HUGO LUIS MELGAREJO

1921 – 1993

POETA RURAL – PENSADOR – MEDICO GAUCHO

INFANCIA - JUVENTUDPRIMEROS AÑOS EN LA PROVINCIAOBRA POÉTICA CORRESPONDENCIA FUNDACION MELGAREJO LIBRO DE VISITAS

Hugo Luis Melgarejo nació en un barrio humilde de Federal, provincia de Entre Ríos, el 6 de marzo de 1921. Fue un parto trágico, porque en él murió su madre, María Dolores. Dos años más tarde la congoja y un edema pulmonar se llevaron a su padre, José. El pequeño Hugo quedó entonces a cargo de su abuela, Encarnación Ramírez, que por entonces sobrevivía merced a los trabajos de limpieza que hacía en las casas de las familias acomodadas de Concordia.

Una de esas casas pertenecía a Samuel Gruber, hombre solitario, hijo de gauchos judíos, y dueño a la sazón de un próspero almacén de ramos generales. Pero además de comerciante, Gruber era un hombre culto, cuya biblioteca abundaba en volúmenes griegos y latinos. Como Encarnación no tenía con quién dejar al pequeño Hugo, éste la acompañaba en su recorrida laboral. Así fue que el pequeño entró en contacto con la biblioteca del señor Gruber. Y allí mostró por primera vez su prodigiosa inteligencia y su insaciable sed de conocimiento. Con sólo seis años, y sin que nadie le enseñara nada, el pequeño recitó de memoria algunos pasajes del libro segundo de La Eneida, del poeta romano Virgilio. Maravillado, el señor Gruber decidió tomar bajo su tutela al pequeño Hugo, y desde ese momento le impartió lecciones de las distintas asignaturas. Once años duró la relación entre Gruber y el joven Melgarejo, hasta la muerte de aquél, en 1937.

Tal vez, en lo íntimo, el joven Melgarejo esperaba recibir algo de la cuantiosa herencia del que había sido para él no menos que un padre. Efectivamente, el señor Gruber dejó un testamento donde legaba su biblioteca al joven Melgarejo. Pero sus herederos legales, dos sobrinos que vivían en Paraná, decidieron ignorarlo, y al joven Melgarejo no le quedó nada. Para peor, un año más tarde murió la abuela Encarnación.

JUVENTUD

El joven, sin familia ni dinero, decidió viajar a la Capital Federal, con el anhelo de seguir sus estudios. Su idea era dedicarse a la literatura. Pero un hecho azaroso en el curso del viaje lo hizo cambiar de opinión. Melgarejo presenció, a orillas del Río Paraná, el parto de una mujer, que por falta de los elementos sanitarios indispensables, perdió allí la vida. En la mente del joven reapareció la imagen desconocida de su madre, que había sufrido el mismo destino fatal. Cuando llegó a Buenos Aires, Melgarejo estaba decidido a estudiar medicina, para ayudar a los humildes y a los desamparados de la Argentina.

Gracias a sus vastos conocimientos de literatura, Melgarejo obtuvo un puesto de bibliotecario en una vieja biblioteca del barrio de Colegiales. Eso le permitió alquilar una humilde pieza en una pensión del mismo barrio, sobre la calle Olleros y costearse sus estudios.

Cinco años más tarde, Melgarejo se graduaba summa cum laude, en la facultad de medicina de la universidad de Buenos Aires. Recibió por entonces varios ofrecimientos de becas para continuar sus estudios en el exterior. Pero en su intimidad la decisión ya estaba tomada: viajaría al interior del país, para ayudar con su conocimiento a quienes más lo necesitaran.

SU LLEGADA A LA PROVINCIA

Su primer destino estuvo signado por una noticia aparecida en los diarios: el brote de una epidemia de tuberculosis en la provincia que sería su hogar adoptivo. Con veintitrés años y casi sin dinero en sus bolsillos, Melgarejo partió hacia nuestra provincia. Desde entonces llevó a cabo una lucha infatigable por ayudar a las poblaciones aisladas y sin recursos. Recorrió a pie miles de kilómetros, asistiendo a todo enfermo del que tuviera noticias. Curó a muchos; asistió a todos. Era conocido como "Hugo, el doctor" o "El médico caminante". Pero siempre se empecinó en mantener el anonimato, ya que, según sus propias palabras "la gloria sólo le cabe a los muertos".

Pero además de su labor humanitaria, Melgarejo agotaba viejos cuadernos de tapa dura con sus escritos de puño y letra. Allí no sólo se devela la increíble historia de quien dedicó todo su talento para ayudar a los más humildes, sino también la obra profunda y secreta de un poeta notable. Su obra publicada es escasa y errática: algún suplemento cultural en diarios nacionales como "La Nación", "Crítica", "Vea y Lea" y en los setenta el dossier que Ernesto Funger y Casilda Márquez le dedicaran en el inolvidable suplemento cultural de "La Opinión". Este dossier significó el "descubrimiento" para la intelligentzia porteña de un pensador oculto, y en palabras de Jacobo Fijman "un oculto y poderoso poeta que prefirió curar las llagas de los humildes a frecuentar los salones culturosos". Nos quedan esos suplementos, y sus cuadernos en los que perduran ciento setenta y dos poemas que en opinión de los especialistas muestran a uno de los más grandes poetas de habla hispana.

Pero aún quedaba una arista oculta de Melgarejo: en el dossier de "La Opinión" se hacía una tangencial referencia a sus escritos políticos y filosóficos, y se mencionaba como al pasar su ardua labor de corresponsal. Eran tiempos turbulentos y tal vez los autores no quisieron implicar a Melgarejo en la violencia que impregnaba la política de la época. Hoy, con la distancia y la objetividad que dan los años, se puede mirar la monumental correspondencia de Melgarejo desde otra perspectiva. "Yo pienso, y aunque sea solo un médico gaucho, me parece a veces que lo que pienso puede ayudar. Entonces escribo" con esta sencillez, Melgarejo solía hacer referencia a los miles de cartillas escritos a personajes tan disímiles como Arturo Frondizi, el General Onganía, el Che Guevara y hasta Winston Churchill. A todos ellos sintió la necesidad de hacerles llegar sus reflexiones y observaciones políticas. Y muchos de ellos respondieron calurosamente extendiendo así una comunicación que en algunos casos se extendió hasta el fin de la vida de uno de los dos corresponsales. Muchas de esas cartas se han perdido. Otras se encuentran en bibliotecas, en el Smithsonian Institute, o en fundaciones privadas de América y Europa. La fundación Melgarejo, a través de su segunda vocal Profesora Hebe Lindoni de Pérez está particularmente interesada en que colaboradores de diferentes países nos ayuden a recolectar la obra ya ubicada y a encontrar nuevas piezas. Para esta tarea, así como para la de recuperar sus poemas perdidos usted puede comunicarse con nosotros a fundacionmelgarejo@myrealbox.com .

Hugo Luis Melgarejo murió el 6 de noviembre de 1993. En pocos días se cumplen diez años de su muerte.