioquía, donde la virgen Justina vivía con sus padres Edesio y Cleodonia. Edesio era un sacerdote pagano, y toda su casa era pagana; mas cuando Justina visitó una Iglesia y aprendió la verdadera fe, convirtió a su padre y a su made a la fe cristiana. Los tres fueron bautizados por el obispo Optato. Cipriano, empero, era un mago que se asociaba con espíritus inmundos y practicaba la hechicería. Un joven pagano disoluto llamado Aglaidas estaba dispuesto a pagar cualquier precio con tal de encantar a Justina, pues era hermosa. La santa virgen Justina lo rechazó inexorablemente, por lo cual Aglaidas solicitó la ayuda de Cipriano. Este invocó un espíritu maligno tras otro para encender a Justina con pasión impura por Aglaidas, pero no tuvo éxito, pues por la señal de la Cruz y la oración a Dios esta echaba fuera los espíritus malignos. Tras este esfuerzo inútil, Cipriano reconoció el poder de la Cruz y fue bautizado; eventualmente fue hecho presbítero, y luego obispo. Amargados, los paganos lo denunciaron tanto a él como a Justina. Ambos fueron juzgados en Damasco, y luego torturados y degollados en Nicomedia. Entraron a su descanso a finales del siglo III d. C.


3/16 de octubre: Hieromártir Dionisio el Areopagita

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Dionisio es contado entre los otros Setenta apóstoles (cfr. San Lucas 10:1-12). Este maravilloso hombre era de una noble familia pagana en Atenas. Terminando su educación en aquel lugar, se marchó a Egipto para aprender más. Estando él allí un cierto día, el Señor Jesucristo expiró en la Cruz, y el sol se oscureció en Egipto por tres horas. Entonces Dionisio exclamó: «O bien está sufriendo Dios, el Creador del mundo, o se está acabando el mundo». Al regresar a Atenas, se casó con una mujer llamada Damaris y tuvo hijos con ella. Era miembro de la más alta corte en Grecia, llamada el Areópago, y desde entonces fue siempre conocido como el Areopagita. Cuando el apóstol Pablo predicó el Evangelio en Atenas, Dionisio fue bautizado con toda su casa (cfr. Hechos 17:34). Pablo lo consagró obispo de Atenas (habiendo él dejado su esposa, hijos y posición por amor a Cristo), y viajó extensamente con Pablo, llegando a conocer a todos los otros Apóstoles. Especialmente fue a Jerusalén para conocer a la Santísima Madre de Dios, y escribió acerca de este encuentro en una de sus obras; además, estuvo en el entierro de la Purísima junto a los otros Apóstoles. Cuando su maestro, san Pablo, sufrió el martirio, Dionisio deseó morir también esta muerte, y se marchó a la Galia para predicar el Evangelio entre bárbaros, acompañado del presbítero Rústico y del diácono Eleuterio. Sufrieron mucho, pero tuvieron gran éxito. A causa de sus labores, muchos se convirtieron a la fe cristiana y Dionisio construyó una pequeña iglesia en París en la cual celebraba los servicios divinos. (Pero algunos historiadores opinan que este Dionisio de París es una persona diferente a san Dionisio el Areopagita). Cuando tenía noventa años, fue capturado y torturado por causa de Cristo, junto a Rústico y a Eleuterio, hasta que los tres fueron degollados con espada. La cabeza de san Dionisio fue expulsada a gran distancia, cayendo a los pies de una mujer cristiana llamada Catula, que la enterró junto a su cuerpo. Sufrió en tiempos de Domiciano, en el año 96 d. C. Escribió varias obras famosas: «De los nombres divinos»; «De las jerarquías celestiales»; «De las jerarquía eclesiásticas»; «De la teología mística»; y «De la Madre de Dios».


3/16 de octubre: Venerable Dionisio de la Cuevas de Kiev

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Dionisio era hieromonje y anacoreta. Esto le ocurrió en la Pascua de 1463: Dionisio se dirigía a las tumbas con la Cruz y el incensario para incensar las reliquias y tumbas de los santos enterrados allí. Rebosando de gozo por la Resurrección, Dionisio exclamó al entrar a las cuevas: «¡Mis santos padres y hermanos, Cristo ha resucitado!». Entonces se levantaron voces como trueno desde las tumbas, diciendo: «¡En verdad ha resucitado!».


4/17 de octubre: Hieromártir Hieroteo de Atenas

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Hieroteo era amigo de Dionisio el Areopagita, y recibió la fe cristiana del Apóstol Pablo un poco después de Dionisio. El Apóstol luego lo hizo obispo de Atenas. Al ocurrir la Dormición de la Madre de Dios, Hieroteo llegó a Jerusalén y participó en el funeral. Con su cantar divino, trajo profundo gozo a muchos y mostró estar grandemente inspirado [por Dios]. Trabajó incansablemente por el Evangelio, trajo a muchos paganos a la verdad, gobernó bien a su rebaño, y finalmente terminó siendo un mártir por Cristo, quien le dio una doble corona: de jerarca, y de mártir.


4/17 de octubre: San Esteban Štilianović

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Un gobernante serbio de la familia Pastrović, Esteban guió a su pueblo a través de un período muy difícil, luchando valientemente contra los turcos y los latinos. Este gran príncipe—varón justo y piadoso, y un patriota—puede ser comparado a san Alejandro Nevsky o al santo rey Juan Vladimir. Entró a su descanso a principios del siglo XVI (según algunos, en 1515). Una luz aparecía sobre su tumba de noche, a través de la cual sus reliquias fueron halladas. Estas fueron atesoradas por mucho tiempo en el Monasterio de Sisatovac en la cordillera de Fruška Gora [localizada en el noreste de la antigua Yugoslavia], siendo luego llevadas a Belgrado durante la Segunda Guerra Mundial para ser colocadas en la catedral junto a las reliquias del santo príncipe Lázaro. Su esposa Elena, viendo las reliquias incorruptas de Esteban y los milagros obrados por ellas, se hizo monja, entregándose al ascetismo hasta su muerte.


6/19 de octubre: Venerable nuevo-mártir Macario

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Macario nació en Ción de Bitinia, hijo de padres cristianos, Pedro y Antusa, y fue bautizado con el nombre de Manuel. Fue enviado a aprender la sastrería como oficio en su juventud; mientras tanto, su padre se convirtió al Islam y se mudó a Brusa. Cierta vez, estando Manuel en Brusa a causa de su oficio, su padre le halló y le presionó grandamente para que siguiera su ejemplo. Manuel se resistió en vano, pues los turcos lo circuncidaron a la fuerza. Entonces Manuel huyó a la Santa Montaña [de Atos] y se hizo monje en la Ermita de Santa Ana, recibiendo el nombre de Macario. Por doce años fue un excelente monje, mas las palabras del Señor—«A cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos» (cfr. San Mateo 10:33)—resonaban siempre en los oídos de Macario. Finalmente, con la bendición de su padre espiritual, fue a Brusa y confesó abiertamente su fe en Cristo ante los turcos, llamando a Mahoma falso profeta. Tras ser azotado por ciento treinta días y soportando torturas aún más crueles, fue degollado con espada en Brusa el 6 de octubre de 1590. Una porción de sus reliquias, que obran milagros, es atesorada en la Ermita de Santa Ana en el Monte Atos.


7/20 de octubre: Mártires Sergio y Baco

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Estos santos mártires, héroes de la fe cristiana, eran originalmente altos funcionarios en la corte del emperador Maximiano. El Emperador mismo les tenía en gran estima por su valor, su sabiduría y su celo; pero al enterarse de que eran cristianos, su amor por ellos se tornó en furia. Durante un gran ofrecimiento de sacrificios a los ídolos, el Emperador llamó a Sergio y a Baco para que ofrecieran el sacrificio junto a él, pero ellos se negaron rotundamente a obedecerle en esto. Ciego por la ira, el Emperador ordenó que se les quitaran sus túnicas, anillos, y emblemas de preeminencia, y que se les vistiera en ropas de mujer. Entonces se colocaron yugos de hierro sobre sus cuellos, y fueron llevados por las calles de Roma para que todos se burlaran de ellos. El Emperador los envió entonces ante el gobernador Antíoco en Asia para que fueran torturados. (Antíoco había alcanzado su distinguido rango con la ayuda de Sergio y Baco, quienes lo habían recomendado al Emperador.) Cuando este comenzó a urgirles para que negaran a Cristo, salvándose así de un sufrimiento deshonroso y de la muerte, los santos contestaron: «Tanto la honra como la deshonra, tanto la vida como la muerte, son iguales para el que busca el Reino de los cielos». Antíoco arrojó a Sergio en la prisión y ordenó que Baco fuera torturado primero. Sus siervos tomaron turnos golpeando a Baco hasta que todo su cuerpo estaba fragmentado. Su alma fue llevada por ángeles ante la presencia de Dios desde su torturado y sangriento cuerpo. San Baco sufrió en el pueblo de Barbalis. Entonces sacaron a Sergio, y poniéndole zapatos de hierro y clavos, le hicieron caminar hasta la aldea siria de Resafá, donde fue degollado. Su alma fue llevada al Paraíso, donde con su amigo Baco recibió de Cristo, su Rey y Señor, la corona de gloria inmortal. Estos dos gloriosos soldados sufrieron por la fe cristiana alrededor del año 303 d. C.


10/23 de octubre: Los santos mártires de Zorografos

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Cuando el emperador Miguel Paleólogo firmó la infame Unión de Lyons con el Papa para así recibir su ayuda contra los búlgaros y los serbios, los monjes de la Montaña Santa [de Athos] enviaron al Emperador una protesta en contra de la unión, urgiéndole que la rechazara y que regresara a la Ortodoxia. El Papa envió un ejército para ayudar a Miguel, y este ejército latino entró a la Montaña Santa, haciendo tales barbaridades como las que los turcos nunca cometieron en quinientos años. Tras colgar a los miembros del Concilio y de masacrar a muchos de los monjes en Vatopedi, Iviron y otros monasterios, los latinos se dirigieron a Zorographou. El bienaventurado abad Tomás dijo a los hermanos por inspiración divina que aquellos que quisieran salvarse de los latinos debían huir del monasterio, y aquellos que desearan morir como mártires debían quedarse. Veintiséis hombres se quedaron: veintidós monjes con su abad, y cuatro laicos que trabajaban para el monasterio. Todos se encerraron en la torre del monasterio. Cuando los latinos llegaron, incendiaron la torre, y estos veintiséis héroes encontraron la muerte por martirio entre las llamas. Mientras la torre se quemaba, cantaban himnos y el Akatisto a la Madre de Dios, y entregaron sus santas almas en manos de Dios el 10 de octubre de 1282. En diciembre del mismo año, el vil emperador Miguel murió en pobreza, tras haberse levantado contra él Milutin, rey de Serbia, en defensa de la Ortodoxia.


11/24 de octubre: Santo apóstol Felipe

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Nacido en Cesarea de Palestina, Felipe era casado y tenía cuatro hijas, todas dotadas por Dios con el don de profecía, y todas vírgenes consagradas por causa de Cristo (cfr. Hechos 21:8-9). Cuando los santos Apóstoles escogieron diáconos, Felipe fue escogido junto a Esteban y a otros (cfr. Hechos 6:1-6). Felipe servía a los pobres y las viudas con gran fervor. Cuando vino persecución sobre los cristianos de Jerusalén, huyó a Samaria y predicó allí el Evangelio, dando testimonio del mismo mediante muchos milagros: expulsando demonios, sanando a los enfermos, y otros [prodigios]. Viendo los milagros del santo Apóstol, Simón el Mago fue bautizado. San Felipe también bautizó al eunuco de la Reina Candace. Despues de esto, un ángel de Dios le arrebató repentina e invisiblemente a Azoto, donde enseñó y predicó, trayendo a muchos a Cristo (cfr. Hechos 8:4-40). Más tarde fue hecho obispo de Trales. Murió en paz en avanzadísima edad, y entró al gozo de su Señor.


11/24 de octubre: Conmemoración del Séptimo Concilio Ecuménico

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Este Concilio fue celebrado en Nicea en el año 787 d. C., durante el reino de la piadosa emperatriz Irene y su hijo Constantino, y en tiempos del patriarca Tarasio. El Concilio finalmente afirmó la veneración de los íconos, explicándola a partir de las Sagradas Escrituras, del testimonio de los santos padres, y de los ejemplos de milagros ocurridos en relación con los santos íconos. Entre otros ejemplos citados, el obispo chipriota Constantino presentó el siguiente: un ganadero de la ciudad de Constancia, sacando su manada a pastar un día, vio un ícono de la Madre Dios adornado con flores por los fieles. «¿Por qué dar tanto honor a una piedra?», dijo el ganadero, obviamente criado en el iconoclasmo, y arrojó su cayado de hierro, dañando el ojo derecho de la Madre de Dios. Tan pronto como hubo dejado aquel lugar, se tropezó sobre este mismo cayado perdiendo su propio ojo derecho. Regresando ciego a la ciudad, clamó entre lágrimas que esto era un castigo de la Madre de Dios. Este Concilio también decidió que, sin excepción, se colocasen reliquias de mártires en todo antimensio. Trescientos sesenta y siete padres participaron en el Concilio. Que el Señor tenga piedad de nosotros y nos salve por sus oraciones.


12/25 de octubre: San Martín de Tours

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Nacido en el 316 d. C. en Panonia, en el pueblo de Sabaria, era hijo de padres paganos. Su padre era un oficial romano, y el joven Martín fue por lo tanto ingresado en el ejército en contra de su voluntad. Él ya era, empero, un catecúmeno de la Iglesia cristiana, la cual él amaba con todo su corazón desde su niñez. Viajando un invierno al pueblo de Amiens junto a sus compañeros, vio a un mendigo casi desnudo y congelándose del frío frente a las puertas de la ciudad. Martín se afligió, y separándose de sus compañeros, se quitó su capa de soldado y la corto en dos con su sable. Entonces dio una mitad al mendigo, se cubrió con la otra, y siguió su camino. Esa misma noche, el Señor Jesús se le apareció en un sueño, vestido con la otra mitad de su capa, y dijo a sus ángeles: «¡Martín es sólo un catecúmeno, y he aquí que me cubre con su vestidura!» Dejando el ejército de inmediato, fue bautizado y bautizó a su madre. Después de esto, se hizo monje en la diócesis de san Hilario de Poitiers, y pasó su vida en verdadero ascetismo. Tenía una inusual mansedumbre, y por esto Dios le dio abundantes dones de obrar milagros, tantos que incluso podía levantar a los muertos y echar espíritus malignos. Fue hecho Obispo de Tours en contra de su voluntad. Después de abundantes trabajos en la viña del Señor, y de una fuerte lucha contra los paganos y los herejes arrianos, san Martín entregó su santa alma en las manos del Señor en el 397.


14/27 de octubre: Santa Parasceva de Serbia

Tomado del Mesyatsoslov de la Iglesia Ortodoxa Rusa

La Venerable Parasceva de Serbia nació de padres búlgaros en la villa de Epibata, entre Silistra y Constantinopla, durante el siglo XI. Un día, mientras participaba en los Servicios Divinos, las palabras del Señor le atravesaron el corazón como una flecha: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo» (cfr. San Mateo 16:24). Desde ese momento empezó a dar su ropa a los necesitados, por lo que tuvo que soportar muchos reproches de su familia. Tras la muerte de sus padres, la santa fue tonsurada al monasticismo y se retiró al valle del Jordán, donde vivió la vida ascética hasta una edad muy avanzada. Dos años antes de su muerte, un ángel se le apareció ordenándole que regresara a su tierra natal, y así lo hizo. La santa murió apaciblemente. Sus reliquias, que se encuentran en la catedral de Iasi [Rumanía], están incorruptas y obran multitud de milagros.


14/27 de octubre: Mártires Nazario, Gervasio, Protasio y Celso

Tomado del Mesyatsoslov de la Iglesia Ortodoxa Rusa

Los santos mártires Nazario, Gervasio, Protasio y Celso de Milán sufrieron durante el reino del emperador Nerón (54-68 d. C.). San Nazario, hijo de la cristiana Perpetua y el judío Africano, nació en Roma y fue bautizado por el obispo Lino. Desde su juventud, Nazario decidió dedicar su vida a predicar las enseñanzas de Cristo y a fortalecer a los cristianos débiles. Con este propósito, dejó Roma y se marchó para Milán. Mientras visitaba a los cristianos presos allí, Nazario conoció a los gemelos Protasio y Gervasio. Estos hermanos habían nacido en Milán de una familia de ciudadanos romanos - Vidal y Valeria. Quedando huérfanos (pues sus padres fueron martirizados por la fe cristiana), los hermanos repartieron sus riquezas a los pobres, liberaron a sus esclavos, y se dedicaron al ayuno y a la oración. Los paganos los encerraron en la cárcel por confesar la fe de Cristo. San Nazario estimaba a los gemelos, y aliviaba sus sufrimientos tanto como le era posible. Por esto, sin embargo, los paganos le dieron una paliza y lo expulsaron de Milán. San Nazario se fue a la Galia (la moderna Francia), donde predicó el cristianismo exitosamente y convirtió a muchos paganos. En la ciudad de Kimel bautizó a Celso, hijo de un cierto cristiano, y adquirió en él un fiel discípulo y colaborador en la labor evangelizadora. Por su confesión de Cristo, los paganos les arrojaron a las bestias para que los devoraran, pero las bestias no osaban tocar a los santos. Después trataron de ahogar a los mártires en el mar, pero estos caminaron en él como sobre tierra firme. Los soldados que cumplían estas órdenes estaban tan maravillados, que ellos mismos aceptaron el cristianismo y dejaron ir a los santos mártires. Una vez libres, Nazario y Celso fueron a Milán a visitar a Gervasio y Protasio en la cárcel. Por esto fueron entregados a Nerón, quien determinó que los santos Nazario y Celso fuesen degollados. Al poco tiempo, Gervasio y Protasio también fueron ejecutados. Muchos años después, durante el reino del santo emperador Teodosio (408-450 d. C.), San Ambrosio, obispo de Milán, descubrió las reliquias de los mártires mediante una revelación de lo alto. Las santas reliquias, glorificadas por multitud de milagros, fueron solemnemente transferidas a la catedral de Milán.

«También fue entonces cuando, en una visión, le manifestaste a [Ambrosio], tu obispo, donde yacían sepultados los cuerpos de los mártires Gervasio y Protasio. Tú los habías mantenido ocultos e incorruptos durante muchos años en tu secreto, para revelarlos en el momento preciso [....] Tras su descubrimiento y exhumación, al ser trasladados solemne a la basílica ambrosiana, no sólo se produjeron curaciones de personas atormentadas por espíritus inmundos (confesando esto los mismos demonios), sino que un ciudadano conocidísimo de la ciudad, que llevaba varios años ciego, al preguntar por las razones de la algarabía del pueblo, dio un salto al enterarse del hecho e hizo que su guía le condujera al lugar. Una vez que llegó, rogó que se le permitiera el acceso para tocar con su pañuelo el féretro de tus santos cuya muerte es preciosa a tus ojos. Tan pronto como hizo esto, aplicó el pañuelo a sus ojos, y estos se abrieron al instante. Enseguida se corrió la noticia y resonaron tus alabanzas fervientes y radiantes. [....] ¡Gloria a ti, Dios mío!» (San Agustín de Hipona, Confesiones IX.7.16).


15/28 de octubre: Hieromártir Luciano, príncipe de Antioquía

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Nacido de padres nobles en Samosata de Siria, recibió en su juventud una amplia educación, tanto secular como espiritual, y era un hombre eminente tanto por su erudición como por su estricta vida ascética. Dando sus bienes a los pobres, se sustentaba escribiendo obras de instrucción, alimentándose así con el trabajo de sus manos. Realizó un gran servicio a la Iglesia corrigiendo muchos lugares del texto hebreo de las Escrituras, los cuales habían sido torcidos y adulterados por los herejes de acuerdo con sus perversas enseñanzas. A causa de su erudición y de su gran vida espiritual, fue ordenado presbítero en Antioquía. En tiempos de la persecución de Maximiano, en la cual san Antimo de Nicomedia y san Pedro de Alejandría fueron torturados, san Luciano también estaba en la lista de aquellos que el Emperador quería matar. Luciano huyó de la ciudad y se escondió, pero un sacerdote hereje celoso, llamado Pancracio, reveló su paradero. Aquella persecución fue terrible, ni aún los niños pequeños estaban a salvo. Dos niños que se rehusaban a comer alimentos sacrificados a los ídolos fueron arrojados a un caldero de agua hirviendo, donde, en medio de torturas, encomendaron sus santas almas en manos de Dios. Una discípula de Luciano, llamada Pelagia (cfr. 8[/21] de octubre), preservó su pureza virginal de los disolutos atacantes orando a Dios en el techo de su casa: ella [también] encomendó su alma en manos de Dios, y su cuerpo [muerto] cayó desde el techo. Luciano fue llevado a Nicomedia para ser presentado ante el Emperador. En el camino, convirtió a cuarenta soldados a la fe de Cristo mediante sus admoniciones, y todos estos sufrieron muerte de mártires. Tras ser interrogado y azotado, san Luciano fue arrojado en prisión, donde fue torturado por hambre. «Se burló del hambre», escribe san Juan Crisóstomo acerca de Luciano. «Burlémosnos también nosotros de los lujos y destruyamos el señorío del estómago, para que, mediante áscesis menores, estemos preparados de antemano cuando venga el tiempo de enfrentar tales torturas, y mostremos ser dignos de gloria en la hora de la batalla». Recibió la comunión en la cárcel en la fiesta de la Teofanía, y al día siguiente encomendó su alma en manos de Dios, el 7 de enero del 322 d. C.

Reflexión:

Los santos de Dios daban gran importancia a recibir la comunión antes de su muerte. Incluso los mártires, aunque sacrificaron sus vidas por Cristo el Señor y lavaron todos sus pecados con su propia sangre, anhelaban recibir los Santos Misterios cuantas veces les fuera posible. San Luciano estaba en la cárcel con varios de sus discípulos y con otros cristianos. Al llegar la víspera de la Teofanía, él anhelaba ser partícipe del Cuerpo y Sangre de Cristo en aquella gran fiesta cristiana, pues sabía que se acercaba su muerte. Viendo el ardiente deseo de su siervo sufriente, el Dios omnipotente hizo que algunos cristianos viniesen a la prisión con pan y vino. Al amanecer el día de la Teofanía, san Luciano llamó a todos los cristianos en la prisión para que formasen un círculo alrededor de él. «Rodeadme, y sed la Iglesia». No tenía en la cárcel ni mesas ni bancos, ni piedras ni madera sobre los cuales celebrar la Santa Liturgia. «Santo padre, ¿dónde colocaremos el pan y el vino?», preguntaron a Luciano, y este se acostó sobre el suelo en medio de ellos y les dijo que pusieran el pan y el vino sobre su pecho: «Colocadlos sobre mi pecho, que sea un trono vivo para el Dios vivo». Y así fue celebrada la Liturgia, dignamente y sazonada de oración, sobre el pecho del mártir, y todos recibieron la Comunión. Al día siguiente, el Emperador envió soldados a buscar a Luciano para torturarle. Cuando los soldados abrieron la puerta de la prisión, san Luciano exclamó tres veces: «¡Soy cristiano! ¡Soy cristiano! ¡Soy cristiano!», y encomendó su alma en manos de Dios.


16/29 de octubre: Santo mártir Longino el Centurion

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

El divino evangelista Mateo, describiendo la Pasión del Señor Jesucristo, dice: «El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios» (cfr. San Mateo 27:54). El bienaventurado Longino era aquel centurión, que con dos de sus soldados creyó en Jesús, el Hijo de Dios. Longino fue el comandante de los soldados que estaban presentes en la crucifixión del Señor en el Gólgota, y fue también comandante de la guardia ante la tumba. Cuando los principales de los judíos escucharon de la resurrección de Cristo, sobornaron a soldados para que regaran el falso rumor de que Cristo no había resucitado, sino que algunos de sus discípulos habían robado su cuerpo. Los judíos también intentaron a sobornar Longino, pero este no se los permitió. Entonces los judíos recurrieron a su usual estrategia: decidieron matar a Longino. Al escuchar de esto, Longino se quitó su cinturón militar, fue bautizado con sus dos compañeros por uno de los Apóstoles, y se marchó secretamente de Jerusalén a Capadocia con sus compañeros. Allí se dedicó al ayuno y la oración, y como testigo vivo de la resurrección de Cristo, convirtió a muchos paganos a la fe verdadera por su testimonio. Después de esto, se retiró a una villa en los terrenos de su padre. Incluso allí, sin embargo, la maldad de los judíos no le dejó en paz. Debido a las calumnias de estos, Pilato envió soldados para decapitar Longino. San Longino previó en el Espíritu que se acercaban sus verdugos y salió a recibirlos. Sin decirles quién era, los trajo a su hogar. Fue un buen anfitrión para los soldados, y pronto estos se acostaron a dormir. Pero san Longino permaneció de pie orando toda la noche, preparándose para la muerte. En la mañana, llamó a sus dos compañeros, se revistió de blancas ropas funerales, y encargó a los otros miembros de su casa que lo enterraran en una pequeña colina que les especificó. Entonces fue a donde los soldados y les dijo que él era el Longino al que buscaban. Los soldados quedaron perplejos y avergonzados, y no podían imaginar tan siquiera decapitar a Longino; este, empero, insistió en que cumpliesen la orden de su superior. Así, pues, decapitaron a Longino y a sus dos compañeros. Los soldados llevaron la cabeza de Longino a Pilato, y este se la entregó a los judíos, los cuales la arrojaron en un estercolero fuera de la ciudad.


18/31 de octubre: Santo apóstol y evangelista Lucas

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Nacido en Antioquía, se dedicó en su juventud al estudio de la filosofía, medicina, y arte griegos. Mientras el Señor Jesús ministraba en la tierra, Lucas vino a Jerusalén, donde vio al Salvador cara a cara, escuchó su enseñanza salvífica, y fue testigo de sus maravillosas obras. Viniendo a creer en el Señor, san Lucas fue incluído entre los Setenta enviados a predicar el Evangelio (cfr. San Lucas 10:1-20). Junto a Cleofás, vio al Señor resucitado en el camino de Emaús (cfr. San Lucas 24:13-35). Después del descenso del Espíritu Santo sobre los Apóstoles, Lucas regresó a Antioquía y allí se convirtió en colaborador del apóstol Pablo, con quien viajó a Roma, trayendo tanto a judíos como a paganos a la fe. San Pablo escribe a los colosenses: «Les saluda Lucas, el médico amado» (cfr. Colosenses 4:14). A petición de los cristianos, escribió su Evangelio alrededor del año 60 d. C. Tras la muerte martírica del gran Apóstol, Lucas predicó en Evangelio por toda Italia, Dalmacia, Macedonia, y otros lugares. Pintó tres íconos de la Santísima Madre de Dios, y también íconos de los Apóstoles Pedro y Pablo, y es considerado el fundador de la iconografía cristiana. En su ancianidad visitó Libia y Egipto, regresando desde allí a Grecia, donde se dedicó con gran celo a predicar el Evangelio y a traer gente a Cristo, sin considerar su avanzada edad. San Lucas escribió tanto su Evangelio como los Hechos de los Apóstoles dedicándolos a Teófilo, gobernador de Acaya. Tenía ochenta y cuatro años cuando unos malvados idólatras lo sometieron a la tortura por causa de Cristo, y lo colgaron de un olivo en el pueblo de Tebes en Beocia. Las reliquias de este maravilloso santo, que obran milagros, fueron trasladadas a Constantinopla en tiempos del Emperdor Constancio, hijo de san Constantino.


San Pedro de Cetinje, metropolitano de Montenegro

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Nacido el 1ro de abril de 1749, en la villa de Njegushi, se hizo monje a los doce años. Tras la muerte del metropolitano Sava en 1782, Pedro se convirtió en metropolitano y gobernante de Montenegro. Este santo varón dedicó su vida entera a su pueblo. Dentro de Montenegro, trabajó con todas sus fuerzas para pacificar a los clanes enemistados, y externamente defendió al territorio y al pueblo en contra de ataques expoliadores, teniendo éxito en ambas cosas. Es especialmente famoso por su victoria sobre el ejército de Napoleón en Dalmacia. Era estricto consigo mismo, y justo y humilde con los demás. Vivió una pequeña celda como un simple monje, aunque era gobernante de un pueblo. Entró a su descanso el 18[/31] de octubre de 1830, y sus reliquias, que obran milagros, reposan incorruptas en el monasterio de Cetinje. El Señor lo glorificó en el cielo y en la tierra como a su verdadero y paciente siervo.


20 de octubre/2 de noviembre: Gran-mártir Artemio

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Este glorioso santo era egipcio de nacimiento y comandante en jefe del ejército del emperador Constantino el Grande. Cuando la victoriosa cruz, rodeada de estrellas, apareció al Emperador, Artemio también la vio, y viniendo a la fe en Cristo el Señor fue bautizado. Mas tarde, en tiempos del emperador Constancio, hijo de Constantino, fue enviado a Grecia para llevar las reliquias de san Andrés y san Lucas desde Patra y Tebas, respectivamente, hasta Constantinopla. Artemio llevó a cabo esta misión con gozo. Después de esto, fue nombrado gobernador y representante imperial en Egipto, permaneciendo en este puesto por la duración del reino de Constancio y por algún tiempo bajo Julián el Apóstata. Cuando este Emperador renegado declaró la guerra contra los persas, se detuvo por un tiempo en Antioquía, y llamó a Artemio y a su ejército para que se unieran con él allí; Artemio acudió. Entonces, el Emperador entregó a la tortura a dos sacerdotes cristianos, Eugenio y Macario. Viendo esto, san Artemio se alarmó profundamente, y yendo ante el Emperador le dijo: «¿Por qué torturas tan inhumanamente a estos hombres inocentes y dedicados, y por qué los presionas a rechazar la fe ortodoxa?» También profetizó al Emperador que su final estaba cerca. El furioso Emperador envió a los dos sacerdotes al exilio en Arabia, donde murieron pronto; y despojando a Artemio de su rango militar, ordenó que fuese azotado y golpeado. Todo herido y cubierto de sangre, Artemio fue arrojado en prisión, donde el Señor Jesucristo mismo se le apareció, sanándole y consolándole. Después de esto, el Emperador ordenó que fuese sobre una roca plana, y que otra roca fuese colocada sobre él, aplastando así su cuerpo como una tabla. Finalmente fue decapitado en el 362 d. C. Entonces el emperador Julián salió a combatir a los persas y murió de una manera deshonrosa, tal como san Artemio había predicho.


20 de octubre/2 de noviembre: Venerable nuevo-mártir Ignacio

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Ignacio era de Zagora en Bulgaria, la famosa Zagora que ha dado a la Iglesia a tantos santos ascetas y mártires, y vivió en ascetismo en la Ermita de san Juan el Precursor en [el Monte] Atos. Se entregó voluntariamente en manos de los turcos para ser torturado por causa de Cristo, siendo colgado en Constantinopla el 8 de octubre de 1814. Sus reliquias obran milagros, y su cabeza es atesorada en el Monasterio de san Pantaleón [en el Monte Atos].


24 de octubre/6 de noviembre: Ícono de la Madre de Dios, «Gozo de todos los oprimidos»

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Este es el nombre dado a uno de los íconos de la Santísima Madre de Dios, y hoy se conmemora especialmente la sanidad milagrosa de Eufemia, hermana del patriarca Joaquín de Moscú en 1688. Eufemia tenía una peligrosa herida en su costado, y al no tener éxito los médicos en su tratamiento de la misma, ella se psotró en oración ante la Santísima Madre de Dios. Entonces escuchó una voz que le decía: «Eufemia, ve a la Iglesia de la Transfiguración de mi Hijo; allí hallarás el ícono llamado “Gozo de todos los oprimidos”. Pide al sacerdote que ore ante este ícono, y serás sanada». Eufemia hizo esto, y de inmediato quedó completamente sana.


25 de octubre/7 de noviembre: Santos mártires Marciano y Martirio

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Estos santos eran clérigos junto al patriarca Pablo de Constantinopla en tiempos del emperador Constancio. Después de la muerte del gran emperador Constantino, la herejía arriana, que hasta entonces había sido contenida, surgió de nuevo y comenzó a difundirse, y el emperador Constancio mismo se inclinaba por ella. Había dos influyentes nobles en la corte, Eusebio y Felipe, que eran fervientes arrianos. Por la influencia de estos, el patriarca Pablo fue depuesto y expulsado a Armenia, donde los arrianos lo estrangularon, y el indigno Macedonio se apoderó del trono patriarcal. En aquel tiempo, cuando la Ortodoxia tenía dos feroces luchas a mano, contra los paganos y los herejes, Marciano y Martirio se alistaron decisivamente y con toda su fuerza del lado de la Ortodoxia. Marciano era lector y Martirio subdiácono en la Catedral, y habían sido secretarios del patriarca Pablo. Los arrianos al principio trataron de sobornarlos, mas cuando los dos santos varones rechazaron esto con burlas, los herejes los condenaron a muerte. Al ser llevados al cadalso, levantaron sus manos en oración a Dios, dándole gracias por terminar sus vidas como mártires: «Oh Señor, nos regocijamos de que dejamos esto mundo por una muerte como esta. ¡Haznos dignos de ser partícipes de la vida eterna, oh Vida nuestra!». Entonces pusieron sus cabezas bajo la espada y fueron degollados en el 355 d. C. San Juan Crisóstomo luego construyó una iglesia dedicada a ellos sobre sus reliquias.


25 de octubre/7 de noviembre: Santo mártir Anastasio

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Era obrero textil y un celoso cristiano. En tiempos de la persecución de cristianos por Diocleciano a principios del siglo IV, este piadoso varón fue a presentarse ante el juez del pueblo dálmata de Solin y confesó su fe en Cristo. Fue torturado inhumanamente y entonces asesinado, y su cuerpo fue arrojado al mar; luego fue sacado de allí y enterrado.


25 de octubre/7 de noviembre: Santa Tabita

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Tabita, que quiere decir «gacela», era discípula de los Apóstoles y vivía en Jope, la moderna Jaffa. «Abundaba en buenas obras y en limosnas» (cfr. Hechos 9:36). Se debilitó repentinamente y murió mientras el apóstol Pedro estaba en Lida, y los doloridos discípulos enviaron a Pedro pidiéndole que viniese para consolar a su pueblo. Al llegar el gran Apóstol de Cristo, pidió a todos que saliesen de la habitación en la que estaba el cadáver, y entonces se arrodilló para orar. Cuando hubo terminado de orar, dijo al cadáver: «¡Tabita, levántate!», y Tabita abrió sus ojos y se levantó. Atraídos por esta maravilla, muchos vinieron a creer en Cristo el Señor.


26 de octubre/8 de noviembre: Gran-mártir Demetrio

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Este glorioso santo y obrador de milagros nació en la ciudad de Salónica de padres devotos y de noble linaje. Demetrio fue el único hijo de padres estériles que rogaron a Dios por su nacimiento, y por esto fue prudentemente querido y educado. Su padre era el comandante militar de Salónica, y después de su muerte el Emperador hizo a Demetrio comandante en su lugar. Al hacer esto, el emperador Maximiano, un oponente de Cristo, le recomendó particularmente perseguir y exterminar a los cristianos en Salónica. Demetrio no sólo desobedeció al Emperador, sino que abiertamente confesaba y predicaba a Cristo el Señor en la ciudad. Oyendo esto, el Emperador se enfureció con Demetrio, y cierta vez que volvía de una guerra contra los samartianos, fue a Salónica específicamente para investigar el asunto. El Emperador, por lo tanto, mandó a llamar a Demetrio y le interrogó acerca de su fe. Demetrio proclamó abiertamente ante el Emperador que era cristiano, e incluso condenó la idolatría del Emperador. El enfurecido Emperador le arrojó en prisión. Sabiendo lo que le esperaba, Demetrio entregó sus bienes a su fiel siervo Lupo para que los diera a los pobres, y fue llevado a la prisión, feliz de que sufrir por Cristo fuese el lote de su heredad. En la prisión, un ángel del Señor se le apareció y le dijo: «¡Paz a ti, que sufres por Cristo; sé valiente y fuerte!» Después de varios días, el Emperador envió soldados a la prisión para que matasen a Demetrio. Estos encontraron al santo de Dios en oración, y le atravesaron con sus lanzas. Los cristianos tomaron secretamente su cuerpo y lo enterraron, y allí fluyó mirra del mismo, mediante la cual muchos de los enfermos fueron sanados. Una pequeña iglesia fue pronto construida sobre sus reliquias. Un noble de Iliria, Leoncio, se enfermó con un mal incurable. Este corrió a las reliquias de san Demetrio en oración, y fue sanado por completo. En gratitud, construyó una iglesia mucho más grande para reemplazar la anterior. El santo se le apareció en dos ocasiones. Cuando el emperador Justiniano quiso llevarse las reliquias del santo de Salónica a Constantinopla, una chispa de fuego salió de la tumba y se oyó una voz que decía: «¡Déjalas aquí y no las toques!» Así, pues, las reliquias de san Demetrio han permanecido para siempre en Salónica. San Demetrio ha aparecido y salvado la ciudad de calamidades muchas veces, y sus milagros son innumerables.


27 de octubre/9 de noviembre: Santo mártir Néstor

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

En tiempos del martirio de san Demetrio, el exudador de mirra, vivía en Constantinopla un joven, Néstor, que había aprendido la fe cristiana del mismo san Demetrio. En aquel tiempo, el emperador Maximiano, enemigo de Cristo, ordenó que se efectuaran varios juegos y espectáculos para el pueblo. El favorito del Emperador era un vándalo llamado Liaeo, que era un hombre de tamaño y fuerzas como las de Goliat. Como gladiador imperial, Liaeo retaba a duelo a diferentes hombres todos los días y los mataba, y estas masacres suyas deleitaban la sed de sangre del idólatra Emperador. Este construyo un estadio especial, parecida a una plataforma sobre columnas, para los duelos de Liaeo. Debajo de esta plataforma, había lanzas con agudas filos apuntando hacia arriba. Cuando Liaeo vencía a alguien en un duelo, lo arrojaba desde la plataforma hacia el bosque de lanzas. Los paganos se paraban alrededor de estas junto a su Emperador, y se deleitaban cuando algún pobre desdichado se retorcía atormentado sobre las lanzas hasta morir. Entre las víctimas inocentes de Liaeo se encontraba un gran número de cristianos, pues en los días en que nadie se presentaba voluntariamente para batirse a duelo con Liaeo, los cristianos eran obligados a luchar con él por orden del Emperador. Viendo este aterrorizante disfrute del mundo pagano, el corazón de Néstor se llenó de dolor y resolvió ir él mismo al estadio del inmenso Liaeo. Néstor fue primero a la prisión donde san Demetrio estabmaa encerrado, y le pidió su bendición para hacer esto. San Demetrio lo bendijo, haciendo la señal de la cruz sobre su frente y su pecho, y le dijo: «Lo vencerás, pero sufrirás por Cristo». El joven Néstor fue entonces al estadio de Liaeo. El Emperador estaba allí con una gran multitud, y todos se lamentaban de la inminente muerte del joven Néstor. Trataban de convencerlo de que no luchara con Liaeo, pero Néstor hizo la señal de la cruz y dijo: «¡Oh Dios de Demetrio, ayúdame!» Con la ayuda de Dios, Néstor venció a Liaeo, lo derrumbó, y lo arrojó hacia las agudas lanzas, donde el pesado gigante pronto halló la muerte. Entonces todo el pueblo exclamó: «¡Grande es el Dios de Demetrio!» Pero el impío Emperador había sido avergonzado ante el pueblo, y endechando a su favorito, se llenó de ira contra Demetrio y Néstor, y ordenó que Néstor fuese degollado con espada y que Demetrio fuese atravesado con lanzas. Así este glorioso héroe cristiano, Néstor, dejó atrás so joven vida terrenal en el 306 d. C., y entró al Reino de su Señor.


27 de octubre/9 de noviembre: Venerable Néstor el Cronista

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Néstor llegó al Monasterio de las Cuevas de Kiev a los diez y siete años, mientras san Teodosio aún era abad. Escribió la primera historia del pueblo ruso, a la cual integró la historia del ascetismo ruso. Se distinguía por su humildad y mansedumbre poco comunes. En sus gloriosas obras literarias, frecuentemente se refiere a sí mismo como indigno, vulgar, ignorante, y lleno de todo pecado. Pero Dios, que conoce el corazón humano, glorificó a este maravilloso hombre que tanto le agradó. Néstor entró a su descanso el 27 de octubre[/9 de noviembre] de 1114, y sus reliquias obraron muchos milagros.


28 de octubre/10 de noviembre: Santa mártir Parasceva de Iconio

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Parasceva nació de padres ricos y amantes de Cristo en la ciudad de Iconio. Después de la muerte de estos, la joven comenzó a dar sus bienes a los pobres y necesitados, todo en nombre de Cristo el Señor. Al desatarse una persecución bajo Diocleciano (284-305 d. C.), Parasceva fue traída a juicio ante el gobernador de aquel lugar. Cuando el gobernador le preguntó su nombre, esta le dijo que se llamaba cristiana. El gobernador la reprendió por no dar su nombre ordinario, mas Parasceva le dijo: «Primero tenía que decirte mi nombre en la vida eterna, para poder darte entonces mi nombre en esta vida transitoria». Después de azotarla, el gobernador la arrojó en la cárcel, donde se le apareció un ángel de Dios para sanarla de sus heridas y fortalecerla. Parasceva destruyó todos los ídolos del templo pagano por sus oraciones. Tras una larga y cruel tortura, fue degollada con espada y entró a la vida eterna.


28 de octubre/10 de noviembre: San Arsenio de Peć

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

El gran jerarca de la Iglesia Serbia y sucesor de san Sava nació en Srem. Se hizo monje en su juventud, y se entregó completamente al ascetismo para la salvación de su alma. Oyendo de la personalidad y las maravillas de san Sava, Arsenio fue a Žiča a buscarle. Cuando los húngaros invadieron la tierra de Serbia, Sava encargó a Arsenio que encontrara un lugar mas seguro para la sede arzobispal. Arsenio escogió a Peć, y construyó allí un monasterio e iglesia a los Santos Apóstoles, que luego fue dedicado a la Ascensión de Señor. Antes de su segundo viaje a Jerusalén, Sava designó a Arsenio para que le sucediera en el trono arzobispal. Al morir Sava en Trnovo durante su viaje de regreso, Arsenio urgió al Rey Vladislav que trajera el cuerpo de San Sava a suelo serbio. Gobernó la Iglesia sabiamente por 30 años, y entro a su descanso en el Señor el 28 de octubre de 1266. En la pared del altar en Peć está grabado, «Escucha, oh Señor nuestro Dios; visita y bendice esta Iglesia .... recuérdala, y a mí, el pecador Arsenio». Fue enterrado en Peć, mas sus reliquia se encuentran hoy en el monasterio de Zhrebaonik en Montenegro.


28 de octubre/10 de noviembre: San Atanasio, patriarca de Constantinopla

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Un opositor de la unión con Roma (contrario a su predecesor, Juan Becos, 1275-1282), fue un asceta y hombre de oración desde su niñez. Aunque era muy amado por el pueblo, causo malestar a algunos clérigos por su rectitud moral. Se retiró a su monasterio en el monte Ganos, donde vivió en mayor ascetismo que antes. El mismo Señor Jesucristo se le apareció allí y gentilmente le reprochó por haber abandonado su rebaño a los lobos. Tras haber profetizado la fecha de un gran terremoto en Constantinopla, el emperador Andrónico le llamó de nuevo al trono patriarcal. Allí regresó muy en contra de su voluntad, y más adelante se retiró secretamente de nuevo a su vida ascética, llegando a la edad de cien años.


29 de octubre/11 de noviembre: Santa Anastasia de Roma

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Nació en Roma de padres nobles, y quedó huérfana a los tres años. Fue llevada como huérfana a un monasterio de mujeres cerca de Roma, donde la abadesa era una cierta Sofía, monja de un alto nivel de perfección. Después de diecisiete años, Anastasia era conocida en todo el vecindario: como una gran asceta por los cristianos, y como una belleza poco común por los paganos. El administrador pagano de la ciudad, Probo, oyó de ella y envió soldados a que se la trajeran. La buena abadesa Sofía aconsejó a Anastasia sobre cómo mantener la fe, cómo resistir el engaño adulador, y cómo resistir la tortura. Anastasia le dijo: «Mi corazón está listo para sufrir por Cristo; mi alma está lista para morir por mi amado Jesús». Al ser traída ante el gobernador, Anastasia proclamó abiertamente su fe en Cristo el Señor, y cuando este trató de desviarla de la fe –primero con promesas y luego con amenazas–, la santa virgen le dijo: «¡Estoy lista para morir por mi Señor no sólo una vez, sino mil veces si fuese posible!» Cuando la desnudaron a la fuerza para humillarla, Anastasia exclamó al juez: «Azótame, hiéreme, y golpéame; así mi cuerpo desnudo será cubierto con heridas y mi vergüenza será cubierta con sangre!» Fue, en efecto, azotada, herida y golpeada. Dos veces sintió gran sed y pidió agua, y un cristiano, Cirilo, le dio de beber. Por esto fue bendecido por la mártir y degollado por los paganos. Entonces sus pechos y su lengua fueron cortados, y un ángel de Señor se le apareció y la mantuvo en pie. Fue finalmente degollado con espada fuera de la ciudad. La bienaventurada Sofía encontró su cuerpo y lo sepultó, y Anastasia recibió la corona del martirio bajo el emperador Decio (249-251 d. C.).


30 de octubre/12 de noviembre: Santo rey Milutin

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Hijo de Uroš I y de la reina Elena, y hermano de Dragutin, luchó ferozmente para defender la fe suya y de su pueblo. Luchó contra Miguel Paleólogo porque este aceptó la unión con Roma y estaba presionando a los pueblos de los Balcanes y a los monjes de Atos para que aceptaran al Papa. Luchó contra Shishman, rey de Bulgaria, y Nogai, rey de los tártaros, para defender su país de estos. Todas sus batallas fueron exitosas, pues oraba constantemente a Dios y se ponía en sus manos. Construyó más de cuarenta iglesias, tanto en su propia tierra—Treskavac, Gračanica, San Jorge en Nagorić, Santa Madre de Dios en Skoplje, Banjska, etc.—como en Salónica, Sofía, Constantinopla, Jerusalén y la santa montaña de Atos. (Milutin se casó dos veces y no cuatro, lo cual es una calumnia: la primera vez se casó con la princesa Elisabet de Hungría, y la segunda con la princesa Simonida de Bizancio). Entró a su descanso en el Señor el 29 de octubre de 1320, y su cuerpo pronto fue revelado como incorrupto y obrador de milagros. Sus reliquias son aún preservadas en ese estado en la Iglesia del Santo Rey en Sofía.


1/14 de noviembre: Santos Cosme y Damián

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Estos anárgiros y taumaturgos eran hermanos tanto en la carne como en el espíritu, nacidos en algún lugar de Asia de un padre cristiano y una madre cristiana. Después de la muerte de su padre, su madre Teodota dedicó todo su tiempo y energía a la crianza de sus hijos como verdaderos cristianos. Dios la ayudó, y sus hijos maduraron como dos frutos selectos y como dos santas lámparas. Eran diestros en la medicina y ministraban a los enfermos sin recibir pago, cumpliendo así el mandamiento de Cristo: «De gracia han recibido; den de gracia» (cfr. San Mateo 10:8). Eran tan estrictos en su ministerio sin paga que Cosme se enfureció grandemente contra su hermano Damián cuando este aceptó tres huevos de una mujer llamada Poladia, y ordenó que después de su muerte no fuese enterrado junto a su hermano. Pero san Damián no había recibido los huevos como pago por sanar la enfermedad de Paladia, sino porque esta había jurado por la Santísima Trinidad que se los daría. Después de su muerte en Teremán, empero, fueron enterrados juntos en obediencia a una revelación de Dios. Estos dos santos hermanos fueron grandes obradores de milagros durante su vida, y también después de su muerte. Un agricultor fue atacado por una serpiente al acostarse a dormir; esta se enredó alrederor de su torso y su boca. Este pobre humbre habría expirado entre grandes tormentos si no hubiese invocado la ayuda de los santos Cosme y Damián en el último momento. Así el Señor glorificó para siempre con milagros a los que le glorificaron aquí en la tierra con su fe, pureza y misericordia.


1/14 de noviembre: Santo príncipe mártir Hermenegildo

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Hermenegildo era hijo del rey visigodo Leovigildo, que creía la herejía arriana. Hermenegildo, empero, no abandonó la fe ortodoxa, a pesar de las lisonjas y amenazas de su salvaje padre hereje. Su padre lo arrojó en la cárcel y, un Domingo de Pascua, envió un obispo hereje temprano en la mañana para que le diese la Comunión. Este varón de Dios rehusó recibir la comunión de manos de un hereje, y el obispo comunicó esto al rey. El rey se enfureció y ordenó a los verdugos que degollasen a Hermenegildo, lo cual ocurrió en el 586. Leovigildo luego se arrepintió de haber matado a su hijo, renunció a su herejía, y regresó a la Ortodoxia.


1/14 de noviembre: Venerable mártir Jacobo y sus discípulos, Jacobo y Dionisio

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Jacobo nació en la diócesis de Kastoria de padres llamados Martín y Parasceva. Jacobo se hizo rico trabajando como pastor, incurriendo así en la ira de su hermano, que lo acusó ante los turcos de haber encontrado un tesoro enterrado. Jacobo huyó a Constantinopla, donde empobreció. Cierta vez fue un invitado de un bey [gobernador provincial] turco. Los turcos comían carne, pero Jacobo ayunaba. El bey dijo: «¡Grande en verdad es tu fe cristiana!», y relató cómo su esposa su esposa había estado enferma de la mente, y cómo, tras intentar todos los médicos y medicinas, la había llevado al patriarca para que leyese oraciones sobre ella. Tan pronto como el Patriarca abrió el libro para orar, una luz celestial llenó la iglesia; y al terminar la oración, su esposa había sido sanada. Jacobo, escuchando como el bey exaltaba la fe crsitiana, se deshizo de todo lo que tenía y se marchó a la Santa Montaña [de Atos], donde se hizo monje en el monasterio de Iviron. Vivió en ascetismo en la Santa Montaña, y padeció por la fe en Jedrena a manos de los turcos el 1 de noviembre de 1520. Sus reliquias, que obran milagros, y las de sus discípulos son atesoradas en el monasterio de santa Anastasia cerca de Salónica.


Traslado de las reliquias del gran mártir Jorge

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

En este día celebramos el traslado de la reliquias de san Jorge de Nicomedia a la ciudad de Lida en Palestina, donde sufrió en tiempos del Emperador Diocleciano (284-305 d. C.). Los sufrimientos de este maravilloso santo están registrados en el 23 de abril. En el momento de su muerte, san Jorge pidió a su siervo que tomara su cuerpo y lo llevara a Palestina, al lugar en que su madre había nacido, y donde tenía muchas tierras que había dado a los pobres. Su siervo hizo esto. En tiempos del Emperador Constantino (305-337 d. C.), una bella iglesia fue construida en Lida por piadosos cristianos, y con ocasión de la consagración de la misma, las reliquias del santo fueron trasladadas y enterradas en ella. Innumerables milagros han ocurrido sobre las reliquias de san Jorge, el gran mártir de Cristo.


4/17 de noviembre: San Joanicio el Grande

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Esta gran lumbrera espiritual nació en la aldea de Marikata, en la provincia de Bitinia, hijo de Mitrice y Anastasia. Fue pastor de ovejas en su juventud, y frecuentemente se retiraba a un lugar solitario para permanecer allí todo el día en oración, habiendo juntado su rebaño bajo la señal de la Cruz para que no escapara. Eventualmente fue llamado al ejército, donde todos se maravillaban de su valentía, especialmente en las batallas contra los búlgaros. Después de su servicio militar, Joanicio se retiró al Monte Olimpo en el Asia Menor, donde se hizo monje y se entregó por completo al ascetismo, perseverando hasta edad muy avanzada. Laboró en la vida ascética por más de cincuenta años en diversos lugares, y recibió de Dios abundantes dones de milagros: sanaba enfermedades y dolores, expulsaba demonios, domesticaba bestias salvajes (especialmente serpientes), caminaba sobre el agua, se hacía invisible al ojo humano cuando así lo deseaba y profetizaba eventos futuros. Joanicio se distinguía por su gran humildad y mansedumbre. Físicamente era como un gigante, enorme y fuerte. Tomó parte activa en el futuro de la Iglesia de Dios pues, aunque durante el período iconoclasta fue engañado, finalmente se convirtió en un ardiente defensor de la veneración de los santos íconos. Le unían fuertes lazos de amistad al patriarca Metodio de Constantinopla. Joanicio vivió noventa y cuatro años, y entro en paz a su descanso en el Señor en el 846 d. C. Fue un gran obrador de milagros tanto en la vida como después de su muerte.


4/17 de noviembre: Mártires Nicandro, obispo de Mira, y Hermes, presbítero

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Ambos fueron ordenados por el Apóstol Tito. Se distinguieron por su gran celo por la Fe y por sus grandes esfuerzos para convertir paganos a Cristo, el Señor. A causa de esto, una querella contra ellos fue sometida a un cierto magistrado, Libanio, y este les sometió a terribles torturas. Fueron apedreados y arrastrados sobre piedras; sufrieron cárcel, hambre y muchas otras torturas que no ser humano podría aguantar sin la ayuda de Dios. El Señor se les apareció en muchas maneras, y cuando fueron lanzados a un horno ardiente, les envió Su ángel para que apaciguara las llamas. Fueron finalmente enterrados vivos por sus crueles verdugos. Pero en vano matan los seres humanos cuando el Señor da vida, y en vano deshonran a quienes el Señor glorifica.


6/19 de noviembre: San Pablo el Confesor, patriarca de Constantinopla

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Cuando el bienaventurado patriarca Alejandro yacía en su lecho de muerte, los fieles, lamentándose, le preguntaron a quién dejaría para sucederle como archipastor del rebaño de Cristo. Entonces, el enfermo Patriarca les dijo: «Si queréis tener un pastor que les enseñe y cuyas virtudes les iluminen, escoged a Pablo; pero si queréis un hombre adecuado que os sirva de figura de cabecera, escoged a Macedonio». El pueblo escogió a Pablo. Esto fue inaceptable para los herejes arrianos y para el emperador [de Oriente] Constancio, que estaba entonces en Antioquía; así que Pablo fue rápidamente depuesto, y huyó a Roma junto a san Atanasio el Grande. Allí, tanto el papa Julio como el emperador [de Occidente] Constante les dieron una cálida bienvenida y vindicaron su ortodoxia. El Emperador y el Papa enviaron cartas que reinstituían a Pablo en su trono episcopal, pero tras la muerte de Constante, los arrianos se levantaron de nuevo y exiliaron al patriarca ortodoxo al Cúcuso, en Armenia. Un día, mientras Pablo celebraba la Divina Liturgia en su exilio, fue atacado por los arrianos, quienes lo estrangularon con su propio omoforio. Esto sucedió en el año 351 d. C. En el 381, durante el reinado del emperador Teodosio, sus reliquias fueron trasladadas a Constantinopla; y en 1236 a Venecia, donde aún reposan. Sus bienamados sacerdotes y secretarios, Marciano y Martirio, sufrieron poco después de su Patriarca, el 25 de octubre del 335.


8/21 de noviembre: Sinaxis del Arcángel Miguel y las demás Potestades celestiales

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Los ángeles de Dios han sido conmemorados por la humanidad desde tiempo inmemorial, pero esta conmemoración frecuentemente se degenera en la divinización de los ángeles (cfr. II Reyes 23:5, ó IV Reyes en las Biblias griegas y eslavas). Los herejes siempre tejían fantasías alrededor de los ángeles. Algunos de ellos los consideraban dioses, y otros, si no creían que lo eran, los consideraban ser los creadores de todo el mundo visible. El concilio local de Laodicea, celebrado en el siglo IV, rechazó la adoración de los ángeles como dioses en su Canon XXXV, estableciendo su adecuada veneración. En el mismo siglo IV, en tiempos del Papa Silvestre de Roma y del Patriarca Alejandro de Alejandría, se instituyó la celebración de esta fiesta del Arcángel Miguel y el resto de las potestades celestiales en el mes de noviembre. ¿Pero por qué en noviembre? Porque noviembre es el noveno mes después de marzo, y se cree que el universo fue creado en marzo. El noveno mes después de marzo fue escogido a causa de las nueve órdenes de ángeles, que fueron los primeros seres creados. San Dionisio el Areopagita, discípulo del apóstol Pablo (aquel Apóstol que fue llevado al tercer cielo), escribe acerca de estos nueve órdenes en su libro «Las jerarquías celestiales».

Reflexión:

Que los ángeles están constantemente envueltos en este mundo es atestiguado clara y indudablemente en la Santas Escrituras. La Iglesia ortodoxa ha aprendido tanto de las Escrituras como de la Santa Tradición los nombres de los siete líderes de los Poderes celestiales: Miguel, Gabriel, Rafael, Uriel, Salatiel, Jegudiel, Baraquiel (y a estos se añade algunas veces un octavo, Jeremiel). «Miguel» en hebreo quiere decir «¿Quién como Dios?». San Miguel era representado en el cristianismo primitivo como un líder llevando una lanza en su mano derecha con la que ataca a Lucifer (Satanás), y llevando en su mano izquierda un ramo de palma. En la parte superior de la lanza hay un galón plisado con una cruz roja. El Arcángel Miguel es especialmente considerado como el guardián de la fe ortodoxa y un guerrero contra la herejía. «Gabriel» quiere decir «varón de Dios» o «poder de Dios». Es el heraldo de los misterios de Dios, especialmente del misterio de la Encarnación y de todos los que están asociados al mismo. Gabriel es representado con una lámpara ardiente en su mano derecha, y un espejo de jaspe verde en la izquierda. El espejo significa que la sabiduría de Dios es un misterio escondido. «Rafael» quiere decir «sanidad de Dios» o «Dios el sanador» (cfr. Tobías 3:17; 12:15). Es representado guiando a Tobías con su mano derecha (Tobías, a su vez, llevando un pescado que atrapó en el río Tigris), y llevando una jarra de médico en la izquierda. «Uriel» quiere decir «fuego» o «luz de Dios» (cfr. II Esdras 4:1; 5:20 ) Es representado llevado una espada contra los persas en su mano derecha y un hierro ardiente en la izquierda. «Salatiel» quiere decir «uno que ora a Dios» (cfr. II Esdras 5:16). Es representado con la cabeza inclinada, la vista baja, y sus manos unidas en actitud de oración. «Jegudiel» quiere decir «uno que glorifica a Dios». Es representado llevando una corona de oro en su mano derecha y un látigo de tres lenguas. «Baraquiel» quiere decir «bendición de Dios». Es representado con una rosa blanca sobre su pecho. «Jeremiel» quiere decir «exaltación de Dios». Es venerado como inspirador y despertador de los elevados pensamientos que levantan al hombre hacia Dios.


11/24 de noviembre: San Vicente de Zaragoza, diácono y mártir

Tomado del Mesyatsoslov de la Iglesia Ortodoxa Rusa

El santo mártir Vicente de España era desde de su niñez estudiante de un sabio pastor, el bienaventurado Valeriano, obispo de la ciudad de Augustópolis (la moderna Zaragoza). Al llegar a edad adulta, el virtuoso, elocuente y educado Vicente fue ordenado diácono por su obispo. Ya que el obispo mismo no era buen orador, dio la bendición a su diácono, que sí era un orador elocuente, para predicar en la Iglesia y entre el pueblo. Por orden de Diocleciano (284-305 d. C.), el gobernador Daciano llegó a la ciudad de Valencia en España con autoridad completa para buscar y ejecutar a cristianos. El sabio obispo y su diácono predicador fueron denunciados ante el gobernador. Los soldados arrastraron detrás de sus caballos al anciano y a su discípulo en cadenas desde Augustópolis hasta Valencia, y allí les lanzaron golpeados y torturados en la prisión, donde no les dieron ni comida ni agua. El Obispo fue sometido a interrogación primero. El anciano habló despacio, con dificultad e incertidumbre. Entonces salió san Vicente. El santo hizo la predicación más elocuente de su vida ante los jueces y el pueblo, confesando y glorificando Dios, proclamado en la Trinidad - Padre, Hijo y Espíritu Santo. Enviando al Obispo de nuevo a la prisión, el perseguidor dio órdenes para torturar al santo diácono. El mártir experimentó muchos tormentos: le crucificaron, azotándole y quemándole con barras candentes. Cuando lo bajaron de la cruz, gozosamente subió a ella de nuevo, pidiendo al verdugo que le clavara otra vez, para así sufrir los tormentos de la Cruz del Salvador. Después de las torturas lanzaron al mártir nuevamente dentro de la prisión. Durante la noche, el guardia escuchó con asombro cómo cantaba salmos y vió una radiante luz celestial en la celda. La mañana siguiente el santo mártir fue condenado a ser quemado. Esto ocurrió en el año 304 d. C.


11/24 de noviembre: Santo mártir Esteban de Déchani, rey de Serbia

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Esteban era hijo del rey Milutin y padre del rey Dušan. Por orden de su mal informado padre fue cegado, y por orden de su veleidoso hijo fue estrangulado en su vejez. Cuando fue cegado, san Nicolás se le apareció en la iglesia de Ovče Polje (esto es, «prado de ovejas») y, mostrándole sus ojos, le dijo: «Esteban, no temas; he aquí tus ojos en mi mano. Yo te los regresaré a su debido tiempo». Esteban pasó cinco años en Constantinopla, como prisionero en el Monasterio del Pantócrator. Por su sabiduría y ascetismo, por su mansedumbre y devoción, y por su paciencia y benevolencia, Esteban sobrepasaba no sólo a los monjes de aquel monasterio, sino a los de toda Constantinopla. Cuando cinco años se hubieron cumplido, san Nicolás se le apareció de nuevo y le dijo: «He venido a cumplir mi promesa». Entonces hizo la señal de la Cruz sobre el rey ciego, y este recibió la vista. En acción de gracias a Dios, Esteban construyó el Monasterio de Déchani, un excepcional ejemplo del mejor estilo bizantino, y uno de los más famosos memoriales de la piedad serbia. El santo rey Esteban, san Sava y el santo príncipe Lázaro constituyen un triunvirato de santidad, nobleza y abnegación, el don del pueblo serbio. Viviendo en la tierra como mártir, y murió como mártir en 1336, recibiendo una corona de gloria inmortal del Omnipotente, a quien sirvió tan fielmente.

Reflexión:

Si alguna vez hubo un rey santo en el trono de un reino terrenal, este fue Esteban de Déchani. Los griegos, que consideraban bárbaros a los eslavos, se asombraban ante la belleza del alma de Esteban como ante una de las maravillas más excepcionales de aquel tiempo. Cuando el emperador Juan Cantacuzeno envió al abad del Monasterio del Pantócrator en asuntos de negocios ante el rey Milutin, el rey, entre otras cosas, preguntó acerca de su hijo Esteban. «¿Me pregunta acerca de ese segundo Job, Su Majestad?», contestó el abad. «Sepa que su santidad excede vuestra majestad real». El Emperador griego era al principio muy cruel con Esteban, encerrándolo primero en un lugar aislado y prohibiéndole recibir visitas, y luego transfiriéndolo al Monasterio del Pantócrator con la esperanza de que el estricto ascetismo le debilitara hasta matarlo. Mas Dios preservó al bienaventurado Esteban, y este soportó la áscesis del ayuno y la oración como un monje hecho perfecto. Comenzó a hablarse acerca de su sabiduría a través de Constantinopla, y el Emperador comenzó a valorarle y a recurrir a él para pedir consejo. Así, por ejemplo, san Esteban contribuyó a la caída de la infame herejía de Barlaam, en contra de la cual luchó san Gregorio Palamás. Barlaam estaba en Constantinopla en aquel tiempo y, mediante hábiles intrigas, había atraído a muchos que eran eminentes en la Iglesia y en la corte a su manera de pensar. Perplejo, el Emperador llamó a Esteban y le preguntó que debía hacerse con respecto a Barlaam. El sabio Esteban contestó con las palabras del Salmista: «Aborrezco, oh Señor, a los que te aborrecen», y añadió: «Los hombres peligrosos deben ser expulsados de nuestra compañía». Oyendo esto, el emperador Juan Cantacuzeno expulsó a Barlaam de la ciudad con gran deshonra.


13/26 de noviembre: San Juan Crisóstomo, patriarca de Constantinopla

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Juan nació en Antioquía en el 347 d. C. Su padre Segundo era comandante imperial, y su madre se llamaba Antusa. Estudiando filosofía griega, Juan se asqueó del paganismo helénico y se tornó a la fe cristiana como la única y completa verdad. Fue bautizado por Melecio, patriarca de Antioquía, y luego sus padres también fueron bautizados. Después de la muerte de estos, Juan se hizo monje y comenzó a vivir en estricto ascetismo. Después de terminar de escribir un libro, «Sobre el sacerdocio», se le aparecieron los apóstoles Pedro y Juan, profetizándole que tendría una vida de gran servicio, grande gracia, y gran sufrimiento. Cuando llegó el tiempo de su ordenación al sacerdocio, un ángel de Dios se le apareció al patriarca Flaviano (sucesor de Melecio) y a Juan al mismo tiempo. Mientras el Patriarca ordenaba a Juan, se veía una brillante paloma blanca volando sobre la cabeza de este. Famoso por su sabiduría, su ascetismo y el poder de sus palabras, Juan fue elegido Arzobispo de Constantinopla por voluntad del emperador Arcadio. Gobernó aquella Iglesia por seis años con celo y sabiduría inigualables. Envió misioneros a los paganos celtas y escitas, y limpió a la Iglesia de simonía, deponiendo a muchos obispos que estaban entregados a este vicio. Multiplicó las obras de caridad de la Iglesia, compuso un rito para la Santa Liturgia, avergonzó a los herejes, denunció a la emperatriz Eudoxia, interpretó las Escrituras con su mente de oro, y dejó a la Iglesia muchos libros y sermones preciosos. El pueblo lo glorificaba, los celosos lo aborrecían, y la Emperatriz lo envió al exilio dos veces. Pasó tres años en el exilio, y murió el día de la Santa Cruz, 14[/27] de septiembre del 407, en un lugar llamado Comana en Armenia. Los santos apóstoles Pedro y Juan se le aparecieron de nuevo en la hora de su muerte, y también el mártir Basilisco, en cuya iglesia recibió la Comunión por última vez. «¡Gloria a Dios por todas las cosas!» fueron sus últimas palabras, y con ellas el alma del Crisóstomo [«boca de oro»] entró al Paraíso. De sus reliquias, la cabeza se conserva en la Iglesia de la Dormición en Moscú, y el cuerpo en el Vaticano en Roma.

[Nota del traductor: El 17/30 de noviembre de 2004, las reliquias de san Juan Crisóstomo fueron devueltas por el Vaticano y solemnemente colocadas en la Iglesia Patriarcal de san Jorge en Constantinopla. Las mismas habían sido robadas durante la ignominiosa IV Cruzada de 1204, en la cual los soldados latinos saquearon la Ciudad Imperial y profanaron todas sus Iglesias.]


14/27 de noviembre: San Gregorio Palamás, arzobispo de Tesalónica

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

El padre de Gregorio era un eminente oficial de la corte del emperador Andrónico II Paleólogo. El talentoso Gregorio, tras completar sus estudios seculares, no quiso entrar al servicio imperial en la corte, sino que se retiró a la Santa Montaña de Athos y se hizo monje, viviendo en ascetismo en los monasterios de Vatopedi y la Gran Lavra. Luchó en contra del hereje Barlaam, y finalmente le venció. Fue consagrado Metropolitano de Tesalónica en 1347, siendo glorificado tanto como asceta y como teólogo; como jerarca y como obrador de milagros. La Santísima Madre de Dios, san Juan el Teólogo, san Demetrio, san Antonio el Grande, san Juan Crisóstomo y ángeles de Dios se le aparecieron en distintos momentos. Gobernó la Iglesia en Tesalónica por doce años, uno de los cuales lo pasó como esclavo de los sarracenos en Asia. Entró en paz a su descanso en el 1359, alcanzando el Reino de Cristo. Sus reliquias se conservan en Tesalónica, donde hay una hermosa iglesia dedicada a él.


15/28 de noviembre: Santos mártires Gurias, Samonas, y Habib

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Gurias y Samonas eran ciudadanos eminentes de Edesa. Durante una persecución de cristianos, se escondieron fuera de la ciudad, viviendo en ayuno y oración, y dando consejo a los fieles que venían por consejo a ellos. Fueron capturados y llevados ante el juez, quien los amenazó con la muerte si rehusaban observar el decreto imperial sobre la adoración de ídolos. Los santos mártires de Cristo contestaron: «Si observamos el decreto imperial, estaremos perdidos aún si tú no nos matas». Fueron arrojados en prisión tras crueles torturas, y estuvieron confinados allí desde el 10 de agosto hasta el 10 de noviembre, soportando hambre, oscuridad y grandes sufrimientos. Fueron entonces sacados de la cárcel y torturados de nuevo, y como permanecieron firmes en la fe cristiana, fueron condenados a muerte y degollados con espada en el año 322, bajo el inicuo emperador Licinio, que gobernó la parte oriental del Imperio hasta el 324. Más tarde Habib, un diácono en Edesa, fue torturado por causa de Cristo su Señor y, en medio de las llamas, entregó su espíritu en manos de Dios. Su madre tomó su cuerpo incorrupto del fuego y lo entrerró junto a los de Gurias y Samonas. Cuando terminó la persecución, los cristianos construyeron una iglesia en honor de estos tres mártires y colocaron sus reliquias, que obraban milagros, en un solo catafalco. De entre los muchos milagros de estos maravillosos santos de Dios, este es epecialmente recordado: una viuda de Edesa tenía una joven hija que iba a casarse con un godo que servía en el ejército griego. Como a la madre le preocupaba enviar a su hija a un lugar lejano, el godo juró sobre la tumba de los mártires que no haría daño a la joven, sino que la tomaría como esposa. Sin embargo, este ya estaba casado. Cuando llevó a la joven a su país, la trató no como esposa sino como esclava hasta que su verdadera esposa murió. Entonces acordó con un pariente enterrar a su esclava viva junto a su esposa muerta. La esclava imploró con lágrimas a los santos mártires que la salvaran, y estos se le aparecieron en la tumba, la tomaron, y en un instante la trasladaron de la tierra de los godos a Edesa, a la iglesia dedicada a ellos. Al día siguiente, cuando se abrió la iglesia, la joven fue hallada junto a la tumba de los santos, y se reveló la historia de su milagrosa liberación.


17/30 de noviembre: San Gregorio Taumaturgo, obispo de Neocesarea

Tomado del Gran Horologion de la Iglesia Ortodoxa Griega

Nació en Neocesarea de Capadocia de padres no creyentes. Estudió en Atenas, Alejandría, Beirut y finalmente en Cesarea, con Orígenes, quien también le instruyó en la fe de Cristo. Entonces, en el año 240, fue hecho obispo de su país natal, donde encontró sólo diecisiete cristianos; al morir alrededor del 265, había dejado apenas ese mismo número de no creyentes. Todo el tiempo de su episcopado fue una sucesión admirables milagros, por los cuales adquirió el nombre de «taumaturgo» (obrador de milagros), siendo llamado «un segundo Moisés» incluso por los enemigos de la verdad (cfr. San Basilio Magno, Del Espíritu Santo, capítulo XXIX).


20 de noviembre/3 de diciembre: Venerable Gregorio de Decápolis

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Gregorio nació en la Decápolis isauriana de eminentes y piadosos padres, Sergio y María. Estos querían que se casara al terminar su educación, pero él huyó al desierto y se hizo monje. Vivió en varios lugares: Constantinopla, Roma, y el Monte Olimpo. Dondequiera que iba, maravillaba a los hombres por su ascetismo y sus milagros. En ocasiones lo iluminaba una luz celestial, y los ángeles de Dios se le aparecían; él contemplaba la hermosura de los ángeles y escuchaba sus dulces cantos. Vivió por muchos años agradando a Dios, y murió en paz en Constantinopla en el siglo IX, entrando su alma al gozo de su Señor.


20 de noviembre/3 de diciembre: San Proclo, patriarca de Constantinopla

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Proclo era discípulo de san Juan Crisóstomo. En el 426 d.C. fue consagrado obispo de Cízico, y en el 435 fue elegido Patriarca de Constantinopla. Gobernó la Iglesia de Dios como jerarca prudente. Durante su episcopado ocurrieron dos eventos significativos. El primero fue el traslado de las reliquias de san Juan Crisóstomo de Comana a Constantinopla, por deseo tanto del Emperador como del Patriarca. El emperador Teodosio el Joven reinaba entonces con su hermana Pulqueria. El segundo fue el Gran Terremoto en Constantinopla y sus alrededores. Muchos de los más grandes y hermosos edificios fueron destruidos por este terrible sismo. Entonces el Patriarca, juntamente con el Emperador y muchos del clero, la nobleza y el pueblo, salieron en procesión. Mientras oraban a Dios, un niño fue elevado milagrosamente a las alturas hasta que no se le pudo ver más. Entonces regresó, descendiendo gentilmente hasta el suelo. Al preguntársele donde había estado, el niño respondió que había sido llevado al cielo, entre los ángeles, a los cuales había escuchado cantar: «Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal: ten piedad de nosotros». Al escuchar esto, todo el pueblo en procesión comenzó a cantar el himno, y el terremoto cesó de inmediato. Desde entonces, este hermoso himno fue adoptado por la Iglesia. El niño murió al poco tiempo, y fue enterrado en la Iglesia de Santa Irene. San Proclo sirvió como jerarca por veinte años, y murió en paz en el Señor en el 446 d.C.


21 de noviembre/4 de diciembre: La Entrada de la Madre de Dios al Templo

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Cuando la Santísima Virgen María cumplió tres años, sus padres, los santos Joaquín y Ana, la llevaron de Nazaret a Jerusalén para entregarla al servicio de Dios en cumplimiento de su promesa. El viaje a Jerusalén tomaba tres días, pero ya que estaban haciendo la voluntad de Dios, no encontraron el viaje difícil. Muchos de los familiares de Joaquín y Ana se les unieron para tomar parte en esta celebración, en la que los incorpóreos ángeles de Dios también participaron. Las doncellas encabezaban la comitiva llevando velas encendidas, seguidas por la Santísima Virgen, quien estaba en medio de sus padres. La Virgen estaba vestida en ropas reales y hermosas, como los de la «Hija del Rey» (cfr. Salmo 44:9-10, LXX). Tras ellos caminaban muchos familiares y amigos, llevando todos también velas encendidas. Había quince escalones que llevaban al Templo, y los padres de la Virgen la colocaron en el primer escalón; ella subió el resto corriendo, de su propia voluntad. Allí encontró al Sumo Sacerdote Zacarías, padre de san Juan el Precursor, quien tomándola de la mano, la llevó no sólo al Templo sino también al Lugar Santísimo—un lugar al que nadie podía entrar sino el Sumo Sacerdote, y esto una sola vez al año. San Teofilacto de Ohrid dice que Zacarías estaba «fuera de sí, y movido por Dios» cuando llevó a la Virgen al lugar principal de Templo, detrás del segundo velo; de otro modo, no habría explicación para su conducta. Los padres de la Virgen ofrecieron entonces sacrificios a Dios, de acuerdo con la Ley, y dejaron a la Virgen en el Templo. Ella habitó allí por nueve años completos, y mientras sus padres estuvieron vivos, la visitaban frecuentemente. Al partir ellos de este mundo y quedar la Virgen huérfana, esta anhelaba permanecer en el Templo hasta el fin de sus días, sin contraer matrimonio. Siendo esto contrario tanto a la Ley como a la costumbre israelita, fue confiada a la edad de doce años a san José, un pariente redentor suyo en Nazaret (cfr. Levítico 25; Rut), para que pudiese permanecer en virginidad bajo la protección de un compromiso, cumpliendo así tanto su deseo como las exigencias de la Ley. (No era costumbre en Israel que una joven hiciera un voto de virginidad perpetua. La Santa Virgen María fue la primera en hacer esto, y fue luego seguida por incontables millares de hombres y mujeres en la Iglesia de Cristo.)


21 de noviembre/4 de diciembre: La Entrada de la Madre de Dios al Templo

Tomado del Mesyatsoslov de la Iglesia Ortodoxa Rusa

De acuerdo con la Sagrada Tradición, la Entrada de la Santísima Madre de Dios al Templo ocurrió así: los padres de la Virgen María, los justos Joaquín y Ana, rogando que acabara su esterilidad, hicieron voto de que si una criatura les era nacida, le dedicarían al servicio de Dios.

Cuando la Santísima Virgen cumplió tres años, sus santos padres decidieron cumplir su voto. Congregaron a sus familiares y amigos, y vistieron a la Purísima María con sus mejores vestidos. Cantando himnos sagrados y con cirios encendidos, las vírgenes la escoltaron al Templo (cfr. Salmo 44:14-16, LXX). Allí el Sumo Sacerdote y varios sacerdotes recibieron a la esclava del Señor. En el Templo, quince escalones conducían al Santuario, al que podían entrar sólo los sacerdotes y el Sumo Sacerdote. (Los salmos 119-133 [LXX] son llamados «cánticos graduales» porque los sacerdotes recitaban uno de estos salmos en cada escalón). Tal parecía que a la niña María le era imposible subir esta escalera. Mas tan pronto como la colocaron en el primer escalón, fortalecida por el poder de Dios, subió rápidamente los demás escalones, llegando al más alto. Entonces el Sumo Sacerdote, inspirado desde lo alto, llevó a la Santísima Virgen al Santo de los Santos, al cual sólo el Sumo Sacerdote podía entrar, y esto sólo una vez al año para ofrecer un sacrificio expiatorio. Por lo tanto, todos los presentes se quedaron atónitos ante este hecho sin precedentes.

Los justos Joaquín y Ana, habiendo confiado su hija a la voluntad del Padre Celestial, regresaron a su casa. La muy bienaventurada María permaneció en las habitaciones para las vírgenes cerca del Templo. Alrededor del Templo habían muchas habitaciones en las que vivían aquellos dedicados al servicio de Dios, según el testimonio de las Sagradas Escrituras y del historiador Flavio Josefo. La vida terrenal de la Santísima Madre de Dios desde su infancia hasta su asunción a los cielos está envuelta en un profundo misterio. Su vida en el Templo de Jerusalén es también desconocida. «Si alguien me preguntara», dijo el bienaventurado Jerónimo, «como la Santísima Virgen pasó el tiempo de su juventud, contestaría que esto es conocido sólo por Dios mismo y por el Arcángel Gabriel, su guardián constante».

Pero hay relatos en la tradición de la Iglesia que indican que durante la estadía de la Purísima Virgen en el Templo, esta creció en una comunidad de piadosas vírgenes, leía diligentemente las Sagradas Escrituras, se ocupaba con trabajos manuales, oraba constantemente y crecía en amor por Dios. En conmemoración de la entrada de la Santísima Madre de Dios al Templo de Jerusalén, la Santa Iglesia instituyó una solemne fiesta desde tiempos antiguos. Los decretos que establecen la fiesta en los primeros siglos del cristianismo se encuentran en la tradición de los cristianos palestinos, donde se hace mención de que la santa emperatriz Elena construyó una iglesia en honor de la entrada de la Santísima Madre de Dios al Templo.

San Gregorio de Nisa menciona esta fiesta en el siglo IV. En el siglo VIII, los santos Germán y Tarasio, patriarcas de Constantinopla, predicaron sermones con ocasión de la fiesta de la Entrada.

La fiesta de la Entrada de la Santísima Madre de Dios en el Templo prefigura la bendición de Dios a la raza humana, la predicación de la salvación, y la promesa de la venida de Cristo.


22 de noviembre/5 de diciembre: Santa mártir Cecilia

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Nacida en Roma de ricos y eminentes padres, Cecilia tenía una fe firme en Cristo el Señor y un gran celo por la fe. Haciendo voto de virginidad perpetua ante Dios, santa Cecilia vestia una prenda áspera bajo los ricos vestidos que sus padres le daban. Cuando estos la forzaron a casarse con un pagano llamado Valeriano, Cecilia pasó su noche de bodas urgiendo a su nuevo esposo a que fuese al obispo Urbano para ser bautizado, y para que entonces él también se dedicase a una vida en virginidad. Abrazando la fe cristiana, Valeriano también trajo a ella a su hermano Tibercio. Ambos hermanos fueron pronto condenados a muerte por su fe, mas su celo no flaqueó ante la muerte. Llevados al cadalso, estos dos hermanos lograron traer a la fe a Máximo, capitán de la guardia, y los tres sufrieron juntos por Cristo el Señor. Santa Cecilia entrerró sus cuerpos juntos y fue entonces llevada a jucio ella misma, habiendo traído muchos paganos a la fe cristiana incansablemente. En una noche, ganó más de cuatrocientas almas. Cuando el juez le preguntó de donde venía su audacia, ella contestó: «De una conciencia pura y una fe sin dudas». Tras crueles torturas, fue condenada a ser degollada con espada. El verdugo dejó caer la espada tres veces sobre su cuello, pero no acerto a matarla; sólo la hirió, y la sangre corría desde sus heridas, siendo recogida por los fieles con pañuelos y recipientes con el fin de usarla para sanidad. Tres días más tarde, la mártir de Cristo y virgen entregó su espíritu en manos de su Señor, para regocijarse con él por toda la eternidad. Santa Cecilia sufrió con los otros en el año 230 d. C. Sus reliquias son atesoradas en Roma, en la iglesia que lleva su nombre. En la Iglesia occidental, santa Cecilia es considerada la patrona de la música eclesiástica.


24 de noviembre/7 de diciembre: Gran-mártir Catalina

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Era hija del rey Consto, y vivía con su madre en Alejandría tras la muerte de su padre. Su madre era cristiana secretamente, y, mediante su padre espiritual, trajo a Catalina a la fe cristiana. En una visión, santa Catalina recibió un anillo del Señor Jesucristo mismo con señal de su desposorio con él. Este anillo permanece en su dedo hasta el día de hoy. Catalina había sido grandemente dotada por Dios, y recibió una excelente educación en filosofía griega, medicina, retórica y lógica, y añadía una gran belleza física a esto. Cuando el impío emperador Majencio ofreció un sacrificio público a los ídolos y ordenó a todos que hicieran lo mismo, santa Catalina vino audazmente ante él y denunció sus idólatras errores. El Emperador, viendo que ella le superaba en sabiduría y erudición, convocó a cincuenta de los hombres más sabios para que disputaran con ella acerca de la fe y la avergonzaran; pero Catalina era más sabia que ellos, y los avergonzó. El furioso Emperador ordenó que los cincuenta sabios fuesen quemados en la pira. Todos estos sabios, por las oraciones de santa Catalina, confesaron el nombre de Cristo al momento de su muerte, y proclamaron ser cristianos. Cuando la mártir estaba en prisión, trajo a la fe al general Porfirio y a doscientos de sus soldados, y también a la emperatriz Basilea. Todos ellos sufrieron por Cristo. Durante el martirio de santa Catalina, se le apareció un ángel de Dios que destruyó la rueda en la que estaba siendo torturada, y después se le apareció el Señor Jesucristo mismo para fortalecerla. Después de muchas torturas, Catalina fue degollada por espada a la edad de dieciocho años, el 24 de noviembre de 310. Leche fluyó de su cuerpo en vez de sangre. Sus reliquias, que obran milagros, son preservadas en el Sinaí.


27 de noviembre/10 de diciembre: Santo mártir Jacobo el Persa

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Jacobo nació de padres cristianos en la ciudad persa de Elapa (o Vilat), fue criado en la fe cristiana, y se casó con una mujer cristiana. El rey persa Yezdegeherd se complacía en Jacobo a causa de sus dones y habilidades, y lo hizo un noble de su corte. Halagado por el Rey, Jacobo cayó bajo engaño y comenzó a ofrecer sacrificios a los ídolos que este adoraba. Cuando su madre y su esposa se enteraron de esto, le escribieron una carta para reprocharle; en la misma, se lamentaban por él como por uno que ha apostatado y está espiritualmente muerto. Al final de la carta, empero, le rogaban que se arrepintiese y regresara a Cristo. Conmovido por esta carta, Jacobo se arrepintió amargamente, y confesó valientemente su fe en Cristo ante el Rey. Enfurecido, el Rey lo condenó a muerte mediante una tortura particular: su cuerpo entero sería descuartizado, pedazo por pedazo, hasta que expirase. Los verdugos cumplieron esta orden del malvado rey al pie de la letra: cortaron los dedos de las manos de Jacobo, luego los de sus pies, sus piernas y brazos, sus hombros, y finalmente su cabeza. Con cada corte, Jacobo daba gracias a Dios. Un dulce aroma, como de ciprés, emanaba de sus heridas. Así este maravilloso varón se arrepintió de su pecado y presentó su alma a Cristo su Dios en el Reino celestial. Jacobo padeció alrededor del año 400 d. C. Su cabeza se encuentra en Roma, y parte de sus reliquias en Portugal, donde se le conmemora el 22 de mayo.

Reflexión:

Cuando los verdugos cortaron el pulgar derecho de san Jacobo, este dijo: «Aún la viña es cortada de este modo, para que a su tiempo crezca el nuevo sarmiento» (cfr. San Juan 15:2). Cuando le cortaron el próximo dedo, dijo: «Recibe también, Señor, el segundo sarmiento que has sembrado». Al cortársele el tercero, dijo: «Bendigo al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo». Al cortársele el cuarto, dijo: «Tú que aceptas la alabanza de las cuatro seres vivientes, acepta el sufrimiento del cuarto dedo» (cfr. Apocalipsis 4:6-8). Al cortársele el quinto, dijo: «Que mi gozo sea cumplido como el de las cinco vírgenes prudentes en las bodas» (cfr. San Mateo 25:1-10). Al cortársele el sexto dedo, dijo: «Te doy gracias, Señor, que en la hora sexta extendiste tus purísimos brazos sobre la cruz, por me has hecho digno de ofrecerte mi sexto dedo» (cfr. San Mateo 27:33-45). Al cortársele el séptimo dedo, dijo: «Como David, que te alababa siete veces al días, te alabo por el séptimo dedo cortado por tu causa» (cfr. Salmo 118 [119]:164). Al cortársele el octavo dedo, dijo: «Tú fuiste circuncidado, oh Señor, en el octavo día» (cfr. San Lucas 2:21). Al cortársele el noveno dedo, dijo: «En la hora nona encomendaste tu espíritu en manos de tu Padre, oh mi Cristo, y te doy gracias por el sufrimiento de mi noveno dedo» (cfr. San Mateo 27:46-56). Al cortársele el décimo dedo, dijo: «Te canto con el arpa de diez cuerdas, oh Dios, y te doy gracias porque me has hecho digno de padecer el corte de los diez dedos de mis dos manos, por los Diez Mandamientos escritos en tablas de piedra» (cfr. Salmo 32 [33]:2). ¡Que fe y amor tan maravillosos! ¡Qué alma noble la de este príncipe de Cristo!


28 de noviembre/11 de diciembre: Nuevo mártir Cresto

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Cresto era un cristiano albanés que vivía en Constantinopla y era jardinero de profesión. Un día ofendió a un turco mientras vendía sus vegetales, y este lo acusó falsamente ante un juez, diciendo que Cresto le había prometido hacerse musulmán y luego se había retractado. Tras ser interrogado, Cresto fue encadenado y arrojado en prisión. Alguien le ofreció comida en la cárcel, mas Cresto la rechazó diciendo: «Es mejor si me presento ante Cristo ayunando». Después de esto, sacó un dinero que había escondido bajo su cinturón, y entregándoselo a uno de sus compañeros de cárcel, pidiendo que el dinero se usara para que se celebrasen muchas Liturgias por su alma. Fue degollado por los turcos en 1748, siendo glorificado eternamente en el Reino de Cristo Dios.


29 de noviembre/12 de diciembre: Santo martir Paramón y 370 otros con él

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

En la Bitinia del Asia menor, el gobernador Aquilino perseguía ferozmente a los cristianos. Una vez, capturó a trescientos setenta cristianos y los llevó encadenados consigo a un cierto lugar donde había un templo dedicado al dios Poseidón. Allí, el inicuo gobernador intentó forzarlos a ofrecer sacrificio a los ídolos. Aunque amenazó de muerte a cualquiera que se negara a obedecer su orden, ninguno de los cristanos la obedeció. Entonces pasó por el camino que estaba junto al templo un respetado hombre llamado Paramón. Este se detuvo junto al grupo de hombres encadenados, se informó acerca de lo que ocurría, y exclamó: «¿Cuántos hombres justos e inocentes desea asesinar este vil gobernador por no postrarse ante sus mudos y sordos ídolos?». Paramón continuó entonces su camino, y el furioso gobernador envió a sus siervos para que lo mataran. Estos lo alcanzaron y lo atraparon; primeramente le traspasaron la lengua con una espina, y luego lo desnudaron y apuñalaron todo su cuerpo. San Paramón, orando en su corazón, entregó su alma en manos de Dios. Despues de esto, los trescientos setenta mártiers, grandes hijos de Dios y corderos inocentes, fueron degollados con espada y así entraron al Reino inmortal de Cristo el Señor. Todos estos sufrieron en el año 250 d. C.


30 de noviembre/13 de diciembre: Santo Apóstol Andrés, el Primer-llamado

Tomado del Prólogo de Ohrid, por san Nicolás Velimirović

Andrés, hijo de Jonás y hermano de Simón Pedro, nació en Betsaida y era pescador de profesión. Fue discípulo de san Juan el Bautista originalmente, mas cuando Juan señaló al Señor Jesús diciendo: «He aquí el Cordero de Dios» (cfr. San Juan 1:36), san Andrés dejó a su primer maestro y siguió a Cristo. Después de esto, Andrés trajo a su hermano Simón Pedro al Señor. Después del descenso del Espíritu Santo, le tocó por suertes al primer apóstol de Cristo predicar en Bizancio y en Tracia, luego en el valle del Danubio y en Rusia alrededor del Mar Negro, y finalmente en Epiro, Grecia, y el Peloponeso, donde sufrió el martirio. En Bizancio instaló a san Estaquis como primer obispo; en Kiev levantó la Cruz en un lugar alto y profetizó un brillante futuro cristiano para el pueblo ruso; en Tracia, Epiro, Grecia, y el Peloponeso convirtió a multitudes a la fe, y les dio obispos y presbíteros. En la ciudad de Patras hizo muchos milagros en el nombre de Cristo y trajo a muchos al Señor, entre los cuales estaban el hermano y la esposa del procónsul Egeates. Lleno de furia a causa de esto, Egeates torturó a Andrés y le crucificó. Estando aún vivo en la cruz, el Apóstol de Cristo enseñaba para el beneficio de los cristianos congregados a su alrededor. La gente quería bajarle de la cruz, pero él no se los permitió. Finalmente, el Apóstol oró a Dios y una maravillosa luz lo envolvió. Esta brillante luz permaneció allí por media hora, y cuando desapareció, el Apóstol entregó su santa alma a Dios. De este modo terminó su curso terrenal el primer llamado de los Apóstoles, el primero de los Doce en conocer al Señor y seguirle. San Andrés sufrió por su Señor en el año 62 d. C. Sus reliquias fueron trasladadas a Constantinopla, pero su cabeza fue luego llevada a Roma y una de sus manos a Moscú.


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